mercredi 28 octobre 2009

Vladimir Fedorovski



Queridos todos (fórmula de saludo que siempre me ha dejado un poco perplejo, porque ¿quienes son -somos- todos? ¿todo el mundo? ¿incluyendo a Carlos Ruiz Zafón y a Tom Cruise, por ejemplo?), pero en fin, la voy a utilizar por una vez ya que todas las demás las tengo un poco gastadas.

Pues decía, que "queridos todos": como últimamente todos mis posts se terminaban con alguna mención a alimentos, bebidas o similares, he decidido hablar de otra cosa: de libros. Porque, no os creáis, aparte de comer y beber tambien leo (en general, no al mismo tiempo, porque te puedes liar y llevarte un trozo de pescado a la nariz en vez de a la boca, etc.)

Bien, sigo. Curioseando por una librería, me topé de manos a boca con unos libros que me llamaron la atención. Aunque eran de la colección "le Livre de poche" tenían unas bonitas portadas con fotos de temas rusos, y a mi eso, me motiva, así es que, tras hojearlos un poco, me compré dos: los que os he fotocopiado en el encabezamiento. Bueno, queridos todos, pues no he podido despegarme de mis libros desde que empecé el primero, el de San Petersburgo. Hoy acabo de terminar el segundo, el del Kremlin, y mañana me voy a precipitar a la primera librería que encuentre a comprar mas de Fedorovski (cosa que no será difícil, porque leo en la Wiki que ha escrito un montón)

Fedorovski es un testigo directo de la "perestroika": trabajó para Gorbatchov, habiendo sido antes traductor y diplomático. Escribe directamente en francés, o sea que no temáis a los desmanes habituales de los traductores. Vive en París y le han dado algún premio que no recuerdo. Su francés es impecable y sus libros se leen sin sentir (no tengo ni idea de si hay traducciones al castellano). Si bien no despliega una gran profundidad de análisis, ni se mete en elucubraciones sociológicas, sus libros están bien documentados y no da puntada sin hilo.

El de San Petersburgo roza mas la crónica mundana y literaria. Sus personajes, aparte de los zares y sus adláteres, son todos los escritores rusos del XIX. Historias, algunas trágicas, otras divertidas; de Pushkin (murió en un duelo), Dostoievski (se salvó en el último minuto de que lo ejecutaran por conspirador), Mayakovski (se enamoró de una nena de dieciséis años), etc... ¿Sabiais, queridos todos, que Potemkin, aparte de ser un acorazado donde la carne tenía gusanos según Einsenstein, fué el verdadero jefe de Rusia durante el reinado de Catalina la grande y, claro, su amante?, ¿que Alejandro I, el zar que derrotó a Napoleón, había sido testigo mudo -sin protestar- del asesinato de su padre, Pablo I? Y así, un montón de historias.

El del Kremlin es mas político, y llega hasta nuestros días. Fedorovski dice que la tradición rusa de asesinar a diestro y siniestro cuando se está en el poder, fue culpa de los tártaros de la Horda de Oro, que ocuparon Rusia en el S XIII, quienes enseñaron cómo liquidar a todos los que se les oponían. En fin, quién sabe.

Hablando de Stalin dedica varios capítulos al espionaje soviético. Fascinante la historia de los cinco de Cambridge ¿Sabiáis que Stalin era un paranoico que no se creyó todos los informes que le pasaron diciendo que Hitler iba a invadir la URSS? Stalin pensó que era una intoxicación de los británicos.

En fin, que me han interesado un monnnntón. Y para no terminar sin hablar de lo que a todos nos interesa, Fedorovski cuenta que Stalin era un tío frugal, que casi ni comía, pero que, eso sí, bebía un tinto de Georgia que era la monda. No sé si será el mismo, pero en la Duty free de Sheremetievo exhiben unas botellas a 200 euros que pretenden que es el vino de Stalin. Huelga decir que nunca lo he probado.





mercredi 21 octobre 2009

Donde comer Fondue Bourgignone en el centro de Bruselas



Una fondue es algo muy, digamos, "comunitario". Se junta un grupo de amigotes, se sientan alrededor de una mesa (si es redonda mejor), te traen unos cuencos de aceite hirviendo, unos pedazos de carne, unas salsitas y unos pinchos de colores, y hale, a meter cada uno su pincho en el cuenco, mientras van cayendo botella tras botella de vino tinto y el volumen de las conversaciones y carcajadas va aumentando en función del tiempo. En términos matemáticos, L(litros de vino) + V (volumen de las carcajadas)=f(t) (función monótona creciente).

