mercredi 13 mars 2013

Bruselas, la patria del cómic











































Tengo que haceros una confesión, queridos lectores. Nada mejor para confesarse, que unos días en los que los moratones... Oh, perdón, los cardenales, están encerrados para elegir un nuevo papa. Así es que, haciendo acto de contrición, os confieso que desde los tebeos del Capitán Trueno, Crispín, Goliath y, sobre todo, la bella Sigrid (que tiene una gran parte de la culpa de que yo me haya exilado de la tierra que me vio nacer, buscando vikingas como un poseso), digo, que desde que dejé a tan ilustres gentes, no me ha interesado el cómic en demasía. No quiere ello decir que no haya seguido los cómics de Robert Crumb,  las hazañas de Astérix o del Capitán Haddock. Pero nunca me puse a profundizar en el tema. De todas formas, tengo a mi capitán y sus congéneres guardando un estante de mi librería. Tintín me cae bastante gordo, pero Haddock es como mi "alter ego", ¡por todos los truenos de Brest!.































Hace unos días, leyendo un post de Not Hemingway Spain sobre el cómic en Valencia y, en general el cómic español, me dije... pero.. leñes, Sorokin, si Bruselas pretende ser la capital mundial del cómic, infórmate un poco, hombre de Dios. Así es que os vais a tragar (si tenéis ganas, si no, apagais y os vais a tomar unas cañitas en el bar de abajo) el resultado de mis pesquisas.

Para empezar, hay que decir que en Bruselas hay un auténtico culto al cómic, la "BD" (bande dessinée) como se dice en francés. Cualquier librería tiene una zona dedicada nada más que a los cómics. Esta foto está hecha en una librería de barrio (del mío, sin ir más lejos). No es una librería especializada, y, ya veis los estantes que tiene:



Siempre podéis encontrar en el rincón del cómic a alguien, generalmente joven, sentado en en el suelo y leyendo algo de lo que está en exposición. Eso dice mucho de la tolerancia bruselense  (si hace eso en cualquier librería alemana, lo expulsan en un plis plas, y no exagero, que lo he visto con estos ojitos).

En Bruselas, además, los cómics están en la calle. En los años 80 Bruselas estaba sufriendo un proceso de lo que aquí se llama "bruselización" y que yo llamaría "madrileñización", destruyendo barrios enteros para edificar cosas "modernas", llevados por la fiebre constructora. Muchas paredes medianeras quedaron al descubierto. Otras medianeras estaban ocupadas por feos anuncios. Y en esto, ¡zas! llegó un concejal joven y propuso pintar con escenas de cómic todas las medianeras. Dicho y hecho. Se prohibió la publicidad en el entorno de la Grand Place y se empezaron los trabajos de los frescos murales. El más famoso es el que he puesto en la foto de cobertura. Está en la Rue du marché au charbon. En esa misma calle, prácticamente enfrente, está este otro:



Mi admirado capitán Haddock y el chiquilicuatre de Tintín están bajando una escalera al ladito de la Grand Place:




Admitamos, oh gentes, por otro lado, que el cómic es más antiguo que la literatura escrita. Y si no, vais a Altamira a ver las pinturas de las cuevas y comprobáis que no hay nada escrito, pero sí hay muchas historietas dibujadas, que si bisontes, que si osos, que si tíos que les tiran flechas, etc. Saltándonos Egipto, Grecia y otras antigüedades, llegamos a la edad media. Como dije hace un par de posts, me fascina la edad media. Se costruían enormes catedrales, pero el pueblo no sabía leer. ¿Cómo explicarles las cosas si no leían libros? (ya sé, malignos, que me vais a decir que ahora la mayoría tampoco lee, pero en fin, al menos los belgas leen cómics)... naturalmente, haciendo bellos bajorrelieves en las iglesias. A mí me encanta éste, que está en un lateral de la catedral de Reims:




























No me digáis que no es autoexplicativo. Muy adecuado para estos tiempos de cónclaves y esas cosas.

