mardi 6 janvier 2015

De como pasar el año nuevo en París (y no perecer en el intento)


Hete aquí, queridos amigos, amigachos, amigotes, amiguetes y amiguitos que, para empezar el año nuevo, os voy a hacer una terrible confesión: servidor es un procastrinador. Ni más ni menos que eso. Como sabéis, el palabro, que se ha puesto de moda últimamente, no quiere decir que uno sea partidario de los hermanos Castro, ni del juez Castro (aunque todos ellos me caigan bien, hay que decirlo), sino que mi divisa es : "no hagas hoy lo que puedas dejar para mañana". Y ello viene a cuento, porque viviendo a una hora y media de tren de París, hacía seis añitos que no había posado mis pies en tan espectacular urbe. Y eso que, habiendo sido estudiante de posgrado allí, siempre me despierta ecos y recuerdos; pero uno siempre se dice... ya iré uno de estos días.

Pero la ocasión -que nadie sabe por qué, la pintan calva- se ha presentado este fin de año gracias a la presión de la gente que ha pasado estas vacaciones en mi casa de Bruselas. Pues vale, si se ponen pesados, ¡nos vamos a París!

Quedaba otro tema por solucionar, y es que París y mis automóviles no son compatibles: en una ocasión me robaron uno que apareció tres meses después en Lyon, y en otra estrellé otro contra la mediana de un puente sobre el Sena, tras espectacular ballet propiciado por una aviesa placa de hielo. Por otra parte, el tren es carísimo, así que la solución fue ir en coche de alquiler. Y si lo roban, que lo roben. Tranquilos, amigachos, no lo robaron.

Son tres horas de autopista, pero te puedes relajar en las áreas de servicio, que tienen el detalle de comunicarte que los horarios de lunes a domingo no tienen nada que ver con el horario de los sábados:




Llegamos el día primero de año con las primeras sombras de la noche (eso es estilo, ¿a que sí?). Naturalmente, lo primero es darse una vuelta por los muelles del Sena y hacerle una foto a Nôtre Dame, con la luna lunera brillando:


Si después de eso pasáis el puente, os encontraréis en el Barrio Latino que ¡ay! no tiene nada que ver con el de mis tiempos de estudiante. Está lleno de masas humanas de turistas, visitantes, tiendas de "souvenirs", boutiques de ropa y esas cosas:


Os aconsejo que sigáis andando hasta St Germain de Près. Está algo más despejado, pero no penséis que vais a encontrar a Sartre o a Juliette Gréco en "les Deux Magots" o en el Café de Flore. Mucho japonés, bastante italiano, y una enorme masa de españoles (entre los cuales estábamos nosotros),  lo llenan todo:



Pero en fin, es agradable. Naturalmente, al día siguiente, mis gentes dijeron que querían ir a la torre Eiffel. Vale, pues fuimos. Un consejo, amiguetes, no hagáis caso de las indicaciones del Metro de París, que señalan la estación de Bir-Hakeim como la que lleva a la torre. ¡No! Id a la estación Trocadéro o Passy:



Desde los jardines de Trocadéro se disfruta de la mejor panorámica de la torre:


Si te bajas en Bir-Hakeim, te la pierdes. Lo cierto es que sin duda, a algún mexicano no le pudieron engañar, como se ve:



Luego, si queréis subir a la torre, yo os aconsejaría que vayáis otro día, no en año nuevo, porque las colas eran impresionantes. Pero, en fin, si no lo podéis remediar, haced la cola (unas dos horas). Un servidor dijo que "verdes las han segado" y dejé a mis parientes subir, mientras iba a dar una vuelta por los alrededores. En la feria de Navidad que está al ladito pude comprobar que el tema churro se está expandiendo por el mundo:



Claro que, tambien otras especialidades no francesas están en candelero:


Otro consejo de amiguete: Hay muy buenos cafés cerca, y bastante vacíos (todo el mundo está haciendo cola para subir a la torre), pero ¡ojito!, el café está a 4,80 euros.


Para acabar la visita, lo más divertido es que os cojáis (ya sé, ya sé, que os agarréis) un barco de los que te dan una vuelta por el Sena. De verdad, vale la pena:


Y ahora, Oh queridos amigos, os diré un  secreto a voces: si queréis evitar la marejada turística y disfrutar de un ambiente más genuino, el barrio es el Marais. Podéis ir a la plaza más antigua de París, la plaza des Vosges, en pleno corazón del barrio judío. Bajaos en el Metro Bastilla y pasead por el Boulevard Beaumarchais hasta la plaza:



Una plaza íntima y recoleta, con soportales, donde en el número 6, vivió Victor Hugo.




