dimanche 23 novembre 2014

De Segovia a Cádiz. Capítulo 1: Segovia, la costa del cochinillo


Vuestro bloguero favorito, el gran Sorokin, se ha tomado un par de semanas de asueto en la península ibérica, en concreto en España. Lleno de alegría y energía y con absoluto desprecio del peligro de encontrarse algún corrupto por el camino, un servidor se decidió a ir primero a Segovia y luego a Cádiz. Ya sé lo que me vais a decir, que podía haber elegido dos sitios un poco más cercanos entre ellos, pero, ¡diablos!, uno que ha visitado medio mundo y atravesado océanos, no se va a amilanar por una cosita así, 500 Km más o menos, así es que, la decisión estaba tomada. Eso sí, como no quiero daros la brasa en exceso, voy a dividir el artículo en dos capítulos. Uno para Segovia y otro para el resto. De nada, colegas. Ya sé que apreciais este esfuerzo.

Pues a lo que voy, que empecé por Segovia, más que nada para enseñarle a mi acompañante como nos devoramos a pequeños animalillos, como este que se ve en la foto: (bueno, y de paso ver el acueducto y esas cosas)




Tal vez algunos de mis lectores se estremezcan al ver tan tierna criatura dispuesta a ser consumida. Ya lo sé, ya lo sé. Pero tengan sus mercedes en cuenta que ello es una larga tradición, y no se hace para divertirse como lo de alancear toros y otros simpáticos deportes españoles. No. Se hace para comer. Además, Segovia entera es un homenaje a los cerdos (como se decía antes: perdón por la forma de señalar). Se pueden ver en las calles:



Y en las veletas a la luz de la luna:



Aunque hay otras gentes que prefieren dejarlos crecer y consumirlos como jamón ibérico. La verdad es que yo soy más de esta segunda clase de gente:



Pero, en fin, como la tradición es la tradición, el primar día fuimos a Casa Duque, asador de toda la vida y del que yo conservaba recuerdos de mis tiempos mozos, cuando íbamos desde Madrid, nos empujábamos un cochino con bien de vino y luego volvíamos ese mismo día. (No hace falta que lo sepa la Guardia Civil, además, el delito ya ha caducado).



Duque sigue siendo muy aparente, y sus cochinillos quedan muy bien tostaditos:



Mucho espectáculo y mucha parafernalia, con el rito de partir el cochinillo con un plato y esas cosas:





Pero, un servidor piensa que ha comido mejores cochinos. Además, si te inflas de cerdito, puedes acabar como este personaje, que casi se está transformando en antropófago. Sobre todo si lo comes la noche de difuntos:


Total, que la segunda noche cambiamos de tercio y decidimos hacerle caso a TripAdvisor que recomienda el Mesón "José María" como el mejor de Segovia. Dicho y hecho:



Además, ya cansados de cerditos nos decidimos a atacar un cuarto de corderito asado:



Qué maravilla, colegas, buenísimo. Y eso que la costa del cordero queda un poco a trasmano, en Sepúlveda y Riaza, pero nada. Este estaba delicioso. Y el vino de la casa es algo espectacular:



No os inquietéis, que vuestro bloguero estaba en un hotel, al ladito del restaurante, el "Infanta Isabel", que os recomiendo, si caéis por Segovia. No cogí el coche (agarré, vaya, mis amigos del otro lado del charco) en los dos días. En el hotel se lo llevan, te lo guardan, y te lo devualven el día que te vas.

Y una vez cumplido el rito del cochinillo y del cordero, podéis dedicar el día a pasear por Segovia. Sobre todo si hace solete, como fue el caso. Ver la catedral desde el Alcázar y hacerle una foto. (No digo ver la Catedral, porque la mera visita cuesta dinero, no sé adonde vamos a llegar):




Y, desde luego, una visita a alguna confitería, como esta, que estaba al lado del hotel, y probar el ponche segoviano. De verdad, inolvidable.





