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samedi 4 juillet 2015

Waterloo 2015. Reproducción de la batalla en su segundo centenario



Por supuesto, queridos amigos, que todos sabeis que Napoleón Bonaparte fue derrotado en la batalla de Waterloo. Supongo que sabéis (Dios me libre de dudar de vuestros conocimientos históricos, no se sus enfadís, como dirían en Albacete) que la tan renombrada batalla tuvo lugar en 1815. ¿Pero sabiaís que Waterloo está a 17 kilómetros al sur de Bruselas? Pues sí, así es:



El hecho es que, como todos ustedes vosotros sabéis, Napoleón, tras perder la batalla de Berezina en Rusia, dijo que ya estuvo suave, se rindió y los que mandaban en Europa (luego, luego hablaremos de eso) lo mandaron desterrado a la isla de Elba, muy cerquita de Córcega, que era su pueblo. Así es que, se escapó, montó la de San Dios, desembarcó en Francia, mientras todo el mundo lo aplaudía (me refiero a los franceses, claro), armó de nuevo un ejército del copón y se lanzó hacia el norte, hacia Bruselas, con el astuto fin de derrotar a las tropas de la coalición, inglesas, holandesas, austriacas y prusianas.

Hagamos, oh amigotes, un inciso de historia ficción. ¿Hubiera sido el futuro de Europa diferente si Napoleón hubiera ganado en Waterloo? Pues servidor, cree que no. A corto plazo, la victoria de las tropas aliadas supuso la victoria de la reacción. Los que hoy llamaríamos la extrema derecha, los monárquicos a ultranza, los terratenientes franceses, los que había machacado la revolución, tomaron un poder absoluto de nuevo y toda Europa se hundió en los agujeros del antiguo régimen (piensen, mis amigos, para qué sirvió el 2 de Mayo y la guerra de la independencia española: para traernos un déspota redomado, como Fernado VII y, de nuevo, la Inquisición, etc). Pero a la larga, los procesos históricos hubieran llevado a una situación parecida a la de hoy: el ascenso imparable de Prusia-Alemania, el nada afectado poder naval de Inglaterra, etc.

Vale, que me enrollo como las persianas. Me disculpen, colegas. El hecho es que en 2015, ha sido el segundo centenario de la batalla. Fíjense, y en 2014 lo fué de la primera guerra mundial (pinchen aquí, si quieren, vaya). Curioso, en dos años en que, de nuevo, los demonios familares de Europa vuelven a acosarnos a todos. Nacionalismos, egoísmos, falta de solidaridad: los poderosos (iba a decir de mierda, pero no lo digo), de nuevo acosando a un pequeño país, como Grecia, etc.

Pero bueno ¡Sorokin!, vamos a lo que vamos: la reproducción de la batalla. Pues sí, la reproducción tuvo lugar en el segundo centenario exacto, los días 18, 19 y 20 de Junio, en Waterloo, como no podía ser de otra manera. Un servidor de todos ustedes vosotros, agarró su coche, a pesar de que avisaron que el tráfico iba a ser espantoso, y se lanzó a la aventura. Bueno, la verdad es que había reservado un sitio de aparcamiento. En fin, un sitio: a dos kilómetros del campo de batalla y en un verde prado al pié de la colina del León:





La ventaja de estar a dos kilómetros del campo de batalla, es que te podías pasear por todos los campamentos de las diversas tropas, cuyos figurantes se lo estaban tomando muy en serio, como puede verse a estos oficales rusos poniéndose morados a champagne:


En el cuartel general de Napoleón, había trajes para todos los gustos:



Evidentemente, el personal que tenía que representar la batalla se lo estaba tomando muy en serio, como estos oficiales delante de la tienda de Napoleón:


Y ¡zas!, en ese momento se ponen a gritar. "¡l'Empereur, l'Empereur!" y oye, que nos empujaron para dejar paso libre al Emperador, que llegaba medio corriendo para discutir los planes de batalla (pobretico, todavía no sabía que iba a perder):


Pero bueno, tras discutir con sus edecanes (y con la tele, que lo estaba filmando, evidente salto en el espacio-tiempo), salió para que su pueblo le hiciéramos fotos:


En cambio, en los campamentos de los curritos que tenían que machacarse en la batalla, las cosas transcurrían más tranquilas, como este grupo de tropas aliadas:



Pero, vuestro seguro bloguero, que no puede ocultar su afrancesamiento, qué le vamos a hacer, se fue al campamento francés. Sorpresa mayúscula, había un montón de gente, que uno no hubiera pensado que combatían al lado de Napoleón, como este batallón de polacos:




O este otro batallón de rusos:


Había, hasta un regimiento español, que me dijeron que eran tropas que habían huído a Francia con Pepe Botella, tras la derrota de las tropas francesas en Vitoria. Les hice una foto, pero no os la pongo, ¡Oh amigotes!, porque aparece un ser del futuro junto a ellos, y no hay que mezclar épocas.

Lo que sí hice fué ir a fotografiar el rancho, que dígase lo que se diga, no tiene mala pinta:



Y en estas, se me hizo la hora de la batalla. Así es que, me fui corriendo a las gradas que habían montado para verlo. Como preparación al vídeo que se marcó mi amigo y compañero Lopezia, os pongo un mapa histórico del campo de batalla (naturalmente, sacado de Internet). Lo más fascinante fue ver, cómo franceses de 2015 (no figurantes, sino gente que había pagado su entrada) gritaban "¡Vive l'Empereur!" y agitaban banderas francesas. Ahhhhh, los nacionalismos.....




Para más detalles de la batalla, podéis pinchar aquí. Parece que el error básico de Napoleón fue no saber donde estaban las tropas prusianas, que fueron las que al final decidieron la batalla.

