Mis queridos amigos (renuncio a usar otros términos, no vaya a salir el de "amiguitos" que tanto ha dado que hablar estos dias), estoy seguro que me estábais echando de menos. Lo sé. Bueno, tambien es posible que respirárais aliviados, libres de los plastazos de Sorokin durante casi un mes. Pues la habéis liado, porque aquí estoy, de nuevo a la carga. La verdad es, que como no tenía grandes cosas que contar, salvo algunas soplatontunas, he preferido guardar un prudente silencio. Oye, que no se diga que hablo por hablar, como las cotorras. Pero me he dicho: ¡Sorokin! sal de tu marasmo, dí algo, tarugo. Entonces, me quedaban algunas opciones, como relatar viejas historietas o sucedidos; pero eso lleva un riesgo. Imagináos ¡Oh ilustres lectores! que me da por contaros lo buena que estaba la sopa "tarátor" (sopa de pepino y leche agria) que me comí la última vez que estuve en Sofia hace ya diez años... pues oyess, lo mismo vais a Sofia y ya no hacen tarátor, sino puritito McDonalds. O sea, opción descartada.
Así es que os voy a hablar de lo último que he leído, que eso siempre da de sí. Sobre todo si es un libro que me ha abierto un abanico de conocimientos que ¡oh, tarugo Sorokin! me eran más o menos ajenos. Como habéis visto en la foto de cabecera, se trata de "Leonora", por la Poniatowska. La conjunción de dos mexicanas de adopción. Descubrí el libro gracias a un post de Violeta, una gran bloguera, si bien un tanto irregular. ¡Violeta, vuelve! dinos algo. Confieso, que, al principio me lié entre Leonora Carrington, la protagonista del libro-novela de la Poniatowska y Dora Carrington, la escritora miembro del grupo de Bloomsbury, amiga de Lytton Strachey, Virginia Woolf, etc. Pronto salí de mi error tras devorar ansioso el libro de Elena Poniatowska, que se lee como un rayo, a pesar de lo grueso que es. Admito que, al principio, la Poniatowska me ponía un poco nervioso, porque escribe como habla, y habla en mexicano. Eso, para un castellano parlante puede ser algo incómodo. Ni Carlos Fuentes ni Octavio Paz, ni Juan Rulfo escriben tan "en mexicano". La razón tal vez sea que la Poniatowska no es mexicana de nacimiento, sino de adopción. En fin, ahí queda el guante lanzado para que alguien opine (si quiere, claro).
Pero lo fascinante es lo que cuenta, y lo cuenta de forma fluida, entrelazando diálogos, narraciones, realidad, ficción. La vida de Leonora Carrrington es, en sí misma una aventura. Hija del dueño de Imperial Chemical, abandonó su casita de lujo y se largó a París con los surrealistas. Fue compañera de Max Ernst, huyó de Francia durante la ocupación; llegó a España, donde enloqueció y la encerraron en un manicomio en Santander. De ahí pasó a Lisboa y, casada con un mexicano se fue a Nueva York donde se relacionó de nuevo con todos los surrealistas: Breton, Buñuel, otra vez Max Ernst. Se fue con su marido a México, donde se aburrió a morir sin sus amigotes, hasta que hizo nuevas amistades con la española Remedios Varo, se casó otra vez con un fotógrafo compañero de Robert Capa, y se hizo conocer como pintora. No congenió ni con Frida Kahlo, ni con Diego Ribera ni con ninguno de los muralistas mexicanos.
....
Ello trae a colación un asunto que ya discutí hace un par de años cuando publiqué una nota sobre la exposición de Frida Kahlo en Bruselas: y la polémica subsiguiente con un par de amigos que se preguntaban si Frida no hubiera sido la pareja de Diego Ribera, y éste, un destacado miembro de una cierta izquierda, ella hubiera tenido la misma resonancia mundial. No voy a discutir los méritos de la Kahlo, a la que todos los mexicanos adoran y yo también (faltaría más), pero os dejo con un par de obras de la Carrington para que podáis comparar:
Es evidente que mientras que el mundo de la Kahlo tiene sus raices en el indigenismo y en su sufrimiento, la de la Carrington refleja sus raices europeas y un mundo interior casi enloquecido.
También, para comparar, os pongo un par de pinturas de Remedios Varo, su gran amiga, que murió en 1963:
Ya me diréis qué pensáis. Pero no os perdáis el libro de la Poniatowska, vale la pena. Ahora me siento triste y desvalido porque me he quedado sin lectura
Batería de costa abandonada en Cartagena
Il y a 1 semaine

























































