dimanche 2 septembre 2012

La Rochelle, ciudad rebelde


Un servidor de ustedes vosotros, queridos amigos, tenía desde hace unos cuantos años un agujero negro en su amplio mapa de Francia. Vuestro bloguero predilecto (se supone que soy un servidor, y si no lo soy, déjenme por favor que me haga esa ilusión) se ha recorrido casi toda Francia de punta a rabo. Me he paseado por las soledades mágicas del Cantal, he estado cien veces en Normandía y casi otras tantas en Bretaña, me aburre París de tantas veces como he ido, el festival de teatro de Aviñón no tiene secretos para mí, he tarareado "súplica para ser enterrado en la playa de Sète" en la tumba de Brassens; conozco los Vosgos, Alsacia, el Jura, los viñedos de Borgoña...todo. Todo... salvo La Rochelle. Nunca estuve en la ciudad más rebelde de Francia. La ciudad que se las tuvo tiesas al estado francés durante cuatro siglos, hasta que el Cardenal Richelieu la arrasó en 1628.

Leí "El diccionario de Lemprière" hace unos años. No sé si lo habéis leído ¡Oh amigotes!, pero aparte de una confusa serie de aventuras espeluznantes, el tema principal es, justamente, el sitio de La Rochelle de 1627-28 y el exterminio de los protestantes franceses que le siguió. Bueno es decir ahora que ella fue la capital de los hugonotes durante todos los siglos XVI y XVII y que nuestro cardenal, decidió poner fin a tal osadía. Vaya, que no sobrevivió más que un quinto de los habitantes de la ciudad. Para más información, podéis pinchar aquí.

La ventaja estratégica de La Rochelle, es que está en el fondo de un estrecho pasaje (le Pertuis d'Antioche) entre las islas de Oléron y de Re, pero el astuto cardenal consiguió cercar la entrada con un dique e impedir que la ayuda inglesa llegara a los sitiados.


Pero bueno, eso son cosas de los años de Maricastaña. Hoy en día. es una de las ciudades más turísticas de Francia, donde ¡por fin! vuestro seguro servidor ha ido a pasar unos días de vacaciones. Ciudad romántica:

Pero llena de movidilla y animación:



Donde, sorprendentemente para las costumbres francesas, se puede cenar hasta medianoche en sus calles animadas, pasear, admirar la bocana del puerto iluminada,


sobre todo, si tenéis la suerte que he tenido yo, que me ha hecho un tiempo fabuloso. Pero bueno, ya estuvo suave, como dicen mis amigos mexicanos. Sorokin os va a dar unos utilísimos consejotes para cuando os lieis la manta a la cabeza y vayáis a solazaros en tan magnífica ciudad. Supongamos ¡Oh queridos lectores! que llegáis por la tarde. El sol está cayendo tras el horizonte y ya la luna muestra su silueta sobre la playa. La playa, tranquila, serena, acogedora, apetecible. Se oye el rumor de las olas:   ¡¡vrasssss, ...vrassss!! Y os decís ¡mañana vengo a disfrutar a este rincón de ensueño!. Bueno, pues ojito, colegas. Porque la playa tiene ese magnífico aspecto cuando está la marea alta, pero ¡ay!, en marea baja, que es lo más probable que os toque a la mañana siguiente....



 ... he aquí en qué se convierte:


Eso es lo primero que hay que aprender: los horarios de las mareas, que son  muy fuertes. Un servidor se dijo que sí, que ¡a uno de Albacete lo iban a achantar con un poquito de barruzo hasta llegar al agua!. Bueno, pues casi me traga el barro. Espeso, pegajoso... los pies se te quedan pegados y se te van hundiendo, hundiendo. My God, os lo juro, me asusté. Con dificultad conseguí volver a la tierra firme y ahí me quedé. Afortunadamente, mi hotel tenía una buena piscina.

En fin, otra solución es esperar a que la marea suba por la tarde y mientras tanto, ir a conocer la ciudad. No os debéis perder el Café de la Paix. Un café a la antigua, como debe ser. Ya sé que mis amigos argentinos van a montar en cólera cuando lean lo que voy a escribir ahora, así que, por favor, tápense los ojos: A mí me recordó al Café Tortoni de Buenos Aires. Vale, ya pueden abrir los ojos.




