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vendredi 22 février 2019

Se fue con la niebla un relato, seguido de "Sérotonine", lo último de Michel Houellebecq


Se fue con la niebla

Se fue con las últimas luces del día, envuelta en un jirón de niebla. La niebla que había estado acosándonos durante todo este maldito noviembre.  No nos dimos cuenta hasta que ya fue tarde y sentimos, como un mazazo, el hueco que dejaba en nuestras vidas. A pesar de que mi madre no la amaba demasiado, se entristeció tanto que, sin decir nada, dejó caer unas lágrimas por sus mejillas.

Yo la había incorporado a nuestra familia, a nuestras vidas. Yo la quería con locura y ella correspondió con un cariño que flotaba por todos los rincones de la casa, con su sonrisa y con sus muestras de afecto. Sin embargo, aquel triste día, mi madre que estaba histérica por no sé qué razón, le gritó. Ella no dijo nada, se limitó a mirarla con esos ojos tan bellos y tan tristes que tenía. Y se fue para nunca más volver. Esperamos que se arrepintiera y volviera. Avisamos a la Policía, pero no la encontraron.  ¡Nunca te olvidaré, así pasen cien años, mi bella compañera! Que seas feliz dondequiera que estés, Laika, mi bella perra esquimal.

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Fin del relato, mis queridos amigotes y, no os preocupéis que es un mero ejercicio de estilo y ... de sentimiento.

Para seguir en este plan, un poco deprimente, os voy a hablar del último libro de Michel Houellebecq, "Sérotonine":




Ya os hablé de Houellebecq hace unos cuatro años (¡Cómo pasa el tiempo, diablos!) y comentamos su libro de por aquel entonces, "El mapa y el territorio". Si no os acordáis podéis pinchar aquí, gurriatos.
Como se ve en la foto, con esa cara es como para estar deprimido, pero, en fin, lejos de mí criticar a uno de los mejores escritores franceses, un poco en la línea de los poetas malditos:



Michel Houellebecq


El libro, como no podía ser menos, es bastante deprimente, aunque quizá no tan exageradamente deprimente como otros libros suyos. Después de "El mapa y el territorio" escribió "Sumisión", pero ese, por el momento, servidor se ha negado a leerlo. Ya solo el título me produce retortijones.

Serotonina (voy a permitirme la libertad de traducir el título al español, no sé si está traducido todavía, se publicó en Enero, pero el título no va a cambiar ¿qué os apostáis?).

El protagonista, Florent, es un ingeniero agrónomo, como parece que es Houellebecq, con lo que todos los aspectos en relación con el tema son totalmente verosímiles. Florent fuma (ahí ya lo lleva peor que  de los que en su día nos quitamos).

Florent ha vivido cinco años con una chica de la que confiesa que está perdidamente enamorado. Eso ya es algo positivo en Houellebecq, admitir el amor loco como redención, pero por un mal rollo, Camille se va y le deja. Florent va a ver a su mejor amigo que ha abierto una explotación agrícola en Canville-la Rocque, en Normandía. Ahí pasan un montón de acontecimientos, muy bien contados. Una revolución agraria contra las cuotas lecheras de la Unión Europea (interesante, el autor reconoce que todo eso ya no se decide en Francia, sino en Bruselas. Ya deberían de aprender algunos nacionalistas españoles que eso es así)

Todo termina mal. Florent acaba deprimiéndose aún más. El libro se acaba cuando él se está quedando sin Serotonina y hace un cálculo de cuanto tarda en caer desde el piso donde vive hasta el suelo. No le importa el golpe, le importa el tiempo que está en el aire. No sigo más. Si queréis, os la leéis, pero atentos, no es optimista.

Servidor de todos vosotros, amigotes, justamente tenía que ir mucho por asuntos del curro cuando vivía en Luxemburgo hasta Normandía. Ahí se pasa casi toda la segunda parte del libro. Camille, su ex, vivía en Bagnoles de l'Orne, Florent vive en un bungalow de su amigo cerca de Barneville (ahí he pasado yo bastantes semanas, comiendo ostras y bebiendo Calvados). La lucha final contra los CRS (la guardia civil francesa, gurriatos, que hay que contároslo todo) tiene lugar en Pont l'Evêque.



La península del Cotentin 

Naturalmente, no os vais a librar de que os ponga algunas fotos de cuando yo iba por allí. Por ejemplo, ese puerto de Barneville en marea baja:



Hace pensar en la playa que había bajo el bungalow de Florent.

La nez de Jobourg, la punta del Cotentin


Es obvio que entre las fotos siempre hay algún turista que se cuela a robar plano. Qué gente más pesada:


La catedral de Coutances. A Florent le impresiona el centro Leclercq de Coutances, más que la catedral que siempre la encontró medio borrada por la niebla, como es el caso. Por cierto, en una tienda de Coutances vendían una paella de verdad. Una mujer preguntó al tendero : - ¿eso es un Wok? servidor casi se troncha de risa.



Venga, amigotes, os voy a dejar en paz que es Viernes y se va haciendo hora de cenar. Muchos besotes

jeudi 27 octobre 2011

Lo último de Michel Houellebecq (y una última nota sobre Córcega)


Hola, queridos amigos, amiguetes, amigotes, ilusionados (o decepcionados) lectores, gente que pasábais por aquí y cualquiera otra tribu urbana que ha tenido la fortuna de caer en este blog. Allá vosotros ustedes si queréis seguir leyendo: "À vos risques et périls" (*), como cuentan que le dijo Sarko a la Bruni cuando ésta le comunicó que esperaban un enfant.