Para completar mi formación cómica (no sé si se dice así, pero ya me entedéis) fuí a visitar el Centro belga del cómic (Centre belge de la bande dessinée). Está en una casa magnífica que fue diseñada por Horta como almacén de venta por departamentos:































La entrada cuesta 8 euros, así es que si vais, no os arruinaréis. Aparte una introducción como la que yo os he contado sobre egipcios, griegos, edad media y demás, hace honor en especial a los monstruos más conocidos del cómic, los padres de la "BD" belga: Hergé, el creador de Haddock (y Tintin, ea):












Y André Peyo, el creador de los Pitufos (les "schtroumpfs", the "smurfs"). En esta vitrina han reproducido el laboratorio de Gargamel, el enemigo jurado de los pitufos:




Mis amigos españoles reconocerán, sin duda, el utensilio que utilizaba el malvado Gargamel para sus encantamientos. Lo que no se sabe es si lo rellenaba de Priorato o de Valdepeñas.

Los padres de la BD belga se dividieron en dos líneas: la línea "clara", la de Hergé y la línea que se ha dado en llamar de "Marcinelle". El más conocido de los de esta linea es Franquin, el papá de Marsupilami, y de Gaston Lagaffe, aunque tambien creó unos cómics un tanto más agresivos. Me encantó éste:





























Si no entendéis francés, el padre está abroncando al hijo porque tiene miedo de la oscuridad y no se atreve a salir. Le llama de todo y se va él al pozo, sin mirar lo  que le espera fuera, en la oscuridad.


Hay otro tipos de cómic que no son adecuados para un blog que se supone que es apto para todos los públicos. No están en el centro de la BD, pero están muy de moda. No os cuento más, que luego todo se sabe. Por ejemplo, éste: "los melones de la ira":



                               


Nada más por hoy, que ya estuvo suave, amiguetes. Si vais al centro de la BD, un consejillo. No vale la pena que crucéis la calle para ir al museo de Marc Steen. Es una casa interesante vista desde fuera:


Pero en el interior, no hay nada que valga la pena salvo, tal vez hacer la foto:


                                   

  Si queréis algo de comer, la Brasserie Horta es parte del Centro, pero cierran la cocina muy pronto:        


                                   


Y bueno, nada más por hoy, que ya os he dado bastante la brasa, oh amigos. No me resisto a poneros esta estampita para acabar. Ya sé que no es un cómic, pero da bastante que pensar, a ver quién manda aquí. Un besote




mercredi 27 février 2013

El año de la serpiente



 Como todos ustedes sabéis, queridos amigotes, el 10 de Febrero empezó el año nuevo chino. Eso de los años depende mucho de quien los cuenta:  los chinos deben ir por el cinco mil o seis mil, o quien sabe. Resulta, además, que a cada año chino le corresponde un signo de lo que podíamos llamar, aunque sea una memez, el zodiaco chino. Son doce signos, representados por animalillos diversos, que si monos, que si cabras, que si serpientes. Bueno, pues este año es el año de la serpiente.

Un servidor de ustedes vosotros, mis amiguetes, nunca ha sido muy adicto a esas cosas del horóscopo. Vale que estaba bien para ligar en una barra "¿oh, sí?, ¿tu eres Libra? pues... que casualidad, porque yo soy Aries, y dice el horóscopo que somos buenos compañeros en actividades eróticas, etc". Pero, aparte de eso no hay quien se crea que por nacer en Marzo seas diferente de alguien que nace en Octubre... en fin. Al menos, el horóscopo chino tiene más gracia, porque va de año en año y no de mes en mes. Así, más o menos puedes saber la edad de tu interlocutor con unos 13 años de error. Bueno, a lo que voy, que este año es el año de la serpiente. Yo no soy un gran amante de las serpientes, la verdad. Es un bicho que me repatea las interioridades de la vesícula y del bazo, pero reconozco que ha tenido un gran papel para el género humano, forzando a nuestra madre Eva a comerse la jodía manzana.

Cierto que hay serpientes que son amables, como ésta, que no le importa que le toquen las narices:

 

Pobre serpiente, aguantando que los turistas la molesten en un establecimiento hotelero de la isla de Djerba. En cambio, ésta otra, en un restaurante de Marraquech, tiene un aire más malvado. Bueno, si no ella, a la que no se le ven los ojillos, sí su papá, que convendréis conmigo que tiene un aire más agresivo que el tunecino.