 Como los asuntos gastronómicos son extremadamente importantes para pasar una vaciones felices, os recomendaré un restaurante: Chez André. Me lo recomendó la recepcionista del hotel (una chica bien maja, por cierto) y me dijo que funciona desde hace cincuenta años. Naturalmente, Sorokin no pudo evitar hacerse el gracioso diciendo que esperaba que desde entonces hubieran renovado las existencias. La sonrisa de conejo de la chica fue la respuesta.


Pero sí, sí las habían renovado. Os recomiendo los  plateaux de mariscos, con unas fabulosas ostras, cigalas, almejas y medio buey de mar. Ya sé que si en La Rochelle el marisco no es fresco, apaga y vámonos, pero la calidad tambien cuenta. No todas las ostras son iguales.



Y llegados a este punto, os recomiendo que visitéis el mercado de La Rochelle:



Nosotros compramos ostras. No en vano las ostras de la zona, las de la isla de Oléron, son las más famosas de Francia (Ya os lo contaré en otra entrada). Id hasta el fondo del pasillo de la derecha (ese que se ve en la foto de arriba). Allí hay un tipo muy simpático que, si quieres te las abre y te las pone en una cajita de plástico. Luego, te compras un limón (casi más caro que la docena de ostras) y te vas al parque.



El resultado es el que podéis ver.  Una delicia, un nirvana ostril. Slurp, slurp



Bueno, vale,  que no he cenado y me estoy poniendo de lo más excitado estomacalmente hablando.

Ya os he contado otras veces que a mí me fascinan las librerías de viejo. Entré en una en el centro antiguo y me compré el libro este, de un tal Paul Carton. Todavía no lo he leído, pero promete. Para empezar, en la introducción ya avisa que comer animales es malo, comer leguminosas es malo, comer queso es fatal, la leche es horrible, el pescado... terrible, terrible, muy malo. Creo que solo se puede comer fruta y beber agua. Seguiremos informando




Y, si el doctor Carton hubiera visto las tiendas que hay de conservas en La Rochelle, seguro que le hubiera dado un infarto. En fin... ¿quién querría comprar conservas de pescado  habiendo pececillos fresquísimos? Pues la tienda estaba a rebosar de gente.




Bien, amigos. Me detengo aquí, que luego hay gente que me acusa de que meto mucha información en un post... pero es que no puedo parar. Bueno, el próximo día os hablaré de las islas ostreras del Pertuis d'Antioche.
Os dejo con los breakdancers de La Rochelle. Un besazo

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mercredi 15 août 2012

La Movida de Bruselas


LA MUSICA EN LA CALLE - EL TEATRO DEL ATOMIUM - COULEUR CAFE - EL OMMEGANG

Mis queridos amigos, lectores y demás familia. Considerando que nuestro sol está entrando sin remedio en un cinturón de Bosones transgénicos (Bosones de ¡Blurp!, modificación genética de los Bosones de ¡Hicks!), lo que va a causar una transfusión de dimensiones cuánticas y, por ende una imagen diatónica de nuestro sistema solar, que corre el riesgo de convertirse en un holograma, he decidido que me voy de vacaciones. Pero claro, antes de abandonaros, mis queridos lectores, no tengo más remedio que hablaros del movidón que ha habido este verano en Bruselas (bueno, como todos los veranos, vaya). Movidón musical, movidón en las calles, alboroto, festivales, ommegangs, cervezas y otras cosillas que llenan los espíritus de satisfacción y contento.

Ya sé que mucha gente se hace una imagen de Bruselas como un sitio mortecino y aburrido. Que piensan que toda la juerga en esta ciudad es algo así:



Gente que, tras leer cómo la califica Joseph Conrad en "El corazón de las tinieblas" antes de que su protagonista se vaya al Congo, se ha creído lo que dice don Joseph. Pero amigotes ¡eso era en el siglo XIX, tontitos! Ya han pasado unos añitos y Bruselas se ha convertido en una ciudad multiétnica, multicultural, donde cualesquiera de ustedes vosotros se lo puede pasar  de pitirrí. Ya os guste la música, el teatro, la comida (uy, la comida), la cerveza, etcétera etcétera. A mí es que me gusta (no sé si se nota, tal vez me traicione mi entusiasmo). Fíjense mis amigos en el movidón callejero:




Pero en fin, ahí le vamos. Si caeis por aquí en verano, os puedo recomendar una serie de eventos la mar de chulos (en fin, en el verano de 2013, si los Bosones de ¡Blurp! no nos alteran el ritmo vital, porque los eventos de 2012 ya han pasado). Si os gusta el Jazz, las calles de Bruselas, bullen de grupos tocando en todos los bares y en todas las esquinas:




 Además, en algunos rincones, os podéis marcar unos pinchos morunos a la brasa hechos "ad hoc":



En el video que os pongo tras todo este rollo adormecedor, podréis ver actuaciones en directo de los grupos que jazzeaban. Antes de poner el video, os hablaré de otro festival de jazz: "Brosella". Brosella no ocurre en el centro de la ciudad, sino a la sombra (es un decir, porque el día que estuve yo llovía bastante, pero esos son gajes del oficio) del Atomium:




En un lugar llamado "teatro de verdor", aunque en francés suene algo chusco: "Théatre de verdure", pero no, no quiere decir que repartan berenjenas ni espinacas. Tambien podeis ver algunas actuaciones en el video que va a seguir (no me seais impacientes, diablos, que todo va a llegar). Interesante saber que, si bien el espectáculo es gratis, los urinarios no lo son. Pero vaya, si padecéis de algún tipo de inconteniencia o habéis bebido mucha cerveza, hay un "pis-pas" para toda la noche por sólo dos euros. Dice mucho de lo civilizada que es la gente por aquí que, en un sitio lleno de árboles, se gasten dos euracos en colmar sus necesidades



Y, como podéis ver, hasta la autoridad competente hace cola para hacer pis:



 Otro interesnate festival es "Couleur Café", pero ah, amiguetes, este no es gratis, es de pago. La contarpartida es que aquí las toilettes son gratis:


 Y vale, como ya os he llenado la cabeza de fusas, semifusas, corcheas y semicorcheas sin que haya sonado una sola nota, hora es ¡Oh buena gente! que os ponga el video en cuestión:

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El Ommegang

Nos dejamos de música y pasamos a contar lo del Ommegang. Ya os hablé del Ommegang el año pasado, lo que pasa es que no tenía a mano más que un teléfono putrefacto, con lo cual, las imágenes eran bastante chungas, así que este año, desafiando la lluvia y el mal tiempo me dije: "Sorokin, majete, tienes que sacar alguna foto más, así es que eso he hecho:





Y encima, para complacer a mis amables lectores, he filmado el combate de los zancudos (bueno, no se si se llaman así, los de los zancos). El video es un poco largo, pero lo que tenéis que adivinar, ilustres amigos, viendo las imagenes del principio, donde todos los zancudos se entrelazan en brioso combate a zancazos, es quien va a ser el ganador. Os prometo que no es difícil de imaginar. Sobre todo si veis el video un par de veces (je je Sorokin, qué chorrada):

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Y bien, ya deciros que hoy no ha llovido (ni en toda la semana) y que han colocado la famosa alfombra de flores en la Grand Place. Sólo dura tres días, lógico, porque las flores acaban secándose. Pero queda muy vistosa:


Y ya lo dejo, que me voy de vacaciones. No me voy lejos, me voy a La Rochelle, ya os contaré. Mientras, estad atentos a los Bosones de ¡Blurp!, no vaya a ser que los tengáis ocultos dentro de vuestros fregaderos, ¡Oh amigos!

Un besote

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samedi 21 juillet 2012

Cosas que hacer en Bangkok en un día libre


Con esta entrega, queridos oyentes, lectores, amigos y demás gente, voy a dar por terminada las historietas de Bangkok, porque ya empiezan a ser cansadas y porque ¡Oh cielos! se me empiezan a borrar de la memoria, no la del disco duro, no, sino la de la sesera reblandecida. Reblandecida, de tanta agua como nos está cayendo en esta ciudad de las mil lluvias. Ya sé que otras buenas gentes estáis pasando un calor agobiante, pero en fin, ya se sabe que el mundo está geográficamente muy mal distribuído. Había un científico que proponía usar todas las bombas atómicas para poner la tierra cabeza abajo y así cambiar norte por sur, pero no lo veo yo una buena solución. Los pobres pingüinos que estaban en el polo sur, de repente se encontrarían en el norte y se harían un lío. ¡Hala! a nadar veinte mil kilómetros para ir al nuevo sur. No. No lo veo factible.

