vendredi 26 avril 2019

La Buena Tierra, de Pearl S. Buck


Aquí estoy otra vez, queridos amigos. Había prometido en mi cuenta de Instagram (sí, señoritas y señoritos, tengo una cuenta en Instagram) que os iba a hablar de "la buena tierra" de Pearl S. Buck, y hete aquí, que por fin me decido a sacudir mi tradicional pereza (en Física se llama a eso, "estar en un pozo de energía". Suena más fino y le deja a uno con la conciencia tranquila) y ponerme a escribir sobre el tema. Además, así me olvido de qué rayos puede pasar el domingo si finalmente algún partido que no quiero nombrar, pero que empieza por V y acaba por X, gana las elecciones. Por si acaso yo ya he votado por correo. Por una vez, la Embajada en Bruselas ha cumplido con su obligación.

Pearl S. Buck era una autora que frecuentábamos los adolescentes hace ya una pila de años. Leíamos los libros suyos que publicaba, creo que editorial Reno o algo así. Corría el chascarrillo de que EEUU había tenido dos grandes tragedias en su historia, Pearl Harbour y Pearl S, Buck. Pero, en fin, yo en aquellos tiempos leí "Viento del Este, viento del Oeste" y me gustó. Luego pasó al olvido, como Selma Lagerloff, Echegaray y otros nobelizados autores.

Pero, estando en estas cosas, leí un artículo del blog de Dorothy con tacones que hablaba de un libro suyo (pinchad aquí si queréis) y me dije ¡Tate, tate! voy a releer a la Buck. Y lo hice, y os lo voy a contar, que para eso estoy aquí.

"La buena tierra" cuenta una historia que sucede en la China en, probablemente, los años veinte o treinta del siglo pasado. Pearl S. Buck vivió mucho tiempo en China, o sea que conocía el tema de primera mano. El libro le valió un premio Pulitzer y fue un punto importante para que le dieran el Nóbel en 1938. Parece ser que ayudó a la opinión pública en EEUU para ponerse al lado de China en la guerra China-Japón.





Pearl S. Buck


Aunque las críticas, en general, son muy buenas, hay quien le reprocha que, realmente no es una mirada china sobre China, sino la de un extranjero. No importa. El libro es fantástico. A mí me ha absorbido, me ha emocionado, me ha indignado a ratos y me lo he liquidado en dos días. El libro tiene varias lecturas, una lectura étnica, sin duda, pero sobre todo una profunda reflexión sobre la naturaleza humana

El protagonista es un agricultor, Wang Lung, para quien la tierra lo es todo. Vive en una aldea al lado de una pequeña ciudad que la autora no menciona, pero un servidor que se mete en todo, ha deducido que debe estar unos 600 Km al Norte de Nanking. Una tremenda inundación arrasa todo, y Wang Lung y los suyos cogen un tren y se van a una ciudad grande, que en el libro se llama Sangsu, pero que parece que es Nanking:




Como digo, para Wang Lung, la tierra es todo. Os pongo una foto que hice durante mi viaje a China y que, montañas aparte, puede representar la tierra de Wang:


Si me lo permitís, ¡Oh amigos!, voy a utilizar las fotos de mi viaje a China para seguir contándoos el libro. Este podría ser Wang:




Un duro campesino, trabajador de sol a sol. Aconsejado por su padre, decide buscar una esposa, yendo a la casa del señor de la región, que podría ser esta:


Donde le ceden una esclava, O-Lan para que se case con ella. O-Lan no es bella, pero es fuerte, trabajadora y pare dos hijos sola y sin ayuda. ¿Qué os parece mi O-lan?:




El padre de Wang vive con ellos. Este hombre se parece al padre que aparece en el libro:


Wang tiene un vecino amigo que termina siendo su único soporte cuando vengan malos tiempos: Ching





Pero también tiene un tío gorrón, vago y mala gente que se aprovecha de su trabajo para vivir en su casa. Más tarde se descubrirá que su tío es el capitán de una banda de forajidos:


El tío de Wang




Uno de los bandidos

Wang Lung, con sus hijos, su mujer y su padre tiene que huir de la región, como ya os he dicho más arriba, por culpa de la hambruna que desatan las inundaciones. Van a parar a Nanking (Sangsu en el libro), donde tiene que robar y hacer trabajos miserables para sobrevivir. Un día, la guerra (no se sabe qué guerra) llega a las puertas de la ciudad. Los ricos huyen y la gente del pueblo asalta el Palacio. O-Lan consigue apropiarse de un puñado de joyas, que les sirven para volver a casa. relanzar las tierras y comprar otras nuevas tierras.

