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dimanche 13 avril 2025

Psichopompe y El imposible retorno de Amélie Nothomb


Hola, mis queridos y pacientes lectores. Ya sé que hace mucho que no teniais noticias de mis sinsorgadas (bilbaíno por tontunas, es que me va ser un sinsorgo) propias de un aburridote como vuestro seguro servidor. Y como noy, además, se ha terminado el buen tiempo que ha hecho en Bruselas  y hace un domingo nubladote y tal, he decidido que era un buen momento para daros la brasa. Y si no queréis, me hagan sus mercedes el favor de desconectar aquí. Ya he avisado.
La verdad es que me acabo de leer de un tirón los dos últimos libros de Amélie Nothomb..

Amélie es una gloria belga, aparte de una exquisita señorita:




Amélie Nothomb

La  Familia Nothomb tiene una honda raigambre en Bélgica Su señor padre, Patrick, que he aquí, fué embajador de Bélgica en Japón, en China, en Bangla Desh y en Birmania, y si se me olvida algún otro destino, pues oigan, perdónenme.


En otro de sus libros, Amélie Nothomb habla del Castillo du Pont d'Oye donde su padre pasaba las vacaciones entre una prole de . primos. Está en las Ardenas y hoy día es un Hotel de lujo



Pero bueno, a lo que voy, que se me va el Santo al Cine (como decía mi abuela)

En su libro Psichopompe, Amélie habla en primer lugar de Japón, que es donde nació y que nunca olvida.

Pero antes, ustedes me perdonen, les contaré que el palabro "Psichopompe" es griego: Hermes era un psichopompe que acompañaba las almas de los muertos hasta el Hades. Amélie se decubrirá como tal, Pero no os adelantéis que sois unos impacientes.

Como digo, La autora tuvo la idea de nacer en Tokio



El libro empieza con una fábula japonesa. Un mercader de tejidos se casa con una impresionante joven, que tras unas aventuras, se descubre que es una garza blanca.   No tengo fotos de garzas blancas,pero tal vez podría valer esta foto de un Heron, que sorprendí en Sosoye:



O esta de una garza que es casi casi blanca, pero que tiene el mérito de ser andaluza



Con eso ya habéis adivinado uno de los temas principales del libro: los pájaros. Amélie, durante su infancia sueña con devenir un pájaro. Los escucha cantar, los ve volar, los adora.

Pero en su siguiente destino en Pekín, no hay casi pájaros. El gran timonel ha decidido que hay que exterminarlos. Solo quedan cuervos.

Este cuervo es holandés,  pero tanto da, es que tengo que dar salida a mis fotos de pájaros, que si no, ya me diréis qué hago con ellas

Pero en fin desde Pekín, el padre de Amélie es destinado a Bangla Desh. Que, sorprendentemente, considera su mejor destino.

(La foto realmente es de Uruguay, porque vuestro seguro servidor no ha pisado el suelo de Bangla Desh, pero  ¿a que da el pego?




 Amélie y su familia pasan los fines de semana en desconocidos lugares del país, donde todo es un desastre, pero al menos, hay playas con enormes olas


Como la niña no hace más que pensr en pájaros, sus padres le regalan un canario que recibe el nombre de Sciroco. (ustedes me disculpen, yo sé que esto no es un canario, pero es un pájaro que canta)


Amélie, en el lavadero dejar volar a su canario, pero éste pasa bastante de ella. Su padre le dice que la hija del embajador egipcio tiene otro canario. Que se llama Godzila: 



Un buen día, los sueltan juntos y Sciroco le da una buena lección de canto a Godzilla.

Amélie como parte terrible del libro sufre una violación a los catorce años en una playa de Bangla Desh, mientras ella nadaba entre las olas. Pero en fin, esa parte, más bien terrible os la leéis.

La autora cuenta que su pájaro totem, con el cual se identifica, es un pájaro, que, en francés se llama "engoulevent". Yo he intentado buscar en varios diccionarios cómo se llama en español y he desubierto que lo llaman "chotacabras" Bueno, pues será así. Pero en fin, por si acaso os pongo la foto de un Quetzal que hice en Costa Rica:



Y lo que más se me acerca a la descripción que hace la autora del engoulevent, yo creo que es mi buho (foto de Manilva)



La autora está, según cuenta, a punto de morirse de inanición, pero consigue convertirse en pájaro, (En sentido metafórico, que se decide a escribir). Da todo un capítulo de lecciones sobre cómo lanzarse a escribir. Podéis estar de acuerdo o no, aprendices de escritores. En fin, os lo leéis. El libro termina con la muerte de su padre, donde Amélie se considera Psichopompe.

