mardi 30 septembre 2014

Los filetes de ternera a la cubana de Leonardo Padura


Como ya os conté en otra ocasión, queridos amigos que me leéis (si no fuérais amigos, de qué ibais a aguantar esta brasa con la que os castigo de vez en cuando), leí un libro de Leonardo Padura que me gustó: "Herejes", podéis pinchar aquí. Vamos, no es que os llame herejes y si lo sois, me parece de perlas, es que el libro se llama así. Así es que, en un paseo por la FNAC de Bruselas, en la sección literatura hispánica, me encontré éste: "Paisaje de Otoño". El libro es anterior a "Herejes" y es uno de los primeros de las aventuras del detective Mario Conde (curioso nombre, voto a bríos) y tiene ya delineados los temas que vendrán después: cuadros robados, aventuras en la Habana, algún excurso histórico, etc etc. O sea, que me gustó.
Pero lo más interesante desde el punto de vista de vuestro bloguero servidor, que aparte de la literatura, le gusta comer bien, qué rayos, es una receta que pone al final del libro de filetes de ternera, llamémosles "a la cubana". Y claro, no pude resistirme y los he hecho. Vamos, los he oficiado, como diría el gran Apicius.

Los sucesos que narra el libro tienen lugar hacia 1989 en la Habana. Justamente, vuestro querido bloguero estuvo por ahí en esas fechas, o sea que me consta que los filetes de Padura son un auténtico festín para como estaban las cosas por allá. Os cuento (y si no os gusta, os aguantáis): Un servidor llegó a La Habana para pasar una semana de vacaciones. Fuí desde México, porque vivía ahí. No tengo casi fotos, porque el carrete que llevaba (¡Ah, las cámaras argénticas!, como dicen los franceses) se me acabó. Fuí a comprar otro a una de las tiendas para turistas y me vendieron uno de la marca "Orwo", hecho en Alemania Oriental. De vuelta a México no encontré nadie capaz de revelarlo. Debía ser un procedimiento secreto. Así es que, esto es lo que hay, las fotos del primer día:



Afortunadamente, llegué a fotografiar la famosa "Bodeguita del Medio":



En la Bodeguita conocí a dos lindas flores habaneras (digo flores, porque una se llamaba Rosa y la otra Violeta) que me invitaron a cenar en su casa. Compré una botella de vino albanés en un puesto callejero y para allá que fuimos. Conocí a todo el edificio porque todos pasaron a visitar al compañero español. Me dieron arroz con pollo y ¡horror! de vuelta a México, me dijeron mis amigos mexicanos que, posiblemente me había comido el pollo que tenían para toda de toda la semana. No sé si será verdad y nunca lo pude descubrir, porque al volver al hotel me dijeron que tenía que irme de Cuba al día siguiente. Problema de billetes, dijeron. Pues... quién sabe. Será verdad.

En fin, que, sin duda, el platillo que cuenta Leonardo Padura que le hicieron (oficiaron, perdón) a Mario Conde en su cumpleaños es un festín, visto lo visto.

La madre de un amigo le prepara unos filetes de ternera: ¿Cómo? Pues los alisa:




Les pone unas lonchas de beicon encima:




Añade unas lonchas de queso Gruyère y los salpimenta con hierbas de todo tipo. Un servidor les puso orégano y tomillo:


Los dobla, y los cose con un palillo de dientes para que no se vacíe el relleno:



Acto seguido, hay que dejarlos reposar para que se empapen del aroma de las hierbas. Mi consejo, llegado este punto, es que no os quedéis como pasmarotes mirando los filetes, que se te puede cansar la vista, e incluso los piececillos, así, mejor es repasar la receta de Padura con una copa de Laurent Perrier en la mano, que ya sé que no es cubano, pero es igual, es una licencia poética:




Bien. ¿Ya vale? Pues podéis volver a la cocina. En una sartén ponéis mitad de mantequilla y mitad de aceite de oliva. Calentáis y metéis los filetes:




Vale, os ahorro el resto del procedimento porque no tiene mayor secreto. Una vez hechos, se meten en una fuente (Padura dice que se ponen al horno, un servidor cree que no es necesario) y se hace una salsa con la grasa de la fritura, limón y nata. Se añade a los filetes. Yo, para darle un aspecto más cubano freí unas rebanadas de plátano:



Y... voilà. El ron de la foto es para adornar y como homenaje a Cuba. Yo me los comí con un "Pago del oro", tinto de Toro de 2011 que estaba como para tener un orgasmo del gusto.


