mercredi 5 septembre 2018

Gaucín, puerta de la Serranía de Ronda, tierra de la Carmen de Mérimée


Gaucín, mis queridos amigos está en los primeros  contrafuertes de la Serranía de Ronda, en Málaga, digamos que en la mitad del camino entre Gibraltar y Ronda, aunque, a la hora de tomar la carretera no sea exactamente la mitad, por las tortuosas carreteras de montaña que hay que atravesar.  Hoy en día, las carreteras están recién arregladas y el trayecto no es tan duro como debió haberlo sido hace tan solo unos pocos años. Y no digamos en el Siglo XIX, cuando, aparte de los caminos de herradura, la serranía estaba plagada de bandidos.


El camino de Gibraltar a Ronda  fue uno de los sitios preferidos de los viajeros románticos. Ingleses, franceses,  recorrieron el camino en busca de aventuras, como lo requería el espíritu de la época. La primera etapa era Gaucín, desde donde se divisa toda la planicie entre la sierra y Gibraltar, así como África en los días claros:



Uno de los viajeros de la época fue Próspero Mérimée. Y de sus estancias en Gaucín, nació su famosa novela "Carmen", origen de un mito universal:


La verdad es que "Carmen" es más conocida por la ópera que escribió Georges Bizet muchos años después. Sin embargo, Bizet no había estado nunca en Andalucía. Ni él, ni los autores del libreto, de cuyos nombres no me acuerdo, pero que cambiaron bastante la localización y el ambiente. Según la ópera, Carmen es una cigarrera de Sevilla y toda la acción se desarrolla entre Córdoba y Sevilla. Mérimée en cambio, aunque no menciona Gaucín, se sabe que vivió ahí y que tuvo una especie de aventura con una gaucineña. Hay que comprender que en las guerras napoleónicas, Gaucín había estado ocupada por los franceses que, incluso llegaron a quemarla (es que se ponen un poco bordes estos French cuando las cosas no les van bien). Total, que sí, que Carmen, era de Gaucín y que hacía contrabando de tabaco entre Gibraltar y España. Al final, como todos sabéis, la mata Don José, que mira tú por donde era de Elizondo, en Navarra, a pesar de terminar como bandido en la serranía.

Pues bien, vuestro amado bloguero fue a pasar un fin de semana en Gaucín este verano. Fuimos a un hotel que os recomiendo, queridos amigos: "la Fructuosa". Si bien la entrada no es muy "sexy":





Una vez que pasas las puertas del hotel, todo te deja apabullado de lo agradable que es. Solo hay unas cinco habitaciones, pero todas decoradas con un gusto impresionante. Nosotros estuvimos en la que da en llamarse "los almendros":




Y como para muestra basta un botón, pero un super botón, esta era la vista desde la ventana de la habitación:


El comedor, en una terraza:


Y otra terraza, en la azotea del hotel, un sitio ideal para tomarse una cerveza mientras esperas la hora de cenar:



En invierno (sí, amigotes, en Andalucía también hay invierno), el comedor que está en el interior es igual de acogedor:


El restaurante es excelente. Nosotros probamos los filetes de lubina al horno, cocidos a baja temperatura:


Y el salmón con espárragos, también al horno:




Como vino, probamos un vino de Gaucín: "Sueños". Probamos el "últimos sueños" que es un Tempranillo de 2014. Es muy fuerte, os prevengo si queréis probarlo. Fuerte y un poco rudo, pero, ¡leñes! es el vino de la serranía, ¿qué esperáis?


Después, dejad que la magia de Gaucín os invada:


El desayuno se hace en la misma terraza de la noche



Los dueños del hotel son belgas, Daniel y Catherine. Daniel es un viajero incansable que recorrió el mundo en barco durante tres años y Catherine Hunter, es una ceramista reconocida en el mundo entero. Ambos son encantadores. Los pollos y gallinas de Catherine son muy famosos. Sí, ella es la que los creó. Luego han sido imitados en muchos sitios:



El hotel está lleno de rincones donde las obras cerámicas de Catherine están expuestas:


Y bien, amigos, si tenéis la oportunidad, no dejéis de ir al hotel "la fructuosa", de verdad, vale la pena.

Después, os dais una vuelta por Gaucín, donde se han afincado un montón de artistas


En la calle principal. los paraguas protegen del sol:


En la fuente de los cuatro caños podéis tomar algo:


Y si, finalmente el vino de Gaucín os ha convencido (y si no, hay otros), podéis ir a la Posada, donde hay de todo:



Bien, mis queridos amigos, lo voy a dejar aquí, que voy a cenar. Me he chapado 2700 Km en coche desde Manilva hasta Bruselas, así que estoy algo flácido. Ya os contaré más cositas en otra ocasión

Bsotes

jeudi 5 juillet 2018

El archipiélago del perro, de Philippe Claudel


Mis queridos amigos lectores (hombre, no es que tenga nada contra los analfabetos, pero el hecho es que ellos no me pueden leer, a menos que pidan ayuda a algún alma generosa dispuesta a leerles las portentosas hazañas de don Sorokin Buscabollos) Por otra parte, siempre pueden ver las fotos, cosa que es muy educativa y placentera. Como decía una prima mía cuando era pequeña y la pillaban con un libro en la mano: "no estoy leendo, estoy vendo". Pero en fin, que me dirijo principalmente a mis amigos lectores.

