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dimanche 2 mai 2010

The Wire. El rincón más oscuro del experimento americano





Vaya por delante, queridos lectores reales o imaginarios, que soy un adicto incorregible a las historias de ciencia-ficción. Que me deleito como un gato con un menudo leyendo a Stephen Baxter o Ursula K. Leguin, por no hablar de los superclásicos como Bradbury o Asimov. Como es lógico en un ser tan poco serio como yo, estoy totalmente pillado por las series de TV Lost y Flash Forward (por cierto, la semana pasada no ha habido capítulo de "Lost", deben estar reflexionando los guionistas en cómo salir del embrollo en el que andan metidos). Pero, la verdad, estoy un poco hasta los glomérulos de Malpigio de esa ola de interpretaciones baratas de la mecánica cuántica.

"Vaya, ¿con que con esas andamos, Sorokin?" me diréis ustedes vosotros, un sí es no es escépticos considerando que voy de farol. Pues sí, y en vista de eso hoy os voy a hablar de una serie que es todo lo contrario. "The Wire" es una serie casi casi para sociólogos, neorrealismo a la italiana en Baltimore, sin concesiones, sin mecánica cuántica, pero con universos paralelos: el de la gran mayoría de la población de color de Baltimore y las minorías (sí, minorías, en Baltimore son minorías) blancas. Gangsters matándose por un rincón de calle para vender droga, y al mismo tiempo amantes de sus niños. Políticos corruptos, policías de todo pelaje, color y sexo que engañan a sus mujeres cuando se tercia y se pelean entre ellos. Sindicalistas del puerto que roban contenedores de vez en cuando... Todo un elenco de personajes de carne y hueso, en el rincón más oscuro del experimento americano.

Yo ya me he chapado las cinco temporadas de la serie de cabo a rabo. Cada una tiene un motivo dominante, siempre con los mismos personajes. A mí la que más me gustó es la temporada 2, cuyo tema principal es el puerto de Baltimore y los protagonistas, sus sindicatos. Pero en la temporada 3 encontré alucinante la secuencia que os copio. Los polis están velando en un bar a uno de sus compañeros que ha muerto. El muerto está de cuerpo presente en una mesa de billar, los demás beben hasta caerse. Un policía gordo hace el elogio fúnebre del difunto, y es ahí cuando dice, tras una breves alabanzas adornadas con algún chascarrillo, la frase final: "Aquí estamos, compartiendo el lugar más oscuro del experimento americano". Impresionante.

No os la perdáis si podéis, en serio






Tom Waits. Way down in the hole