mardi 9 juin 2020

Loba negra de Juan Gómez-Jurado





Pues bien, queridos amigos, lectores entusiastas, lectores decepcionados, lectores aburridos (como vuestro bloguero), heme aquí de nuevo dispuesto a contaros mis anteúltimas lecturas en este larguísimo confinamiento. Es que, para mí, que las fronteras de mi país de acogida estén cerradas, es un confinamiento. Sí, puedo salir a la calle, ir al súper, pasearme bajo la lluvia (que estos días está cayendo con ganas), pero no puedo ir a otros países en los que estoy en mi casa, o como en mi casa.

Para compensar esto, sigo coleccionando interesantes lecturas y confeccionando recetas culinarias (triste vida ¿eh?). He seguido con la saga de Jon Gutiérrez y Antonia Scott de Juan Gómez-Jurado leyendo su último libro, "Loba negra". Os voy a decir la verdad, no soy capaz de mentiros: me ha gustado más que "Reina Roja" o que, incluso, "Cicatriz". Es cierto, que en este libro el inspector no cocina ninguna tortilla, pero hay unos toques de sentido del humor, e incluso un tenue toque de sexo que me han hecho la lectura mucho más agradable, a pesar de los golpes "gore", que no le faltan.

Además, el cuadro, me es bastante familiar: la Costa del Sol y los rusos. En Estepona, por ejemplo, está construyendo una urbanización, nada menos que un tal Potemkin (sí, sí, como el acorazado de Einsenstein):





En una de las playas mejores y más tranquilas. La playa del Cristo:



Ánimo, si os apetece, los apartamentos están (estaban, antes de la Pandemia) en venta. No os digo lo que piden por el más barato porque os puede dar un pataflús.

Ello no quiere decir, por supuesto, que Gospodín Potemkin tenga nada que ver con la mafia rusa, ¡San Lorenzo me libre!, pero que tiene dinero, es evidente.

Pero bueno, al grano, voy al libro de Gómez-Jurado. Jon y Antonia son enviados, de mala gana, a Marbella, a buscar a una tal Lola. Órdenes de arriba. Mientras tanto, a Lola la tirotean en un centro comercial unos sicarios, y a su marido, Yuri Voronin  lo liquidan en su casa de un escopetazo. (Ojo, que esto no son spoilers, esto pasa al principio del libro). Me encanta la descripción que hace el autor de la casa de Yuri Voronin. En cuanto lo leí, me vino a la memoria la casa de Al Pacino, "Scarface", en el film de Brian de Palma. Una cosa así. Por dentro:



Y por fuera:

(nota: las fotos que no firma el aburrido, están extraídas de Internet)

Aparte Jon y Antonia, el personaje que da nombre al libro es "Loba negra" (Chernaya volchitsa, o en cirílico, Чернaя волчица)

La loba es una asesina despiadada, al servicio de la mafia rusa. A mí me recuerda a Villanelle de "Killing Eve" Los que me conocéis ya sabéis que soy un adicto a las series. La foto, por supuesto, es de Internet:





Loba negra, alquila una moto en Madrid y se lanza hacia Andalucía. En el Despeñaperros se para en un aparcamiento que está al borde de la carretera. El aparcamiento es este. Sí, yo también me he parado ahí:



Desde donde la caída tiene un cierto encanto, como puede verse.:




Entra en el bar que está al lado del aparcamiento, donde dice que había una gran bandera con un águila, como la bandera rusa, aunque solo tiene una cabeza y no dos. Estoy seguro, agudos lectores que sabéis de qué bandera se trata y de qué bar estamos hablando, famoso entre cierta gente nostálgica de otros tiempos. Lo que hace con cinco mozos semi borrachos que la acosan, no está descrito en el libro, pero se imagina.

Otro personaje inolvidable es el perro de los Voronin: "Kot", un pastor caucásico:



La foto, por supuesto es de Internet.

Antonia y Jon piden información a Interpol, a todas las policías europeas y a ¡pásmense, el FSB! sobre todos los personajes rusos que aparecen en el libro. Supongo que sabéis, amigotes, que el FSB es el sucesor del KGB. Su sede sigue siendo la misma del KGB, en la plaza Lubyanka, en Moscú. A mí lo que más me impresiona del edificio (que está al lado de la Plaza Roja) es el último piso, sin ventanas. ¿Qué pasaba ahí?).