Y aquí empieza la verdadera tragedia. Wang Lung, lleno de rabia e ingratitud, aborrece a su mujer, a la que debe todo. Es trágico como la acusa de ser fea y tener los pies grandes. O-Lan, solo puede argumentar entre llantos que le ha dado dos hijos.

Wang, cada vez más soberbio y endiosado, toma una nueva esposa, más joven. Las vicisitudes que viene después, es mejor que las leáis solitos y sin "spoilers" Os pongo unas fotos, por si os sirven para imaginar a los protagonistas:





Los hijos de Wang



Lotus, su segunda mujer





Hacia el fin de su vida, Wang se busca una nueva compañera, ya harto de Lotus y de todo: Pear Blossom, que podría parecerse a esta joven pekinesa.

En resumen, que es un libro impresionante. No os lo perdáis, si podéis. Y si podéis leerlo en el original americano, mejor. No me fío de los traductores, sobre todo si no han modificado las traducciones de los años sesenta. La autora, a veces usa un lenguaje bíblico, que no sé yo como lo habrán traducido.

En fin, besotes, que como de costumbre, me voy a cenar. Hoy tengo setas de cardo con blancos de vieira. Ya sé, os da envidia. Qué le vamos a hacer







lundi 25 mars 2019

Tervuren. El Museo Real de África Central



El Museo Real de África Central (real viene de rey, no quiere decir que no sea imaginario), queridos amigos, está situado en Tervuren, a unos pocos kilómetros del centro de Bruselas. Se construyó por orden de Leopoldo II, rey de Bélgica, a fines del siglo XIX. Ya os hablé de Leopoldo (pinchad aquí si os viene en gana). Edificó un palacio con el solo fin de albergar sus piezas de colección traídas del Congo:




La historia del Congo está ligada con la colonización Europea de África. Los países de Europa que estaban en plena revolución industrial, necesitaban materias primas. ¿Y dónde estaban las materias primas? Pues sí, habéis acertado, en África. Francia, Inglaterra, Alemania (sí, sí, Alemania, hubo colonias alemanas en África) se lanzaron a colonizar el continente, aduciendo historias de mejorar la vida de los nativos, etc, etc. Iban a por Cobre, Plomo, Oro. Lo otro son excusas, claro. Aún hoy hay autores que proclaman la "obra civilizadora" y bla, bla, bla.

Leopoldo II no quiso quedarse atrás. Para empezar mandó a Henry Morton Stanley (el famoso Stanley de "Doctor Livingston, supongo") a explorar y de hecho apropiarse de todas las tierras en la ribera derecha del río Congo. Como consecuencia, se creó una especie de estado independiente, cuyo rey era solamente, Leopoldo. No era todavía el Congo Belga.




Henry Morton Stanley

Durante el reinado de Leopoldo, se produjeron abusos incontables, torturas, asesinatos, por parte de los belgas y sus subcontratistas. Es así. Está reconocido como el mayor genocidio de la época moderna. Tanto es así, que el gobierno belga de la época decidió quitarle el Congo a su rey y convertirlo en una colonia: el Congo Belga. Eso fue hacia 1908. El rey murió el año siguiente de pura rabia, se supone.

Leopoldo, mientras el Congo fue su exclusiva propiedad, mandó construir el Museo del Congo, el que hoy es el Museo Real de África Central. Hasta 1960, el museo dependía del Ministerio Belga de Colonias. Actualmente es una institución independiente en la que participan europeos y africanos.

El museo original estaba en el palacio, como ya he dicho. Se hizo una reforma importante, de manera que, aunque las salas principales siguen en el palacio, se entra por un edificio anexo:




El paso se hace por un subterráneo. Pagáis vuestra entrada, amigotes, y os ponéis a bajar y subir escaleras:



En la primera zona, antes del largo pasillo subterráneo, hay una serie de esculturas, muy de principios del Siglo XX que estaban en el museo original, pero que han sido apartadas porque se considera que son ofensivas para los congoleños: Un hombre leopardo, un esclavo y otros lugares comunes.


Tras el pasillo subterráneo se llega al meollo:



A un servidor, la sala que más le impactó es la de "rituales y ceremonias", llena de máscaras y esculturas originales:





Según explican, las máscaras se usaban para acontecimientos especiales, y en la mayor parte de los casos, se quemaban después. Evidentemente, esto no es posible para estas dos, que se las ve bien sólidas:

Este es un Nkisi. Su misión era atraer los muertos de vuelta al mundo. Los atraía con esos ganchos que lleva y los hacía reencarnarse. No sé si yo me fiaría de un elemento así.