Besotes a todos

mercredi 20 août 2014

A vueltas con la familia Durrell: Gerald y otros animales. Para acabar, un postre de cerezas al estilo de Viena



Mis queridos y pacientes lectores, ya sé que el mes de Agosto no es un buen mes para continuar dándoos la brasa con la familia Durrell, que es más bien un mes para relajarse a la sombrita con una buena cervezota. En fin, quiero decir, los que andáis disfrutando (o sufriendo) los climas del sur, porque por aquí, por Bélgica, lo que mola más bien es una taza de chocolate bien caliente, pero, vaya,  para desanimar a vuestro bloguero amado, hace falta más caña que un poco de lluvia (a torrentes) y 12 graditos al sol. Así es que, ahí le voy con la familia Durrell. 

En mi entrada del mes pasado os conté mis sensaciones tras leer "El cuarteto de Alejandría" de Lawrence Durrell. Alguien me dijo, acto seguido que no iba a entender nada si no me leía el libro de su hermano Gerald (Gerry) "Mi familia y otros animales". Y vale, lo tuve que encargar, porque ni en Waterstone's les quedaba un ejemplar. Y valió la pena. Es un libro para partirse de risa contando las aventuras de toda la famila, que se fué a vivir a Corfú en 1935. No tengo claro si en Kalami o en Kontokali, pero tanto da:





Un servidor de ustedes vosotros estuvo en Corfú hace ya bastantes años, en concreto en Kontokali. Iba con mi primera pareja seria a pasar unas vacaciones maravillosas (aunque, tal vez ella las recuerde como un peñazo insoportable). Una mujer bella, encantadora y amable, pero que le montó una al Maître del hotel que no se me olvidará. Llegamos a cenar a las 21h31, cuando el límite eran las nueve y media. El Maître, en un plan totalmente griego, nos lanzó de mala gana el mantel sobre la mesa. Mi chica, toda tierna y sonriente, se levantó y le dijo: "- Parlez vous français?", -"Oui Madame", dijo él, desprevenido, y... acto seguido le cayó encima una de las broncas más espectaculares que yo he visto en directo. El hombre solo acertaba a decir "Brava, Madame, brava Madame". Y servidor, que como todos sabéis, es un tímido de campeonato, sentado en la silla, con la boca colgando. ¡Qué mujer! en fin, fué hermoso mientras duró.

Pero a lo que voy, que me enrollo con temas que no hacen al caso, voy al tema Durrell. Me escribieron en un comentario en mi entrada sobre "El cuarteto" que era difícil tomarse a Lawrence (Larry) en serio después de leer el libro de Gerry. Cierto es que en "mi familia, etc", Larry siempre hace un papel del típico pedante que se considera un artista y que abruma a su familia con sus cosas. Pero, leyendo la reseña de la Wikipedia sobre Gerry, se entera uno que fué Larry quien ayudó a su hermano chico a escribir el libro, o sea que las situaciones tan chuscas que cuenta el pequeño y que te hacen soltar la carcajada en voz alta, vienen inspiradas por su propio hermano.

Como veis ¡Oh amigos! en estas fotos que he sacado de Internet, Gerry era un chico simpaticote y amante de los animales:




Gerald Durrell en Corfú

Leyendo el artículo en la Wiki, se entera uno que lo que cuenta el libro, además, es verdad solo parcialmente, porque se supone que la familia (incluída una de esas madres británicas, estoicas, que todos adoraríamos) vivía junta y que Larry estaba soltero y sin pareja. Pues no; parece que en realidad, él ya estaba casado con su primera mujer, quen tambien estaba en Corfú:



Lawrence Durrell y su primera mujer en Corfú

En cualquier caso, amigos, si no lo habéis leído, id rápidamente a comprar el libro de Gerry (de Gerry/Larry diría yo), porque te puedes descomponer de risa.

