Venga, que me voy a por mis lentejas. Si habéis leído el libro me encantará que me contéis vuestras impresiones.
Besotes varios
Venga, que me voy a por mis lentejas. Si habéis leído el libro me encantará que me contéis vuestras impresiones.
Besotes varios
Hola, mis queridos amigos y lectores. Hoy, vuestro blog del aburrido va a abandonar el habitual tono jocoso y pretendidamente simpático con el que os comunico mis aventuras, mis lecturas, mis viajes y otras tontunas. La guerra de Ucrania está rompiendo en pedazos mi cansada sesera.
Ya sé que en los últimos veinte treintaitantos años ha habido guerras para llenar páginas y páginas. No se me olvidan, pero esta es diferente para mí. Condeno sin paliativos todas las guerras vengan de donde vengan y sean donde sean. Siempre lo siento, la guerra no es solución de nada, pero en este caso, dos países y dos pueblos que amo, que conozco y que respeto, se están destrozando. Y está muy claro quien es el agresor y quien el agredido, por más que el sátrapa del Kremlin cuente historietas para justificar su invasión. Por eso, quiero hacer constar aquí mi solidaridad con el pueblo ucraniano. La bandera que os he puesto en el encabezamiento está copiada de una portada .de "The Economist", lo digo por si tiene copyright.
Kiev, en la que he estado un montón de veces, en la que he trabajado, hecho amigos, me he paseado por sus calles, me he caído, resbalando por la nieve, he ido al teatro, he comido en sus restaurantes, tomado cerveza en sus bares, está siendo machacada. Como homenaje, os pongo algunas fotos. Por ejemplo, la catedral:
Hola, mis queridos amigos y otras gentes, conductores de autobús, modelos de Ives St Laurent, funcionarios y funcionarias de Correos, atrevidos ciclistas desafiando el tráfico, patinetes suicidas (con o sin casco), y todos los demás que leéis los espectaculares relatos de este, vuestro bloguero favorito. He decidido que voy a empezar el año 2022 realizando una de las tareas que me acosan y me inquietan desde hace años: leer a Proust. Pues sí, ya cuando era estudiante en París me hicieron la pregunta capciosa y maligna: ¿Ya has leído a Proust? servidor que, como todos sabéis le cuesta lo indecible admitir que no sabe de algo, se escapó con una estilosa finta, a la gallega, respondiendo con otra pregunta: ¿Y tú, has leído a Pérez Galdós?
Pero vamos, que esta vez he decidido que va de veras, ayudado por el hecho de que me han regalado el libro que os he puesto en el encabezamiento, y me he puesto a leer a ese icono de la literatura francesa.
El libro en cuestión, es el primero de la serie "En busca del tiempo perdido" e incluye tres novelas. "Combray", "un amor de Swann" y "Los nombres del país". Bueno, pue las he terminado las tres (650 páginas, casi nada). Me ha costado sangre. No es nada fácil de leer, frases largas, larguísimas, acumulación de adjetivos, de nombres, de recuerdos. Por supuesto, lo he leído en francés, y no creo que la traducción al castellano refleje adecuadamente lo que cuenta el amigo Marcel. Para empezar, lo de traducir "Du côté de chez Swann" por "El camino de Swann" tiene delito. En español, parece que Swann es un lugar, y no un personaje, como es el caso. Pero ahí vamos.
El mundo de Proust
En el primer libro, "Combray", el autor cuenta sus recuerdos de infancia: que suba su mamá a darle un beso, que cuando viene Swann, a veces la mami no sube y él se desespera, etc. Archifamoso es el recuerdo de la magdalena, que su tía le da mojada en té y que a él le crea un montón de recuerdos. Por cierto, aveces pienso que la aventura de la magdalena es tan famosa porque mucha gente no ha pasado de la página cien que es cuando lo cuenta.
Por supuesto, servidor, en homenaje a Proust ha desayunado magdalenas varios días (es que compré un paquete de seis
Brujas, un rincón al lado de un canal
Borgoña era tributaria dl Rey de Francia, pero de hecho, durante cien años fue más poderosa y más rica que Francia. Desde Crécy, y el desembarco de los ingleses en el continente, Francia estaba desmembrada. Toda Aquitania y toda Normandía eran inglesas. Si bien en un principio Borgoña combatió junto con el rey francés para machacar las rebeliones de Lieja o de Gante, el hecho es que durante la guerra de lo cien años, Borgoña se alió con Inglaterra.
Un hecho destacado es que Durante el sitio de Orléans, Juana de Arco, que había conducido a las tropas francesas contra los ingleses fue entregada por el Duque de Borgoña a los ingleses, que ya se sabe lo que hicieron con ella, evidentemente, la Iglesia, que se dedicaba a quemar herejes, la quemó (es que oía voces, y eso, ya se sabe, es malo).
Bueno, no voy a hablar más de la afición de la Iglesia a quemar gente. Que se lo digan a Giordano Bruno y otros. Menos mal que Galileo abjuró de su error de que la tierra giraba alrededor del sol. ¡A quién se le ocurre! ¿la tierra gira? si todo el mundo sabe que es plana.
De los Duques de Borgoña, el que más tierras consiguió fue Carlos el Temerario, hijo de Felipe el Bueno. Lo que no conquistaba, lo compraba aunque parece ser que todo se los gastaban en fastos y francachelas. De hecho compró Luxemburgo, que, como podéis ver en el mapa que os he puesto arriba, era el nexo de unión entra el norte y el sur del ducado. Y como nota jocosa, aniquiló Dinant, matando a todos sus habitantes y tirándolos al río. Un cachondo