El edifico del FSB, en la Lubyanka

En fin, Moscú es más que el FSB. A mí siempre me han tratado bien, las gentes han sido amables y no he tenido problemas. No me digáis que no son marciales los guardias a caballo que vigilan la Manyezhnaya, al lado de la plaza roja:




Al lado de la estatua de Zhukov, el vencedor de Berlín en 1945:


La sombra de Zhukov

Bueno, amigos que me he despistado. Este no era el objeto de este artículo, pero no he podido retenerme. Me mencionas Moscú y me entra una cierta nostalgia, aunque me haya pegado buenas costaladas en invierno gracias a la nieve helada.

Y nada más, el libro de Juan Gómez-Jurado me ha gustado mucho, lo cogí una tarde y solo pude interrumpirme para ir a dormir. Pero con el café matutino, ya estaba otra vez dale que te pego hasta que lo terminé. Me he controlado y no os he contado ningún spoiler. Lo leéis y me decís que os parece.

Entre tanto, este sujeto de la foto, os envía un cordial saludo desde la Plaza Roja:




Grandes besazos

dimanche 24 mai 2020

Crónicas de la cuarentena: Una tortilla de patatas al estilo de Juan Gómez-Jurado



Como todos sabéis, queridos amigotes, llevamos algo así como dos meses (ya he perdido la cuenta) de cuarentena, mientras en la calle, en los supermercados, en los hospitales, ruge el virus de moda. (Como diría mi abuela, Dios nos coja confesados). Cierto es, no os voy a engañar, que en Bélgica se ha llevado con un relajo bastante total, desde el primer día había masas en la calle, familias enteras, niños en bicicleta (nunca pensé que había taaaantos niños con bicicleta), policías mirando sin decir nada, etc. Es que ya lo dijo el alcalde de mi barrio: "la Policía no está para reprimir, etc, etc, la responsabilidad de las personas, etc, etc, la libertad personal, etc, etc". Total unas de las cifras más altas de muertos por millón de habitantes de Europa.

Vuestro bloguero, decidió que verdes las han segado y decidió quedarse en casa, aunque haya hecho un tiempo magnífico, calor, solecito, y esas cosas que hacen la vida más agradable, aunque sea a través de la ventana. Y me dije: Sorokin, vas a leer, que casi no lees últimamente. Aprovecha la cuarentena. Por supuesto, las librerías han estado cerradas, pero, la verdad es que tengo bastante munición atrasada. Por ejemplo, en la librería del salón:




O en el pasillo:


Y para qué decir, arriba, en el ático, en lo que llamo "el palomar", que es donde estoy ahora escribiendo en mi Mac y dispuesto a daros el rollo durante un rato (no mucho, tranquilos, que tengo que cenar)



Como en estos últimos tiempos me he dedicado a leer en francés y en inglés, he decidido que iba a leer en mi lengua materna (y paterna, qué rayos), así es que me he puesto a leer libros que había comprado en mi último viaje a España y que parece que están de moda. Carmen Mola, Eva Sainz, Dolores Redondo y Juan Gómez-Jurado. El problema es que son todos libros muy gordos y que ocupan un montón, y a mí, además, no me gusta leer en una pantallita. Es superior a mis fuerzas.

Y, mira tú por donde, en "Reina Roja" de Juan Gómez-Jurado, he leído que el inspector Gutiérrez, vasco de pro, le hace una tortilla de patatas a la chica. ¡Tate!, me dije, pues la vas a copiar.

