mardi 8 juillet 2014

El cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell


Queridos, apreciados y simpáticos lectores (estoy seguro que sois todos bien simpáticos; no me imagino a alguien desagradable y antipático leyendo estas tontunas), digo e insisto, queridos y simpáticos lectores: He estado un par de semanas en Madrid pintando mi apartamento. Quiero decir, que vinieron los pintores y le pegaron una buena mano de pintura -que falta le hacía- , no que vuestro aburrido bloguero sacara sus acuarelas y se pusiera a a representar en un papel cada uno de sus rincones. Naturalmente, ello fue acompañado de una enorme actividad de mover muebles, cubrirlos con plásticos, etc, y... vaciar las estanterías de libros. Y ahí quería yo llegar, amigotes. En un rincón olvidado apareció esta joyita:



El libro lo había comprado en Veracruz en 1987, cuando yo vivía allá y, por quien sabe qué rayos, nunca lo leí, así es que, decidido a reparar ese error histórico-literario, me senté en uno de los sillones recubiertos de plástico, y me puse a ello. Me sacudió un torrente de electricidad extática cuando me metí con él e iban avanzando las páginas, casi despegadas y algo mugrientas. Me fascinaron los personajes, Justine, Melissa, Balthazar, Nessim... me metí en su mundo mientras iba cayendo una cervezota tras otra. ¡Qué novela, colegas! Además, la traducción me pareció muy buena aunque, como era norma en aquellos años, no figuraba el nombre del traductor.

A mí, además, la Alejandría de Durrell, me despertaba ecos veracruzanos. No solo porque la novela la compré allí, sino porque, salvadas las distancias y la época, un servidor encontraba semejanzas, ¿qué queréis?. Cuando el narrador habla de la Corniche de Alejandría, servidor recordaba el malecón de Veracruz:




El malecón de Veracruz en 1988

Cuando Balthazar dice que todas las alejandrinas son un poco Justine, yo pensé que eso me sonaba también a Veracruz. Pero, en fin, eso es circunstancial y no os voy a contar mi vida, qué rayos. 

Vuestro amado bloguero pasó por Alejandría bastantes años ha. Yo era estudiante y el gobierno egipcio de la época nos había organizado una excursión colectiva a El Cairo. Desembarcamos en Alejandría, pero pasé sin romperla ni mancharla. Nos metieron en un autobús, y hale, al Cairo, a un hotel que nos habían reservado donde era difícil saber si había más cucarachas que policías secretos. Claro que, a los veinte años es hasta divertido pasarse la noche de cacerías cucarachiles. Sin embargo no se nos ocurrió darles zapatazos a los bigotudos que nos espiaban detrás de un periódico desplegado. Sabia decisión, proclamo.

Pero bueno, a lo que voy. Me fascinó la novela. La devoré. Después me he enterado que George Cukor había hecho una película, pero, por supuesto, me niego a verla. Lo único que me pareció interesante es que el papel de Justine lo interpretó Anouk Aimée. Vale, por lo menos en esta foto se parece algo a Justine:




De todas formas, todas las críticas que he leído ponen el film a bajar de un pollino.

Lleno de agudeza intelectual deduje que si "el cuarteto de Alejandría" se llama así es porque debe haber tres libros más, además de Justine. Perspicaz que es vuestro bloguero (pese a lo que digan algunos). Así es que me encaminé a "la casa del libro" de la calle Goya y se los pedí. Desconcierto, crisis, hasta que  alguien, mirando en el ordenata me dijo que "el cuarteto" estaba clasificado entre los libros de historia. Sagaz pájaro el que lo había clasificado ahí, pero, en fin, los compré.

Y no me arrepiento. Me he sumergido en los cuatro libros en cuerpo y espíritu. No sé cómo había podido perderme hasta ahora una de las mejores obras del siglo XX. De verdad. Lo fascinante es que los tres primeros libros, Justine, Balthazar y Mountolive pasan en el mismo periodo de tiempo, solo que cada uno te cuenta la historia desde un punto de vista diferente. Te llevas algunos choques mentales serios cuando te tira Lawrence por tierra todo lo que habías creído entender en el libro precedente. Pursewarden, uno de los dos "alter ego" del narrador, lo explica: "... si quisieras... podrías ensayar un juego con cuatro cartas en forma de novela; atravesando cuatro historias con un eje común..."