Como vuestro bloguero favorito (qué petulante soy, carallo) se va de vacaciones a Andalucía, vía Borgoña, Provenza, Cataloña (es para que rime con Borgoña), la Mancha y otros puestos de pasaje normal, me he apresurado a contaros lo que tenéis que leer este verano. No sé si está traducido todavía a la lengua de Pérez Galdós (no soporto que sea siempre la lengua de Cervantes), pero lo va a estar, seguro. Y si podéis leerlo en la lengua de Balzac, mejor que mejor.

El libro es magnífico, no pude dejarlo en 48 horas, leyendo a destajo, hasta que lo terminé. El tema es de rabiosa actualidad: en una pequeña isla volcánica, aparecen un día tres ahogados jóvenes, de color. Eso desencadena una serie de acontecimientos que te captan. No digo más, porque sería un espoiler- Escrito con prosa florida, a veces poética, en el fondo desnuda lo más cruel del género humano: traición, cobardía, engaño.

No es un libro optimista, ya os aviso, pero merece la pena leerlo.

No sé si todos conocéis la trayectoria de Philippe Claudel. En el mundo entero fue un gran shock (me perdonen sus mercedes el anglicismo) su libro "Las almas grises", aunque ha escrito bastantes otros que han sido muy celebrados, como "la nieta del señor Linh". Yo creo que he leído casi todo lo que ha escrito. Soy un fan (otro anglicismo, Sorokin, no tienes remedio) del señor Philippe.




La acción pasa en un archipiélago de ficción, en el Mediterráneo, entre África e Italia. Aunque están situadas mucho más al norte, de hecho al norte de Sicilia, a mí me recuerda un poco a las islas Lípari (o Eolias) donde estuve unas vacaciones hace como bastantes años (no sé, ¿quince?). Las Lípari están muy cerca de la costa de Sicilia. De hecho, servidor cogió un barco en Milazzo  para ir a la capital, que está en la isla que se llama justamente, "Lípari". No sé si el verano es la mejor época para ir, pero si podéis ir en primavera, id.


Cuando leáis el libro, os daréis cuenta que la ciudad de la isla donde pasan los hechos, se parece mucho a esta. aunque sea una isla de ficción (no la de la foto, la del libro)


Las islas tienen unas costas agrestes y recortadas, aunque también hay playas, como canta el letrero de la foto:



La vista de lo alto del monte de la isla Salina es algo que te puede encoger il cuore. Desde ahí se divisan tres de las islas: Alicudi, Filicudi y Panarea. No es lo perdáis, si podéis:



Para más semejanza con la isla del libro, hay dos de ellas con dos volcanes (uno en cada una) ; Strómboli, donde servidor no estuvo pero Ingrid Bergman sí, como sabéis los cinéfilos (y encima, ligó con Rossellini) y Vulcano, que está mucho más cerca:


Vulcano, tiene además unos barros volcánicos que dicen que son muy buenos para el pellejo. Servidor, no osó meterse en el barro, pero algunas desconocidas jóvenes sí, como puede verse:



Y bien, mis amigos, lo voy a dejar aquí, que todavía tengo que hacer la maleta para irme al sur.

Muchos besotes de vuestro Sorokin-

dimanche 3 juin 2018

Las bicicletas de Amsterdam


Amsterdam, queridos amigos, es la ciudad de las bicicletas. Bueno, no solo de las bicis, como ya os contaré si tenéis la extraordinaria paciencia de aguantar mis sinsorgadas, como dicen en Bilbao (NOTA: una sinsorgada es una sosería, propia de un sinsorgo, o sea, un soso. Es que servidor también ha vivido en Bilbao, como decía mi amigo Joan Benlloch: ¿y tú, dónde no has vivido?).

Bueno, sigo, que se me va la olla. Pues decía, que Amsterdam es la ciudad de las bicicletas. Se me ocurren varias razones, como que no tiene una jodía sola calle en cuesta (a ver si te controlas, Sorokin). Pero en fin, ese es el caso. El problema para los peatones es sobrevivir, porque, si bien los pocos automovilistas que circulan son extremadamente respetuosos con los pasos de peatones, los ciclistas no miran, ni frenan, ni intentan evitar al sufrido paseante.

Vuestro bloguero se fue a pasar un fin de semana largo a esquivar bicicletas. Reservé un hotel al ladito de la estación (porque me fui en tren). El Ibis, que como veis aquí, está en pleno centro de Amsterdam, enfrente justo de donde salen los barquitos que dan paseos por los canales:


El problema, es que si por un lado da al canal, por otro da a la estación:



Pero bueno, las ventanas estaban bastante bien aisladas y los trenes no molestaron mucho. Si vais en tren, os lo recomiendo.

La primera impresión de Amsterdam (aunque para mí no es la primera, que ya he estado más veces), son las bicicletas y los canales.


