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jeudi 17 mai 2018

Ostende (2) Ostende echa el ancla. Fiesta del mar



Aquí estoy otra vez, queridos amigos, amigotes, amiguetes, amigachos, dispuesto a daros un poco la brasa, porque hace ya más de un mes que estoy callado y me llevan los demonios. Ya os conté mi primera excursión a Ostende hace como un año (válame Dios y cómo pasa el tiempo, ya lo decía Jorge Manrique). Podéis rememorar tan extraordinario evento pinchando aquí. Pues bien, he vuelto. El motivo, aparte de disfrutar de una ciudad que no puede ser más amistosa y agradable, ha sido ir a la reunión anual de buques que, estas gentes dan en llamar "Oostende voor Anker" y que yo traduzco libremente por "Ostende echa el ancla", porque decir "Ostende está anclado", me suena peor.

Este año, vuestro bloguero servidor decidió ir en tren, porque era un fin de semana largo y las carreteras seguro que estaban a reventar. El tren sale de la estación del norte (aunque pasa por las otras dos estaciones de Bruselas: la central y la del sur, originales que son poniendo nombres):



Los precios de fin de semana son muy adecuados, aunque no creo que nadie se atreva a ir sin pagar a la vista de los revisores, como aquí el amigo:


Nuestro destino era el Hotel de las Termas, un balneario construido por Leopoldo II a principios del siglo XX. Grande, amplio, impresionante, señorial:


Con unos pórticos mirando al mar en su parte frontal que albergan el Hotel, el Balneario, el Casino, etc... aunque sin duda han conocido tiempos mejores:


Hoy en día, sin duda, está fuera del recorrido de las muchedumbres turísticas que solo juran y perjuran por el sol del mediterráneo. Pero lleno de clase, como se puede constatar en la cafetería del Hotel:



Bueno, pues ya está aquí vuestro bloguero. Al salir del hotel, lo primero que me llamó la atención es que había un barco regando el mar. Chocante, ¿a poco no? como dirían en México:



Supongo que sería un espectáculo propio de la semana de las anclas, como ya os he dicho. Paseando hasta el puerto, empiezan a aparecer las buenas gentes que participan en la aventura, como estos holandeses que parecen dispuestos a cantar algo:



El puerto está lleno de veleros y buques atracados o anclados, según se mire. Es que uno, que se ha criado en Santander, considera que no es lo mismo lo uno que lo otro: atracados es en el muelle, y anclados puede ser sin estar pegado al muelle (oigan, corríjanme si estoy metiendo la pata)


Esta vez, el más espectacular era un galeón ruso, el "Piligrim":



Otros, más chicos, hacían como los perrillos pequeños, que son los que más ladran: exhibiendo cañones:



A lo largo del muelle, un montón de pescaderías:



Aunque le mayor parte no vendían pescado, sino piscolabis ya preparados en plan tapa, sandwich, canapé o similar:


Pero en fin, lo más espectacular era un asador de salmón que se había instalado enfrente de la catedral:


Es como un espeto. El salmón está en esa especie de tablón vertical. Un servidor, atontao como estaba, no se dio cuenta que eso era donde estaba el salmón, así es que hice la foto desde atrás. Cuando la pelirroja considera que el bicho está listo, lo desciende: (y ahí me di yo cuenta de donde andaba el pez)


La verdad es que está magnífico, porque el salmón suda toda su grasa y queda tierno, delicioso


Interesantes también, los diversos modelos de coches que andaban por el muelle:



En fin, no me voy a ir a cenar sin antes recomendaros un buen restaurante en el muelle de Ostende, de Kleine Garnaal (la gambita o pequeña gamba). La verdad es que a las 9 de la tarde, si no espabilas, te quedas sin cenar, menos mal que aquí nos aceptaron con una sonrisa (gracias, gambitas):



Lo mejor, la calidad de los platos. Unas muy buenas ostras (con cava, todo sea dicho)




Y unos fabulosos lenguados "a la bella molinera", como se llaman en español:



Por otro lado, ya os hablé la otra vez del "Waterhuis", un muy buen pub también en el puerto, lleno de ambiente, cerveza, crêpes y lo que sea menester:




Y para terminar, os voy a dejar con un bodrio de vídeo hecho a pachas por mi amigo Lopezia y un servidor. Los pueblos del mar tenían sitio especial en el evento, irlandeses, escoceses, bretones. Lo que encuentro inaceptable es que un tío que mide dos metros te tape el show porque le da la gana, ya me diréis.