En el Imposible Retorno. Amélie vuelve al Japón por tercera vez. Vuelve con una amiga, pero a pesar del sentimiento de estar bien en Japon, se tiene que volver a Europa, Es interesante



En fin, amigurris, que ha salido el sol, así que me voy a dar un voltio.
Besotazo

vendredi 20 février 2015

"El peso de los secretos" de Aki Shimazaki




En esta lluviosa tarde de invierno bruselense, he pensado que os debía contar ¡Oh amigotes del alma! que he descubierto una escritora que me ha fascinado, embelesado, embrujado (y embarullado un poco, ya os contaré después) : Aki Shimazaki, una escritora japonesa (como su nombre indica, claro, si se llamara Dolores López, habría que pensarse si era japonesa o no) que vive en Canadá. Aunque nació en Japón, emigró al Canadá francófono en 1991. Escribe en francés. No sé si hay traducción al castellano de sus obras. Yo, al menos, no la conozco, pero ahí os dejo el tema, ya que todos mis lectores sois doctos, educados y literatos (no faltaría más), por si alguien quiere traducirla. Es facilito, su francés es sencillo, simple y directo. 


Aki Shimazaki

La obra de la que os voy a contar sus estresijos es una pentalogía (o sea, no me seais tarugos : que son cinco libros) que se llama "El peso de los secretos", bueno, en realidad se llama "le poids des secrets", pero para empezar he traducido el título. No está mal para una tarde de viernes ¿Eh? Pues venga, no critiquéis.



Cinco libros cortitos, de unas cien páginas cada uno, con capítulos también muy cortos, pero todos ellos con una gran carga de profundidad tras esa apariencia de sencillez, que puede hacer que os peguéis al libro como lapas a una roca sin poder soltarlo. La obra, sigue la estructura del "Cuarteto de Alejandría" de Lawrence Durrell, del que ya os hablé aquí (pinchad si os apetece). La historia es la misma, pero contada por cinco protagonistas diferentes, de tres generaciones diferentes, padres, hijos, abuelos. No hay orden en el relato, es un laberinto que tiene que reconstruir el lector.

En el libro primero, "Tsubaki" (Camelia), en la página veinte ya te han pegado un buen sobresalto. La abuela, que sobrevivió a la bomba atómica de Nagasaki, cuenta cómo fué el evento, y hace unas interesantes reflexiones. A la pregunta del nieto "abuela ¿por qué los americanos solo tiraron dos bombas?", ella contesta: "porque no tenían más". Cuando el nieto insiste sobre la crueldad de los americanos, la abuela, intentando ser ecuánime, habla de las exacciones que había cometido el ejército imperial en sus colonias asiáticas. Oye, leedlo, vale la pena.

La familia se había trasladado a Nagasaki para huir de los bombardeos de los B-29. Como se ve en el mapa, Nagasaki cae bastante a trasmano de Tokyo, pero el destino es así:




En el libro tres, "Tsubame" (Golondrina), Aki cuenta otro suceso estremecedor. En 1923 hubo un terremoto terrible, con miles de muertos. Sin que explique el porqué, los japoneses decidieron que los emigrantes coreanos (Corea era una colonia del Japón) habían estado robando y pillando en las casas destruidas y se desató una terrible caza de coreanos, con miles de coreanos linchados y muertos. Son cosas sobre las que la historia que conocemos ha pasado un poco de puntillas.

Pero no os voy a contar más, qué rayos. Os léeis el "quinteto" de la Shimazaki, si sois capaces de leer el francés facilito de Aki.

La verdad, con todos esos protagonistas y todos esos nombres que se parecen tanto entre sí, yo me tuve que hacer un esquema para no liarme mucho. Ya sé, es una guarrindongada, pero a lo mejor os ayuda a saber quién es quien:


Y ahora, amiguetes, no os vais a librar de la batallita sorokinesca que aplica en este caso. Un servidor, no conoce Nagasaki, pero estuvo en Kamakura (que es donde vive la tercera generación de los protagonistas del libro) durante uno de mis viajes a Tokyo (digo uno, porque fueron dos, oiga). La atracción principal es el Buda gigante (Daïbutsu, le llaman en los libros de Aki). Naturalmente, sin que yo sepa porqué, siempre hay un turista metiéndose enmedio de mis fotos:


Kamakura, es una ciudad pequeña, costera y agradable. Cuando uno se pasea por su calle principal, podría pensar que Japón no es ese monstruo ultramoderno que pretenden hacernos creer:



Eso sí, nadie sabe cómo pueden hacer imposible que solo se use el servicio (¿dispositivos electrónicos, redes de pesca?):



Ya estuvo suave, Voy a cortar aquí, no sin antes daros un toque gastronómico, por supuesto. Como sabéis, en los restaurantes japoneses se ponen bellas maquetas de los platos que uno puede disfrutar en su interior. Así es que, solo tienes que salir y señalar lo que quieres. Y ahora va la pregunta: ¿sois capaces de ver entre todos esos platillos uno que no tenga un aspecto japonés? Venga, vamos con ello, acepto apuestas:



Y nada más sino un besazo, colegas

mercredi 20 mai 2009

Los huevos negros de Owakudani



Para evitar la guasa, que ya os oigo telepáticamente haciendo chanzas y chascarrillos de dudoso gusto, os diré, queridos amigotes, en primer lugar que Owakudani no es una persona. No. Según dicen los folletos para guiris, Owakudani quiere decir "la montaña que hierve" o algo por el estilo (es que mis conocimientos de japonés se limitan a "arigato", "sayonara", "sushi" y cosas así). Está en las laderas del volcán Hakone, conocido más que nada porque desde tal volcán, se supone que hay unas maravillosas vistas del monte Fuji. Digo se supone, porque si os pilla la niebla que a mí me pilló, os quedáis con dos palmos de narices. Pero en fin, tiene su encanto: geisers, fumarolas y un fuerte olor a azufre lo invaden todo; y en una especie de piscina humeante y maloliente se cuecen huevos que salen negros por efecto del azufre (de donde puede inferirse que en el infierno, de haber huevos, éstos serán neeeegros muy neeegros).

Lo que tiene su dificultad es llegar hasta allí, pero como sé, queridos lectores que sois unos aventureros sin remisión, a vosotros os resultará coser y cantar. Si vais desde Tokio, tenéis que coger un metro cualquiera hasta la estación de Shinjuku. Hasta ahí, todo chupado (vamos, salvo que no hayáis pagado el precio exacto por el billete y tengáis que explicaros con el controlador que hay a la salida). Vale, pues ya estáis en Shinjuku y como estaréis más despistados que un submarino en un barbecho, os doy la clave definitiva: hay que subir a la segunda planta de la estación , que es de donde sale el tren rápido, pomposamente llamado "Romance". Os váis a la primera ventanilla que veáis (seguramente no es la buena, pero es igual, los únicos que chapurrean un poco de inglés son los de las ventanillas) y pedís un ticket para la Odakyu line. Hay que comprar uno que incluye todo: cuatro o cinco trenes mas los billetes de vuelta. El "Romance" os lleva hasta Hakone Yumoto (fin de trayecto). De ahí sale otro tren hasta Gora. Es un tren de montaña, de lo más chulo, entre bosques y niebla (vaya tela. Algunos dicen que hay días sin niebla). En Gora, todavía tenéis que pillar otro tren: un tren de cremallera hasta Sounzan y ahí ¡al fin! cogéis el funicular hasta Owakudani.

Y nada, pues que los huevos negros se supone que alargan la vida y tal (cada huevo, siete años más de vida, dice un letrero en inglés en la caseta donde los venden). Yo me comí dos. No extraigo conclusiones, no vaya a gafarla.

Vale. Otro día os contaré otra cosa.

samedi 6 décembre 2008

Sushi en la bahía de Tokio

Bueno, pacientes lectores (a los impacientes no los saludo, porque supongo que ya habrán desconectado a estas alturas del mensaje), voy a cambiar de tema porque el blog se está deslizando por una peligrosa rampa hacia temas cada vez más esotéricos: asturianos voladores, chemtrails, gobiernos mundiales en la sombra, gigantes en la Biblia, etc. Así que vuelvo a lo mío, a lo de comer.

Y voy a hablar de comida japonesa que quiérase o no, está de moda por todo el orbe planetario. Supongo que ya sabréis perfectamente distinguir un sushi de un sashimi y de un maki y que no confundiréis un soba con un udon (que yo sé de unos amigos que se chaparon varios kilos de espaguetis fríos sin querer por confundirse). Es importante saber qué es cada cosa y para qué sirve, que a los japoneses les ha llevado eso varios siglos y no vamos a venir los asturianos, valencianos y otros quídam a enmendarles la plana.

Y claro, viene a cuento la anécdota de turno (os creiais que ibais a libraros, ¡ingenuos!). Estaba yo invitado a cenar con un grupo de amigos en uno de esos barquitos-restaurantes que te dan una vuelta por la bahía de Tokio mientras te atiborran de todas las especialidades de la zona. Primero, una sopa de miso,después un caldero individual humeante con trozos de algún ave, luego un sushi y para terminar un témpura (palabra esdrújula, amigotes, palabra esdrújula). Yo, que soy un paleto que se las da de listo porque manejo medio bien los palillos, preparé la salsa de soja para el sushi, con su wasabi y tal. Un éxito. Pero en esto, viene el témpura y yo, apresurado, cogí con mis palillos un pedazo de algo convenientemente rebozado, of course, y me dirigía a mojarlo en la salsa del sushi cuando un alarido espantoso, horrible, desgarrador paralizó mi mano. ¡NOOOOOO! gritó la camarera mientras se precipitaba hacia mí: "This sauce for sushi, not for témpura".

Menos me mal que me detuvo a tiempo. Acto seguido trajo la salsa de témpura y ... sabéis un secreto colegas: sabía exactamente igual que la del sushi.