En la plaza hay un buen puñado de galerías de arte y algunos cafés:




Yo os recomiendo el Café Hugo, en el número 22:




Nosotros cenamos muy a gusto y sobre todo, ¡válame San Genaro! a un precio muy razonable para París. Soy consciente que en Trip Advisor tiene algunos comentarios bastante malos, pero yo no tengo queja alguna. Nada, os lo recomiendo.

Una cosa que no os debéis perder, caiga quien caiga y cueste lo que cueste, es ir a Ladurée, en el 75 de Campos Elíseos. Nosotros fuimos el último día:



El rey de los macarrones. Ya sé que me váis a decir ¿con tomate?. Pues no, es que no hay traducción al castellano o yo no la conozco: Los macarrones de "macarons", no de "macaroni". Un dulce exquisito:



En Ladurée los tienen de todos los sabores, aunque quizá el más espectacular es el de regaliz. Sí, como suena. Una vez comprados nuestros "macarons", ni tempo me dió a hacerles una foto... desaparecieron en las profundidades de nuestros estómagos, visto y no visto.

Vaya, pero no abuséis, no vayás a poneros como este amigo:



Vale. Os dejo, que me voy a cenar. Mi familia ya se ha vuelto a Madrid y yo me tengo que hacer una berenjena para cenar. Os dejo con La Unión y el Hombre lobo en París:



Besotes a montón y feliz año nuevo

P.S. du 7 janvier:

Je viens d'apprendre que des terroristes armés viennent de tuer une douzaine de personnes dans le siège de "Charlie Hebdo", à côté justement de la place des Vosges. C'est horrible. Il n'y a aucune justification pour une action comme celle-là. Le fanatisme de ces gens est vraiement insuportable.


samedi 6 décembre 2014

De Segovia a Cádiz. Capítulo 2: La costa de Cádiz


Ya sé que os estábais preguntando que donde rayos está nuestro azote bloguero, nuestra pesadilla de fin de semana, nuestro incongruente elemento disolvente, el gran Sorokin, que no nos cuenta la segunda parte del viaje a Segovia y Cádiz, que si sigue así, tal vez estemos ya en otro decenio y el relato va a perder actualidad, oportunidad y espontaneidad (por lo menos). Pero, no os precocupéis, que aquí estoy, dispuesto a seguir dando la plasta a amigos y enemigos de forma indiscriminada (para que luego digan que uno no es demócrata).

Os dejé, queridos amigos, a la vuelta de Segovia. Caían chuzos de punta, vamos, que llovía más que el día que enterraron a Zafra, como dicen en Madrid (aunque nadie sabe quién es Zafra, ni si lo enterraron ni si llovió). Con lo cual, un servidor se agarró un buen catarro, pero cosas peores se han visto. Y en esas, tras un día de descanso, tosiendo y tosiendo, emprendí el viaje al sur. Para guiarme en mis aventuras gaditanas, recurrí a las informaciones de mi amiga bloguera Madame Delikat, del blog Delikat Essences. Pero en fin, vayamos por partes: lo primero es llegar a Andalucía, claro.
Para eso, un servidor se subió al AVE a Sevilla. Bueno, hay que decir para mis amigos que no viven en España, que el AVE no es un pajarraco, como el Rok que llevaba a Simbad de acá para allá. No. AVE son las siglas de "Autotren de Velocidad Elevada". O sea, un tren de alta velocidad, como el TGV francés. Pues eso, que el AVE sale de la estación de Atocha en Madrid hacia Sevilla y que un servidor, que en el fondo es un guiri, se va para la estación y, para empezar, se queda pasmado porque en la estación de Atocha han puesto un criadero de tortugas. Muy lindo. Y sin tener que ir al trópico:


Pero en fin, tras los ¡Ohs! y ¡Ahs! y pagar cincuenta céntimos por ir al servicio a hacer pis (mal ejemplo de Paris y de Londres, o mal enfocado afán de emulación), vuestro bloguero se embarca en el AVE:


El viaje es muy bueno. Un par de horas para hacer los quinientos kilómetros que separan Madrid de Sevilla:


Y bien, aquí estamos, en la estación de Sevilla-Santa Justa. Debo deciros, ¡oh amigos!, que yo de Sevilla, ni chapa. He estado un par de veces en el pasado, pero sin romperla ni mancharla, o sea que estoy más perdido que Rouco Varela en una asamblea de Podemos. Pero bueno, me alquilé un coche, escuché atentamente los consejos de la bella joven que me lo alquiló sobre cómo salir de Sevilla, y me lancé a la ruta:



El mapa de arriba es muy optimista, y dice 1h34 minutos, pero un servidor tardó como tres horas. Para empezar, porque uno, que es un zote, no encontraba el cambio de luces del Opel Corsa y dos, porque lo de encontrar el hotel no fué nada, pero que nada, fácil. Vale, llegas a Chiclana, que se supone que es dónde está el hotel. Es de noche, no tienes GPS y el mapa que llevas es inútil; pero en fin, llegamos al hotel, que está en una urbanización nueva, que es muy lujosillo y que está lleno de alemanes. Eso sí, la cena se acaba a las 21h30 ¡¡En España, que en muchos sitios es la hora en la que abren los restaurantes!! Pues sí. Así es. Menos mal que había un centro comercial al lado, donde, en un bar irlandés (el único abierto), entre Guiness y Guiness, accedieron a darnos unas hamburguesas.