O como esta pobrecilla, danzando al son que le tocan en la Jemaa-el-Fna, en Marraquech:





Pero vamos, a mí, la que más me impactó fue esta coralillo que casi piso en Mitla, en Oaxaca. Válame Dios, y qué sustaco. Para vengarme le hice una foto mientras ella se enroscaba, dibujando con su cuerpo serpentil, nadie sabe si una "a", un "seis", o qué.



                               



En fin, que aunque a mí no me gustan las serpientes, no ví ninguna razón para no ir a celebrar "su" año. Para tan jocoso evento, elegí junto, claro, con un grupo de amigotes, el restaurante "Cité du Dragon" en Uccle (Uccle es una comuna de Bruselas, no me seais incultos, ya os he explicado en otra ocasión que Bruselas no tiene "barrios", tiene "comunas. Ninguna relación con 1870 en París):


 

El restaurante es amplio y tiene una decoración muy adecuada. A la entrada, si aguzáis los ojuelos os daréis cuenta que en el piso, cubierta por cristales, hay una pisicina llena de peces de colores. De diversos colores, como debe ser. Eso sí, supongo que esos no son los que se come la clientela, vaya dispendio.





El  9 de Febrero fue la fiesta:




                                         

Se supone que magníficos artistas chinos iban a ambientar la velada.... aunque, en fin, los artistas que tocaban el tambor tenían poca pinta de orientales, pero batían muy bien sus palillos, de verdad. Si me deja Blogger, os pondré un video al final:






 Y lo de los acróbatas fue extraordinario. Aquí podéis ver una saltimbanqui pegando una voltereta, ante la asombrada mirada de un grupo de comensales:


 


 Pero lo mejor no era eso, lo mejor es que me enteré -tarde, válame san Tadeo- tarde para ir a hablar con ellos, que los saltimbanquis eran españoles. Veis, ¡oh queridos amiguetes a dónde nos lleva el paro nacional! aunque bueno, esa es la lectura negativa. La lectura positiva es que hasta los chinos se rinden a las habilidades de nuestros acróbatas. La verdad es que lo hicieron muy bien. Ninguno se cayó en la sopa de nadie.

 Luego nos dieron de cenar. El menú resultó interesante. Una sopa con tallarines para empezar:





De segundo, un nido de tallarines tostados con unos scampi: Debo decir que sacaron el mejor partido posible de esa cosa fibrosa que se da en llamar "scampi" y que no estoy muy seguro que no sea plástico reciclado o algo así.







El plato fuerte fué un magret de pato con salsa de cacahuetes:





 Habréis notado que lo simpático es que le habían dado forma de mariposa, con lo que queda muy decorativo. El magret estaba un poco fuerte, pero la salsa era deliciosa. En fin, que lo pasamos muy bien, que comimos bien y que no se nos cayó nadie en la sopa. Además, el león de papel (voy a ver si puedo poner el video) se ensañó con nuestra mesa, pegándoles lametones a los comensales (o a "las" comensales, es que estos leones de papel son la monda, no como los imperialistas que decía el camarada Mao)

Bien. Parece que Blogger me deja meter el video. No sé, a ver:....







Pues sí. Bueno, pues que paséis un feliz año de la serpiente y... no hagáis caso a las víboras, que no es lo mismo. Un besote




samedi 2 février 2013

Hurgando en mi biblioteca: García Márquez vs Soltzenitsin


Vuestro querido bloguero, amigos y amigas, hállase estos días bastante sobrecogido y sobrestresado por una asunto de sobres (que no de sobras, pardiez, ya quisiéramos todos que nos llegaran unas sobras así) que me tiene enojado, encocorado, molesto y sobreexcitado, así es que he decidido olvidarme del tema antes de que me reviente el trigémino de puritita excitación y hablaros de mis bibliotecas y los monstruos que contienen: son un cajón de sorpresas, un cofre lleno de tesoros ocultos en forma de libros que aparecen y desaparecen como la isla de San Borondón o las lagunas de Ruidera (¿o eran las Tablas de Daimiel?).