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Abrazotes

mardi 30 mai 2017

Ostende



Queridos amigos que me leéis (si no fuérais amigos no perderíais el tiempo en estas chuminadas de aburridos) El pasado fin de semana ha descendido sobre Bruselas una ola de calor como hace años que no disfrutábamos. O sea, del orden de 30ºC y cosas así, así que, aprovechando que era puente, vuestro bloguero querido se ha ido a la costa. Ya os he hablado en otras ocasiones de la costa belga, pero esta vez he cambiado de dirección y me he decidido por Ostende (bueno, el hecho es que todos los hoteles estaban llenos en la otra zona, de Niewpoort a La Panne, hacia la frontera francesa). Así es que venga, a Ostende.

Conseguí un hotel en Westende. Muy buen hotel que os recomiendo: Villa Hotel. Westende, mira tú por donde, quiere decir "el extremo oeste", miemtras que Ostende significa "el extremo Este". No sé de qué serán extremos, porque están separadas por una veintena de kilómetros, pero en eso de los nombres, uno que es de Albacete, ni por asomo se mete (bello y original pareado. Le pondré música uno de estos días).

Westende es una pequeña ciudad, no como su hermana Ostende, pero eso no impide tener restaurantes como se debe. Un servidor fué a cenar al "Marie Joseph". Os lo recomiendo si andáis por esas tierras. Ya sé que los españoles cuando van a Bélgica no salen de Bruselas, Brujas y Gante, pero si un día os entra el gusanillo de conocer la costa, no dejéis de disfrutar de una "Popperings" en el Marie Joseph:





El plato estrella es una sopa de pescado totalmente a la francesa, cosa que no es de extrañar porque el cocinero es francés. Magnífica, son su sabor a crustáceos, sus croutones y su rouille. Bueno, aclaro: un crouton es un pedazo de pan (como servidor, es que no tengo ni madre ni abuela, me tengo que hacer la propaganda yo solito), preferentemente duro. La rouille es una salsa superfrancesa, se hace con mayonesa, mostaza y otros ingredientes. Podéis pinchar aquí.



Y bien, ya cenados y dormidos, lo suyo es ir a Ostende al día siguiente:



Toda la costa es zona de playas, de una arena muy fina y con fuertes mareas. Normalmente no hay quien se meta en el agua de puro fría que está, pero este fin de semana ha sido diferente:


Lo suyo es coger el tranvía de la costa. Ya os he hablado del tranvía en otras ocasiones. Vale la pena. No es caro y se ve toda la costa:



Lo más impactante del recorrido es el "Domein Raverside", donde los alemanes habían instalado una impresionante serie de fortificaciones y casamatas pensando que la invasión de los aliados iba a ser por aquí. Se colaron, fue en Normandía como todos sabéis, pero las defensas ahí están. Se pueden visitar:



Antiaéreos:


Que, como se ve están al borde mismo del mar:



Y bien, ya estáis llegando a Ostende. La primera impresión es que por un alboroto en el espacio-tiempo habéis llegado a un barrio obrero de Moscú o de Pekín:



Pero no. Tanto si os lo créeis como si no, son apartamentos turísticos. Vamos, que ni Benidorm. Pero, en fin, no os dejéis impresionar y seguid. Algo más lejos, Ostende os muestra una cara más amable:




He dicho cara, cara, no me liéis.

Este fin de semana se celebraba en el puerto de Ostende una feria de buques veleros. Lo que choca al principio es una enorme bandera española:



arbolada por una reproducción de la carabela de Magallanes:



La reproducción, al parecer exacta, se hizo en Chile. Es visitable, pero con el gentío que había, servidor prefirió pasar del tema.

En la feria había de todo, incluído un constructor artesanal francés, haciendo barcos a la moda de hace varios siglos:


Pero la estrella de la feria era el "Mercator". El Mercator era el buque escuela de la marina belga. Lo quitaron del servicio activo hace años y estaba pudriéndose abandonado. Pero por fin, desde hace un par de años, se ha procedido a su restauración:




Fabuloso. Un buque magnífico. La vista es interesante, y puede constatarse que vivían mejor los comandantes:



que los cadetes:



Pero, ea, eso son cosas de la vida.

Durante la visita, un espontáneo se subió al bauprés para hacerse un "selfie", para escándalo de otros visitantes y alboroto del personal de a bordo, que consigió hacer que se bajara:



La verdad es que hay gente "pa tó". E incluso hubo un visitante que quiso hacerse una foto al timón del Marcator. Convendréis conmigo, de todos modos, que es menos grave que subirse al bauprés:





Y si despés de esa interesante visita os apetece una cervezota o -qué sé yo- un café, os aconsejo el "'t Waterhuis":




Con un interior muy marino y altamente acogedor:




Y bien, amigotes, me voy a cenar. pero, por supuesto, no os voy a dejar sin el video-bodrio tradicional que ni servidor ni me colega lopezia pueden abstenerse de hacer.

Besotes