(*) Vosotros corréis el riesgo (NDT)

He pensado que aunque me quedan cosas que contaros de Córcega, voy a parar aquí. Tal vez siga una de estas décadas, pero por el momento "iam faetem" (ya huele), como dice la Biblia en la cosa esa de la resurreción de Lázaro (lo cual no le impidió al Mesías resucitar al tal Lázaro. Como decía aquel predicador: "Y Lázaro se levantó y andó.. ¡ANDUVO, jodido, ANDUVO!, clamaba el público... Bueno, dijo el cura: anduvo jodido unos días, pero luego ANDÓ la mar de bien")

Vale de chistes malos, Sorokin, que te estás desprestigiando delante de tu fiel público. En fin, sólo contaros que iba a hacer una entrada sobre la Córcega playera y marítima, pero me retengo. Solo deciros que vuestro bloguero favorito sufrió un violento ataque de las avispas asesinas en la playa salvaje de Lotu. Playa a la que solo se llega por mar, totalmente desierta salvo por los cuatro turistas y las avispas:



Los infernales insectos la tomaron conmigo. No sé si por la colonia con olor a hoja de tomate, o por el traje de baño adornado con motivos florales. En fin, de ahora en adelante, he condenado ese traje de baño al ostracismo. He dicho.

Y bien, voy al tema: el último libro de Michel Houellebecq: "La carte et le territoire" (el mapa y el territorio, que hay que treducíroslo todo, taruguillos). No creo que se me pueda acusar de ser un adicto a Houellebecq, como ya os conté en otro post de hace un par de años. Verdaderamente, "La possibilité d'une île" era como para tirase por el balcón. En fin, os refiero a mi post de 2009. Después leí "Les particules elementaires" y me quedé con la misma sensación de depresión. La verdad, es que no tiene buena pinta el monsieur Michel: se le ve algo cansado:



Pero "La carte et le territoire" me ha gustado. Y, sorprendentemente, no es deprimente (un poco "gore" sí, faltaría más). No os voy a contar el argumento, porque hay algunas sorpresas interesantes en su desarrollo. El libro tiene dos partes bien diferenciadas. La primera cuenta la vida y milagros de un artista fotógrafo y pintor. Está salpimentada de publicidad encubierta (a Houellebecq no le duele hablar con pelos y señales del supermercado de su calle -con su nombre-, de una marca de coches con todo y descripciones detalladas, de técnicas fotográficas, de la guía Michelin -convertida en protagonista-, etc). El autor aparece en "mise en abîme", como si fuera un personaje secundario en la novela ( Javier Cercas, por ejemplo usa la misma técnica en "Soldados de Salamina"). Lo interesante es que se pone a parir a sí mismo: borracho, gruñón, solitario...

De la segunda parte no os voy a hablar, porque os despanzurro la novela. Básteme deciros que es altamente original en su concepción. Ello sí, siempre hay cuñas publicitarias sobre objetos, cosas, etc, pero eso es lo que confiere al libro una cierta unidad. No sé, creo que os gustará, aunque solo sea como catálogo de productos de consumo (es broma. Michel, no te enfades)

Vale. Por hoy, ya estuvo suave. Un besazo a todos.

samedi 11 avril 2009

Lecturas para estas vacaciones



Imaginarios lectores, es posible que estéis disfrutando (o vayais a disfrutar) de unas reparadoras y relajantes vacaciones y ¡qué mejor que acompañarlas de las adecuadas lecturas para cada uno de vosotros según su personalidad!

En primer lugar, para todos aquellos vosotros que sois unos incorregibles optimistas, que veis la vida de color de rosa, que os pasáis de risueños y, por consiguiente, estáis necesitando una depresión a ver si se os cura ese optimismo, os recomiendo "La possibilité d'une île" de Michel Houellebecq. ¡Depresión y mala leche asegurada! sobre todo si habéis pasado el cabo de las tormentas del medio siglo.

No voy a descubrir ahora que Houellebecq escribe de puturrú de bien: ese es el problema, una vez que te engolfas en el libro no hay menera de dejarlo, cuando lo propio para la salud mental del lector sería tirarlo directamente al fuego (o al mar, si estás en algún lugar de la costa). En fin, puede tener cierta gracia el cinismo con el que juzga a toda la "intelligentsia" francesa, pero la acumulación de mala hostia se hace pesada (los únicos que salva son los "elohimitas", transposición de la secta de los rahelianos). También puede tener su interés el hecho de que todo pase entre Almería y Lanzarote y, para los que detestan Madrid, la descripción que hace de las ruinas madrileñas tras las guerras mundiales puede suponer un encanto morboso.

En fin, vosotros veréis, "à vos risques et périls".


Otra visión del futuro es la que cuenta Margaret Atwood en "The handmaid's tale", pero esta es más llevadera. Todo sucede en una supuesta república de Gilead, tras una guerra mundial. El ambiente es agobiante, irrespirable, el fanatismo religioso lo controla todo; pero al menos, deja una puerta abierta a un futuro diferente. El hecho es que no es necesario deprimirse leyendo este libro. Lo que yo no sabía es que ya han escrito una obra de teatro sobre el tema (nada menos que Harold Pinter) y que han hecho una peli (con la difunta Natasha Richardson como protagonista). Yo, es que voy por libre: descubrí el libro en un estante de Waterstone's en Londres con la etiqueta de "Waterstone's recommends", etc.

Por cierto, también me he enterado que Houellebecq ha hecho él mismo, consigo mismo, una peli sobre su libro. Puede ser aterrador.