Gerry, continuó despues su carrera de amante de los animales y conservacionista del entorno. Publicó varios libros sobre sus viajes para capturar animales vivos, como estos:




Bueno, son interesantes, y su actividad es muy noble, sobre todo salvando especies en peligro de desaparecer, pero les falta la chispa de gracia que tiene el libro de Corfú. Por eso, estoy seguro que mucha de la responsabilidad fué de Lawrence. Por cierto, en "Atrápame ese mono", en el capítulo 9, hace una pintura no muy halagüeña de Veracruz y sus funcionarios. Pero bueno, ese es otro tema.

Y ahora, oh amigotes, os voy a hablar de mi postre de cerezas, que lo prometido es deuda, qué leñe. Es un postre al estilo de Viena, pero no de Viena en Austria, sino de mi amiga Viena del blog "Sabores de Viena". He intentado seguir sus instrucciones al pié de la letra. Para empezar, hacen falta cerezas:




Lo cual no es difícil, porque este año son impresionantes. Parecen ciruelas de los gordas que son. Lo primero es quitarles el hueso, lo que para vuestro bloguero no fue fácil. A dedito limpio, me quedaron las manos tan rojas, que si en ese momento entra un poli en la casa, me lleva directamente a la trena: parecía que había asesinado a alguien.

Para continuar, nata, azúcar glas y gelatina:



Puse a calentar la nata y le añadí un poquito de canela (eso se me ocurrió a mí): Es que yo soy un caneloso:



Añadí el azúcar glas mientras se calentaba la nata:



Cuando ya estaba caliente (sin hervir), le añadí la gelatina que había, previamente, disuelto en leche (era gelatina en polvo)



Con ello, Oh amigos, llené una primera capa en un molde:




Y la metí a la nevera como cosa de una hora, hasta que se endureció: Puse una capa de cerezas:




Y le añadí otra capa de nata:



A la nevera otra vez. En la receta de Viena se ponen varias capas, pero a estas alturas, a un servidor se le había acabado la nata, así que solo me dió para añadir la capa final:


Y meter en la nevera durante tres o cuatro horas. Y ya está, facilito ¿eh?. Para desmoldar, hice lo que dice Viena en su blog: metí el molde en agua caliente. Se desmolda solito. Y helo aquí, con un trozo ya cortado:




Y el trozo en cuestión:




 Bien, lo que he aprendido es que no estoy muy seguro que la canela haya sido una buena idea y que hay que controlar la gelatina, porque salió un poco dura de más, en vez de temblona, como hubiera debido ser. En todo caso estaba buenísima.

PS: Por si os interesa, me pasa Viena un enlace en el cual os podéis descargar el libro en .pdf. Pinchad aquí.


Venga, besotes a todos

mardi 8 juillet 2014

El cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell


Queridos, apreciados y simpáticos lectores (estoy seguro que sois todos bien simpáticos; no me imagino a alguien desagradable y antipático leyendo estas tontunas), digo e insisto, queridos y simpáticos lectores: He estado un par de semanas en Madrid pintando mi apartamento. Quiero decir, que vinieron los pintores y le pegaron una buena mano de pintura -que falta le hacía- , no que vuestro aburrido bloguero sacara sus acuarelas y se pusiera a a representar en un papel cada uno de sus rincones. Naturalmente, ello fue acompañado de una enorme actividad de mover muebles, cubrirlos con plásticos, etc, y... vaciar las estanterías de libros. Y ahí quería yo llegar, amigotes. En un rincón olvidado apareció esta joyita:



El libro lo había comprado en Veracruz en 1987, cuando yo vivía allá y, por quien sabe qué rayos, nunca lo leí, así es que, decidido a reparar ese error histórico-literario, me senté en uno de los sillones recubiertos de plástico, y me puse a ello. Me sacudió un torrente de electricidad extática cuando me metí con él e iban avanzando las páginas, casi despegadas y algo mugrientas. Me fascinaron los personajes, Justine, Melissa, Balthazar, Nessim... me metí en su mundo mientras iba cayendo una cervezota tras otra. ¡Qué novela, colegas! Además, la traducción me pareció muy buena aunque, como era norma en aquellos años, no figuraba el nombre del traductor.

A mí, además, la Alejandría de Durrell, me despertaba ecos veracruzanos. No solo porque la novela la compré allí, sino porque, salvadas las distancias y la época, un servidor encontraba semejanzas, ¿qué queréis?. Cuando el narrador habla de la Corniche de Alejandría, servidor recordaba el malecón de Veracruz:




El malecón de Veracruz en 1988

Cuando Balthazar dice que todas las alejandrinas son un poco Justine, yo pensé que eso me sonaba también a Veracruz. Pero, en fin, eso es circunstancial y no os voy a contar mi vida, qué rayos. 

