jeudi 9 mars 2017

8 de marzo, día internacional de las mujeres


Ya sé, mis queridos amigos que llego tarde por un día, que fue ayer el día de las mujeres (yo prefiero llamarlo así, que "día de la mujer", porque alguno podría confundirse con el día de su santa, que la gente es muy suya).

La historia de por qué esa fecha no la tengo muy clara, aunque parece que todo empieza hacia fines del siglo XIX, cuando las costureras de Nueva York se declararon en huelga para exigir aumentos salariales y jornada de diez horas diarias. Un negrero encerró a unas ciento cincuenta, casi todas emigrantes italianas y del este de Europa en el taller y el taller se incendió. No creo que lo hiciera el salvaje ese a propósito, pero el hecho es que se incendió y las mujeres murieron.

Empezaron diversos movimientos reivindicativos en Europa, reclamando asímismo el derecho a voto (sí, colegas, sí, hace menos de cien años, las mujeres no tenían derecho a voto)


Pero el impulso definitivo a la fecha lo dió Lenin, en la extinta URSS. Como consecuencia, desde entonces, el día se celebra en todo el bloque ex-soviético. Vamos, que un servidor que era un ignorante supino se plantó en Kiev un 8 de marzo y todo, todito estaba cerrado.

Es que por entonces, y no estoy hablando de hace veinte años, estoy hablando de comienzos de este siglo, por aquí, en Bélgica, se celebraba el "día de la secretaria" y se les regalaban flores. Vaya, como si todas las mujeres fueran secretarias. No sé qué hubiera pensado mi -por entonces- Directora si le hubiera regalado flores ese día.

Afortunadamente, las cosas están entrando en su cauce. Yo acabo de firmar una petición para que la RAE elimine la definición de "sexo débil" (la verdad es que en francés no es mejor: el diccionario las llama "bello sexo").

Vamos, que si ambos diccionarios tenían dudas sobre si las mujeres son "sexo bello" o "sexo débil", deberían dar un vistazo a estas fotos de Angela Merkel y Golda Meyr:




Pero bueno, amigos, me vais a permitir que como homenaje a las mujeres, y no hablo de las mías (ehhh, que no es posesivo, simplemente es para definir con las que he tenido una relación especial), sino de todas que he ido encontrando por ahí, por el mundo: mujeres trabajadoras, madres, gente libre y no libre, de todas etnias, que están bregando con la vida. Digo que, como homenaje, os voy a poner unas fotos. Si no os gustan, lo siento. Si os gustan, agradecérselo a las modelos:




San Cristóbal de las Casas, Chiapas, 1987




Yerevan, Armenia, 2006



Thailandia, 2009




Thailandia 2009



Moscú, 2008




Tirana, Albania, 2009



Espargos, Cabo Verde, 2010




Cristo del Corcovado, Rio de Janeiro, 2009




Isla de Santiago, Cabo Verde, 2010
(la leyenda de la piedra es magnífica: "si Dios está con nosostros ¿quién estará contra nosotros?")




Mindelo, Cabo Verde, 2010



Colonia 2007. Manifestación contra la guerra en Kurdistán.





Tokio, 2008




Tokio, 2008



Arromanches, Normandía, 2010




Kamakura, Japón, 2008





Bangkok 2008, un grupo de estudiantes que me entrevistaron






Cabo verde, isla de Fogo, 2010







Cabo Verde, isla de Sal, 2010





Kamakura, 2008






Tokio. Nakamise Dori 2008
bellísima. Todavía sueño con ella


Bueno, mis amigos, creo que ya os he dado bastante la brasa. Me voy a cenar, que ya va siendo hora. Un besote

mercredi 8 février 2017

El año del gallo




Como estoy seguro que todos sabéis, porque sois ¡Oh lectores míos!, gente leída y escribida (como decía mi abuela), acaba de comenzar el año nuevo chino. Y también sabéis que en el -llamémosle horóscopo- chino, cada año tiene un animal como símbolo, protector o qué sé yo diferente. Ya os lo conté en otra entrada de este, vuestro blog favorito, que dediqué al año de la serpiente (y ¡válame dios!, hace ya cuatro años de eso). Así es que no voy a repetir todas las tontunas, sinsorgadas y lugares comunes que os conté entonces. Si sois lo suficiente masocas, podéis pinchar aquí y releerlas.

Bueno, pues este año, el sábado 28 de enero empezó el año del gallo y todos los chinos del mundo se pusieron a celebrarlo como locos. Y chinos, ya lo sabéis, hay muchos. Naturalmente, en Bruselas también, así que se lanzaron a las calles a hacer un vistoso cortejo que un servidor no podía perderse, no faltaría más que eso. Ruidos de tambores, risas, vistosos trajes y alegría. No faltaría más. Bueno, no es que estos niños se rían mucho, pero se les ve contentos:



con sus banderitas chinas y belgas, como debe ser, que para algo viven aquí y, entre nosotros, es una de las minorías más discretas de Bruselas. Aunque minorías hay muchas, a unas se las ve más que a otras. Por eso, es una cuasi sorpresa ver que hay un porrón de chinos más allá de los restaurantes de chop suey y cerdo agridulce.

En el cortejo, no podían faltar los dragones:


Su sonrisa es contagiosa, aunque tengan que concentrarse en lo de mover el abanico:



¿Cómo podían faltar un panda y un pandita en el cortejo?



Bellas danzarinas de soñadores ojos:


Y terribles mandarines de amenazadora mirada:


Y dominándolo todo, el gran dragón que al final acabó haciéndose la cola un lío. Lo veréis en el fabuloso vídeo que hice en colaboración con mi amigo Lopezia, no os impacientéis, gurriatos, que antes del vídeo todavía tengo que daros algo más de rollo.



Pues ya lo veis, es el año del gallo. No sé qué significa, pero es así. ¿Traerá suerte? ¿desgracias? ¿será mejor que el año pasado que nos trajo desastres tales como Mr. Trump o la muerte de Leonard Cohen y David Bowie? En cualquier caso, no es seguro que sea un año feliz para los gallos, como para este gallo de pelea tailandés. Claro, que la foto es de vuestro amado bloguero en 2009, y a saber en aquel año qué animalillo era el protagonista (vale, ya me he informado, era el año del buey, o sea, que de "animalillo, nada)


Vamos, que siendo año de bueyes, probablemente, el gallo tailandés no fue muy feliz. Como tampoco esta gallina, que está tranquilamente sentada en un restaurante de Moscú (calma, estaba disecada la pobre)




Sobre todo, si se pone a pensar en lo que le puede pasar, como a esta pobres congéneres en Tirana:




Pero bueno, ya vale de rollo, Sorokin. Y cuenta algo nuevo, como una receta, que todos tus lectores saben que eso de la cocina te mola bastante, aunque seas un zote. Lo suyo, sería que os escribiera ¡oh, amigotes! una receta de pollo estilo chino, pero ya os conté hace varios siglos la receta de un pollo a la tailandesa (y si queréis podéis pinchar aquí), así que voy a cambiar de continente, de ambiente, de rollo, de todo y os voy a contar cómo Sorokin se marca un pollo a la mostaza de Meaux.

Lo primero es juntar los ingredientes. Helos aquí:


Pollo, (ya me diréis, si no), una escaloña (échalotte), un diente de ajo, vino blanco (ahí se me fue la mano y le puse un Chablis de 2013 que es lo que tenía a mano, pero vale cualquier vino más guarrindongo), crema, y dos mostazas: de Dijon y de Meaux.

Empecé troceando el pollo con un cuchillo de Albacete (qué menos)


En una sartén, asusté (como decía mi madre) los pedazos de pollo con mantequilla mezclada con aceite de oliva:



Una vez el pollo completamente presa del pánico, lo saqué y reservé. En la misma sartén, poché la escaloña y el ajo bien picaditos:



Añadí el pollo (¡criatura del señor!), el vino blanco y lo dejé que se hiciera. Tras eso, la crema y dos cucharadas de mostaza: una de Dijon  y dos de Meaux. Los granitos pequeñitos que se ven, son los de la mostaza de Meaux, que asimismo se llama "mostaza a la antigua". (acordaos, oh descreídos, de la parábola del evangelio y el grano de mostaza. No tiene nada que ver, pero cuela). Dejé que la salsa se redujera:




Y, acto seguido, mis queridos comensales, procedí a la exterminación de tan suculento plato. Lo acompañé con un vino de Albacete. Sí señores, de Albacete. En concreto, de Fuentealbilla: Cambrius. Total, que empecé hablando del año nuevo chino y acabo con un pollo a la francesa, cortado con un cuchillo de Albacete y regado con vino de Fuentealbilla. Multiculturalismo puro.



Pero bueno, os había prometido que os iba a poner un vídeo sobre el cortejo del año del gallo en Bruselas y no voy a faltar a mi compromiso, o sea, que ahí va:





Venga, un besote y perdón por el rollo




mercredi 18 janvier 2017

Sobre inundaciones, lodos y aguas hediondas. Fin de año en Manilva


Vuestro seguro servidor y simpático bloguero (yo mismo, y si no estáis de acuerdo, podéis hacérmelo saber poniendo un adecuado comentario, por ejemplo "¡Sorokin, no te pases, que tu sabes que eres un plasta!, etc") ha pasado el fin de este año en Manilva. Como sabéis ¡Oh amigotes! Manilva está en la provincia de Málaga. Ya os he hablado en otras ocasiones de tan agradable sitio (pinchad aquí, vamos, si queréis). Pero en fin, esta vez, ese supuesto cambio climático que Míster Trompa, digo Trump y el primo de Rajoy dicen que no existe, ha decidido verter varios miles de litros por centímetro cuadrado sobre la zona. En fin, ya lo habréis visto en las informaciones de la prensa.

Total, que las aguas se desataron y se dedicarton a cambiar un poco la apariencia de la zona, como este pequeño destrozo en la playa de Sabinillas:


Llevándose por delante, muros, caminos, cauces habitualmente secos, arbolicos y lo que se les pusiera enfrente:



Y digo las aguas, pero en su mayor parte eran lodos:



Total, que el buen Sorokin se fue a ver los desmanes en directo, que no vale con que te cuenten las cosas, que uno es un escéptico por naturaleza. Y si no era verdad lo de las aguas, poder mandarle un mensaje a Mister Trump diciendo que tiene más razón que un arcángel rubio y con mechones, que no hay cambio climático, que todo era un cuento de los malvados medios de información.

