dimanche 3 juin 2018

Las bicicletas de Amsterdam


Amsterdam, queridos amigos, es la ciudad de las bicicletas. Bueno, no solo de las bicis, como ya os contaré si tenéis la extraordinaria paciencia de aguantar mis sinsorgadas, como dicen en Bilbao (NOTA: una sinsorgada es una sosería, propia de un sinsorgo, o sea, un soso. Es que servidor también ha vivido en Bilbao, como decía mi amigo Joan Benlloch: ¿y tú, dónde no has vivido?).

Bueno, sigo, que se me va la olla. Pues decía, que Amsterdam es la ciudad de las bicicletas. Se me ocurren varias razones, como que no tiene una jodía sola calle en cuesta (a ver si te controlas, Sorokin). Pero en fin, ese es el caso. El problema para los peatones es sobrevivir, porque, si bien los pocos automovilistas que circulan son extremadamente respetuosos con los pasos de peatones, los ciclistas no miran, ni frenan, ni intentan evitar al sufrido paseante.

Vuestro bloguero se fue a pasar un fin de semana largo a esquivar bicicletas. Reservé un hotel al ladito de la estación (porque me fui en tren). El Ibis, que como veis aquí, está en pleno centro de Amsterdam, enfrente justo de donde salen los barquitos que dan paseos por los canales:


El problema, es que si por un lado da al canal, por otro da a la estación:



Pero bueno, las ventanas estaban bastante bien aisladas y los trenes no molestaron mucho. Si vais en tren, os lo recomiendo.

La primera impresión de Amsterdam (aunque para mí no es la primera, que ya he estado más veces), son las bicicletas y los canales.


Bicicletas, bicicletas, bicicletas:


Justamente, enfrente de la estación central, hay un aparcamiento de bicicletas impresionante:


En las calles más recónditas, bicicletas:


Otra cosa que resalta en Amsterdam, es el pestazo que hay a Hashish por las calles, vamos, que si no estás acostumbrado, te puede poner viendo chirivitas saltando por los prados, mientras Heidi canta "abuelito donde estás, etc".

El hashish se vende en los coffee shops, como este:




Cuidado, colegas, se supone que lo tienes que consumir en el mismo café, aunque de hecho todo el mundo lo fuma por las calles, vayan o no vayan en bicicleta.

Pero no solo de hashish vive el amsterdamense (¿se dice así?), el olor a queso está tambien por todas partes. Las tiendas que venden queso tienen todas las variedades, incluídas las modernotas, como Gouda (pronunciad, "juda", please) con pesto, con cominos, etc etc:



Pero bueno, lo suyo es pasearse por los bordes de los canales (sobre todo si tienes la suerte de que te haga un tiempo fantástico, como me pasó a mí) y tomar algo en las terrazas de los baretos:



Mientras la gente del lugar se pasea con sus barcos:


No os sorprendáis si veis algo así:


Pues sí, es un pisódromo, como los que había en París hace mil años. La verdad es que es un pisódromo machista. A las mesdames (Mevrouwen, en holandés), es obvio que no les vale, vamos, digo yo.

Por la noche, todo se anima, más incluso que a la luz del sol:


Como supongo que ya sabéis, otro de los atractivos típicos de Amsterdam es el llamado "Red Light District", que en castellano de toda la vida se diría "el barrio de las putas" (otra vez, Sorokin, habla con corrección. Va: el "barrio de las señoritas prostitutas"). Como podéis ver, Oh amigotes, la afluencia es masiva. Hasta avisa la señal de tráfico que se lleve a los niños de la mano. Debe ser para que no se escapen a uno de los escaparates donde exhiben su encanto voluminosas (en general) mujeres. Se te encoge el corazón un poco cuando ves que no hay ni una rubia con pinta de holandesa: solo morenas, latinas, orientales. Pero, en fin, es su manera de salir para adelante. (Vamos, Sorokin, que esto no es un rollo sociológico, sigue con tus aventuras)


Si tenéis tiempo, os aconsejo hacer un recorrido en barco por los canales. Los barcos salen de donde os he puesto en la primera foto, enfrente del Hotel Ibis. Lo bueno es que te llevan a ras de agua, con lo que la perspectiva es muy agradable:




Bueno, y antes de cerrar el tenderete, os voy a recomendar un par de sitios (o tres, qué rayos), donde podéis beber y si se tercia, comer.

El primero es "De Haven van Texel", muy cerquita de la estación:



Tienen una magnífica cerveza holandesa, nada que ver con la insípida Heineken;




Desde su ventana se ve el canal, mientras pasan los barquitos:




Se puede comer algo. Como era el mes de Mayo, los espárragos estaban en sazón, así que un servidor comió espárragos. La foto salió mal, rayos. así que no la pongo.

El segundo está algo más lejos, está en la calle Spuis. Se llama Haesje Claes:


Como veis en el mapa, está al lado del Hotel NH, o sea que tiene una variada clientela internacional



Y donde hay japoneses, podéis asegurar que hay buen pescado:



Aunque, una vez más, vuestro bloguero que es un vicioso, comió espárragos. Es que estaban deliciosos.