Y ahí que me puse a la labor. Para la tortilla de patatas de Gómez, hacen falta ¡sorpresa, sorpresa! patatas, huevos y una cebolla. En el libro hablan de una malla de patatas, pues no, oiga, a mí, con dos patatas grandes me basta;



El inspector pela las patatas y las corta en rodajas finas, pica la cebolla y las pone a cocer a fuego muy suave por separado (ahí entra en conflicto con mi criterio, heredado de mi señora madre de cocer ambas al mismo tiempo, pero vamos, lo que estoy haciendo es una tortilla que no es la mía)




Tiene cociendo las patatas a fuego muy suave, insisto, como veinte minutos, hasta que están blanditas y se han, incluso, desmigado:




Cuando ya están, las saca y las drena para quitarles el aceite. Deja que se enfríen:




¡Y ahí viene la brutal diferencia con mis tortillas! las vuelve a freír en aceite hirviendo, rápido, rápido:



Las saca y las drena otra vez. Espera que se enfríen y bate los huevos mientras tanto:


Y aquí viene el agujero en el relato de Gómez-Jurado: No dice cuándo se añade la cebolla pochada. Yo tomé la libre decisión, impulsada por mi libre albedrío y mi horror por la cebolla quemada, así que mezclo la cebolla con las patatas de segunda hornada y las mezclo con los huevos batidos:



De ahí para adelante, todo es estándar, echar la mezcla en la sartén y cuando los bordes están tostados, dar la vuelta a la tortilla con un plato. Y he aquí la maravilla.



No sé, tal vez, queridos amiguetes y amiguetas (o viceversa) queráis comérosla a palo seco, o en un bocata, pero servidor prefirió abrir una botella de "Pago de los Capellanes", Ribera del Duero de 2016:


  Y por hoy, yo creo que ya he escrito bastante para estar en cuarentena. Me voy a hacer la cena. Grandes besotes de vuestro bloguero muy amado

Hasta la próxima crónica

mercredi 29 avril 2020

Recuerdos de Taormina y una receta de pasta estilo "Rufufú"



Estuve en Taormina en el verano de 2003. Y ya noto, queridos amigotes, amiguetes, amiguitos, amigachos, etc.. que me estáis diciendo : "¿y nos vienes ahora con esas, Sorokin?". Pues sí, la repuesta es sí. Son cosas de la cuarentena y el confinamiento. Me he puesto a revisar fotos y diapositivas que tenía por casa y han aparecido un puñado de imágenes de mi viaje a Taormina. No son las únicas, hay más sobre otros viajes, así que id preparándoos, que pueden venir curvas. Pero bueno, estas son las últimas que hice antes de digitalizarme. No os extrañéis, pues, si la calidad de las fotos no es a la que os tengo acostumbrados (mi abuela murió, pobrecita, ya hace mucho, o sea que me tengo que auto-alabar). 

Taormina, como todos sabéis ¡oh amigos!, está en Sicilia, así es que, yo y mi acompañante (el burro delante, para que no se espante, como decíamos en el colegio) cogimos un vuelo a Catania y de ahí, tras varias horas esperando las maletas, en autobús al Hotel. En fin, no os recomiendo el "albergo" como dicen los italianos, porque nos dieron una habitación enfrente de una pared de roca y no hubo forma de cambiarla, pero Taormina vale la pena sin importar cualquier apuro. Además, el desayuno estaba bien. 

Cuando uno piensa en Taormina, piensa en primer lugar en el Teatro Griego, que es una maravilla, rodeado de montañas:



Al borde del Mar (con mayúscula, que es el Mediterráneo, cuna de la civilización):




El hotel (con minúscula, él no merece una mayúscula), por lo menos, tenía una piscina desde la que se divisaba la costa hasta Letoianni:



Y una vez vista la foto de la costa, podéis si os viene en gana, mirar a qué carboncillos se dedicaba vuestro bloguero en vez de tomar el sol (a mí, el sol, no mucho, que me quemo):



Podéis elegir entra la foto y el dibujo, ya me diréis.

Por la tarde, lo suyo es darse una vuelta por el Corso Vittorio Emmanuele, que es como si dijéramos, la Calle Mayor. De un lado, el mar, del otro callecitas en cuesta con escaleras, acogedoras. con terrazas muy propias para tomarse un Campari o, si tenéis redaños, un Cynar, ese licor que compensa el atentado al hígado del alcohol con el jugo de alcachofa, lo que le da ese gusto tan especial.