Como podéis ver en las fotos, el desorden en mis librerías es total, lo que les da el encanto de lo misterioso, de la aventura. ¿Qué libro desparecido se revelará hoy ante estos pecadores ojuelos?.


Y, héte aquí, queridos lectores que me soportáis (si no me soportárais no habríais llegado hasta aquí), que he desenterrado, hurgando y hurgando dos magníficos incunables (o casi) de dos monstruos sagrados: Los "cien años de soledad" de Gabo y "un día en la vida de Ivan Denísovitch" de Soltzenitsin. Ya sé que me vais a decir que no tienen nada que ver el uno con el otro y que dos escritores más dispares es imposible encontrar:



Es cierto que poco tienen que ver la luminosa aventura tropical del Gabo con el frío siberiano de Soltzenitsin, pero, la verdad es que se me han aparecido juntos en mi librería. Por algo será. Tenía ambos ejemplares desde tiempo inmemorial. Sus páginas están amarillas y sus cubiertas, que ahora, los "modelnos" llamarían "vintage", llevan la marca del tiempo que han pasado sin que unos ávidos ojos se fijen en ellos. Por una vez, además, y sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con los sabios suecos que les otorgaron un premio Nóbel a cada uno. ¿Veis?, ya tienen algo en común.

 Os voy a decir la verdad, amigachos: esta es la tercera vez que leo "cien años de soledad". Lo leí por primera vez hace años, y se me olvidó totalmente. Tanto que, en los noventa decidí leerlo otra vez. Me gustó casi más que la primera vez, creo recordar, pero.. ¡ay! se me olvidó todo otra vez, así es que cuando mi viejo libro se me ofreció así, desnudo, mirándome desde uno de los rincones de una de mis librerías, me dije: ¡sus y a ello, Sorokincillo! a ver si esta vez consigues que no se te olvide. Y, tras leerlo esta vez, he comprendido por qué es tan difícil de retener toda la historia: es que no es una historia, son ciento. Cada diez o doce páginas aparecen aventuras nuevas, que darían cada una de ellas para hacer una novela independiente. Es como un castillo de fuegos artificiales, cada cohete se rompe en varios que a su vez se rompen en varios. No hay una melodía única, como en la música barroca. El único lazo de unión, es la historia de los Buendía y de su pueblo, de Macondo. Para ayudar un poco a seguir la trama, he encontrado este árbol genealógico en la Wikipedia:























Me he quedado fascinado una vez más, sin poder levantar los ojos del libro. He subido al cielo con la bella Remedios, he adorado a Pilar Ternera y he detestado a Fernanda del Carpio, la más pura esencia de la beatería y de la intransigencia. Amigotes: leedlo otra vez, de verdad. Vale la pena.

 La historia del libro de Soltzenitsin es diferente:


Lo tenía en mi biblioteca desde siempre, desde que lo compré hace años, pero nunca me decidí a leerlo. Lo miraba incluso con prevención. El bueno de Alexander fue muy criticado en ciertos medios, acusándolo de reaccionario y de servir la causa del imperialismo gringo, etc, etc. Me parece totalmente injusto, pero bueno, ese era el "Zeitgeist" de la época. Un servidor, oh amigos, desembarazado de clichés de ese tipo desde hace ya un tiempo, se decidió a abrir el incunable. Y ¡Oh sorpresa! me maravilló. Es cierto, es la historia de Denísovich en un campo del Gulag, pero no hay sitio ni para un lugar común, ni para una reflexión amarga y dolorida sobre su situación. Es la historia de cómo se vive un día en el Gulag, llena de sentido del humor y contando con sencillez las aventuras diarias para que no te quiten la reción de pan, o como te pones en la cola los primeros para llegar al comedor. Eso es lo terrible: el protagonista lo acepta todo sin rechistar, sin amargarse, como, a pesar de todo, quiere acabar correctamente el trabajo que está haciendo... todo con un amargo sentido del humor, pero sin tragedias. De verdad, si no lo habéis leído, leedlo.