En fin, ahí va el video, un poco confuso, porque no era fácil seguir lo que estaba pasando:


Lo pasamos muy bien, esta es la verdad. Además, casi seguro que no se mató nadie de verdad en la reproducción de la batalla.

Controlando al personal, había policías a caballo, cantidad. Helos aquí, descansando despues del acontecimiento. Afortunadamente, en Bélgica no se aplica la ley mordaza, si no, ¡a saber! sacar fotos a polis bebiendo coca-cola y comiendo patatas fritas:




Y bueno, hasta los vencedores aparecían cansados, rumbo a su campamento:



Una recomendación final (faltaría más). Si vais a Waterloo, no dejéis de ir al Estaminet de Joséphine:


Y bebéos una buena Waterloo:



Besotes, mis amigos. me voy a cenar.

lundi 20 octobre 2014

Tournai, ciudad fronteriza



Pues sí, queridos amigos, Tournai, una de las ciudades más antiguas de Bélgica es, y ha sido siempre, una ciudad de frontera. Está a veinte kilómetros de Lille, en Francia. Pero no solo eso, ¡Oh amigotes!, en tiempos históricos fué frontera entre Francia y España. Sí, no me pongáis esa cara de incrédulos. Cuando, lo que entonces se llamaba Flandes, pertenecía a la corona española -cuyo rey, como todos sabéis, Carlos V, era más bien flamenco que otra cosa- Tournai cambió de manos varias veces. Una veces era francesa y a ratos, española. Todo eso, por supuesto, con bastantes batallas de por medio. Hoy en día, somos todos europeos, como todo el mundo sabe, aunque unos sean de Albacete y otros de Karlovy-Vary. Pero en fin, dentro de eso y de toda su "belgitud", Tournai es bastante francesa. De hecho forma parte de la región trasfronteriza de Lille.

Y si queréis saber una cosa, vale la pena una visita. Quizá no tenga la reputación internacional de Brujas o de Gante, pero la ciudad tiene mucho ambiente, es bella y su gente es encantadora. En serio.
La "Grand Place" no es tan impresionante como la de Bruselas o la de Brujas, pero conserva todo su ambiente, bajo la mirada brillante de Christine de Lalaing, la moza esa de la estatua. Una especie de Juana de Arco, pero diferente. De hecho, defendió Tournai contra las tropas españolas de Alejandro Farnesio, y perdió. Pero ahí viene la diferencia, Farnesio la dejó libre (y a todos los turnesianos), sin quemarla ni nada, como hicieron los ingleses con la Juana. Oiga, los españoles somos así, podemos torturar toros, ejecutar pobres perros por si tienen Ebola, pero no quemamos doñas así como así. Vamos, por lo menos, no todos los días.




Un servidor de todos vosotros-ustedes, ha pasado el último fin de semana en Tournai. Por suerte, hizo un tiempo extraordinario. Lamentablemente, la catedral que es uno de los atractivos principales de la ciudad, está en obras. Los turnesianos suelen decir que Tournai tiene "quatre clochers et quatrecents cloches" ("cuatro campanarios y cuatrocientas campanas") chascarrillo intraducible, porque se pronuncia igual que "quatre sans cloches", es decir: "cuatro sin campanas". Pero, ea, por el momento, dos de los cuatro tienen unos grandes preservativos:





Para que os hagáis una idea de como es la catedral sin esas grandes capotas de plástico, he aquí como la reproducen en un sello belga de 1971:



La gracia es que, aparte de los cuatro campanarios románicos tiene todo un ábside gótico, posterior, que por el momento no es visitable.

Si os paseais por el exterior de la catedral, podeis encontraros a Roger Van de Weyden, tratando de dibujar una virgen con el niño, que graciosamente se han prestado a posar:



Otro de los atractivos turísticos es el llamado "Pont des trous" (puente de los agujeros), sobre el Escalda, el río que atraviesa la ciudad, y que debería datar del siglo XIII:



Pero al que, con singular perfección, la Luftwaffe, le añadió un agujero suplementario en 1940:



(la foto no es mía, como podeis imaginar, que yo no andaba por allí, ni en el tiempo ni en el espacio, alabado sea el señor)

Pero en fin, si continuais la visita y recorreis las murallas por el exterior, podeis ver este  singular árbol gimnasta:


Un servidor de todos ustedes, vuestro bloguero Sorokin, reservó habitación (varias habitaciones, porque éramos siete) en el hotel Alcántara, al ladito de la Grand Place. Muy recomendable y con una gente amabilísima:




Con buenas vistas nocturnas, como la de esta torre vecina, con un reloj que, afortunadamente, se estuvo callado toda la noche.


Si, Oh amiguetes, sois amantes de las meriendas, pasteles y similares, la confitería Vienne, en la rue Royale, aparte de ser muy aparente, hace unos pasteles deliciosos:


Su especialidad son los -así llamados- "senateurs":


Están buenísimos. No diré que ligeritos, pero espectaculares. Además, os diré que el hojaldre, en contra de la costumbre de la región, no está hecho con mantequilla, sino, según mi percepción, con manteca de cerdo. Algo dejaron pues los tercios de Flandes en la zona.

Para cenar, puedo darme el gusto de recomendaros "Au boeuf qui rit", en la Grand Place:



Sus entrecots son espectaculares. Ya sé, que me váis a decir que no llevan mucha guarnición, pero es igual. Están buenos y te ponen una patata asada al lado.



Como veis, cuidan bien a las vacas:



Y para bajar la cena, otro paseíto por la Grand Place, con el beffroi iluminado:



Y nada más por el momento, amigos, que me voy a cenar, En mi casa, eso sí, que no hay que abusar.

Besotes