El único engorro suele ser que toda la ropa que llevas puesta para la ocasión tiene que ir derechita a la lavadora al llegar a casa, porque el pestazo que levantas a humazo, aceitorro, etc.. hace que te sigan los perros por la calle pensando que eres una salchicha semoviente. En fin, toda no, no hagáis como yo que una vez metí una parka de tela encerada que me había costado 250 pounds en Londres ("Barbour", que uno no se pone cualquier cosa) en la lavadora, y lo que salió de allí fue un trapo flácido, por supuesto sin huella de la cera que antes lo cubría. Gajes del oficio.

Bueno, pues a lo que iba, que he decubierto un sitio perfecto para empujarse una fondue en plan grupo de amiguetes en pleno centro de Bruselas, a unos doscientos metros del Rond Point Schuman. "Met Jeannine" se llama, está en la Avenue d'Auderghem y funciona hasta tarde por las noches. De hecho, nosotros nos fuimos a la una de la mañana, lo que si para Madrid sería una nadería, para Bruselas es bastante tarde. Tiene una mesa redonda en un altillo ("mezzanine") donde se pueden acomodar diez personas sin problemas, pero conviene reservarla con tiempo. La única pega es que tiene un aire acondicionado que sopla directamente sobre la mesa en cuestión, pero el camarero, muy amable como todo el personal de la casa, lo apagó y encendió a petición nuestra como cinco o seis veces. Cuando llegas a la mesa, tienes frío: apagas el aire; cuando lleva el aceite hirviendo media hora, tienes calor: enciendes el aire. A la media hora, vuelves a tener frío, vuelves a apagar el aire, y así todo el rato. Tiene su gracia, no os creais.

Mientras papeas, ponen en el estéreo una música bastante chula. En un momento de bajada del nivel de la conversación, me di cuenta que estaba sonando una pieza buenísima. Me precipité escalera abajo y le pregunté a la patrona que qué era eso. Así me enteré de la existencia de "Chocolate" Armenteros, del que para mi bochorno y vergüenza, no tenía noticia. Mucho Buena Vista Social Club, mucho Cachao, mucho Bebo Valdés y Tito Puente, pero del Chocolate, ni idea. Es buenísimo, y si no os lo creeis, ahí va este vídeo que me he agenciado mientras tanto:



En resumen, que fue una velada muy agradable.

mardi 13 octobre 2009

Murmansk y los cangrejos gigantes de Khamchatka




Ya sé lo que estáis pensando, listillos, que no tengo ni idea de Geografía y que Murmansk no está en Khamchatka. Tranquilos, que ya lo sé, si os esperáis un poco y no sois impacientes, os desvelaré la relación que hay entre los bichos de Khamchatka y Murmansk.

Estuve en Murmansk en Mayo de 2005. Fui en un Tupolev desde Moscú. Para mi mala pata, la agencia de viajes de Bruselas que me había sacado el billete y a la que siempre le pido asientos de pasillo, consideró que el asiento 7b de un Tupolev está, eso, en el pasillo. Craso y manifiesto error. El asiento estaba entre dos enormes matrushkas, de gruesos brazos y delicado aroma natural (¿hay algo más natural que una axila peluda?). Para mas risa, la bandeja de equipajes del Tupolev es como si fuera un decorado tambaleante, así es que tuve que poner mi maleta bajo mis pies, porque tampoco cabía debajo del asiento de delante. Total, las rodillas encogidas, los brazos estrujados contra el plexo solar, las matrushkas perfumando el aire (oye, es que estábamos en Mayo, hay que entenderlas)... menos mal que hizo buen tiempo y que el avión no se movió demasiado.

Pero bueno, llegué a Murmansk, un poco arrugado, pero llegué. Una ciudad curiosa. Las calles estaban llenas de gente a las dos de la mañana con eso del sol de madianoche, así que el lío es que no sabes cuando tienes que dormir. Además, los hoteles, como en casi toda la ex-Unión Soviética, tienen sólo una cortinilla transparente (eso sí, de ganchillo) para tapar la ventana. Y uno, que es del sur, no acierta a dormir bien con todo el soletón en la cara.

