samedi 14 mai 2016

Por las rutas de Provenza y Borgoña. Capítulo 1: El valle del Ródano


Os había abandonado, queridos amigos, en Barbastro y os había prometido que iba a continuar dándoos la turrada -como dicen en Bilbao- contándoos el resto de la procelosa aventura de vuestro amado bloguero Sorokin hasta llegar, Laus Deo, a Bruselas al volante de su coche (que es el mío, es que lo compartimos, somos así de amigachos).

Pues bien, la etapa siguiente fue una etapa sin historia, salvo una tormenta de campeonato que nos cayó a la altura de Perpiñán. Parecía que el coche iba a salir nadando, pero todo se quedó en el susto. Eso sí, a los camiones se les da un ardite que caigan chuzos de punta, te adelantan salpicando cataratas de agua que, mira tú por donde, va a parar a tu parabrisas, cegando tu visión del mundo que te rodea. Bueno, pero la tempestad se calmó y, al fin, en la hora bruja del crepúsculo (eso es estilo, ¿a que sí?) vislumbré a mi derecha la silueta mágica del Mont Ventoux, como un fantasma en el cielo de Provenza (estás desatado, Sorokin). Me paré y le hice una foto, que os he puesto en la cobertura.

Y por fin, tras casi 800 Km, Aviñón. Ya os he hablado de mis viajes a la ciudad de los papas en los tiempos en los que curraba por ahí (podéis pinchar aquí, gurriatillos). Así es que fué para mi un reencuentro. No muy efusivo, porque estaba hecho polvo, así que cené cualquier cosa en el hotel y a dormir.

Por la mañana del día siguiente, me metí un desayunillo en el hotel:





Y me lancé a la carretera para ir a Lirac e intentar visitar las bodegas de la zona:




Ya os he contado que el Lirac es uno de mis vinos preferidos del Ródano. Pues ahí tenéis a Sorokin por la carretera D26, calmadamente, relajado, extasiado ante la vista de los viñedos de Lirac enmarcados por el Mont Ventoux:


Impresionantes viñas, nudosas, viejas, que se resisten a morir y que cada primavera hacen brotar hojas verdes. Precioso:





Y en esas cavilaciones andaba yo, cuando me percaté que se aproximaba el medio día de forma inexorable. Podéis ver en la torre de la iglesia de Lirac que eran las doce menos diez. ¡Rayos! se me había olvidado que Francia, sobre todo la Francia rural, se paraliza a mediodía para dar satisfacción a sus estómagos. Naturalmente, Lirac estaba vacío. Ni un alma:


Os había hablado en otro post de uno de mis Lirac preferidos: Le Moulin des Chênes. Bueno, pues este es el aspecto que ofrecía la bodega que ostentaba tal nombre:


Ni un gato, ni un perro, ni una persona (humana o no), nada, el vacío. Desesperado, por fin, en la plaza, un amable restaurador que estaba esperando que alguien cayera en su restaurante me orientó hacia la única bodega que podía estar abierta. Me lancé como un rayo. Estaban a punto de cerrar tres bellas mozas recogiendo lo que había por medio. Se apiadaron de mi persona y me hicieron probar (poco, que tenía que conducir) unas botellas que, según ellas, eran las mejores. Cierto. El Lirac St Valentin me pareció excelente. La atractiva joven me dijo: cuesta 7,60 euros. Un servidor, entre los nervios del momento y el resplandor que salía de tan guapa mujer, preguntó de forma idiota: -"¿y si compro seis botellas?" Con sardónica sonrisa, le respuesta -lógica- fue: -"fácil, 7,60 multiplicado por seis". Me encantan las mujeres inteligentes.


Aquí os pongo la foto del St Valentin, una vez que lo llevé a mi casa de Bruselas. Como podéis ver, el capitán Haddock y Dupont están tan sorprendidos que no saben como meterle mano (o boca, vaya)


Vuestro amado bloguero siguió por las carreteras departamentales hasta llegar a Roquemaure:



La verdad es que mientras que yo admiraba el castillo a unos cincuenta kilómetros por hora, un badulaque decidió adelantarme con aspavientos y alboroto. Casi se la pega, porque venía otro coche de frente. Oye, yo seguí, que la cosa no iba conmigo. Además, luego te tienes que poner a recoger huesos y eso (es broma, no pasó nada).

Lo bueno es que un poco más lejos, en St Laurent-des-Arbres descubrí una nueva bodega abierta. De la puritita sorpresa, ni foto le hice. Menos mal que Google viene en mi auxilio con esta foto a vista de dron:



El paisano de la bodega, con todo y boina, como debe ser, me dió a probar dos Liracs (insisto, que solo los olía). Me quedé con éste, que según el hombre es mezcla de Garnacha y Morvèdre:


Fascinante. Buenísimo, de verdad. Ahora, todos están en mi bodega esperando el momento de ser absorbidos por mis sistemas digestivos.

En resumen, que lo pasé bien, que descubrí un par de vinos interesantes y que tengo que volver con más tiempo.

Pero no voy a irme sin mencionar lo que fué la decepción del viaje: Châteauneuf-du-Pape. No había ni una bodega abierta. Ni siquiera había una "cave des vignerons", solo, como me dijo la camarera del café donde me bebí un miserable expreso, "des caveaux". Y todos cerrados. Y el pueblo leno de turistas ingleses intentando lo mismo que yo: comprar vino. Bueno, otra vez será




Y nada, amigotes, desde aquí seguí a Borgoña, pero eso será objeto de un próximo rollo patatero sorokinesco

Besotes

samedi 23 avril 2016

Barbastro y el Somontano



Mis queridos amigos, Hoy, como todos sabéis es el cuatrocientos aniversario de la muerte de Cervantes y de Shakespeare. Como decía un amigo: ¡Ay, qué cachondos, y se van a morir justamente el día del libro! Pero en fin, aparte de mi muy sentido homenaje, no es de eso de lo que quiero hoy platicaros, como dirían al otro lado del Atlántico. No. Os voy a contar, si ustedes me lo permitís, mi viaje al Somontano, en Huesca.

Vuestro bloguero del alma se había ido a pasar las vacaciones de Pascua (nótese que al norte de los Pirineos, lo que se festeja es la Pascua, y no la Semana Santa. Ellos celebran la vida y los duros hispanos la muerte) a Andalucía en coche. Sí señores, me chapé 2300 Km al volante, así que tenía que volver de la misma manera. Lo hice en varias etapas, que son muchos kilómetros. La verdad es que, si los contamos en millas, son menos, pero a mi coche le da igual. (Valiente chorrada, Sorokin)

La primera etapa fue Madrid, pero de eso no os voy a hablar, que ya os he dado bastante la turra con mis aventuras en la capital. Para la siguiente etapa, decidí abandonar mi ruta habitual, por Burdeos y París e ir por el Somontano, Aviñón y la Borgoña.  ¿A qué os suenan esos nombres? Pues eso, que me dije: Sorokincillo, ya que tienes que ir por tierra, riega esa tierra con los vinos de la zona.

Pasé la primera noche en Barbastro. Había reservado una habitación en el Hotel Rey Sancho Ramírez, a un par de kilómetros del centro.:






El hotel está bien. Un poco vetusto, pero cómodo. Lo mejor, la cama, con unas sábanas de hilo fino que mi cuerpo serrano no había catado desde que iba a casa de mi abuela hace siete u ocho mil años. El personal, amable. Sobre todo la encargada de la cafetería del hotel, una señora de lo más simpática. Cuando me llevó a la mesa el café en el desayuno, le temblaba algo el pulso y dijo con un maravilloso acento aragonés: "Vaya pulso que tengo, estoy como para robar panderetas". Esa me la guardo.

Como por la noche el hotel no tenía restaurante, me fuí al pueblo. Bastante solitario, bajo la lluvia:


Callejeando descubrí un restaurante que os recomiendo, amiguetes: Bodega del Vero. Puede engañar, porque lo primero que aparece al entrar es una tienda fascinante, llena de productos de la región:




Pero, tiene un sótano, bodega, restaurante, de lo más acogedor:



Comí unos fabulosos espárragos cuya foto no os pongo, porque salió francamente mal. En cambio si me salió la foto del vino, Señorío de Lazán. Magnífico.

Volví por la mañana. La bodega estaba cerrada. Pero si vais por Barbastro, que su aspecto exterior no os detenga. Sus y pa'dentro, que vale la pena.




Para ese día, tenía concertada una cita con las Bodegas Enate, mi vino preferido del Somontano. Enate está en Salas Bajas, a pocos kilómetros del centro de la ciudad. No confundirse, porque hay un pueblo que se llama "Enate", pero no es ahí donde están:



Una vez tomáis la carretera, tras dejar la A1232, empiezan a aparecer la viñas:



Al punto, aparece la bodega, de arquitectura moderna, pero respetuosa con el entorno:



Me acogió mi simpática guía, que me condujo por los más recónditos secretos de las bodegas:




Los tanques de fermentación:



El vino tras ser fermentado y según su año y composición se almacena en barricas:



Tras eso, el vino se embotella:



No sé cuantos millones de botellas me dijo mi guía que había. Es que con la impresión, no retuve ni una miserable cifra de todas las que me dijo.

Enate empezó en 1992, y desde su origen ha estado ligado al mundo de la pintura y del arte: en esta tabla, se pueden ver las diferentes etapas de la fabricación del vino: vendimia, fermentación, etc. Cada añada y cada cepa tiene una etiqueta pintada por un pintor conocido, casi todos aragoneses. Los originales de las etiquetas están en una sala exposición, pero ¡Ay!, mi guía fue tajante, en esa sala no se pueden hacer fotos.



A cambio, me dejó hacerle una foto a un turista que pasaba por allí y que sorprendimos mirando embelesado el vino en las barricas:




Como digo, no pude hacer fotos de las pinturas, pero hete aquí, Cide Hamete (que se note que hoy es el día del libro) que he encontrado en Internet una copia del original de la etiqueta de mi vino favorito de Enate. El pintor es Alberto Carrera Blecua:



Etiqueta, que una vez puesta en mi vino, queda así:




Es un Cabernet-Merlot de 2012. Es un vino magnífico. Naturalmente, me llevé un cartón de seis botellas. En resumen, que vale la pena la visita. La bodega está limpísima, de hecho mucho más limpia que el Hospital de Bruselas donde estuve la última vez, y es ultramoderna.

Para acabar, si pasáis por Barbastro, podéis también ir a visitar la exposición de acuarelas de Manuel Nuño, en la librería Ibor:




Y bien, nada más por hoy, queridos amigotes. Naturalmente no os voy a dejar a dos velas. Otro día os contaré la continuación de mi vínico viaje, por el Ródano y la Borgoña.

Muchos abrazotes



mardi 22 mars 2016

Bruxelles, ma belle, aujourd'hui pleure.



Todavía con el mal sabor en la boca que deja el acuerdo -totalmente ilegal- firmado entre la Unión Europea y Turquía para expulsar de Europa a todas esas víctimas de la guerra de Siria, hoy nos sacude el ruido y el dolor de unas bombas que el odio fanático de unos terroristas ha colocado en Bruselas.

Inútil decir nada más. Como creo que ha sido evidente a través de todos estos años de entradas del diario de los aburridos, estoy en contra de toda violencia, de todo abuso de poder, de todo fanatismo, aun cuando todo ello ha sido filtrado en un tono jocoso y desenfadado, porque este no es un blog político. No necesito decir que condeno los atentados de hoy. Yo, queridos lectores, estoy bien y  tengo constancia que la mayor parte de mis amigotes tambien, aunque algunos han visto la muerte muy de cerca.


Toujours avec le mauvais goût dans la bouche qui laisse l'accord -totalement illégale- signé entre l'Union européenne et la Turquie pour expulser de l'Europe à toutes ces victimes de la guerre de la Syrie, aujourd'hui nous secoue le bruit et la douleur des bombes que la haine fanatique des terroristes a placé à Bruxelles. 

Inutile de dire rien de plus. Comme je crois qu'il a été évident à travers toutes ces années de posts du diario de los aburridos, je suis contre toute violence, tout abus de pouvoir, de tout fanatisme, même si tout cela a été filtré sur un ton legère et gai, parce que celui-ci n'est pas un blog politique. N'est besoin de dire que je condamne les attentats d'aujourd'hui. Moi-même, chers lecteurs, je suis sain et sauve et je sais aussi que la plus grande partie de mes amigotes egalement, même si certains ont vu la mort de très près.

Un beso y un abrazo a todos

Des gros bisous à tous

No pasarán

vendredi 4 mars 2016

El quinteto de Aviñón de Lawrence Durrell




Si habéis leído, queridos amigos, mi entrada en este blog sobre el Cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell (y si no la habéis leído ya podeis ir pinchando aquí, de nada), comprenderéis que me lanzara con armas y enseres, lleno de  espíritu reverencial a leer el Quinteto de Aviñón. Me compré un ejemplar en Waterstones'  de Bruselas y me puse a la labor. La primera cosa que me chocó es que la editorial pusiera en la cubierta una foto de Venecia, en vez de Aviñón, porque a un servidor no se la dan, que, miren sus mercedes, conozco bastante bien la ciudad de los Papas. No solo porque tenía que ir con frecuencia por asuntos de trabajo, sino porque además, estaba en mi camino automovilístico desde Luxemburgo (vuestro seguro servidor habitó ¡válame San Genaro! varios años en tan alegre ciudad) hasta Alicante, donde iba con frecuencia (cosas de familia).

Naturalmente, el palacio de los Papas es lo más céntrico. La verdad es que, más que "palacio" es un castillo. Como se ve, los Papas eran bastante agresivos. Vamos, como todos sabéis, había uno en Roma y otro en Aviñón. 




Pero, además, en verano, un servidor de todos vosotros, aprovechaba par ver algunos de los espectáculos del festival de teatro. Todavía me queda esta camiseta como recuerdo:



El festival, está asociado al nombre de su fundador, Jean Vilar:



Yo también deambulaba por sus calles, interesantes y misteriosas:




Pero bueno, hablemos del libro de Durrell. La verdad es que, como no tenían los tomos del quinteto sueltos en Waterstones', me compré el tocho-compendio que pesa varias arrobas. Yo no sé qué ganas tienen las editoriales de publicar ladrillos así. Debe ser para que nos pasemos todos a leer en esa cosa que es una pantallita. Total, que tenía que ponerlo en un atril, lo que me molestaba para leer como a mí me gusta, en el sofá y oyendo con sordina "Kind of Blue" de Miles Davis, por ejemplo:




Así es que, tras terminar el primer libro, "Monsieur", pedí el resto a Amazon. Me costó la repera. Algunos tuvieron que enviarlos desde  los USA, pero bueno. Ya los tengo y ya los he leído.



(Notarán, mis amigos, que yo aparezco arriba a la derecha de la foto)

Lawrence Durrell escribió el quinteto a lo largo de once años.  "Monsieur" fue publicado en 1974 y "Quinx" en 1985. Y se nota. "Monsieur, o el príncipe de las tinieblas" es una novela autosuficiente en sí misma, pero Durrell decidió, a mi parecer más tarde, darle una continuación.  En ella, aparecen todos los temas de fondo del quinteto: Las creencias de los Gnósticos, el destino, ascenso y caída de los Templarios, las relaciones humanas entre un trío de amigos, Aviñón... Fascinante el capítulo que llama "Macabru", nombre de un oasis egipcio, donde Akkad, un gnóstico que recuerda a los personajes del cuarteto de Alejandría, lleva a los protagonistas. Un absoluto desmadre de drogas y mística donde todo el mundo termina comiendo carne de momia.

En el segundo, "Livia", es donde Durrell plantea otra artimaña literaria. No se trata de la misma historia contada de manera diferente, como en el cuarteto. Es como un caleidoscopio. El autor del primer libro ha creado un ser de ficción,  que se presenta a sí mismo como el autor, pero en el relato, aparece otro, como ser imaginario, que a su vez, piensa que él es el autor.  El lector acaba un poco hecho un lío, pero, en fin, acabas desenmarañando un poco la madeja. Todo eso, con un lenguaje francamente complicado a veces. Yo lo he leído en inglés, pero compadezco de verdad al que tenga que traducirlo. Durrell crea palabras, usa un lenguaje muy oscuro a veces. Pero vaya, acabas simpatizando con el grupo de amigos (y de enemigos). La más notoria es Livia, que acaba por emigrar a la Alemania nazi y hacerse miembro del partido.

Tiene detalle humorísticos, como cuando Sutcliffe en su juventud, que era profesor de francés en un colegio de monjas de Bournemouth, liga con una novicia que le da cita en su cuarto por la noche y el hombre, en la oscuridad se equivoca y se mete en el cuarto de la Madre Superiora.

Los recorridos del consul Felix Catto por Aviñón, de noche, y la fiesta que organiza el príncipe egipcio (siempre hay egipcios en las novelas de Durrell) en el "Pont du Gard" son tambien muy fáciles de disfrutar:



Pont du Gard

"Constance"  junto con "Monsieur", son para mí los dos mejores libros del quinteto. Ya ha estallado la guerra. La pintura que hace Durrell del Aviñón durante la ocupación alemana, es estremecedora. La vida cotidiana de los habitantes para sobrellevarlo, las bandas paramilitares de los fascistas franceses (peores, casi, que los ocupantes), las mujeres que se tiene que vender a los alemanes para sobrevivir, las injusticias cometidas después por los que liberan la ciudad. Te queda un sabor de boca amargo, pero merece la pena leerlo.

En Cambio, La cuarta entrega, "Sebastian", me parece bastante peñazo. Sucede en Ginebra y abunda en montones de historias de sicoanálisis, de siquiatría, que están más bien sobrepasadas. La protagonista, Constance, ha conocido a Freud y trabaja con otro doctor. Cierto que tiene algún episodio interesante, como el del maniaco asesino que se disfraza de monja para huir de la clínica.

Por último, "Quinx" es el final de la serie, dejándonos a todos con la boca abierta. ¿Han encontrado el tesoro de los templarios, sí o no?. Lo mejor es la fiesta de los nómadas gitanos en su reunión anual en Saintes Marie la Mer, en Camargue. Si no conocéis la Camargue, podéis ir a dar una vuelta. Yo estuve en Otoño, en las extensiones pantanosas que rodean la zona, donde los caballos pastan. Muy mágico. No sé cómo será durante la peregrinación anual de los gitanos, pero tal como lo cuenta Durrell puede ser algo digno de ver. Claro, que entonces, todavía iban muchos en carromatos. Hoy día, van en roulottes.



Caballos en La Camargue


En resumen el quinteto es una lectura que, si tenéis tiempo y ganas, os recomiendo.

Para acabar, naturalmente, y ya que estamos en Aviñón, en pleno valle del Ródano, os voy a recomendar dos vinos: Un Châteauneuf-du- Pape y un Lirac. Como veis en el mapa de Google,ambos están muy cerquita de Aviñón:





La verdad es que soy un tramposo, porque el Châteauneuf, que es una maravilla, no lo váis a encontrar: la cosecha del 2008 está agotada, pero lo hago para poneros ¡Oh amiguetes! los dientes largos. Clos de l'Oratoire des Papes. 



Pero, en fin, para consolaros, podéis probar este Lirac de 2011. "Le Moulin des Chênes". La cepa de base es una garnacha y no es tan caro como el Châteauneuf, que en los últimos años ha aumentado de precio que te mueres. Ya no beben Burdeos ni los meros flamencos (que eran sus grandes valedores):




Vale, pues ya os dejo con el buen sabor de boca de una Garnacha del Ródano. Por cierto, ¿sabíais que la garnacha es esencialmente catalana y que luego se ha extendido por el mundo? Pues ya ves.

Venga, besazos


jeudi 11 février 2016

Las aventuras del detective Chen, de Qiu Xiaolong. Mucho más que novelas policiacas. Para acabar, unas berenjenas con miel



Descubrí las novelas de Qiu Xiaolong gracias a una  entrada en el blog "Piano de azúcar" de San B. y Maca G. Hablaban en su blog de "Muerte de una heroína roja". Me pareció un tema muy interesante, así es que me compré el libro en uno de mis viajes a Madrid. Y me gustó tanto, que he estado buscando otros libros de Xiaolong por aquí. El único que encontré en Waterstone's de Bruselas es "Don't cry, Tai Lake" (no llores, lago Tai). Acabo de terminarlo y también me ha gustado, por eso me he puesto al teclado, para daros la brasa, ¡Oh amiguetes!, sobre el detective Chen y sus aventuras policiacas, o "policiales", como dirían en Argentina.

Qiu Xiaolong, es chino, como su nombre deja adivinar (bueno, podría ser de Albacete, que también hay chinos), pero vive en los Estados Unidos y escribe en inglés. Por eso se supone que la censura no le afecta demasiado. Su fresco de la vida en la China post Mao (y post Deng Xiaoping) es veraz, duro, pero clemente con sus actores. El inspector Chen es miembro del partido, pero es una persona honrada y no respeta a nadie si tiene que buscar responsables de algún crimen: funcionarios corruptos, trepas, miembros del partido enriquecidos de forma ilegítima (o no). Su mirada sobre China, no es pesimista, es simplemente realista. Vive en Shanghai en un bloque de pisos donde los apartamentos son minúsculos, mientras que los hijos de jerifaltes del partido viven en soberbias mansiones. Pero, como se decía hace tiempo, lo cuenta "zin acritú".

Vuestro amado bloguero Sorokin (que soy yo, por si no os habíais enterado) estuvo en Pekín hace unos tres años por asuntos de trabajo. Ya os lo conté aquí (pinchad, vamos, pinchad). Por eso, he leído los libros con la pretensión del que se cree que sabe algo sobre el tema (por una semana en China, toma ya, vaya farol). Pero, en fin, que aunque Shanghai no es Pekín, me han servido de recordatorio para revivir aquel viaje.

En Pekín cabe todo, desde los chinos que hacen cola para ver la tumba de Mao en la plaza Tien Anmen:




Bajo la atenta mirada del Gran Timonel:



Hasta las tiendas de lujo que proliferan, como hongos en Otoño:



(ya sé, ya sé, tampoco Zara es que sea el lujo personificado, pero vale, tiene muchas luces y brilla de forma deslumbradora, aunque vamos, le hice la foto por pura ñoñería nacionalista. También Jaguar, Rolls Royce, Bulgari, etc tienen tiendas)

Junto a eso, está el otro Pekín, que suena más al ciudadano medio que cuenta Qiu Xiaolong:



Pero, en fin, la gente baila. ¿A que parece que están bailando sevillanas?





Bueno, me diréis (y con más razón que un santo). Vale ya de rollo Sorokin, ponte a hablar del tema del post y deja de darnos la murga con tus viajes. Bien, ya voy. Pero antes, os pongo una foto de mi amigote Lopezia, que también estaba en la expedición, delante de un letrero que cualquiera sabe lo que dice:





Volviendo a Qiu Xiaolong. El primer libro de las aventuras del detective Chen es "Muerte de una heroína roja". No os desvelo la trama, pero el caso es que Chen logra desenmascarar al culpable, el hijo de un alto funcionario del Partido: No es un spoiler porque se sabe desde la página treinta. se trataba de demostrarlo y vencer la oposición de todos los cuadros poniendo zancadillas.

"Don't cry, Tai lake" es algo así como el séptimo libro de las aventuras del detective, pero los otros cinco me los he tenido que saltar porque no los he encontrado. Chen, ya es famoso en toda China por sus brillantes casos policiacos. En esta aventura, Chen se enfrenta, además con la agresión al medio ambiente que se practica en China para reducir costos de producción. La contraseña del día es "privatización", se privatizan industrias, los dirigentes se reparten las acciones de las empresas privatizadas y se enriquecen a tope. Cierto que a los curritos también les dan acciones, pero muchas menos: cien, doscientas, cuando los dirigentes se llevan cientos de miles. Ya os podéis imaginar la pelea contra los encargados de controlar los desechos tóxicos si éstos son de buena fe (no los desechos, joroba, los encargados, que hay que explicarlo todo). Total, que el lago Tai está hecho una porquería, el pobre. Al leerlo pensaba en el lago del palacio de Verano en Pekín:




Que imagino que no estará tan guarro, pero pues quién sabe.

En resumen, que si encontráis los libros de Qiu Xiaolong, que no lo dudéis, a por ellos.

BERENJENAS CON MIEL

Y ahora, aunque ya sé que no viene a cuento, pero en algún sitio tenía que contarlo, os voy a hablar de las berenjenas con miel. Tras el viaje a Córdoba y haberlas probado en Casa Pepe, me había quedado con ganas de hacerlas.

La receta, la saqué de un correo de mi amiga DelikatEssences. Algunas modificaciones he tenido que hacer por causa de la distancia y los materiales disponibles, pero, ahí vamos.

Corté una berenjena en rodajas y siguiendo las indicaciones de Madame Delikat, las puse durante una hora en cerveza:


Como cerveza, y ahí empieza la movida, usé una cerveza negra belga, "Pannepot":



Batí las yemas de dos huevos, añadí -hay que ser ahorrativo- la cerveza donde había sumergido las berenjenas. Sí, sí, la misma, (no otra botella), harina, sal, y cuando estaba espesando, las dos claras de huevo a punto de nieve, mezclando cuidadosamente:



Puse las berenjenas a rebozar en el mejunje:



Y las freí por tandas en aceite de oliva muuuuy caliente. Tras eso, las puse en un plato con papel absorbente para eliminar grasa y preparé la miel. Miel de caña, digo yo que sería esto que encontré. Por lo menos, lo parece:



Lo rebajé con algo de vinagre de Jerez y lo añadí a las berenjenas fritas. Y ello, quedó así:





¿Qué opinan mis amigotes? Sobre todo, ¿qué opinan mis amigotes cordobeses? ¿es o no es?

En fin, no me lo digáis, no me lo digáis. Si no os parecen bien, dejadme sufrir mi desconsuelo en paz

Besotes y abrazotes.