Vuestro amado bloguero pasó por Alejandría bastantes años ha. Yo era estudiante y el gobierno egipcio de la época nos había organizado una excursión colectiva a El Cairo. Desembarcamos en Alejandría, pero pasé sin romperla ni mancharla. Nos metieron en un autobús, y hale, al Cairo, a un hotel que nos habían reservado donde era difícil saber si había más cucarachas que policías secretos. Claro que, a los veinte años es hasta divertido pasarse la noche de cacerías cucarachiles. Sin embargo no se nos ocurrió darles zapatazos a los bigotudos que nos espiaban detrás de un periódico desplegado. Sabia decisión, proclamo.

Pero bueno, a lo que voy. Me fascinó la novela. La devoré. Después me he enterado que George Cukor había hecho una película, pero, por supuesto, me niego a verla. Lo único que me pareció interesante es que el papel de Justine lo interpretó Anouk Aimée. Vale, por lo menos en esta foto se parece algo a Justine:




De todas formas, todas las críticas que he leído ponen el film a bajar de un pollino.

Lleno de agudeza intelectual deduje que si "el cuarteto de Alejandría" se llama así es porque debe haber tres libros más, además de Justine. Perspicaz que es vuestro bloguero (pese a lo que digan algunos). Así es que me encaminé a "la casa del libro" de la calle Goya y se los pedí. Desconcierto, crisis, hasta que  alguien, mirando en el ordenata me dijo que "el cuarteto" estaba clasificado entre los libros de historia. Sagaz pájaro el que lo había clasificado ahí, pero, en fin, los compré.

Y no me arrepiento. Me he sumergido en los cuatro libros en cuerpo y espíritu. No sé cómo había podido perderme hasta ahora una de las mejores obras del siglo XX. De verdad. Lo fascinante es que los tres primeros libros, Justine, Balthazar y Mountolive pasan en el mismo periodo de tiempo, solo que cada uno te cuenta la historia desde un punto de vista diferente. Te llevas algunos choques mentales serios cuando te tira Lawrence por tierra todo lo que habías creído entender en el libro precedente. Pursewarden, uno de los dos "alter ego" del narrador, lo explica: "... si quisieras... podrías ensayar un juego con cuatro cartas en forma de novela; atravesando cuatro historias con un eje común..."

De los cuatro libros, tres están relatados en primera persona, mientras que el tercero, Mountolive está escrito en forma canónica, con un narrador omnisciente (que todo lo sabe, rayos, dejadme a mí tambien de vez en cuando usar palabros culteranos). Es el único volumen que podría justificar clasificar el cuarteto entre los libros de historia. Interesante, cómo cuenta que el gobierno inglés de la época favoreció a los musulmanes frente a los cristianos coptos.
Hay un par de momentos en este libro que son fascinantes: Cuando Mountolive vuelve a ver a su ex-amante Leila, tras muchos años de separación y la desilusión y rechazo que le causa ver que se había vuelto una anciana, y la muerte de Naruz. Pero, en fin, no os voy contar mas spoilers.

Dije al principio que la traducción de Justine me pareció buenísima. Al comprar los libros modernos he comprendido por qué. La traductora es Aurora Bernárdez, la primera mujer de Julio Cortázar. También es la traductora de Balthazar. La traducción de "Mountolive", puede pasar; sin embargo, la traducción de "Clea" me ha dejado perplejo en varios pasajes. Es de Matilde Horne, a la que parece que le dieron un premio por ella. Pues vaya. Al primer tapón zurrapa: traduce "aeons" por "iones": jobar, un aeon es una era geológica y un ion es un átomo cargado de electricidad. Nada que ver. Así, ya puestos, me fuí a la librería inglesa y me compré el cuarteto en inglés:



Como véis, Oh amigotes, mi elenco no puede ser más completo:



En fin, ya sé que es ser un tiquis miquis ir verificando las traducciones que uno no entiende, pero un servidor es así de pejiguero, como cuando en "Clea", la traductora dice que estaba un hombre "espumando piedras". Rayos, ¿eso me suena a sopa de piedras? ¿en una cacerola? ¿en una sartén? Hala, vuestro bloguero se va al original y encuentra "skimming flat stones". Y eso, oh amiguetes, en español se dice: rebotando piedras en el agua:



Pero bueno, hay peores cosas en la vida. Para animaros, ahí va un listado de traducciones chuscas. Podéis verlo pinchando aquí.