Bicicletas, bicicletas, bicicletas:


Justamente, enfrente de la estación central, hay un aparcamiento de bicicletas impresionante:


En las calles más recónditas, bicicletas:


Otra cosa que resalta en Amsterdam, es el pestazo que hay a Hashish por las calles, vamos, que si no estás acostumbrado, te puede poner viendo chirivitas saltando por los prados, mientras Heidi canta "abuelito donde estás, etc".

El hashish se vende en los coffee shops, como este:




Cuidado, colegas, se supone que lo tienes que consumir en el mismo café, aunque de hecho todo el mundo lo fuma por las calles, vayan o no vayan en bicicleta.

Pero no solo de hashish vive el amsterdamense (¿se dice así?), el olor a queso está tambien por todas partes. Las tiendas que venden queso tienen todas las variedades, incluídas las modernotas, como Gouda (pronunciad, "juda", please) con pesto, con cominos, etc etc:



Pero bueno, lo suyo es pasearse por los bordes de los canales (sobre todo si tienes la suerte de que te haga un tiempo fantástico, como me pasó a mí) y tomar algo en las terrazas de los baretos:



Mientras la gente del lugar se pasea con sus barcos:


No os sorprendáis si veis algo así:


Pues sí, es un pisódromo, como los que había en París hace mil años. La verdad es que es un pisódromo machista. A las mesdames (Mevrouwen, en holandés), es obvio que no les vale, vamos, digo yo.

Por la noche, todo se anima, más incluso que a la luz del sol:


Como supongo que ya sabéis, otro de los atractivos típicos de Amsterdam es el llamado "Red Light District", que en castellano de toda la vida se diría "el barrio de las putas" (otra vez, Sorokin, habla con corrección. Va: el "barrio de las señoritas prostitutas"). Como podéis ver, Oh amigotes, la afluencia es masiva. Hasta avisa la señal de tráfico que se lleve a los niños de la mano. Debe ser para que no se escapen a uno de los escaparates donde exhiben su encanto voluminosas (en general) mujeres. Se te encoge el corazón un poco cuando ves que no hay ni una rubia con pinta de holandesa: solo morenas, latinas, orientales. Pero, en fin, es su manera de salir para adelante. (Vamos, Sorokin, que esto no es un rollo sociológico, sigue con tus aventuras)


Si tenéis tiempo, os aconsejo hacer un recorrido en barco por los canales. Los barcos salen de donde os he puesto en la primera foto, enfrente del Hotel Ibis. Lo bueno es que te llevan a ras de agua, con lo que la perspectiva es muy agradable:




Bueno, y antes de cerrar el tenderete, os voy a recomendar un par de sitios (o tres, qué rayos), donde podéis beber y si se tercia, comer.

El primero es "De Haven van Texel", muy cerquita de la estación:



Tienen una magnífica cerveza holandesa, nada que ver con la insípida Heineken;




Desde su ventana se ve el canal, mientras pasan los barquitos:




Se puede comer algo. Como era el mes de Mayo, los espárragos estaban en sazón, así que un servidor comió espárragos. La foto salió mal, rayos. así que no la pongo.

El segundo está algo más lejos, está en la calle Spuis. Se llama Haesje Claes:


Como veis en el mapa, está al lado del Hotel NH, o sea que tiene una variada clientela internacional



Y donde hay japoneses, podéis asegurar que hay buen pescado:



Aunque, una vez más, vuestro bloguero que es un vicioso, comió espárragos. Es que estaban deliciosos.

Y para terminar, el sitio definitivo: el Café Karspershoek, el más antiguo de Amsterdam, donde vuestro bloguero recalaba todas las noches antes de sumergirse en el Hotel:


Un café (se llama "café", pero es más bien una taberna, aunque hay de todo). es de 1606:



Y nada más, amigotes, me voy a cenar. Os envío un saludo desde la plaza del Dam:




Y os dejo con Jacques Brel, el gran Jacques Brel, Cantando "Dans le port d'Amsterdam"

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 No os voy a poner toda la letra. Me basta con la última estrofa:




Dans le port d'Amsterdam
Y a des marins qui boivent
Et qui boivent et reboivent
Et qui reboivent encore
Ils boivent à la santé
Des putains d'Amsterdam
De Hambourg ou d'ailleurs
Enfin ils boivent aux dames
Qui leur donnent leur joli corps
Qui leur donnent leur vertu
Pour une pièce en or
Et quand ils ont bien bu
Se plantent le nez au ciel
Se mouchent dans les étoiles
Et ils pissent comme je pleure
Sur les femmes infidèles
Dans le port d'Amsterdam
Dans le port d'Amsterdam
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(En el puerto de Amsterdam
hay marinos que beben
y que beben y que vuelven a beber
Beben a la salud
de las putas de Amsterdam
de Hamburgo o de cualquier sitio
Beben a las damas
que les dan su cuerpo
que les dan su virtud
por una moneda de oro
y cuando ya han bebido bastante
miran al cielo
echan los mocos a las estrellas
y mean, como yo lloro
por las mujeres infieles
En el puerto de Amsterdam
En el puerto de Amsterdam)