También podéis visitar las tiendas de cerámica, algunas muy buenas:


Yo, no pude evitarlo, me compré algunas piezas que adornan mi casa en Bruselas, como esta. De un color rojo volcánico, para dejar claro de qué isla viene:



Hay algunos rincones encantadores:



Una excursión interesante es subir a Castelmola. Sí, es la punta de la montaña que se ve en la foto:


Naturalmente, hay que subir en coche. Una vez que estás arriba, la vista es sobrecogedora:



Realmente, Castelmola son unas pocas casas, una plaza y un bar/restaurante/cafetería: Torrisi:



El ambiente es diferente de Taormina. Aquí, se ve que es mucho más popular, en contraste con el aire distinguido que hay más abajo.

El interior del Torrisi tiene también muchas piezas interesantes, más genuinas, más de un artesano que de un artista:



Pero lo mejor, son las esculturas que hay en el exterior:


No voy a insistir, lo podéis ver vosotros mismos.

Ahora, como os he prometido, os voy a dar la receta de pasta "Rufufú".

Rufufú es como llamaron en España (como una burla del famoso "Rififí) a una peli de Mario Monicelli que se llama "I soliti ignoti" (los desconocidos de siempre):




Si no la habéis visto (cosa que me parece casi increíble), precipitaos sobre Netflix, Ororo, o cualquier otro suministrador de films on-line (que estamos en cuarentena, ya lo sé) y deleitaos durante todo el tiempo que dure. Son un grupo, que decide hacer un butrón para robar un banco, y se equivocan, yendo a parar a una cocina. Decepción... salvo que en la cocina hay una olla con "pasta e ceci" (pasta con garbanzos) y todos se ponen a devorarla olvidándose de todo lo demás.

Y bien, pues esto es lo que he buscado en Internet sobre como hacer la "pasta e ceci". Hacen falta garbanzos (yo los usé pre-cocidos), pasta, un tomate, dos ajos una guindilla y unas anchoas:





Lo primero es cocer los garbanzos, con dos ajos enteros y una guindilla. Como los míos estaban precocidos bastó con quince minutos:



Preparé un sofrito con un ajo cortado en láminas, el tomate rallado y dos anchoas troceadas. Cuando el sofrito estaba hecho, lo mezclé con los garbanzos y dejé que se hiciera diez minutos más:



Cocí la pasta al dente y la añadí a la olla de los garbanzos:




Otros cinco minutos y, si es necesario se le añade un poco de líquido.

Se deja reposar, y se sirve:



De verdad, que es delicioso, no me extraña que los desconocidos de siempre se lo comieran extasiados.

Y eso es todo por hoy, queridos amigos, Me voy a cenar. Fuertísimos besotes

jeudi 16 avril 2020

Los dieciséis árboles del Somme de Lars Mytting





Hola, mis queridos lectores. Aquí sigo confinado en mi casita de Bruselas, así que he aprovechado un poco el tiempo para intentar bajar un poco la lista de lecturas pendientes aunque, justo es decirlo, lo primero que he leído es lo último que he comprado. Luego ya seguiré con lo demás. "Los dieciséis árboles del Somme", un libro fascinante de Lars Mytting. Escrito en noruego, claro, para algo Mytting es noruego, lo compré en traducción francesa por varias razones: 1) que no tengo ni idea de noruego y 2) que es la única traducción que tenían en la librería de mi barrio. Y la verdad, es que la traducción a mí me ha parecido excelente, vamos, que es como si el original hubiera estado escrito en francés. Pero en fin, mis amigos, por supuesto que hay traducción española. 

Desde que leí la trilogía de Millenium de Stieg Larson, me he puesto morado de leer libros nórdicos, casi todos policiacos, como los de Jo Nesbo, que son muy amenos, pero, entre nosotros: el libro de Mytting les da mil vueltas a todos.

El libro tiene misterio, aunque no es una novela negra. Edward Hirijfell vive en una granja cerca de Saksum, con su abuelo. Sus padres murieron en el Somme cuando tenía cuatro años. Él estuvo desparecido cuatro días tras la muerte de sus padres por la explosión de una granada de gas, residuo de la batalla del Somme de 1916. Todo el libro cuenta las aventuras de Edward para intentar  saber qué es lo que pasó. No es un spoiler, lo que os cuento, es que el libro empieza así.