Y a lo que iba: los cangrejos. En los años cincuenta, Stalin decidió que los cangrejos de Khamchatka iban a alimentar a todos sus súbditos y mandó trasladar unos cientos de ejemplares desde el Pacífico hasta el mar de Barents. Al principio, de los cangrejos nunca mas se supo, pero en los años sesenta empezaron a aparecer cangrejos de Khamchatka por todas partes. Nadie ha explicado muy bien por qué durante quince años estuvieron tan tranquilitos y luego hubo esa explosión de cangrejos.




En la actualidad, están bajando por la costa de Noruega y parece que ya están llegando al Mar del Norte. Los pescadores noruegos dicen que oye, que como se comen, tanto da que los bichos se coman a los peces de la zona, pero hay quien piensa que están alterando todo el equilibrio ecológico. En fin, no sé. Puedo decir que los probé y que están razonablemente bien. Acompañados de unos buenos tragos de Russki Standart Vodka están todavía mejor.

Pues venga, amigos, prepárense, que ya pronto llegan a las costas del Cantábrico.




lundi 5 octobre 2009

"Philadelphia Story" de George Cukor


Es un hecho demostrado hasta el aburrimiento que existe una conspiración universal entre todas las cadenas de televisión para impedirnos dormir. Tooodas se empeñan en poner las mejores películas a unas horas inversosímiles. Ayer, por ejemplo, en TCM Bélgica pusieron "Philadelphia Story" de George Cukor a partir de la una de la madrugada. Yo, pánfilo e inocente pichón, la vi empezar y me dije: bueno, la dejo grabando y me voy a dormir. Je, je, pobre infeliz: desde el primer minuto, me quedé como pegado al sofá, con los ojos y las orejillas fijos en la pantalla. Y sin parpadear ni moverme salvo para soltar alguna estridente carcajada de vez en cuando. Me reí, disfruté, se me olvidó la hora, me enamoré de Katherine Hepburn (que ya tiene bemoles la cosa), me partí de risa con James Stewart... Encima, cuando se acabó, a las dos y media y me fui al catre, no podía pegar ojo reviviendo los momentos más geniales del film (casi todos).

En todos los manuales y libros de cine, consta que Cukor es un magnífico director de actrices, pero aquí, con Katherine Hepburn el resultado es sensacional. Pero no sólo eso, todo el reparto está genial. A Jimmy Stewart le dieron un óscar por su actuación. He estado dando vueltas por la web y he leído que hay gente que pensó en su día que no se lo merecía. Echad un ojo a esta escena en la que llega borracho a casa de Cary Grant y ya me diréis:



No importa que los que no entendáis inglés no os cuesquéis (aunque los diálogos están llenos de miga). Fijaos en sus gestos, en su cara y en su forma de hablar. Dice la leyenda que los hipos de Jimmy no estaban en el guión, que fue una morcilla que metió por propia iniciativa, que Cary Grant tuvo que hacer enormes esfuerzos para no partirse de risa y que por eso mueve las manos de forma compulsiva por debajo de la mesa.

En cuanto a la Katherine, está impresionante. Es casi increíble que una mujer que es como una escoba lista a impartir estricta disciplina inglesa (con enormes ojos, eso sí), resulte tierna, atractiva y ¡sexy! y si no, ahí va una de las mejores escenas de la peli para demostrarlo:





El Jimmy no debe ser tan tirillas como parece porque la lleva en brazos con total soltura. Oye, que ya sabemos que eso no es tan fácil: una vez (si hay niños que se vayan a dormir), tras una tórrida escena en un sofá intenté tomar en brazos a la maciza en cuestión, fuí dando traspiés por el pasillo y casi doy con sus huesos (y carnes) en el suelo.

Fijaos en como va moviendo la pierna al ritmo de "Someday over the rainbow" y la cara que pone cuando ve a su ex-marido y a su novio. Genial. Y ¿cómo mueve las manos para decir "good night"?

En fin, que lo pasé genial, que no me di cuenta de la hora, que estoy dispuesto a verla todas las veces que sean necesarias hasta que me la aprenda de memoria. Si podéis, no os la perdáis. De verdad