Bueno, me detengo aquí. El próximo día seguiré con el capítulo 2. "La costa de Cádiz". Besotes a todos y -especialmente- a todas

lundi 20 octobre 2014

Tournai, ciudad fronteriza



Pues sí, queridos amigos, Tournai, una de las ciudades más antiguas de Bélgica es, y ha sido siempre, una ciudad de frontera. Está a veinte kilómetros de Lille, en Francia. Pero no solo eso, ¡Oh amigotes!, en tiempos históricos fué frontera entre Francia y España. Sí, no me pongáis esa cara de incrédulos. Cuando, lo que entonces se llamaba Flandes, pertenecía a la corona española -cuyo rey, como todos sabéis, Carlos V, era más bien flamenco que otra cosa- Tournai cambió de manos varias veces. Una veces era francesa y a ratos, española. Todo eso, por supuesto, con bastantes batallas de por medio. Hoy en día, somos todos europeos, como todo el mundo sabe, aunque unos sean de Albacete y otros de Karlovy-Vary. Pero en fin, dentro de eso y de toda su "belgitud", Tournai es bastante francesa. De hecho forma parte de la región trasfronteriza de Lille.

Y si queréis saber una cosa, vale la pena una visita. Quizá no tenga la reputación internacional de Brujas o de Gante, pero la ciudad tiene mucho ambiente, es bella y su gente es encantadora. En serio.
La "Grand Place" no es tan impresionante como la de Bruselas o la de Brujas, pero conserva todo su ambiente, bajo la mirada brillante de Christine de Lalaing, la moza esa de la estatua. Una especie de Juana de Arco, pero diferente. De hecho, defendió Tournai contra las tropas españolas de Alejandro Farnesio, y perdió. Pero ahí viene la diferencia, Farnesio la dejó libre (y a todos los turnesianos), sin quemarla ni nada, como hicieron los ingleses con la Juana. Oiga, los españoles somos así, podemos torturar toros, ejecutar pobres perros por si tienen Ebola, pero no quemamos doñas así como así. Vamos, por lo menos, no todos los días.




Un servidor de todos vosotros-ustedes, ha pasado el último fin de semana en Tournai. Por suerte, hizo un tiempo extraordinario. Lamentablemente, la catedral que es uno de los atractivos principales de la ciudad, está en obras. Los turnesianos suelen decir que Tournai tiene "quatre clochers et quatrecents cloches" ("cuatro campanarios y cuatrocientas campanas") chascarrillo intraducible, porque se pronuncia igual que "quatre sans cloches", es decir: "cuatro sin campanas". Pero, ea, por el momento, dos de los cuatro tienen unos grandes preservativos:





Para que os hagáis una idea de como es la catedral sin esas grandes capotas de plástico, he aquí como la reproducen en un sello belga de 1971:



La gracia es que, aparte de los cuatro campanarios románicos tiene todo un ábside gótico, posterior, que por el momento no es visitable.

Si os paseais por el exterior de la catedral, podeis encontraros a Roger Van de Weyden, tratando de dibujar una virgen con el niño, que graciosamente se han prestado a posar:



Otro de los atractivos turísticos es el llamado "Pont des trous" (puente de los agujeros), sobre el Escalda, el río que atraviesa la ciudad, y que debería datar del siglo XIII:



Pero al que, con singular perfección, la Luftwaffe, le añadió un agujero suplementario en 1940:



(la foto no es mía, como podeis imaginar, que yo no andaba por allí, ni en el tiempo ni en el espacio, alabado sea el señor)

Pero en fin, si continuais la visita y recorreis las murallas por el exterior, podeis ver este  singular árbol gimnasta:


Un servidor de todos ustedes, vuestro bloguero Sorokin, reservó habitación (varias habitaciones, porque éramos siete) en el hotel Alcántara, al ladito de la Grand Place. Muy recomendable y con una gente amabilísima:




Con buenas vistas nocturnas, como la de esta torre vecina, con un reloj que, afortunadamente, se estuvo callado toda la noche.