Saksum está en el interior de Noruega. Yo, la verdad,  lo único que conozco de Noruega son los fiordos. pero por la descripción del libro, la granja debía estar en un sitio tal que así:



Os diré la verdad, la foto es de Finlandia, pero seguro, seguro que da el pego. Parece Hirifjell y si no, decídmelo cuando leáis el libro.

Como digo, yo solo he estado en los fiordos. Así que os vais, queráis o no, a tragaros mi foto del Geiranger Fjord. No sale en el libro, pero es igual. Aquí está:




El libro, como he dicho más arriba, tiene su parte de misterio: tratar de desvelar qué pasó cuando murieron los padres de Edward y quién se hizo cargo de él.  Pero no solo es eso, tiene un componente histórico estremecedor, un componente de aventura romántica nada convencional y un final inesperado. Leédlo.

Edward, en busca de su pasado, una vez que su abuelo ha muerto, se va a las islas Shetland, desde donde el hermano de su abuelo había escrito notas y cartas. Los dos hermanos no se hablaban, así que tiene que ir a ciegas. Las islas, son las más septentrionales del Reino Unido. Aunque son escocesas, sus primeros habitantes fueron vikingos y la huella de los noruegos está presente por todas partes:


De nuevo, tengo que confesar que no he estado en las Shetland, pero por lo que veo en Internet, el paisaje se debe asemejar mucho al norte de Irlanda, que es de donde es esta foto que os pongo:


Oigan, tengo que dar salida a mi archivo de fotos de viajes, así que ahí está. Es impresionante de todas formas ¿o no?.

Edward llega a Lerwick, que es la capital y recorre las islas buscando la huellas de su tío. Finalmente, acaba en Haaf Grunney, una isla inhabitada al lado de Unst, la isla más al norte:


Ahí tiene lugar una serie de acontecimientos que van encaminando al lector hacia el desenlace final. Edward, encuentra una mujer, Gwenn que va a tener una importancia decisiva. Al poco de trabar amistad con ella, van juntos en coche a Lerwick. Como no conozco las islas ni tengo idea de las distancias, he tenido que consultar con Google Maps. Son solo 55 millas y dos ferries: entre Unst y Yell y entre Yell y Mainland. Por cierto, en Lerwick comen en un restaurante hindú que Mytting describe con pasión, pero no estoy seguro que a mí me gustara tanto lo que comen.




En fin, ahí lo dejo. A Edward se le plantea una decisión seria: elegir entre Gwenn y la novia que ha dejado en Hirifjell, Hanna.  Como se verá más tarde, Gwenn es una aventura dura, llena de riesgo, y Hanna, una dulce walkiria nórdica. A mí no me quedó muy claro al final con cuál tiene la hija que sale en el último capítulo. Pero bueno, leedlo y decidme qué pensáis.

Mytting es, sin duda, además un experto en árboles y maderas de todo tipo. De hecho son el asunto principal del libro. Los protagonistas son los abedules flameados de Noruega y los nogales del valle del Somme: los dieciséis árboles del título.



Abedules en un parque de Bruselas





Nogales en el Somme



El final es bastante sorprendente. Os gustará. Al final se sabe qué pasó con ese niño y qué pasó con sus padres. El niño, tras cuatro días, aparece en Crotoy, en la desembocadura del Somme. 




Pero bueno. lo voy a dejar aquí, no os voy a dar más pistas. Que sepáis, eso sí, que cuando vuelve a Noruega, Hanna, la walkiria, se ha ocupado de sus corderos. Vaya una tía sacrificada. Los corderos que os pongo no son noruegos, de hecho la foto está hecha en Grecia, pero no veo por qué los noruegos serían diferentes:




El libro me gustó muchísimo, así que os lo recomiendo. Además, ayuda a pasar la cuarentena, porque no puedes hacer otra cosa hasta que no lo terminas (500 páginas la versión francesa). Ya me contaréis y espero que me digáis qué hubierais hecho vosotros entre Gwenn, la aventura, la lucha continua, la pelea y Hanna, firme, pero una mujer dedicada.

Yo lo tengo claro, pero en fin, no digo más. Ahora me voy a hacer la cena. Muchos besotes