De los cuatro libros, tres están relatados en primera persona, mientras que el tercero, Mountolive está escrito en forma canónica, con un narrador omnisciente (que todo lo sabe, rayos, dejadme a mí tambien de vez en cuando usar palabros culteranos). Es el único volumen que podría justificar clasificar el cuarteto entre los libros de historia. Interesante, cómo cuenta que el gobierno inglés de la época favoreció a los musulmanes frente a los cristianos coptos.
Hay un par de momentos en este libro que son fascinantes: Cuando Mountolive vuelve a ver a su ex-amante Leila, tras muchos años de separación y la desilusión y rechazo que le causa ver que se había vuelto una anciana, y la muerte de Naruz. Pero, en fin, no os voy contar mas spoilers.

Dije al principio que la traducción de Justine me pareció buenísima. Al comprar los libros modernos he comprendido por qué. La traductora es Aurora Bernárdez, la primera mujer de Julio Cortázar. También es la traductora de Balthazar. La traducción de "Mountolive", puede pasar; sin embargo, la traducción de "Clea" me ha dejado perplejo en varios pasajes. Es de Matilde Horne, a la que parece que le dieron un premio por ella. Pues vaya. Al primer tapón zurrapa: traduce "aeons" por "iones": jobar, un aeon es una era geológica y un ion es un átomo cargado de electricidad. Nada que ver. Así, ya puestos, me fuí a la librería inglesa y me compré el cuarteto en inglés:



Como véis, Oh amigotes, mi elenco no puede ser más completo:



En fin, ya sé que es ser un tiquis miquis ir verificando las traducciones que uno no entiende, pero un servidor es así de pejiguero, como cuando en "Clea", la traductora dice que estaba un hombre "espumando piedras". Rayos, ¿eso me suena a sopa de piedras? ¿en una cacerola? ¿en una sartén? Hala, vuestro bloguero se va al original y encuentra "skimming flat stones". Y eso, oh amiguetes, en español se dice: rebotando piedras en el agua:



Pero bueno, hay peores cosas en la vida. Para animaros, ahí va un listado de traducciones chuscas. Podéis verlo pinchando aquí.

Y ya puestos a hablar de traducciones, he aquí las traducciones al inglés que ví  en una taberna de Madrid:



Los vegetales con mermelada no están mal, pero lo de los pernos (studs) con mayonesa, tampoco es moco de pavo.

Y ya para cerrar esta entrada, no me va a quedar más remedio que hablar de comida, cuchipandas y regocijos, qué diablos. Fuí para celebrar que mi apartamento ya estaba pintado a un restaurante que se ha puesto de moda tras un programa de esos de "pesadilla en la cocina", que yo no veo en Bruselas, pero de los que, mientras estuve en Madrrit, me chapé varios. Se trata de Sagar, en el barrio de la Guindalera:




Magnífico restaurante indostani (parece que no se puede decir ni "indio" ni "hindú", porque o se enfadan mis amigos de América Latina o los de La India).

Muy agradable y bien decorado, aunque bastante pequeño. Nosotros íbamos seis y nos hicieron un hueco un sábado por la tarde, aunque estaba todo reservado.



La dueña, encantadora, para animarnos a que fuéramos rápido porque necesitaba la mesa, nos hizo un precio especial por el menú. 25 euros/persona en vez de 35. Con entradas de pakoras, samosas, etc:



Pollo tandoori y otras viandas como plato fuerte:


En resumidas cuentas, salimos muy contentos. E incluso alguno de los comensales, como éste, que es de los que están siempre robando cámara, se hizo una foto con la dueña:



Bueno, amigotes, que ya estuvo suave, os dejo descansar de mis tontunas. Besotes a todos

mercredi 18 juin 2014

La costa belga: Koksijde, Nieuwpoort, La Panne y un rodaballo al horno




Esta es la historia, queridos amigos, lectores, observadores imparciales y otras buenas gentes (o malas, que yo no soy nadie para criticar vuestras maldades) de un fin de semana en la costa belga y del subsiguiente rodaballo que vuestro bloguero bien amado cocinó en su casita tras la visita (toma ya pareado).