En toda África Central se hacían ritos de iniciación para marcar el paso de la infancia a la edad adulta. Se aislaba a los quinceañeros se les explicaba lo que es la vida y ¡hala! . A mí me hubiera gustado también que me lo explicaran con detalle, porque todavía no lo he entendido:



Estos son Wayinda y Kakulu. Wayinda es la de la izquierda y es una mujer infiel. Kakulu es su marido y se le ve un poco tuerto del disgusto:



Hablando de maridos y mujeres, en el Museo hay cuadros de artistas congoleños contemporáneos, como este "Matrimonio forzado". Sus padres quieren forzar a la chica a casarse con un rico más bien viejales:


En la sala de música se exhiben, por ejemplo, los tambores reales de Ruanda. Eran un privilegio real. Hoy día, se han popularizado:



Pasando a la zona "Afropea" se pueden ver cosas como este semáforo, diseñado por una mujer. Está instalado en Kinshasa y gira para mostrar el verde o el rojo.




Otra zona que se encuentra el visitante es la de "paisajes y bio-diversidad". Magníficamente montados en un ambiente muy bien creado, una serie de animales disecados, como este Okapi:



O estos gorilas:




El elefante ha sido desde siempre una de las estrellas del museo, aunque según parece, son dos elefantes. La cabeza pertenece a uno y el cuerpo al otro:




Un caso terrible: el de la Perca del Nilo. Se llenó el Lago Victoria con una especie invasora, la Perca del Nilo. Todas las otras especies han desparecido. Se hace un comercio con estos peces absolutamente desagradable. Vienen aviones todas las semanas a cargar percas y llevarlas a Europa, (en especial a Rusia). A mí, personalmente, su carne me desagrada a tope y su sabor me produce arcadas, pero es un comercio con el cual se están llenando los bolsillos muchas multinacionales sin dejar ningún beneficio a los habitantes de la zona.




Bueno, algo menos repugnante. La sala de los cocodrilos es una de de las originales del Museo del Congo. Es muy aparente:



Y bien, queridos amigotes. Si tenéis oportunidad, no dejéis de visitar el Museo. es uno de lo mejores del mundo dedicados a África.

En saliendo, en una de las paredes del palacio os encontraréis esta escultura que no tiene firma,



pero que me ha parecido muy oportuna para estos momentos en el que algunos mentecatos andan proponiendo que se den armas a todos los hombres de bien. Bueno, pues esto es lo que se hace con las armas: matar.

Os voy a dejar, que me voy a cenar. Besotes, mis amigos.

vendredi 22 février 2019

Se fue con la niebla un relato, seguido de "Sérotonine", lo último de Michel Houellebecq


Se fue con la niebla

Se fue con las últimas luces del día, envuelta en un jirón de niebla. La niebla que había estado acosándonos durante todo este maldito noviembre.  No nos dimos cuenta hasta que ya fue tarde y sentimos, como un mazazo, el hueco que dejaba en nuestras vidas. A pesar de que mi madre no la amaba demasiado, se entristeció tanto que, sin decir nada, dejó caer unas lágrimas por sus mejillas.

Yo la había incorporado a nuestra familia, a nuestras vidas. Yo la quería con locura y ella correspondió con un cariño que flotaba por todos los rincones de la casa, con su sonrisa y con sus muestras de afecto. Sin embargo, aquel triste día, mi madre que estaba histérica por no sé qué razón, le gritó. Ella no dijo nada, se limitó a mirarla con esos ojos tan bellos y tan tristes que tenía. Y se fue para nunca más volver. Esperamos que se arrepintiera y volviera. Avisamos a la Policía, pero no la encontraron.  ¡Nunca te olvidaré, así pasen cien años, mi bella compañera! Que seas feliz dondequiera que estés, Laika, mi bella perra esquimal.

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Fin del relato, mis queridos amigotes y, no os preocupéis que es un mero ejercicio de estilo y ... de sentimiento.

Para seguir en este plan, un poco deprimente, os voy a hablar del último libro de Michel Houellebecq, "Sérotonine":




Ya os hablé de Houellebecq hace unos cuatro años (¡Cómo pasa el tiempo, diablos!) y comentamos su libro de por aquel entonces, "El mapa y el territorio". Si no os acordáis podéis pinchar aquí, gurriatos.
Como se ve en la foto, con esa cara es como para estar deprimido, pero, en fin, lejos de mí criticar a uno de los mejores escritores franceses, un poco en la línea de los poetas malditos:



Michel Houellebecq


El libro, como no podía ser menos, es bastante deprimente, aunque quizá no tan exageradamente deprimente como otros libros suyos. Después de "El mapa y el territorio" escribió "Sumisión", pero ese, por el momento, servidor se ha negado a leerlo. Ya solo el título me produce retortijones.

