Mis queridos lectores, lectoras, lectorcitos gurriatos, gurriatas, como estaba seguro que os reconcomía la ansiedad de leer de nuevo alguna otra sinsorgada de vuestro bloguero del alma (porque del cuerpo, ni modo, que hace mucho calor para aproximar cuerpos en este verano donde, como todos ustedes sabéis, no hay cambio climático, que esos son conspiraciones de los ácratas, antitrumpistas y otros pendejillos que no tienen más interés que tocarnos las pelotas (uy, lo que he dicho, borrad por favor, borrad eso).
Pues eso, que en medio de este calor, vuestro seguro servidor (menda lerenda) ha decidido calmar su aburrimiento vital, retomando alguna de mis lecturas de adolescente, y ¡zas! he caído sobre Julio Verne, toma ya.
Me he revolcado sobre el viaje a la luna de Julio Verne, como una de las que más me gustó a los trece años.

en la Florida, como se ve en la imagen siguiente, Lo curioso es que años después, fue muy cerquita donde se construyó la base de lanzamiento de Cabo Cañaveral
Bueno, la luna sigue en su sitio, y si no os lo creéis ahí está esta foto de un servidor, en la que aunque no esté llena (a veces pasa). Sin ir más lejos, hemos tenido un eclipse de sol el otro día, paro, vamos eso es otro tema. Vale aquí os pongo una foto de don Julio, aunque como era francés, sería Monsieur Jules:
Aunque ya se han hecho muchas bromas con el relato de Julio Verne
, como en este dibujo de la época:
El tema sigue estando de rabiosa actualidad, con las cositas de don Elon Musk y tal, pero, en fin, ya estuvo suave, voy a hablar del libro.
Mil años después de mi lectura de adolescente, me he percatado que Don Julio, empieza, primero con una fina ironía sobre la violencia de la guerra civil gringa. El club de los artilleros se lamenta que la guerra haya terminado y deciden para no parar de hacer cañones, de lanzar un cohete a la luna.
Luego te abruma un poco con los conocimientos de la época sobre astronomía, y te vuelve loco con medidas, cada una de su padre y de su madre, que si millas, pies, pulgadas, toesas, etc. Supongo que a los trece años, me los salté.
deciden enterrar un cañón de unos trescientos metros de largo:
Pero, en fin que tras diversos eventos se deciden a viajar tres pendejos en el proyectil, para hacer un viaje a la luna, de la que todavía no se sabía si tenía atmósfera. Pero vamos que el proyectil tenía todas las comodidades. Paredes acolchadas, cocina etc
Se cargó el cañón con una especie de pólvora y se metió el proyectil dentro. Ahí se pasó Don Julio un montón, porque lo lógico es que la hubieran cascado los pasajeros, pero vamos, que sobreviven
Y, desde luego, van vestidos de paisano y no como los astronautas de hoy en día:
Total que tras diversas espectaculares aventuras, como que se les muera el perro y abran los ventanucos ara tirar el cadñáver al espacio, y que se crucen con un meteorito que les desvía del camino a la luna y que terminen rodeándola, como verían varios años en el futuro los astronautas del Artemis2
En fin, que ven en la cara oculta, fuegos y cosas así. Aver, oara desmentirlo en 1870, cuando solo se vió la cara oculta un siglo después.
En fin, que se van de vuelta a la tierra.
Total, que el proyectil cae en el Oceano Pacífico, con sus tres tripulantes sanos y salvo
Y qué queréis, es solo una novela, pero a mis trece años me gustó cantidad.
Si os animáis pensad en eso, es solo una novela, aunque desvela un poco los conocimientos de 1876, en el año en que fue escrita

Venga, miles de besotes y abrazotess¡