Bueno, me diréis ¿Y cual es la costa belga?. Anticipándome a esta pertinente pregunta, os he traido un mapa de Bélgica, en el cual se ve que hay una franja de Bélgica bañada por las olas del Mar del Norte, desde Knokke-Heist hasta La Panne, ya en la frontera con Francia. (no se me pongáis tiquis miquis porque al colorear el mapa de Google se me ha ido la mano y me he pasado un poco hacia Eindhoven y hacia Aachen. No son reclamaciones territoriales, es el pulso de Sorokin que está más bien temblón). Lo que cuenta para esta historia es la franja de costa.



Toda la línea costera está dentro de la región flamenca, pero, en general, los flamencos de la costa son muy amables y no tienen ningún problema en hablar francés con los visitantes, a diferencia de la gente de Amberes, pertenecientes mayormente de los que llamaba Brel "flamingants", o sea, radicales flamencos. (San Tadeo me libre de criticar a nadie. Yo soy de Albacete. Es, simplemente una constatación)

Hay un tranvía que recorre toda la costa:



Mi excursión se limitó a la zona occidental de la costa, entre Nieuwpoort y La Panne. Como podeis ver, amigos, La Panne está ya casi en Francia y muy cerquita de Dunquerque, o sea, que en 1940 estaba dentro de la bolsa que defendieron los British ante el avance alemán:




Pero, vaya, eso son historietas del pasado. Un servidor, cogió (agarró, amiguetes de América latina) un tren para ir de Bruselas a Koksijde. Dos horitas de tren, y ahí estás. Lo duro es ver que la estación de tren, es una de las más desoladas y solitarias en las que yo he estado:





Por una de esas suertes que a veces pasan, apareció como un fantasma un autobús (y digo suerte porque solo pasa uno cada hora) que nos llevó al centro de Koksijde. Un centro de lo más estándar en las ciudades de la costa. Apartamentos, tiendas, edificios modernos:



La playa, tambien de lo más estándar en la costa belga: arena, casetas y violentas mareas.:




En la ciudad, algunos detalles interesantes, como este fresco, que hace pensar en Magritte, en una pared:


En lo que llaman por aquí "la digue", que es el paseo que está bordeando la playa, lo que podéis hacer si váis por allí a la hora de la merendola-cena, o antes, qué diablos, es ir a "Le Malouin", un bar que tiene unas magníficas fuentes de mariscos que te cocinas tú mismito, con tus manitas, a la piedra, mientras te empujas una Tripel Karmeliet (o dos, como fue mi caso, que no puedo mentir, que me lo dijeron cuando era pequeño):


Además, como la costa da al puritito Oeste, puedes observar cómo el sol se oculta a nuestros pecadores ojos, mientras trasgos, mastines del infinito, dragones mágicos aparecen en el cielo:




Y nada más por el primer día. Encontramos un hotel en la calle principal que no está mal y no es excesivamente caro:


El día siguiente, el plan era ir a Nieuwpoort. Para ello, no te queda otra que subirte al tranvía de la costa en dirección Knokke, o sea, hacia el noreste, Por cinco euritos tenéis un pase para todo el día:




Nieuwpoort es el gran puerto de la zona. Puerto deportivo y de pesca:


Está en la desembocadura del río Ysère, que forma un pequeño estuario, donde abundan los pajarillos, como estos cormoranes que secan sus plumas al sol. Bueno, lo de sol ese día era una licencia poética, porque solo apareció unos cortos ratitos, pero aquí los pajarillos estos, ponen sus plumas a secar, tanto les da.



Como puerto pesquero -el más importante de Bélgica- tiene un montón de pescaderías en las que, lógico, vuestro bloguero se zambulló buscando algo interesante:



Decidí que los rodaballos (el "turbot" de la foto) eran, si no baratos, sí originarios de la zona, porque, manda narices, tenían hasta perca del Nilo, horrible bicho que me produce escalofríos solo de verlo. Pues sí, me compré un  rodaballo y una almejas. Y tate, tate, folloncicos, que me lo cociné al llegar a Bruselas:




Y ¿cómo?, me diréis. Pues ahí voy.