Ya sé que ninguno de los dos libros que han aparecido en mi biblioteca están de moda. Ya lo sé, pero yo desconfío de las modas. No digo que no haya que prestarles atención, pero no hay que seguirlas a ojos ciegos, porque puedes acabar tragándote unos bodrios de aquí te espero (y no voy a mencionar las cincuenta sombras de Grey, no, Dios me libre, que ya lo hice el tro día)

Besotes a todos.


samedi 19 janvier 2013

Los pilares de la tierra, la abadía de Grimbergen y unas ostras rockefeller


La semana pasada, queridos y asiduos lectores, a los que os supongo tan aburridos como yo, porque si no, ¡voto a bríos! ¿qué diablos hacéis aquí leyendo las tonterías que cuenta un servidor en vez de estar en el cine, en el teatro, en la playa o tomando gaseosas en el bar del barrio?, digo, que la semana pasada el Canal+ belga nos obsequió con el último capítulo de la temporada segunda de "los pilares de la tierra". Como ya me he informado (uno es que no para) que en España tambien se acaba de terminar la serie, no voy a tener vergüenza ni cortapisa ninguna en decir lo que me apetezca al respecto. Y lo digo resumiendo: me pareció un bodrio. Me gustó bastante la primera temporada. No he leido la novela de Ken Follet (ni la pienso leer, que es muy gorda y tengo muchas cosas en la lista de lecturas pendientes), pero por lo que dicen, la adaptación de la primera temporada fue bastante fiel a la novela. No me consta si fue fiel o no, no indago en la vida privada de las series ni de la gente, pero me pareció interesante a la par que bien dirigida, bien ambientada y con algunos monstruos de actores, como Donald Sutherland. Además, la alta edad media siempre me ha fascinado. Me impresiona que gentes que vivían pobremente en su mayoría, fueran capaces de sufragar esas impresionantes catedrales románicas y góticas que nos siguen dejando pasmados. Vamos, que la serie me gustó:




La segunda temporada, en cambio, me ha parecido lamentable. Tambien está basada en una novela de Ken Follet: "un mundo sin fin" y tambien la ha producido la empresa de Riddley Scott (lo siento, Riddley), pero casi casi producen risa algunas de las situaciones y, ya, el último capítulo es para cortarse las venas. En fin, no digo más. Pero animado por estas historias de catedrales, priores, duques y otra gente de esa categoría, el sábado pasado me decidí a dar una vuelta por la abadía de Grimbergen, en la periferia de Bruselas:




Fue el último fin de semana en el que no nevaba, porque después nos han caido mas copos encima que todos los paquetes de Kellogs del mundo puedan contener. La historia de la abadía es tambien bastante truculenta. En el siglo XII, el señor de Grimbergen se atrevió a desafiar al duque de Brabante (se supone que en un ratito en el que no estaba cocinando faisán a la brabanzona) y construyó una abadía en su pueblo. El duque se enfadó y la incendió, lo cual, ¡Oh amiguetes!, está feísimo. Pero en fin, así estuvieron dale que te pego hasta que los españoles ocuparon Flandes y, parece ser, que favorecieron un periodo de tranquilidad en la zona. Ni entro ni salgo, eso dice la historia. Pero ¡ay! con las revueltas del siglo XVII, los iconoclastas volvieron a destruir la abadía. En resumen, que la abadía actual data del siglo XVIII, construida entre 1720 y 1780. Es de un barroco explosivo, como se puede ver:




El púlpito, las imágenes de madera, el coro son de un barroco manierista tremendo. Mirad, oh queridos lectores, como se retuercen los santos, como si hubieran sido asaltados por un enjambre de avispas:





En cualquier caso, el conjunto, es muy interesante. Os lo recomiendo. Pero más todavía: Grimbergen, como toda abadía que se precie en Bélgica, produce una cervezota de gran calidad. El día que fuí, con todo y el frío que hacía, no puede evitar ir a comprar varias resmas de cerveza. Fue más fuerte que yo:



Si os apetece ir, ya sea en vacaciones, ya, si andáis por aquí haciendo el canelo como un servidor, lo que tenéis que hacer es, en saliendo de la abadía, tomar la calle de la derecha. Veréis (sorprendente para ser en Bélgica) unos sanitarios... ¡gratis!, pero si no sentís ninguna presión en vuestros riñones, debéis continuar. Un poco más lejos, a la izquierda, está la tienda:




Y ya, con vuestras botellas, podéis volver a casa. A menos que queráis ir al restaurante de la abadía, del cual no os puedo decir ni mú, porque no he ido nunca. Pero en fin, venga, a la aventura. Y ya me contaréis. Vale, amigotes. Y para terminar tan provechosos sábado, me hice unas ostritas rockefeller. Bueno, son rockefeller porque yo he decidido que lo son, porque lo único que he conservado de todas las recetas que he leído es lo de añadirle espinacas. Hay quien pica la ostra (horrible sacrilegio, cielos, la tratan como un vulgar mejillón) y hay quien añade besamel, pan rallado, ectétera. Yo las hice a mi aire: Cociné y machaqué espinacas (alahuí alahuí alahuaca, las espinacas se machacan)




Las rehogué con cebolla picada, mantequilla y hierbas del maquis que guardo desde que estuve en Córcega:




Abrí las ostras (lógico, sin abrir son muy pesadas para el estómago) y puse en cada una unas pocas espinacas:




Añadí queso rallado:




Las metí al grill del horno un ratito, y esto es lo que quedó:




Bueno, a lo mejor os parece una simpleza, Oh queridas gentes, pero a mi me parecieron magníficas. En fin, os voy a dejar en compañía del invierno que nos ha asaltado esta semana, como puede verse en este video:




Besotes a todos

samedi 5 janvier 2013

A la mesa con los grandes escritores rusos: Kulebiaka de salmón


Estoy, mis queridos amigos, peleándome con Blogger a ver si consigo mandaros una nueva entrada para relataros algún nuevo suceso o acontecimiento que venga a despejar un poco la espesa nube de aburrimiento gris que se cierne sobre la maravillosa ciudad de Bruselas. Y no sólo es aburrida la nube porque si no, no merecería figurar en este diario, donde solo aburridos sucesos tienen lugar, sino porque está lloviendo sin parar desde hace una semana. Nos está saliendo musgo hasta en las uñas de los dedos gordos de los pies. Pero bien, parece que Blogger se apiada de vuestro bloguero predilecto y me está dejando cargar las fotos. Alabado sea Blogger.

 Como sabéis (y si no lo sabéis os lo cuento), soy un gran aficionado a la buena literatura (y no se me pega nada, voto al chápiro) y a la buena cocina (que tambien se me atranca frecuentemente, ea, qué le vamos a hacer). Así es que no es de extrañar que cuando ví este bonito libro en la librería de la esquina, me lanzara veloz como el céfiro a comprarlo:



El libro tiene trescientas páginas y 144 recetas de cocina. Están ordenadas por escitor. Empieza con Gogol y sigue con Gontcharov, Dostoievsky y así hasta doce escritores. El orden puede parecer un poco arbitrario, pero ¡ah!, Sorokin que de vez en cuanto tiene atisbos de lucidez, ha colegido que están en orden alfabético cirílico. La "G" rusa viene antes de la "D" en el alfabeto cirílico. A ver, de algo le tiene que valer a uno los someros conocimientos de la lengua de estas buenas gentes.
Para cada escritor, el libro da una breve semblanza, un pasaje de alguna de sus obras donde aparece la comida y ¡las recetas! que a eso vamos.

Un servidor de todos ustedes vosotros se ha pegado bastantes viajes de trabajo por Rusia, Ucrania, Armenia, Kazakstán, etc... así es que, algo he participado en diversos eventos alimenticios por la región (aparte de helarme de frío en invierno y pegarme buenos resbalones en el hielo). Como es natural, de vez en cuando, nuestros amables huéspedes nos invitaban a comer, a cenar o incluso a merendar. Un buen ágape ruso empieza por una mesa a reventar de viandas diversas, así es que cuidado, novatos, no os hinchéis a la primera, porque luego viene la comida de verdad. Como un ilustrativo ejemplo, os pongo una foto de una comilona en el Hotel President de Moscú. Si os fijáis bien, ¡oh amigos!, la mesa está repleta y si os fijáis todavía más, podéis ver unos tarritos con bolitas rojas y negras: ¡a esos es a los que hay que lanzarse! despreciad salchichones, pepinillos y otras zarandajas.