Pero, vayamos con Bangkok. Supongamos que tenéis un día libre y que no sabéis qué rayos hacer. Pues para eso está Sorokin, para aconsejaros. Lo primero que se os ocurre a todos, que sois unos pícaros, ya sé lo que es. Pues en ese caso, debéis ir a Patpong, barrio lleno de locales como este de la foto. Y no discutáis con esos señores que están en la puerta. Entráis, tomáis una cervezota Singha, veis el espectáculo y luego allá vosotros, que yo no soy el guardián de mi hermano ni de mis lectores.



No sorprenderos si os percatáis que Toni Soprano o alguno de sus amiguetes ha abierto una sucursal de su local en Patpong:


Pero Patpong no es sólo eso. Está lleno de mercadillos, puestos de recuerdos, camisetas, auténticos Lacoste a 4 euros y cositas así. A recomendar encarecidamente los albornoces de seda. Es cierto, son de seda y pueden ser un regalo magnífico para llevar a casa. Pero ¡oh, amigos!, regatead, de verdad. Y mejor mirad varios puestos y mercados antes de comprar. Un albornoz de seda puede sacarse por seiscientos Baht (unos quince euros) si regateais duro.


Los mercados en Bangkok son una especie de potpourri donde se puede hacer, comprar, ver y comer de todo, como este local en el mercado de Lumpini donde te pueden cortar el pelo o hacerte la pedicura. Intrigante la máquina automática que aparece a la izquierda. ¿Alguna sugerencia de para qué puede servir?



Además de los mercados, están los grandes centros comerciales donde podéis ir a dejar vuestro dinero comprando electrónica, programas pirata (Oh ¡no!, yo no compré, lo juro), etc.. Por ejemplo, el Office for Windows te puede costar cuatro euros, pero ¡ay de tí, pobre mortal si te lo pillan en la aduana!. No sólo te lo quitan (no sería grave) sino que encima te crujen con una multa. Otro pasatiempo menos peligroso es disfrutar viendo a estas vendedoras del centro comercial Panthip Plaza jugando a las cartas mientras esperan al guiri comprador.



¿Y vistar sitios turísticos? ya os estoy oyendo clamar..."¡Sorokin! ¿qué hay que visitar?" Bueno, pues podéis ir al palacio de Vimanmek, que era la residencia del rey RamaV. Dicen que es el edificio construido en madera más grande del mundo:




Pero ¡ojo! mis queridos turistas, hay que vestir correctamente (sin que esté muy claro por qué). He aquí las normas, donde se fija hasta la longitud de pantalones y de mangas:


Si consideran que eres un indecente siempre está la solución de comprarte una falda fantasía por 100 Baht (2,50 euros), como a este pobre señor que, sin duda no se ha visto lo elegante que queda tras la adecuada transformación:


Encima, no te dejan pasar cámaras de fotos ni objetos metálicos. Hay un arco detector a la entrada y te los hacen dejar en su custodia. Tambien te tienes que quitar los zapatos.

Pero, lo que hay que visitar sin falta son los Templos y el Palacio de Ratanakosin. Esta vez no tuve tiempo de ir. Las fotos siguientes son de mi anterior viaje a Bangkok en 2008, así que, a saber si todo esto sigue en su sitio. Si vais en taxi, conviene que aprendáis a pronunciar "Ratanakosin" correctamente. Como arrastréis la "Rr" en plan castellano, el taxista os va a mirar con cara de lelo: Se pronuncia "Latanakosin". Por cierto, este viaje tuve un pequeño sobresalto en un taxi. Iba con mis colegas José y Neale y llevábamos paquetes a tope. Saqué el iPhone para hacer una foto y lo guardé en un bolsillo que no es el habitual. Al bajarnos, me tiento el bolsillo habitual y exclamo "¡Me he dejado el teléfono en el taxi!". Total, mis amigos -en eso se notan los amigos- se pusieron a correr detrás del taxi, hasta que me dí cuenta que sí, que tenía el chisme. No sé si todavía me guardan rencor.

Bueno, en cualquier caso, en Ratanakosin hay que ver los templos, el palacio real y, si queréis, hacer una ofrenda como estas buenas gentes:



Pero, una vez más, no se os ocurra usar el lavabo de los baños para otra cosa que lavaros las manos. Las instrucciones están muy claras:




Me voy a detener aquí, que, como dicen en México, "Ya estuvo suave".  Me voy a cenar. Un besote a todos

dimanche 8 juillet 2012

Comer en Bangkok.