Y para terminar, el sitio definitivo: el Café Karspershoek, el más antiguo de Amsterdam, donde vuestro bloguero recalaba todas las noches antes de sumergirse en el Hotel:


Un café (se llama "café", pero es más bien una taberna, aunque hay de todo). es de 1606:



Y nada más, amigotes, me voy a cenar. Os envío un saludo desde la plaza del Dam:




Y os dejo con Jacques Brel, el gran Jacques Brel, Cantando "Dans le port d'Amsterdam"

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 No os voy a poner toda la letra. Me basta con la última estrofa:




Dans le port d'Amsterdam
Y a des marins qui boivent
Et qui boivent et reboivent
Et qui reboivent encore
Ils boivent à la santé
Des putains d'Amsterdam
De Hambourg ou d'ailleurs
Enfin ils boivent aux dames
Qui leur donnent leur joli corps
Qui leur donnent leur vertu
Pour une pièce en or
Et quand ils ont bien bu
Se plantent le nez au ciel
Se mouchent dans les étoiles
Et ils pissent comme je pleure
Sur les femmes infidèles
Dans le port d'Amsterdam
Dans le port d'Amsterdam
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(En el puerto de Amsterdam
hay marinos que beben
y que beben y que vuelven a beber
Beben a la salud
de las putas de Amsterdam
de Hamburgo o de cualquier sitio
Beben a las damas
que les dan su cuerpo
que les dan su virtud
por una moneda de oro
y cuando ya han bebido bastante
miran al cielo
echan los mocos a las estrellas
y mean, como yo lloro
por las mujeres infieles
En el puerto de Amsterdam
En el puerto de Amsterdam)

jeudi 17 mai 2018

Ostende (2) Ostende echa el ancla. Fiesta del mar



Aquí estoy otra vez, queridos amigos, amigotes, amiguetes, amigachos, dispuesto a daros un poco la brasa, porque hace ya más de un mes que estoy callado y me llevan los demonios. Ya os conté mi primera excursión a Ostende hace como un año (válame Dios y cómo pasa el tiempo, ya lo decía Jorge Manrique). Podéis rememorar tan extraordinario evento pinchando aquí. Pues bien, he vuelto. El motivo, aparte de disfrutar de una ciudad que no puede ser más amistosa y agradable, ha sido ir a la reunión anual de buques que, estas gentes dan en llamar "Oostende voor Anker" y que yo traduzco libremente por "Ostende echa el ancla", porque decir "Ostende está anclado", me suena peor.

Este año, vuestro bloguero servidor decidió ir en tren, porque era un fin de semana largo y las carreteras seguro que estaban a reventar. El tren sale de la estación del norte (aunque pasa por las otras dos estaciones de Bruselas: la central y la del sur, originales que son poniendo nombres):



Los precios de fin de semana son muy adecuados, aunque no creo que nadie se atreva a ir sin pagar a la vista de los revisores, como aquí el amigo:


Nuestro destino era el Hotel de las Termas, un balneario construido por Leopoldo II a principios del siglo XX. Grande, amplio, impresionante, señorial:


Con unos pórticos mirando al mar en su parte frontal que albergan el Hotel, el Balneario, el Casino, etc... aunque sin duda han conocido tiempos mejores:


Hoy en día, sin duda, está fuera del recorrido de las muchedumbres turísticas que solo juran y perjuran por el sol del mediterráneo. Pero lleno de clase, como se puede constatar en la cafetería del Hotel:



Bueno, pues ya está aquí vuestro bloguero. Al salir del hotel, lo primero que me llamó la atención es que había un barco regando el mar. Chocante, ¿a poco no? como dirían en México:



Supongo que sería un espectáculo propio de la semana de las anclas, como ya os he dicho. Paseando hasta el puerto, empiezan a aparecer las buenas gentes que participan en la aventura, como estos holandeses que parecen dispuestos a cantar algo:



El puerto está lleno de veleros y buques atracados o anclados, según se mire. Es que uno, que se ha criado en Santander, considera que no es lo mismo lo uno que lo otro: atracados es en el muelle, y anclados puede ser sin estar pegado al muelle (oigan, corríjanme si estoy metiendo la pata)


Esta vez, el más espectacular era un galeón ruso, el "Piligrim":



Otros, más chicos, hacían como los perrillos pequeños, que son los que más ladran: exhibiendo cañones:



A lo largo del muelle, un montón de pescaderías:



Aunque le mayor parte no vendían pescado, sino piscolabis ya preparados en plan tapa, sandwich, canapé o similar:


Pero en fin, lo más espectacular era un asador de salmón que se había instalado enfrente de la catedral:


Es como un espeto. El salmón está en esa especie de tablón vertical. Un servidor, atontao como estaba, no se dio cuenta que eso era donde estaba el salmón, así es que hice la foto desde atrás. Cuando la pelirroja considera que el bicho está listo, lo desciende: (y ahí me di yo cuenta de donde andaba el pez)


La verdad es que está magnífico, porque el salmón suda toda su grasa y queda tierno, delicioso


Interesantes también, los diversos modelos de coches que andaban por el muelle:



En fin, no me voy a ir a cenar sin antes recomendaros un buen restaurante en el muelle de Ostende, de Kleine Garnaal (la gambita o pequeña gamba). La verdad es que a las 9 de la tarde, si no espabilas, te quedas sin cenar, menos mal que aquí nos aceptaron con una sonrisa (gracias, gambitas):



Lo mejor, la calidad de los platos. Unas muy buenas ostras (con cava, todo sea dicho)




Y unos fabulosos lenguados "a la bella molinera", como se llaman en español:



Por otro lado, ya os hablé la otra vez del "Waterhuis", un muy buen pub también en el puerto, lleno de ambiente, cerveza, crêpes y lo que sea menester:




Y para terminar, os voy a dejar con un bodrio de vídeo hecho a pachas por mi amigo Lopezia y un servidor. Los pueblos del mar tenían sitio especial en el evento, irlandeses, escoceses, bretones. Lo que encuentro inaceptable es que un tío que mide dos metros te tape el show porque le da la gana, ya me diréis.



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Abrazotes