Pero ¡ay! -o como dirían los franceses, hélas!-, la verdad es que había agua, había barro, había desmanes y lodos malolientes. Estoy casi por creer que Trump se equivoca. Por lo menos las gentes del lugar me han contado que no habían visto cosa similar en su vida.

Obsérvese, la huella del barro en un trastero no muy afectado, que los había mucho peores:




Y el descontrol y desbarajuste que dejó como huella en el trastero en cuestión:



Pero bueno, tras duras sesiones de limpieza, con las botas llenas de barro, las mangueras de agua a presión funcionando a todo trapo y otras actividades limpiadoras, ello se fué subsanando poquito a poco. Con una sonrisa, como todos los habitantes de la zona.

Para compensaros de esas noticias un poco grisáceas y tirando a tristonas, os voy a relatar el último descubrimiento que he hecho en Manilva. Bueno, el descubrimiento no lo ha hecho un servidor, que me lo contaron unos amigos que hicimos en Estepona, Sonia y Justin. Les mandaré copia de este bodrio para que sus espíritus se llenen de alegría al leer que escuché sus recomendaciones. Se trata de los "baños de la hedionda". Están en la sierra entre Manilva y Casares, aunque realmente pertenecen al municipio de Casares. Parece ser, cuentan, que ya los explotaban los romanos y que el mismísimo Julio César metió sus reales pinreles en tan acuático lugar mientras iba a luchar contra, no se sabe bien quién, si Pompeyo o los elefantes de Aníbal. Pero vamos, que sí, que se lavó sus patas ahí. Son aguas sulfurosas. De ahí viene lo de "hediondas".

Pues nada, amigos, si estáis por la región y os decidís a meter también vuatros pinreles en tan históricos baños, os voy a dar unos consejillos:

No confundir con la "plaza de los baños romanos" que está al lado del castillo de la Duquesa en Manilva. Pero si os habéis dejado liar y estáis en el castillo, el camino es el siguiente:





Os volvéis hacia Sabinillas. En la primera rotonda de la carretera, al laíto del supermercado Lidl, cogéis a la izquierda y, dale que te pego, dale que te pego seguís conduciendo (asumo que váis en coche) hasta ver el puente de la Autopista de pago, la AP7. Un señor puente, lo que llaman los alemanes un "Talbrücke". La carretera pasa por debajo y justo ahí, os topáis con el río Manilva:



Justo ahí hay un restaurante que, por supuesto, a principios de enero estaba cerrado a cal y canto. Se llama el "Roman Oasis" y mucho me malicio que es más bien un asunto para guiris. Es que uno, a veces se huele las cosas:



En fin, si me leéis en verano, Oh amiguetes, tal vez os apetezca entrar, pero si queréis entrar en esta época del año, tendréis que forzar la verja o saltar el muro.

Un poco más allá, te avisan de que ¡cuidadín, cuidadín! estás entrando en un recinto histórico, etc.



La cerretera ha desparecido, y en su lugar, hay un camino donde sí, cabe un coche, pero no os lo recomiendo. Dejáis el coche a la entrada. Pronto aparecen las ruinas de un balneario en ruinas (os lo he puesto en la foto de cobertura) y varias casas derruídas:



Por fin, en un remanso del río, aparece un edificio blanco (bueno, edificio es mucho decir, una construcción blanca) de la cual mana el río:


Entrad. En enero estábamos solos, solos, solanas. En verano, seguramente no es así. Por si acaso, te explican lo que debes y lo que no debes hacer:



En sus paredes, el verde musgo sobre blanco marca los colores de la bandera andaluza. Lindo detalle ¿a poco no?, como dirían en México:


El interior de la caseta muestra dos escaleras para descender a la piscina, que está cubierta. Un enorme pestazo a azufre te dice que sí, que están ahí las aguas hediondas:










Así es que ahí podeis remojar vuestros piececillos e incluso bañaros enteros si ello os complace, sintiendo todavía el olorcillo a los pies de Julio César.

Y si no, os podéis meter en el agua remansada que hay en la descarga de la piscina, como esta turista:




Ahí, el olor a azufre es mucho menos fuerte.

En fin, para acabar la jornada "en beauté", podéis volver al castillo de la duquesa, a Manilva y visitar el restaurante "casa Antonio". De muchos menos perendengues e historietas que el Roman Oasis, pero con un pescado que está fresquísimo. Lo pescan ellos. En enero, tenían gambitas "blancas", tiernas, tiernas, que se fríen enteras, rebozadas en un suave toque de harina, a la andaluza. Se comen, "a puñaos" enteras. Son inolvidables, pero mucho me temo que hay pocos meses del año en los que está autorizada la pesca:



Y bien, os dejo. Lo siento, pero os dejo. Me voy a cenar. Que la fuerza os acompañe.

Besotes