 
UN RESTAURANTE DE IDA Y VUELTA Y OTROS INTERESANTES CONSEJOS DE SOROKIN

Queridos lectores, amigotes, colegas y otra gente que me lee. Andaba yo remoloneando para escribir mas cositas sobre mi viaje a Bangkok, porque se me ha cruzado en mi camino le celebración del Ommegang en Bruselas y me ha dejado hecho un lío. ¿Qué hago, pardiez? ¿les cuento a mis amigotes lo del Ommegang, o sigo con Bangkok? Total, así me he pasado tres días con sus noches, corroído por la atroz duda, hasta que ¡rayos! he tomado una decisión: no os puedo dejar con Bangkok a medias, de modo que ya os contaré los festejos Bruselenses en otra ocasión. Así es que, ahí le voy nomás, como dicen en México.

Voy a empezar por donde acabé la entrada anterior: por la comida. Por cierto, la votación se resolvió a favor de la ensalada. Podéis verificarlo pinchando aquí. Y voy a empezar por un restaurante que podemos llamar "de ida y vuelta", the Blue Elephant. Curiosamente, la dueña del restaurante empezó sus andanzas en el mundo gastronómico ni más ni menos que en Bruselas, donde abrió su primer "Blue Elephant", que, por supuesto, todavía existe:


Aunque, como podéis ver por las fotos, no tiene el tronío del de Bangkok. De Bruselas pasó a Londres y a París y, por fin, volvió a su amada tierra (digo yo que la amaría, si no, se hubiera quedado en Europa) y abrió el restaurante y una escuela de cocina. El edificio es soberbio, y el restaurante tiene un ambiente colonial impresionante, con sus maderas nobles y sus ventanas de medio punto.



Otra vez me encontré con el embarazoso problema de si la flor que aparece en el entremés que te ponen como entrada es para comérsela o no, pero, ¡ah, amigos!, el astuto Sorokin no picó: no me la comí, me la puse en la oreja como se ponen los carpinteros el lápiz. Lástima que no tengo fotos del evento.


Aparte de eso, la comida era excelente y no era cara para ser un restaurante de tropecientos mil tenedores. El plato más caro costaba el equivalente de unos quince euros. El problema está en lo que bebes: mejor te quedas con una cerveza tailandesa y no te metes en aventuras vinícolas. Eso sí, nos la colaron con el agua con gas: trajeron San Pellegrino a diez euros la botella. Pero en fin, el restaurante valió la pena. No os perdáis el "Blue Elephant" si vais a Bangkok y tenéis dinero para pagar el agua con gas.

Otro restaurante digno de consideración es el "Dairy Queen". Ahí nos llevaron nuestros interlocutores tailandeses a la hora de comer del lunes, así que no os puedo decir si es caro o barato, porque fue una invitación. Exhibe un bello jardín tropical:



La comida consistió en un festín de pequeños platillos que van viniendo sucesivamente. Sopa (muy picante), tallarines, pastelillos de pescado, etc. Lo más impactante fue el arroz con leche de coco y mango que nos trajeron de postre:


Pero en fin, vale. ¿Que no tenéis ganas ni tiempo de ir a restaurantes? No hay problema. En Bangkok, la calle es en sí misma un restaurante: Esta chica vende algo rebozado y frito, por ejemplo:



Esta señora vende frutas:


 Y en estos envoltorios mis amigos latinoamericanos reconocerán sus tamales. No los probé, pero el aspecto, liados en una hoja de bananero, es absolutamente el mismo. Los cacahuetes deben ser para acompañar, digo yo.



¿Que queréis pescado? No hay problema, también hay pescado:



Y brochetas de pollo:


En fin, por si acaso, os recomiendo que llevéis a mano un paquete de Imodium (no sé si se llama así en España, pero es mano de santo en caso de violenta diarrea). No digo que ello tenga que suceder, pero hombre prevenido vale por más o menos dos (¿os acordáis del viejo chiste? un hombre llega a un puente con un letrero que avisa que el puente solo soporta el peso de una persona. El hombre pasa y el puente se cae, ¿por qué?) Bueno, paro de decir tonterías y me voy a cenar. En la próxima (y última) entrega os contaré qué otras cosas se pueden hacer en Bangkok. No, no es eso, que ya os veo la sonrisa maliciosa...

Besazos