Naturalmente, era una invitación de un organismo oficial ruso, se nota que hay pasta. En Armenia, la disposición de la mesa viene a ser parecida, pero ¡ay! faltan las bolitas rojas y negras:




La costumbre de llenar las mesas antes de empezar a comer, no os creáis, queridos amigotes que solo se da en las invitaciones en los grandes hoteles y restaurantes. Tambien en pleno campo se aplica el mismo procedimiento. La foto que sigue está tomada en un campamento que tiene la Academia de Ciencias Rusa en el norte de Ucrania:




Aunque la cocina, como puede verse no puede ser más sencilla. Aquí está el chef cocinando una "Ukha" (sopa de pescado de río):




Pero... ¡vale ya Sorokin, que te enrollas como las persianas! Cuenta de una vez tu experiencia culinaria siguiendo el libro de los grandes escritores rusos. Pues bien, amigos, me decidí a hacer una Kulebiaka de salmón, receta publicada en el capítulo dedicado a "Las almas muertas" de Gogol. Naturalmente, un componente esencial es el salmón. En el libro, ponen un salmón entero, vuestro bloguero, que es más modesto, se conformó con una tajada de unos 300 gramos:




El salmón se pone a cocer en una cacerola con mitad/mitad de vino blanco y agua, sal y pimienta. A fuego lentísimo. En francés eso se llama agua "fremissante", juro por Tutatis, que no sé como se dice en castellano. Vamos, que no tiene que burbujear el líquido:




Mientras, se cuecen unas espinacas. Bueno, la receta no dice más que que se ponen espinacas, no dice que haya que cocerlas, pero yo, tomé la libre decisión de cocerlas (eso es lo que se llama en términos hermenéuticos "libre albedrío")




Una vez cocido el salmón, en el jugo que ha quedado en la cacerola, se cuece arroz. Yo usé arroz rápido, que no está uno para florituras, qué rayos:




Una vez cocido el arroz, se le añade crema agria ("smetana"), una yema de huevo y el zumo de medio limón. Bueno, la verdad es que la crema que yo le puse era "light", con lo que ¡oh tragedia! quedó un poco líquido todo el conjunto del arroz, que se supone que es "pilaf":




Y ahora, viene la parte más importante: preparar el molde con la pasta. El libro da una receta para hacer la pasta, pero yo, opté por una pasta preparada de Herta. Es que para empezar no va uno a competir con Gogol. La puse en un molde, conservando el papel de horno en el que viene envuelta:




Debo hacer notar, amados lectores, que la cervezota que aparece en la foto no es parte de la receta, pero ayuda mucho a pasar el tiempo. Bien, pues una vez preparado el molde con la pasta, se van poniendo en capas sucesivas arroz, salmón desmigado, espinacas, unas rodajas de huevo duro:




Y se completa con una nueva capa hasta que se os acaben las existencias. Si habéis medido bien, os va a dar justito, justito:




Se cierra la pasta y se le hace un agujerito en la cúspide para que respire. Ya sé, ya sé, la forma no me queda muy linda, pero es que soy nulo para hacer paquetes, envoltorios de regalos y esas cosas. Es que en mi tiempo no había manualidades en la escuela:




Se unta con yema de huevo (el verbo francés para decir eso es precioso: "badigeonner") y se mete al horno. Yo la tuve como cincuenta minutos a unos 200º, al cabo de los cuales, apareció esta preciosidad:




Venga, decid que sí, que es bonita. Se le hace una salsita con lo que queda de caldo de cocer salmón y arroz, añadiendo crema y jugo de limón (bueno, como mi crema era muy líquida -qué bochorno- la espesé con un poco con maizena). No se lo digáis a nadie, porfi.



Y bueno, decir para terminar que estaba francamente buena.
PD: He visto que tienen el libro en Amazon.com, en caso que os animéis a pedirlo.
Besotes, amigachos. Feliz año nuevo a todos