Si, Oh amiguetes, sois amantes de las meriendas, pasteles y similares, la confitería Vienne, en la rue Royale, aparte de ser muy aparente, hace unos pasteles deliciosos:


Su especialidad son los -así llamados- "senateurs":


Están buenísimos. No diré que ligeritos, pero espectaculares. Además, os diré que el hojaldre, en contra de la costumbre de la región, no está hecho con mantequilla, sino, según mi percepción, con manteca de cerdo. Algo dejaron pues los tercios de Flandes en la zona.

Para cenar, puedo darme el gusto de recomendaros "Au boeuf qui rit", en la Grand Place:



Sus entrecots son espectaculares. Ya sé, que me váis a decir que no llevan mucha guarnición, pero es igual. Están buenos y te ponen una patata asada al lado.



Como veis, cuidan bien a las vacas:



Y para bajar la cena, otro paseíto por la Grand Place, con el beffroi iluminado:



Y nada más por el momento, amigos, que me voy a cenar, En mi casa, eso sí, que no hay que abusar.

Besotes

mardi 30 septembre 2014

Los filetes de ternera a la cubana de Leonardo Padura


Como ya os conté en otra ocasión, queridos amigos que me leéis (si no fuérais amigos, de qué ibais a aguantar esta brasa con la que os castigo de vez en cuando), leí un libro de Leonardo Padura que me gustó: "Herejes", podéis pinchar aquí. Vamos, no es que os llame herejes y si lo sois, me parece de perlas, es que el libro se llama así. Así es que, en un paseo por la FNAC de Bruselas, en la sección literatura hispánica, me encontré éste: "Paisaje de Otoño". El libro es anterior a "Herejes" y es uno de los primeros de las aventuras del detective Mario Conde (curioso nombre, voto a bríos) y tiene ya delineados los temas que vendrán después: cuadros robados, aventuras en la Habana, algún excurso histórico, etc etc. O sea, que me gustó.
Pero lo más interesante desde el punto de vista de vuestro bloguero servidor, que aparte de la literatura, le gusta comer bien, qué rayos, es una receta que pone al final del libro de filetes de ternera, llamémosles "a la cubana". Y claro, no pude resistirme y los he hecho. Vamos, los he oficiado, como diría el gran Apicius.

Los sucesos que narra el libro tienen lugar hacia 1989 en la Habana. Justamente, vuestro querido bloguero estuvo por ahí en esas fechas, o sea que me consta que los filetes de Padura son un auténtico festín para como estaban las cosas por allá. Os cuento (y si no os gusta, os aguantáis): Un servidor llegó a La Habana para pasar una semana de vacaciones. Fuí desde México, porque vivía ahí. No tengo casi fotos, porque el carrete que llevaba (¡Ah, las cámaras argénticas!, como dicen los franceses) se me acabó. Fuí a comprar otro a una de las tiendas para turistas y me vendieron uno de la marca "Orwo", hecho en Alemania Oriental. De vuelta a México no encontré nadie capaz de revelarlo. Debía ser un procedimiento secreto. Así es que, esto es lo que hay, las fotos del primer día:



Afortunadamente, llegué a fotografiar la famosa "Bodeguita del Medio":



En la Bodeguita conocí a dos lindas flores habaneras (digo flores, porque una se llamaba Rosa y la otra Violeta) que me invitaron a cenar en su casa. Compré una botella de vino albanés en un puesto callejero y para allá que fuimos. Conocí a todo el edificio porque todos pasaron a visitar al compañero español. Me dieron arroz con pollo y ¡horror! de vuelta a México, me dijeron mis amigos mexicanos que, posiblemente me había comido el pollo que tenían para toda de toda la semana. No sé si será verdad y nunca lo pude descubrir, porque al volver al hotel me dijeron que tenía que irme de Cuba al día siguiente. Problema de billetes, dijeron. Pues... quién sabe. Será verdad.

En fin, que, sin duda, el platillo que cuenta Leonardo Padura que le hicieron (oficiaron, perdón) a Mario Conde en su cumpleaños es un festín, visto lo visto.

La madre de un amigo le prepara unos filetes de ternera: ¿Cómo? Pues los alisa:




Les pone unas lonchas de beicon encima:




Añade unas lonchas de queso Gruyère y los salpimenta con hierbas de todo tipo. Un servidor les puso orégano y tomillo:


Los dobla, y los cose con un palillo de dientes para que no se vacíe el relleno:



Acto seguido, hay que dejarlos reposar para que se empapen del aroma de las hierbas. Mi consejo, llegado este punto, es que no os quedéis como pasmarotes mirando los filetes, que se te puede cansar la vista, e incluso los piececillos, así, mejor es repasar la receta de Padura con una copa de Laurent Perrier en la mano, que ya sé que no es cubano, pero es igual, es una licencia poética:




Bien. ¿Ya vale? Pues podéis volver a la cocina. En una sartén ponéis mitad de mantequilla y mitad de aceite de oliva. Calentáis y metéis los filetes:




Vale, os ahorro el resto del procedimento porque no tiene mayor secreto. Una vez hechos, se meten en una fuente (Padura dice que se ponen al horno, un servidor cree que no es necesario) y se hace una salsa con la grasa de la fritura, limón y nata. Se añade a los filetes. Yo, para darle un aspecto más cubano freí unas rebanadas de plátano:



Y... voilà. El ron de la foto es para adornar y como homenaje a Cuba. Yo me los comí con un "Pago del oro", tinto de Toro de 2011 que estaba como para tener un orgasmo de gusto.


Besotes a todos

mercredi 20 août 2014

A vueltas con la familia Durrell: Gerald y otros animales. Para acabar, un postre de cerezas al estilo de Viena



Mis queridos y pacientes lectores, ya sé que el mes de Agosto no es un buen mes para continuar dándoos la brasa con la familia Durrell, que es más bien un mes para relajarse a la sombrita con una buena cervezota. En fin, quiero decir, los que andáis disfrutando (o sufriendo) los climas del sur, porque por aquí, por Bélgica, lo que mola más bien es una taza de chocolate bien caliente, pero, vaya,  para desanimar a vuestro bloguero amado, hace falta más caña que un poco de lluvia (a torrentes) y 12 graditos al sol. Así es que, ahí le voy con la familia Durrell. 

En mi entrada del mes pasado os conté mis sensaciones tras leer "El cuarteto de Alejandría" de Lawrence Durrell. Alguien me dijo, acto seguido que no iba a entender nada si no me leía el libro de su hermano Gerald (Gerry) "Mi familia y otros animales". Y vale, lo tuve que encargar, porque ni en Waterstone's les quedaba un ejemplar. Y valió la pena. Es un libro para partirse de risa contando las aventuras de toda la famila, que se fué a vivir a Corfú en 1935. No tengo claro si en Kalami o en Kontokali, pero tanto da:





Un servidor de ustedes vosotros estuvo en Corfú hace ya bastantes años, en concreto en Kontokali. Iba con mi primera pareja seria a pasar unas vacaciones maravillosas (aunque, tal vez ella las recuerde como un peñazo insoportable). Una mujer bella, encantadora y amable, pero que le montó una al Maître del hotel que no se me olvidará. Llegamos a cenar a las 21h31, cuando el límite eran las nueve y media. El Maître, en un plan totalmente griego, nos lanzó de mala gana el mantel sobre la mesa. Mi chica, toda tierna y sonriente, se levantó y le dijo: "- Parlez vous français?", -"Oui Madame", dijo él, desprevenido, y... acto seguido le cayó encima una de las broncas más espectaculares que yo he visto en directo. El hombre solo acertaba a decir "Brava, Madame, brava Madame". Y servidor, que como todos sabéis, es un tímido de campeonato, sentado en la silla, con la boca colgando. ¡Qué mujer! en fin, fué hermoso mientras duró.

Pero a lo que voy, que me enrollo con temas que no hacen al caso, voy al tema Durrell. Me escribieron en un comentario en mi entrada sobre "El cuarteto" que era difícil tomarse a Lawrence (Larry) en serio después de leer el libro de Gerry. Cierto es que en "mi familia, etc", Larry siempre hace un papel del típico pedante que se considera un artista y que abruma a su familia con sus cosas. Pero, leyendo la reseña de la Wikipedia sobre Gerry, se entera uno que fué Larry quien ayudó a su hermano chico a escribir el libro, o sea que las situaciones tan chuscas que cuenta el pequeño y que te hacen soltar la carcajada en voz alta, vienen inspiradas por su propio hermano.

Como veis ¡Oh amigos! en estas fotos que he sacado de Internet, Gerry era un chico simpaticote y amante de los animales:




Gerald Durrell en Corfú

Leyendo el artículo en la Wiki, se entera uno que lo que cuenta el libro, además, es verdad solo parcialmente, porque se supone que la familia (incluída una de esas madres británicas, estoicas, que todos adoraríamos) vivía junta y que Larry estaba soltero y sin pareja. Pues no; parece que en realidad, él ya estaba casado con su primera mujer, quen tambien estaba en Corfú:



Lawrence Durrell y su primera mujer en Corfú

En cualquier caso, amigos, si no lo habéis leído, id rápidamente a comprar el libro de Gerry (de Gerry/Larry diría yo), porque te puedes descomponer de risa.

Gerry, continuó despues su carrera de amante de los animales y conservacionista del entorno. Publicó varios libros sobre sus viajes para capturar animales vivos, como estos:




Bueno, son interesantes, y su actividad es muy noble, sobre todo salvando especies en peligro de desaparecer, pero les falta la chispa de gracia que tiene el libro de Corfú. Por eso, estoy seguro que mucha de la responsabilidad fué de Lawrence. Por cierto, en "Atrápame ese mono", en el capítulo 9, hace una pintura no muy halagüeña de Veracruz y sus funcionarios. Pero bueno, ese es otro tema.

Y ahora, oh amigotes, os voy a hablar de mi postre de cerezas, que lo prometido es deuda, qué leñe. Es un postre al estilo de Viena, pero no de Viena en Austria, sino de mi amiga Viena del blog "Sabores de Viena". He intentado seguir sus instrucciones al pié de la letra. Para empezar, hacen falta cerezas:




Lo cual no es difícil, porque este año son impresionantes. Parecen ciruelas de los gordas que son. Lo primero es quitarles el hueso, lo que para vuestro bloguero no fue fácil. A dedito limpio, me quedaron las manos tan rojas, que si en ese momento entra un poli en la casa, me lleva directamente a la trena: parecía que había asesinado a alguien.

Para continuar, nata, azúcar glas y gelatina:



Puse a calentar la nata y le añadí un poquito de canela (eso se me ocurrió a mí): Es que yo soy un caneloso:



Añadí el azúcar glas mientras se calentaba la nata:



Cuando ya estaba caliente (sin hervir), le añadí la gelatina que había, previamente, disuelto en leche (era gelatina en polvo)



Con ello, Oh amigos, llené una primera capa en un molde:




Y la metí a la nevera como cosa de una hora, hasta que se endureció: Puse una capa de cerezas:




Y le añadí otra capa de nata:



A la nevera otra vez. En la receta de Viena se ponen varias capas, pero a estas alturas, a un servidor se le había acabado la nata, así que solo me dió para añadir la capa final:


Y meter en la nevera durante tres o cuatro horas. Y ya está, facilito ¿eh?. Para desmoldar, hice lo que dice Viena en su blog: metí el molde en agua caliente. Se desmolda solito. Y helo aquí, con un trozo ya cortado:




Y el trozo en cuestión:




 Bien, lo que he aprendido es que no estoy muy seguro que la canela haya sido una buena idea y que hay que controlar la gelatina, porque salió un poco dura de más, en vez de temblona, como hubiera debido ser. En todo caso estaba buenísima.

PS: Por si os interesa, me pasa Viena un enlace en el cual os podéis descargar el libro en .pdf. Pinchad aquí.


Venga, besotes a todos