Y ya puestos a hablar de traducciones, he aquí las traducciones al inglés que ví  en una taberna de Madrid:



Los vegetales con mermelada no están mal, pero lo de los pernos (studs) con mayonesa, tampoco es moco de pavo.

Y ya para cerrar esta entrada, no me va a quedar más remedio que hablar de comida, cuchipandas y regocijos, qué diablos. Fuí para celebrar que mi apartamento ya estaba pintado a un restaurante que se ha puesto de moda tras un programa de esos de "pesadilla en la cocina", que yo no veo en Bruselas, pero de los que, mientras estuve en Madrrit, me chapé varios. Se trata de Sagar, en el barrio de la Guindalera:




Magnífico restaurante indostani (parece que no se puede decir ni "indio" ni "hindú", porque o se enfadan mis amigos de América Latina o los de La India).

Muy agradable y bien decorado, aunque bastante pequeño. Nosotros íbamos seis y nos hicieron un hueco un sábado por la tarde, aunque estaba todo reservado.



La dueña, encantadora, para animarnos a que fuéramos rápido porque necesitaba la mesa, nos hizo un precio especial por el menú. 25 euros/persona en vez de 35. Con entradas de pakoras, samosas, etc:



Pollo tandoori y otras viandas como plato fuerte:


En resumidas cuentas, salimos muy contentos. E incluso alguno de los comensales, como éste, que es de los que están siempre robando cámara, se hizo una foto con la dueña:



Bueno, amigotes, que ya estuvo suave, os dejo descansar de mis tontunas. Besotes a todos

mercredi 18 juin 2014

La costa belga: Koksijde, Nieuwpoort, La Panne y un rodaballo al horno




Esta es la historia, queridos amigos, lectores, observadores imparciales y otras buenas gentes (o malas, que yo no soy nadie para criticar vuestras maldades) de un fin de semana en la costa belga y del subsiguiente rodaballo que vuestro bloguero bien amado cocinó en su casita tras la visita (toma ya pareado).

Bueno, me diréis ¿Y cual es la costa belga?. Anticipándome a esta pertinente pregunta, os he traido un mapa de Bélgica, en el cual se ve que hay una franja de Bélgica bañada por las olas del Mar del Norte, desde Knokke-Heist hasta La Panne, ya en la frontera con Francia. (no se me pongáis tiquis miquis porque al colorear el mapa de Google se me ha ido la mano y me he pasado un poco hacia Eindhoven y hacia Aachen. No son reclamaciones territoriales, es el pulso de Sorokin que está más bien temblón). Lo que cuenta para esta historia es la franja de costa.



Toda la línea costera está dentro de la región flamenca, pero, en general, los flamencos de la costa son muy amables y no tienen ningún problema en hablar francés con los visitantes, a diferencia de la gente de Amberes, pertenecientes mayormente de los que llamaba Brel "flamingants", o sea, radicales flamencos. (San Tadeo me libre de criticar a nadie. Yo soy de Albacete. Es, simplemente una constatación)

Hay un tranvía que recorre toda la costa:



Mi excursión se limitó a la zona occidental de la costa, entre Nieuwpoort y La Panne. Como podeis ver, amigos, La Panne está ya casi en Francia y muy cerquita de Dunquerque, o sea, que en 1940 estaba dentro de la bolsa que defendieron los British ante el avance alemán:




Pero, vaya, eso son historietas del pasado. Un servidor, cogió (agarró, amiguetes de América latina) un tren para ir de Bruselas a Koksijde. Dos horitas de tren, y ahí estás. Lo duro es ver que la estación de tren, es una de las más desoladas y solitarias en las que yo he estado:





Por una de esas suertes que a veces pasan, apareció como un fantasma un autobús (y digo suerte porque solo pasa uno cada hora) que nos llevó al centro de Koksijde. Un centro de lo más estándar en las ciudades de la costa. Apartamentos, tiendas, edificios modernos:



La playa, tambien de lo más estándar en la costa belga: arena, casetas y violentas mareas.:




En la ciudad, algunos detalles interesantes, como este fresco, que hace pensar en Magritte, en una pared:


En lo que llaman por aquí "la digue", que es el paseo que está bordeando la playa, lo que podéis hacer si váis por allí a la hora de la merendola-cena, o antes, qué diablos, es ir a "Le Malouin", un bar que tiene unas magníficas fuentes de mariscos que te cocinas tú mismito, con tus manitas, a la piedra, mientras te empujas una Tripel Karmeliet (o dos, como fue mi caso, que no puedo mentir, que me lo dijeron cuando era pequeño):


Además, como la costa da al puritito Oeste, puedes observar cómo el sol se oculta a nuestros pecadores ojos, mientras trasgos, mastines del infinito, dragones mágicos aparecen en el cielo:




Y nada más por el primer día. Encontramos un hotel en la calle principal que no está mal y no es excesivamente caro:


El día siguiente, el plan era ir a Nieuwpoort. Para ello, no te queda otra que subirte al tranvía de la costa en dirección Knokke, o sea, hacia el noreste, Por cinco euritos tenéis un pase para todo el día:




Nieuwpoort es el gran puerto de la zona. Puerto deportivo y de pesca:


Está en la desembocadura del río Ysère, que forma un pequeño estuario, donde abundan los pajarillos, como estos cormoranes que secan sus plumas al sol. Bueno, lo de sol ese día era una licencia poética, porque solo apareció unos cortos ratitos, pero aquí los pajarillos estos, ponen sus plumas a secar, tanto les da.



Como puerto pesquero -el más importante de Bélgica- tiene un montón de pescaderías en las que, lógico, vuestro bloguero se zambulló buscando algo interesante:



Decidí que los rodaballos (el "turbot" de la foto) eran, si no baratos, sí originarios de la zona, porque, manda narices, tenían hasta perca del Nilo, horrible bicho que me produce escalofríos solo de verlo. Pues sí, me compré un  rodaballo y una almejas. Y tate, tate, folloncicos, que me lo cociné al llegar a Bruselas:




Y ¿cómo?, me diréis. Pues ahí voy.

Corté en rodajas unas escaloñas (me he enterado que se llaman así las échalottes) y las puse a pochar en mantequilla. ¿Y por qué mantequilla, oh traidor, y no aceite de oliva? Pues porque es una receta que me dió un pescatero de Honfleur hace unos años y he querido probarla:




En otra sartén, puse almejas, con un fondo de agua y un ramito de hierbas aromáticas:



Añadí un vasito de vino blanco. En mi caso, lo que tenía en la nevera, un Chardonnay de Borgoña:




Y bien, cuidado, mis cuates, no os vaciéis la botella mientras se abren las almejas, que, a lo mejor la vais a necesitar luego para acompañar el manjar. 

Una vez abiertas la almejas, las vais separando. El líquido que han soltado, lo añadís a la sartén ("el" sartén dirían mis amigos mexicanos) de la escaloña y dejáis que cueza un poco.




Tras eso, se añade a nuestro paciente rodaballo, que ha estado esperando el momento sin enfadarse (los rodaballos son buena gente);


Y ¡al horno!, veinticinco minutos a 180º. En ese momento, se le añaden la almejas y se le deja un par de minutos más, que si no se resecan, las tías:





Y nada, a emplatar y comer con lo que quede del Borgoña blanco:




Vale, para despedirme, os voy a dejar con Jacques Brel:



Mon Père disait (Jacques Brel)


Donde así describe la costa belga:


...C'est le vent du nord
Qu'a raboté la terre
Autour des tours
Des tours de Bruges
Et qui fait qu'nos filles
Ont l'regard tranquille
Des vieilles villes
Des vieilles villes
Qui fait qu'nos belles
Ont le cheveu fragile
De nos dentelles
De nos dentelles.
Mon père disait
C'est le vent du nord
Qu'a fait craquer la terre
Entre Zeebruges
Entre Zeebruges, petit
C'est le vent du Nord
Qu'a fait craquer la terre
Entre Zeebruges et l'Angleterre
Et Londres n'est plus
Comme avant le déluge
Le point de Bruges
Narguant la mer
Londres n'est plus
Que le faubourg de Bruges
Perdu en mer...


Besotes, amiguetes, que os salga bien el rodaballo