Eso sí, de ternera y muy sabrosas y con nachos y un guacamole relativamente aceptable.  Y ahora, explícale a tu compañera que en España se come y cena tarde y que en Andalucía, se come pescadito.

Pero en fin, el panorama que había por la mañana desde la terraza de la habitación, vale por todas las penas pretéritas, presentes y futuras:



Luego me dijeron que la playa de la Barrosa es la mejor de Andalucía. No me extraña. Es magnífica.

Para desayunar, como nos levantamos mucho más tarde que la hora prevista para desayunar (para desayunar los alemanes, claro), nos fuimos a Chiclana. Tras unos garbeos por sus calles, caimos en el bar "Los Cristales". Muy bien, Eso sí, a la hora en la que nos personamos no quedaban churros, lo que hubiera sido lo suyo, así que un servidor se empujó una magnífica empanada chilena con el café con leche:




Volvimos a la hora de cenar. Ya, por fin, cayeron unos pescaditos canónicos:



Bien, podéis ir, ¡oh queridos amigos!. Si el servicio puede dejar algo que desear, las tapas son buenas.

Vuestro bloguero, Sorokin, estuvo intentando seguir los consejos de Madame Delikat en cuanto a visitas y sitios de gastronomía se refiere, pero, ¡ay!, para empezar, el catarro me producía una invencible adherencia a las sábanas por la mañana -con lo que el día empezaba tarde- y luego, un montón de sitios recomendados, estaban cerrados. De todas maneras, fuimos a ver las Calas de Roche,  magníficas, solitarias, una maravilla. Otra cosa será ver cómo están en plena temporada:




Otro sitio recomendado por Madame era Vejer de la Frontera. En lo alto de una colina, dominando el paisaje:


Es un sitio lleno de ecos mágicos. Claro, en esta época del año y lloviendo, como nos tocó ese día, no había casi nadie. Pero bueno, eso le dió más encanto. Descubrimos un sitio de tapas, paseando a pie por la corredera: Califa, y ahí que nos metimos. Tienen muy buen género, un tanto amarroquinado, valga la expresión -y eso a pesar de que la camarera era más bien guiri- pero muy aceptable:


En la misma Corredera, un poco más lejos, hay una tienda de productos andaluces "Ya en tu casa". Interesante, aunque los precios no son nada baratos. Pero la tienda está chula:



Sin duda hay muchos pasajeros de Ryan Air que recalan por aquí, porque tienen un aviso especial para ellos:




Y bien. Nos perdimos en Vejer. Sí, mis amigotes. Nos perdimos en los vericuetos de Vejer. Por supuesto íbamos a pie. El coche se había quedado a la entrada del pueblo. Tras la Corredera, doblamos una calle y aparecimos en la plaza del Ayuntamiento:



Luego, nos metimos -entre la lluvia- por las callejas de la judería, y ni se sabe donde fuimos a parar. Como podéis ver en la foto de Google, el pueblo es bastante complicado, y si está nublado, no tienes brújula y no te puedes guiar por el sol, pues a saber en qué borde del pueblo estás:


Un amable empleado del Banco de Santander, que era la única persona que encontramos a mano, nos orientó y, por fin, pudimos volver a Chiclana.

Ya, la última noche, intentamos buscar algún sitio recomendado. Tras un recorrido de restaurante en restaurante y encontrarlos todos cerrados, fuímos al antiguo poblado de pescadores de Sancti Petri:



Un sitio, que si váis por Chiclana, no os debéis perder. Aunque parece que se está viniendo abajo, tiene el sabor de lo auténtico. Allí, está la cofradía de pescadores "Caño Chanarro". Muy recomendado como restaurante:




Allá que va vuestro bloguero a eso de las ocho de la tarde (siempre se aprende con los chascos) y pregunta al camarero, que está en la barra (diálogo que hubiera sido imposible en otro sitio que no fuera Andalucía):

-¿Tenéis restaurante?
- Ehto eh un rehtaurante
- Es que, como veo todas las mesas vacías...
- ¡Claro! porque no hay nadie




Pero bueno, nos quedamos. Para cenar nos ofrecieron lo que tenían, que era un Pargo. Un Pargo enorme, de 1Kg300. Demasiado para solo dos personas, pero oye, teníamos hambre y no les quedaba ningún otro pez de tronío. Así es que ... ¡venga el Pargo!:



Debo decir la verdad, el Pargo estaba fresquísimo. Era del día, pero nuestro amable cocinero, al que se ve en la foto, lo cocinó un poco demasiado, con lo cual estaba un pelín seco. En fin, con una botella de magnífico aceite de oliva virgen al laíto, para irle echando al pez, y otra botella de vino blaco de la zona, entró, ya lo creo que entró. Pero ojo, no era barato. Aviso para incautos.

Y nada más, mi corto viaje no dió más de sí. Espero repetir más adelante. Por el momento os dejo con el buen sabor de esta imagen de la Barrosa con la isla de Sancti Petri al fondo:



Un gran besote a todos. Y perdón por el rollazo



dimanche 23 novembre 2014

De Segovia a Cádiz. Capítulo 1: Segovia, la costa del cochinillo


Vuestro bloguero favorito, el gran Sorokin, se ha tomado un par de semanas de asueto en la península ibérica, en concreto en España. Lleno de alegría y energía y con absoluto desprecio del peligro de encontrarse algún corrupto por el camino, un servidor se decidió a ir primero a Segovia y luego a Cádiz. Ya sé lo que me vais a decir, que podía haber elegido dos sitios un poco más cercanos entre ellos, pero, ¡diablos!, uno que ha visitado medio mundo y atravesado océanos, no se va a amilanar por una cosita así, 500 Km más o menos, así es que, la decisión estaba tomada. Eso sí, como no quiero daros la brasa en exceso, voy a dividir el artículo en dos capítulos. Uno para Segovia y otro para el resto. De nada, colegas. Ya sé que apreciais este esfuerzo.

Pues a lo que voy, que empecé por Segovia, más que nada para enseñarle a mi acompañante como nos devoramos a pequeños animalillos, como este que se ve en la foto: (bueno, y de paso ver el acueducto y esas cosas)




Tal vez algunos de mis lectores se estremezcan al ver tan tierna criatura dispuesta a ser consumida. Ya lo sé, ya lo sé. Pero tengan sus mercedes en cuenta que ello es una larga tradición, y no se hace para divertirse como lo de alancear toros y otros simpáticos deportes españoles. No. Se hace para comer. Además, Segovia entera es un homenaje a los cerdos (como se decía antes: perdón por la forma de señalar). Se pueden ver en las calles:



Y en las veletas a la luz de la luna:



Aunque hay otras gentes que prefieren dejarlos crecer y consumirlos como jamón ibérico. La verdad es que yo soy más de esta segunda clase de gente:



Pero, en fin, como la tradición es la tradición, el primar día fuimos a Casa Duque, asador de toda la vida y del que yo conservaba recuerdos de mis tiempos mozos, cuando íbamos desde Madrid, nos empujábamos un cochino con bien de vino y luego volvíamos ese mismo día. (No hace falta que lo sepa la Guardia Civil, además, el delito ya ha caducado).



Duque sigue siendo muy aparente, y sus cochinillos quedan muy bien tostaditos:



Mucho espectáculo y mucha parafernalia, con el rito de partir el cochinillo con un plato y esas cosas:





Pero, un servidor piensa que ha comido mejores cochinos. Además, si te inflas de cerdito, puedes acabar como este personaje, que casi se está transformando en antropófago. Sobre todo si lo comes la noche de difuntos:


Total, que la segunda noche cambiamos de tercio y decidimos hacerle caso a TripAdvisor que recomienda el Mesón "José María" como el mejor de Segovia. Dicho y hecho:



Además, ya cansados de cerditos nos decidimos a atacar un cuarto de corderito asado:



Qué maravilla, colegas, buenísimo. Y eso que la costa del cordero queda un poco a trasmano, en Sepúlveda y Riaza, pero nada. Este estaba delicioso. Y el vino de la casa es algo espectacular:



No os inquietéis, que vuestro bloguero estaba en un hotel, al ladito del restaurante, el "Infanta Isabel", que os recomiendo, si caéis por Segovia. No cogí el coche (agarré, vaya, mis amigos del otro lado del charco) en los dos días. En el hotel se lo llevan, te lo guardan, y te lo devualven el día que te vas.

Y una vez cumplido el rito del cochinillo y del cordero, podéis dedicar el día a pasear por Segovia. Sobre todo si hace solete, como fue el caso. Ver la catedral desde el Alcázar y hacerle una foto. (No digo ver la Catedral, porque la mera visita cuesta dinero, no sé adonde vamos a llegar):




Y, desde luego, una visita a alguna confitería, como esta, que estaba al lado del hotel, y probar el ponche segoviano. De verdad, inolvidable.





Bueno, me detengo aquí. El próximo día seguiré con el capítulo 2. "La costa de Cádiz". Besotes a todos y -especialmente- a todas