Y voy a hablar de comida japonesa que quiérase o no, está de moda por todo el orbe planetario. Supongo que ya sabréis perfectamente distinguir un sushi de un sashimi y de un maki y que no confundiréis un soba con un udon (que yo sé de unos amigos que se chaparon varios kilos de espaguetis fríos sin querer por confundirse). Es importante saber qué es cada cosa y para qué sirve, que a los japoneses les ha llevado eso varios siglos y no vamos a venir los asturianos, valencianos y otros quídam a enmendarles la plana.
Y claro, viene a cuento la anécdota de turno (os creiais que ibais a libraros, ¡ingenuos!). Estaba yo invitado a cenar con un grupo de amigos en uno de esos barquitos-restaurantes que te dan una vuelta por la bahía de Tokio mientras te atiborran de todas las especialidades de la zona. Primero, una sopa de miso,después un caldero individual humeante con trozos de algún ave, luego un sushi y para terminar un témpura (palabra esdrújula, amigotes, palabra esdrújula). Yo, que soy un paleto que se las da de listo porque manejo medio bien los palillos, preparé la salsa de soja para el sushi, con su wasabi y tal. Un éxito. Pero en esto, viene el témpura y yo, apresurado, cogí con mis palillos un pedazo de algo convenientemente rebozado, of course, y me dirigía a mojarlo en la salsa del sushi cuando un alarido espantoso, horrible, desgarrador paralizó mi mano. ¡NOOOOOO! gritó la camarera mientras se precipitaba hacia mí: "This sauce for sushi, not for témpura".
Menos me mal que me detuvo a tiempo. Acto seguido trajo la salsa de témpura y ... sabéis un secreto colegas: sabía exactamente igual que la del sushi.