
Bien, mis queridos y emocionados lectores, heme aquí otra vez de vuelta a la capital de Europa, con dieciséis horas de viaje a mis espaldas. ¿Os dáis cuenta de mi espíritu de entrega y sacrificio? ¿Os percatáis que en pleno azote del jet-lag, ansiando con fuerza que llegue la hora de meterme en el sobre, me siento en el teclado del Mac y me pongo a escribir paridas? La verdad es que me he dicho: Sorokin, o lo haces ahora o la cosa puede quedarse "ad calandam graecam", que ya te conoces, pájaro. Así es que aquí estoy.
No hagáis caso del título, porque no tengo muchas cosas que decir sobre malevos, alguna más sobre tangos y bastantes sobre bifes de chorizo, lo que pasa es que el título así puesto resulta un alejandrino de catorce sílabas con dos hemistiquios, y al revés quedaría un churro ¿lo véis, ceporrillos? a que "sobre bifes de chorizo, tangos y malevos" suena fatal?. Vale, también tiene catorce sílabas, pero la música es como una patada en el trigémino.
Venga, pues voy con los bifes de chorizo. He seguido al pie de la letra los consejos que me dió Madame Delikat, jefa de uno de mis blogs preferidos, "Delikat Essences", y convencí a mis colegas para ir a "La Brigada":

Tuve tanto éxito que casi no he conseguido sacarlos de ahí. De hecho fuímos dos veces y ahora os explicaré por qué, no séais impacientes. La primera noche no tenían ojo de bife (recomendación de Delikat), así que nos tuvimos que contentar con unos bifes de chorizo:

En fin, como puede verse éramos cinco, no es que cada uno se comiera dos bifes. La verdad es que estaban de ponerse a aullar de gusto mirando a la luna. También descubrimos un vino de Mendoza, francamente bueno:

Y esto, para mí fué un hallazgo, porque hasta ahora nunca había encontrado un Malbec que me gustara, pero este era, como dicen los franceses "pipí du Bon Dieu" (no traduzco, oye, que a lo mejor se enfada alguien). Me he traído una botella, -adecuadamente envuelta en camisetas sucias para que no se rompa- en la maleta. ha llegado bien, traquilizáos. Además, a lo mejor las camisetas le dan un regusto adicional.
La segunda vez fuimos por accidente. DelikatEssences me había recomendado también "La cabaña de las lilas" en Puerto Madero. Los convencí para ir, y dejamos a la recepción del hotel a cargo de reservar una mesa para cinco mientras nos empujábamos unas Quilmes en "La Biela" (recomedable café, en Recoleta). De repente, estalló violenta tormenta, así que nos fuimos en dos taxis, tras terminar la cervezota. Llegamos a la famosa cabaña y ni teníamos reserva ni madres. ¡Sapristi! y lloviendo a mares, y mis colegas organizando el motín del Caine: "queremos ir a La Brigada y déjate de pendejadas" (lo decían en inglés, porque ahí el único que hablaba castellano era servidor, os traduzco para que veáis en que estado anímico estaban). Total, otros dos taxis bajo la lluvia, y a La Brigada. Esta vez sí tenían ojo de bife... pero prefiero el bife de chorizo. El vino, igual de bueno que el día anterior.
En cuanto al tango, hicimos el turista pendejo y provinciano. La inefable recepción del hotal, para congraciarse con nosotros tras el fiasco del día anterior ("si es que me dijeron que no había lugar, pero ustedes ya se habían ido, etc, etc") nos recomendó "El viejo almacén". Había dos posibilidades: con cena y sin cena. Mi colega Ynte, que mide dos metros, dijo que sin cena no iba a ningún lado. Ea, pues, a cenar. Caro y flojito. El show, bueno, pues eso, tango. Muy bien bailado y tal, pero para turistas. Masas de japoneses, gringos, etc. Algún argentino había, porque cuando el animador quiso hacer cantar al público "volver", se oyeron algunos hilillos de voz como de gente acatarrada entre el público.
Robé una foto (sin flash, claro):
Encima, cuando fuimos a pagar a escote, uno de los billetes que dimos nos dijeron que era falso. En fin, la verdad es que estaba bastante bien hecho. He aquí la foto que le hicimos al billete para celebrar tan interesante evento:

Pero, vamos, seguro que os gustarían más los tangos que cantan y bailan en La Boca. También son para turistas, pero tienen un aspecto más genuino (no admito comentarios groseros, please)

Y voy a cortar el rollo, que me estoy poniendo plasta, me está entrando hambre y me puedo poner tan pesado como mi colega Ynte con eso de la cena. Sólo comentaros que me quedé muy impresionado con un oficio desconocido para mí: paseador de perros. Qué cosas tienen en Buenos Aires. Al principio me extrañó mucho ver gente con un mazo de amigos del hombre por la calle, hasta que me lo explicó un taxista: se dedican a pasear los perros de gente que no puede sacarlos. Este de la foto lo vimos otra vez por la noche, como se ve en la segunda imagen y los perros parecen los mismos, o sea que se pasan el día con la retahila:


Y nada más, ya me voy. Os dejo con la foto de un café en Recoleta. La verdad es que me he sentido en Buenos Aires como en casa. Estoy dispuesto a volver en cuanto haga falta.

Saludotes