Serotonina (voy a permitirme la libertad de traducir el título al español, no sé si está traducido todavía, se publicó en Enero, pero el título no va a cambiar ¿qué os apostáis?).

El protagonista, Florent, es un ingeniero agrónomo, como parece que es Houellebecq, con lo que todos los aspectos en relación con el tema son totalmente verosímiles. Florent fuma (ahí ya lo lleva peor que  de los que en su día nos quitamos).

Florent ha vivido cinco años con una chica de la que confiesa que está perdidamente enamorado. Eso ya es algo positivo en Houellebecq, admitir el amor loco como redención, pero por un mal rollo, Camille se va y le deja. Florent va a ver a su mejor amigo que ha abierto una explotación agrícola en Canville-la Rocque, en Normandía. Ahí pasan un montón de acontecimientos, muy bien contados. Una revolución agraria contra las cuotas lecheras de la Unión Europea (interesante, el autor reconoce que todo eso ya no se decide en Francia, sino en Bruselas. Ya deberían de aprender algunos nacionalistas españoles que eso es así)

Todo termina mal. Florent acaba deprimiéndose aún más. El libro se acaba cuando él se está quedando sin Serotonina y hace un cálculo de cuanto tarda en caer desde el piso donde vive hasta el suelo. No le importa el golpe, le importa el tiempo que está en el aire. No sigo más. Si queréis, os la leéis, pero atentos, no es optimista.

Servidor de todos vosotros, amigotes, justamente tenía que ir mucho por asuntos del curro cuando vivía en Luxemburgo hasta Normandía. Ahí se pasa casi toda la segunda parte del libro. Camille, su ex, vivía en Bagnoles de l'Orne, Florent vive en un bungalow de su amigo cerca de Barneville (ahí he pasado yo bastantes semanas, comiendo ostras y bebiendo Calvados). La lucha final contra los CRS (la guardia civil francesa, gurriatos, que hay que contároslo todo) tiene lugar en Pont l'Evêque.



La península del Cotentin 

Naturalmente, no os vais a librar de que os ponga algunas fotos de cuando yo iba por allí. Por ejemplo, ese puerto de Barneville en marea baja:



Hace pensar en la playa que había bajo el bungalow de Florent.

La nez de Jobourg, la punta del Cotentin


Es obvio que entre las fotos siempre hay algún turista que se cuela a robar plano. Qué gente más pesada:


La catedral de Coutances. A Florent le impresiona el centro Leclercq de Coutances, más que la catedral que siempre la encontró medio borrada por la niebla, como es el caso. Por cierto, en una tienda de Coutances vendían una paella de verdad. Una mujer preguntó al tendero : - ¿eso es un Wok? servidor casi se troncha de risa.



Venga, amigotes, os voy a dejar en paz que es Viernes y se va haciendo hora de cenar. Muchos besotes

mercredi 23 janvier 2019

Un espectáculo audiovisual sobre Van Gogh y un par de recomendaciones gastronómicas en Bruselas


Hola amiguetes queridos. Ya estoy por aquí otra vez. Ya sé que me habéis echado de menos como no podía ser de otra manera, porque todos sabemos que cuando se ama de verdad, las ausencias son como puñales que se nos clavan en nuestros tiernos y frágiles corazones (un poco machacados por los radicales -OH* tras estas fiestas, pero tiernos, tiernos). Por supuesto, lo primero es desearos un muy feliz 2019, esperando que -por lo menos- no sea peor que el año pasado, lo que ya es decir.

Pero bueno, abrevia Sorokin, que te enrollas más que las persianas y ya veo a tus lectores cogiendo un zapato para tirarlo a la pantalla del ordenador.

El primer evento del año al que vuestro bloguero ha asistido en esta ciudad, húmeda y gris, pero bastante más animada de lo que dicen las lenguas bífidas, ha sido una Expo sobre Van Gogh. Lo de exposición me parece una exageración, en realidad es, como dice la publicidad, una inmersión audiovisual en su mundo. No hay pinturas, lo que hay es un espectáculo impresionante, total.

Tiene lugar en la Bolsa de Bruselas. Desde hace años, la sala central de la Bolsa se dedica a exposiciones y eventos especiales (hace poco hubo una feria de la cerveza):





Una vez que cruzas el umbral, te sacuden unas imágenes que se proyectan en las paredes de la sala, que es enorme. La música te invade por todas partes. Os lo digo en serio, es una experiencia apasionante. El público está por el suelo, en colchonetas, en hamacas o en sillas:



Todo se desarrolla sin ruptura, unas imágenes tras otras:


Pero, como ya podéis suponer, mi colega Lopezia que iba conmigo (somos, como dicen en México "uña y mugre"), con esa afición que tiene a filmar bodrios, produjo el vídeo que, a continuación os pongo:

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Espero que os guste. Si no, podéis quejaros en los comentarios a este blog, que siempre os están abiertos, aunque a veces pasáis de forma olímpica.

Un servidor, todavía lleno de ilusión pensó que tal vez hubiera un cuadro auténtico, vamos una pintura del maestro. Pero no. Lo que había en los laterales es un taller de pintura:



Mayores y pequeños podían entretenerse en copiar los cuadros y luego donarlos para que los colgaran en algún lado.  Lástima, ni a mí ni a ninguno de mis amigotes se nos ocurrió_




Para no quedarme con las ganas, le saqué una foto a una reproducción. Ahora, podría hacer trampa y decir que era un original, pero no, no voy a hacer tamaña desfachatez:




Si os interesa  y estáis por Bruselas, os aconsejo encarecidamente que vayáis. Está hasta el 27 de enero (o sea que queda poco).

Y tras esta historia gráfico-pictórica-audiovisual, os voy a recomendar dos restaurantes, que para eso estamos. El primero es uno de los más antiguos y clásicos de Bruselas, "Aux Armes de Bruxelles". Está a dos pasos de la Grand Place y casi, casi, enfrente del archiconocido "Leon"




Por supuesto, aquí también se pueden comer mejillones, como en casi todos los restaurantes de Bruselas, pero no es su plato más señalado (no os impacientéis, gurriatos, que ya llego al grano)

Podéis comer un lenguado a la "ostendaise", con su salsa de mejillones, su "gratin dauphiné" y esas cosas. Es uno de los platos más típicos, aunque yo prefiero el pescado a la plancha o al horno (los españoles y los japoneses no tenemos solución).




O podéis pedir un abadejo (Cabillaud, el pescado más consumido en Bélgica) con una ensalada de berros y tomate, que es lo que comió vuestro bloguero servidor. No estaba mal, pero la verdad, tras haber comido no hacía mucho, en Estepona, un Pargo a la donostiarra, me quedé como si no hubiera comido.



Pero a lo que se viene a este restaurante es a comer crêpes "Comédie française" a la mandarine Napoléon. Son inigualables, los mejores de la francofonía (incluida Francia, desde luego). La mandarine Napoléon, a pesar de su nombre, es un licor belga a la mandarina.


Yo, al principio de vivir por aquí, todavía no sabía que era un licor belga, así es que cometí el error de pedir una copa en un avión de Air France. La mirada de la azafata, casi me incrusta contra el asiento: "Non Monsieur, no tenemos ese licor ("belga", no lo dijo, pero lo pensó), le propongo un Cointreau"

Vale, en "Aux Armes de Bruxelles" hacen unos crepes que no tienen nada que envidiar a diez mil tropecientos crêpes al Cointreau hechos en Francia.

Se preparan a la vista del público. Todo un espectáculo:




Se riegan con el licor, se flambean:




Se le añade una bola de helado de vainilla y ya podéis subir al Nirvana directamente;




La segunda recomendación es más de andar por casa. En la rue Haute de Bruselas, en pleno barrio de Marolles, del que ya os hablé en otra ocasión (pinchad aquí, gurriatillos) , hay un bar de tapas "Tapas bar 177". Es un bar magnífico. Naturalmente, pensaréis ¿es de españoles?, pues no, el dueño es italiano y su mujer portuguesa, pero están impregnados de cultura culinaria española, como veis en la pizarra:




Ya sé, está un poco borroso, pero es que ya llevaba varias copas de "Protos":



El dueño nos dejó la botella y, lógicamente desapareció cumplidamente. Pimientos de Padrón, que no son fáciles de encontrar en Bruselas y navajas, como se ve en la foto. La camarera se llama Lola y es de Sevilla. No me atrevo a sacarla en la foto, no vaya a ser que esto se líe.

No es un sitio solo de españoles. El ambiente es internacional, pero vamos, de gente que ama las tapas.



Queridos amigotes que andáis por Bruselas, os lo recomiendo encarecidamente y más los días que tengáis "spleen", como decía Baudelaire (Baudelaire vivió en Bruselas en tiempos de Victor Hugo, como todos sabéis. Y si no lo sabíais ya os lo he contado).


Besotes a todos.