Corté en rodajas unas escaloñas (me he enterado que se llaman así las échalottes) y las puse a pochar en mantequilla. ¿Y por qué mantequilla, oh traidor, y no aceite de oliva? Pues porque es una receta que me dió un pescatero de Honfleur hace unos años y he querido probarla:




En otra sartén, puse almejas, con un fondo de agua y un ramito de hierbas aromáticas:



Añadí un vasito de vino blanco. En mi caso, lo que tenía en la nevera, un Chardonnay de Borgoña:




Y bien, cuidado, mis cuates, no os vaciéis la botella mientras se abren las almejas, que, a lo mejor la vais a necesitar luego para acompañar el manjar. 

Una vez abiertas la almejas, las vais separando. El líquido que han soltado, lo añadís a la sartén ("el" sartén dirían mis amigos mexicanos) de la escaloña y dejáis que cueza un poco.




Tras eso, se añade a nuestro paciente rodaballo, que ha estado esperando el momento sin enfadarse (los rodaballos son buena gente);


Y ¡al horno!, veinticinco minutos a 180º. En ese momento, se le añaden la almejas y se le deja un par de minutos más, que si no se resecan, las tías:





Y nada, a emplatar y comer con lo que quede del Borgoña blanco:




Vale, para despedirme, os voy a dejar con Jacques Brel:



Mon Père disait (Jacques Brel)


Donde así describe la costa belga:


...C'est le vent du nord
Qu'a raboté la terre
Autour des tours
Des tours de Bruges
Et qui fait qu'nos filles
Ont l'regard tranquille
Des vieilles villes
Des vieilles villes
Qui fait qu'nos belles
Ont le cheveu fragile
De nos dentelles
De nos dentelles.
Mon père disait
C'est le vent du nord
Qu'a fait craquer la terre
Entre Zeebruges
Entre Zeebruges, petit
C'est le vent du Nord
Qu'a fait craquer la terre
Entre Zeebruges et l'Angleterre
Et Londres n'est plus
Comme avant le déluge
Le point de Bruges
Narguant la mer
Londres n'est plus
Que le faubourg de Bruges
Perdu en mer...


Besotes, amiguetes, que os salga bien el rodaballo


lundi 12 mai 2014

Cenando a bordo de un tranvía y otras aventuras en los tranvías de Bruselas


Bruselas, queridos amigos, tiene una extensa red de tranvías. No sé si son como 200 Km o algo así, lo que para una ciudad de un millón de habitantes está muy requetebien. Además, los tranvías son bastante ecológicos, no producen humos ni otros residuos desagradables. Así es que, vuestro amado bloguero, dado que no ha cogido un avión en seis meses (lo que me tiene comiéndome las uñas de los pies de rabia), ha decidido conocer la red tranviaria como alternativa, porque lo cierto es que yo, normalmente utilizo el metro, porque las líneas de tranvía no me caen así como a mano en mis desplazamientos normales. Así pues, os relato ¡Oh amiguetes! mis experiencias tranviarias en los minutos que siguen, para que podáis ustedes vosotros descubrir un poco los tranvías de Bruselas (espero que sean minutos, no os asustéis, que no van a ser horas, digo yo, que además tengo que irme a cenar).

Lo más llamativo, y muy adecuado para conocer y vivir los tranvías, es un programa que se titula "tram experience" y consiste en cenar en un tranvía. Toma ya. Además, no una cena cualquiera, sino un condumio organizado por unos chefs bruselenses con estrellas Michelin, mientras el eléctrico vehículo deslízase raudo cual flecha de plata por las calles de la ciudad (supongo que tomaréis nota de mis brillantes metáforas).

El viaje empieza en una de las plazas más céntricas de Bruselas, al lado del Palacio de Justicia. El viaje empieza a las ocho de la tarde, pero te piden que estés en la parada a las ocho menos cuarto. Impaciencia, angustia, hambre hasta que, por fin aparece la flecha de plata:



Emoción y algarabía (bueno, no tanta algarabía, que había mucho guiri poco expresivo), pero sí emoción cuando se ve desde el exterior lo que nos espera:


A nosotros nos asignaron la mesa número nueve (nada que ver con el preso de Joan Baez). Ya estaban preparados los entremeses y una copa recién servida de champagne. De los entremeses, válame Dios, el único que un servidor reconoció es el vasito de la derecha con una especie de sopa de espárragos (con todo y espárrago). Las dos galletillas a la izquierda estaban buenísimas, pero no sé qué eran. Lo reconozco:



Eso sí, el champagne, servido a gogó era un excelente Pommery. Yo me bebí dos copas, pero hubieran podido caer tres si no me hubiera atragantado:



El primer plato era un flan de berenjena con tomate seco, una artística galleta de quien sabe qué y tres tomatitos rellenos de algo:


Para acompañar los platos principales, entrada y plato, nos sirvieron un blanco "Clarión", Somontano de Viñas del Vero:


Nosotros habíamos elegido el menú de pescado, que, como puede verse, no era muy copioso, pero sí muy sabroso: un filete de lubina, con unos espárragos blancos de Malinas, un rollito de calabacín y unas picas de zanahoria (mis amigos, es que esto es alta cocina, de grandes chefs, no esperéis unas lentejas estofadas):



Mientras tanto, el tranvía deambulaba por los barrios más "chics" de Bruselas: la Avenue Louise, los estanques de Ixelles, la Avenue FD Roosevelt (donde están todas las embajadas). Dos horas de recorrido hasta volver a la Plaza Poelaert:



Es comprensible que te lleven por los barrios de la gente guapa. Imagináos, Oh amigotes, que vean una mesa así desde los barrios más populares:


No digo que te vayan a tirar adoquines a los cristales, pero a lo mejor no le gustaba al personal situado a ambos extremos de la ventana, como en esta parada en Scaerbeek, barrio por el que -por supuesto- no pasó el tram experience:




Y eso fue todo. Bueno, hubo un enorme tiramisú de postre, pero ese no os lo he sacado, porque ya sabéis como son. Así es que, dos horas después, se acabó el magnífico viaje, dijimos adiós al chef -que estaba a bordo- y nos fuimos a casita.



La experiencia, es muy agradable, la cena es deliciosa y, aunque es cara (90 euros todo incluido), solo con las dos copas de Pommery, casi la has amortizado. El problema es que hay que reservar con mucha antelación. Solo hay 42 plazas en el tranvía y un viaje por día.

Pero, si no queréis hacer la velada gastronómica, siempre podéis ir a visitar el Museo del Tranvía. Hay modelos de todos los que han circulado por Bruselas desde su creación (del tranvía ¡eh! no de Bruselas):




Parte de la visita consiste en hacer un recorrido en un tranvía de 1933, que te lleva hasta Tervuren y vuelta:





Muy interesante, no os lo perdáis si andáis por este pueblo. Vuestro amado bloguero, como complemento, se marcó el otro día un recorrido desde el mismo Museo, en un tranvía de verdad, de esos que llevan pasajeros y todo. Me cogí (bueno, para mis amigos latinoamericanos, me agarré) el tranvía 94 para ir al mercado de Boisfort:



Otro momento emocionante, es cuando tras veinte minutos de espera, bajo una ligera lluvia (la verdad, no pasan con mucha frecuencia, y menos un domingo, como era el caso), ¡aparece el 94!:


Como veis, aunque no te den de cenar, los tranvías son amplios y confortables:



Tras unos quince minutos, llegas a la plaza del Ayuntamiento de Boisfort (ya os expliqué un día que Bruselas, en sí misma, no existe, que es una aglomeración de dieciséis ayuntamientos):


El mercado de Boisfort, junto con el de la Gare du Midi, son los mercadillos más interesantes del domingo por la mañana. En general, yo le compro leche de granja a los productores y pescado a los pescateros marroquíes. También hay trapitos, como véis:


Este domingo, sin embargo, casi me peleo con un frutero, porque se me ocurrió hacer una foto a su puesto, visto que tenía unos magníficos mangos y las primeras cerezas del año, pero el tío se me enfadó, gritando que no podía hacerle fotos, e incluso me hizo borrar la foto en la que aparecía él. My God. Cómo son. Total, que le dije que sus mangos y sus cerezas se los podía... en fin, no lo digo, que a lo mejor hay niños leyendo esto.



Y bastante de mal humor, me fuí de vuelta a la parada del 94:



Vale, amigotes, y me estoy enfadando otra vez recordando el incidente, así es que os dejo con un vídeo de esos chapuza que hace vuestro amado bloguero: