samedi 21 juillet 2012

Cosas que hacer en Bangkok en un día libre


Con esta entrega, queridos oyentes, lectores, amigos y demás gente, voy a dar por terminada las historietas de Bangkok, porque ya empiezan a ser cansadas y porque ¡Oh cielos! se me empiezan a borrar de la memoria, no la del disco duro, no, sino la de la sesera reblandecida. Reblandecida, de tanta agua como nos está cayendo en esta ciudad de las mil lluvias. Ya sé que otras buenas gentes estáis pasando un calor agobiante, pero en fin, ya se sabe que el mundo está geográficamente muy mal distribuído. Había un científico que proponía usar todas las bombas atómicas para poner la tierra cabeza abajo y así cambiar norte por sur, pero no lo veo yo una buena solución. Los pobres pingüinos que estaban en el polo sur, de repente se encontrarían en el norte y se harían un lío. ¡Hala! a nadar veinte mil kilómetros para ir al nuevo sur. No. No lo veo factible.

Pero, vayamos con Bangkok. Supongamos que tenéis un día libre y que no sabéis qué rayos hacer. Pues para eso está Sorokin, para aconsejaros. Lo primero que se os ocurre a todos, que sois unos pícaros, ya sé lo que es. Pues en ese caso, debéis ir a Patpong, barrio lleno de locales como este de la foto. Y no discutáis con esos señores que están en la puerta. Entráis, tomáis una cervezota Singha, veis el espectáculo y luego allá vosotros, que yo no soy el guardián de mi hermano ni de mis lectores.



No sorprenderos si os percatáis que Toni Soprano o alguno de sus amiguetes ha abierto una sucursal de su local en Patpong:


Pero Patpong no es sólo eso. Está lleno de mercadillos, puestos de recuerdos, camisetas, auténticos Lacoste a 4 euros y cositas así. A recomendar encarecidamente los albornoces de seda. Es cierto, son de seda y pueden ser un regalo magnífico para llevar a casa. Pero ¡oh, amigos!, regatead, de verdad. Y mejor mirad varios puestos y mercados antes de comprar. Un albornoz de seda puede sacarse por seiscientos Baht (unos quince euros) si regateais duro.


Los mercados en Bangkok son una especie de potpourri donde se puede hacer, comprar, ver y comer de todo, como este local en el mercado de Lumpini donde te pueden cortar el pelo o hacerte la pedicura. Intrigante la máquina automática que aparece a la izquierda. ¿Alguna sugerencia de para qué puede servir?



Además de los mercados, están los grandes centros comerciales donde podéis ir a dejar vuestro dinero comprando electrónica, programas pirata (Oh ¡no!, yo no compré, lo juro), etc.. Por ejemplo, el Office for Windows te puede costar cuatro euros, pero ¡ay de tí, pobre mortal si te lo pillan en la aduana!. No sólo te lo quitan (no sería grave) sino que encima te crujen con una multa. Otro pasatiempo menos peligroso es disfrutar viendo a estas vendedoras del centro comercial Panthip Plaza jugando a las cartas mientras esperan al guiri comprador.



¿Y vistar sitios turísticos? ya os estoy oyendo clamar..."¡Sorokin! ¿qué hay que visitar?" Bueno, pues podéis ir al palacio de Vimanmek, que era la residencia del rey RamaV. Dicen que es el edificio construido en madera más grande del mundo:




Pero ¡ojo! mis queridos turistas, hay que vestir correctamente (sin que esté muy claro por qué). He aquí las normas, donde se fija hasta la longitud de pantalones y de mangas:


Si consideran que eres un indecente siempre está la solución de comprarte una falda fantasía por 100 Baht (2,50 euros), como a este pobre señor que, sin duda no se ha visto lo elegante que queda tras la adecuada transformación:


Encima, no te dejan pasar cámaras de fotos ni objetos metálicos. Hay un arco detector a la entrada y te los hacen dejar en su custodia. Tambien te tienes que quitar los zapatos.

Pero, lo que hay que visitar sin falta son los Templos y el Palacio de Ratanakosin. Esta vez no tuve tiempo de ir. Las fotos siguientes son de mi anterior viaje a Bangkok en 2008, así que, a saber si todo esto sigue en su sitio. Si vais en taxi, conviene que aprendáis a pronunciar "Ratanakosin" correctamente. Como arrastréis la "Rr" en plan castellano, el taxista os va a mirar con cara de lelo: Se pronuncia "Latanakosin". Por cierto, este viaje tuve un pequeño sobresalto en un taxi. Iba con mis colegas José y Neale y llevábamos paquetes a tope. Saqué el iPhone para hacer una foto y lo guardé en un bolsillo que no es el habitual. Al bajarnos, me tiento el bolsillo habitual y exclamo "¡Me he dejado el teléfono en el taxi!". Total, mis amigos -en eso se notan los amigos- se pusieron a correr detrás del taxi, hasta que me dí cuenta que sí, que tenía el chisme. No sé si todavía me guardan rencor.

Bueno, en cualquier caso, en Ratanakosin hay que ver los templos, el palacio real y, si queréis, hacer una ofrenda como estas buenas gentes:



Pero, una vez más, no se os ocurra usar el lavabo de los baños para otra cosa que lavaros las manos. Las instrucciones están muy claras:




Me voy a detener aquí, que, como dicen en México, "Ya estuvo suave".  Me voy a cenar. Un besote a todos

dimanche 8 juillet 2012

Comer en Bangkok.

 
UN RESTAURANTE DE IDA Y VUELTA Y OTROS INTERESANTES CONSEJOS DE SOROKIN

Queridos lectores, amigotes, colegas y otra gente que me lee. Andaba yo remoloneando para escribir mas cositas sobre mi viaje a Bangkok, porque se me ha cruzado en mi camino le celebración del Ommegang en Bruselas y me ha dejado hecho un lío. ¿Qué hago, pardiez? ¿les cuento a mis amigotes lo del Ommegang, o sigo con Bangkok? Total, así me he pasado tres días con sus noches, corroído por la atroz duda, hasta que ¡rayos! he tomado una decisión: no os puedo dejar con Bangkok a medias, de modo que ya os contaré los festejos Bruselenses en otra ocasión. Así es que, ahí le voy nomás, como dicen en México.

Voy a empezar por donde acabé la entrada anterior: por la comida. Por cierto, la votación se resolvió a favor de la ensalada. Podéis verificarlo pinchando aquí. Y voy a empezar por un restaurante que podemos llamar "de ida y vuelta", the Blue Elephant. Curiosamente, la dueña del restaurante empezó sus andanzas en el mundo gastronómico ni más ni menos que en Bruselas, donde abrió su primer "Blue Elephant", que, por supuesto, todavía existe:


Aunque, como podéis ver por las fotos, no tiene el tronío del de Bangkok. De Bruselas pasó a Londres y a París y, por fin, volvió a su amada tierra (digo yo que la amaría, si no, se hubiera quedado en Europa) y abrió el restaurante y una escuela de cocina. El edificio es soberbio, y el restaurante tiene un ambiente colonial impresionante, con sus maderas nobles y sus ventanas de medio punto.



Otra vez me encontré con el embarazoso problema de si la flor que aparece en el entremés que te ponen como entrada es para comérsela o no, pero, ¡ah, amigos!, el astuto Sorokin no picó: no me la comí, me la puse en la oreja como se ponen los carpinteros el lápiz. Lástima que no tengo fotos del evento.


Aparte de eso, la comida era excelente y no era cara para ser un restaurante de tropecientos mil tenedores. El plato más caro costaba el equivalente de unos quince euros. El problema está en lo que bebes: mejor te quedas con una cerveza tailandesa y no te metes en aventuras vinícolas. Eso sí, nos la colaron con el agua con gas: trajeron San Pellegrino a diez euros la botella. Pero en fin, el restaurante valió la pena. No os perdáis el "Blue Elephant" si vais a Bangkok y tenéis dinero para pagar el agua con gas.

Otro restaurante digno de consideración es el "Dairy Queen". Ahí nos llevaron nuestros interlocutores tailandeses a la hora de comer del lunes, así que no os puedo decir si es caro o barato, porque fue una invitación. Exhibe un bello jardín tropical:



La comida consistió en un festín de pequeños platillos que van viniendo sucesivamente. Sopa (muy picante), tallarines, pastelillos de pescado, etc. Lo más impactante fue el arroz con leche de coco y mango que nos trajeron de postre:


Pero en fin, vale. ¿Que no tenéis ganas ni tiempo de ir a restaurantes? No hay problema. En Bangkok, la calle es en sí misma un restaurante: Esta chica vende algo rebozado y frito, por ejemplo:



Esta señora vende frutas:


 Y en estos envoltorios mis amigos latinoamericanos reconocerán sus tamales. No los probé, pero el aspecto, liados en una hoja de bananero, es absolutamente el mismo. Los cacahuetes deben ser para acompañar, digo yo.



¿Que queréis pescado? No hay problema, también hay pescado:



Y brochetas de pollo:


En fin, por si acaso, os recomiendo que llevéis a mano un paquete de Imodium (no sé si se llama así en España, pero es mano de santo en caso de violenta diarrea). No digo que ello tenga que suceder, pero hombre prevenido vale por más o menos dos (¿os acordáis del viejo chiste? un hombre llega a un puente con un letrero que avisa que el puente solo soporta el peso de una persona. El hombre pasa y el puente se cae, ¿por qué?) Bueno, paro de decir tonterías y me voy a cenar. En la próxima (y última) entrega os contaré qué otras cosas se pueden hacer en Bangkok. No, no es eso, que ya os veo la sonrisa maliciosa...

Besazos

mardi 26 juin 2012

Bangkok: El monzón, los tuk-tuk y un puente belga


Mis queridos y fieles lectores (bueno, algún infiel habrá, pero eso no es asunto mío, que uno no es quien para juzgar). Heme aquí de nuevo en Bruselas tras un viaje  relámpago a Bangkok. En fin, si fuera por mí, me habría quedado por allí unos cuantos dias, meses o años más, quién sabe, pero quien manda, manda. Han sido cinco días escasos, pero que me van a dar tela para contaros, no faltaría más. Mis lectores no pueden quedarse así, sin conocer las aventuras de Sorokin en el sureste asiático. Para empezar por el principio -cosa totalmente pasada de moda, pero que por una vez voy a respetar-, llegué el domingo 17, tras pasar la noche en un avión suizo en el que lo único destacable fue la bronca que organizó el pasajero de al lado porque no tenían Martini. No le extrañaba en absoluto que Swissair hubiera quebrado... ¡una línea aérea sin Martini!¡dónde se había visto tal cosa!. En fin, que aparte el gruñón, el vuelo no fue malo. Bangkok estaba cubierto de espesas nubes, pero el tiempo se aguantó... se aguantó hasta que vuestro amado bloguero se decidió a abandonar el hotel y echarse a la calle. En unos minutos, me cayó todo el monzón encima:



Claro, que el astuto Sorokin, que ya se lo maliciaba, llevaba un impermeable y un sombrero también impermeable, lógico. Y ello me lleva a daros un consejo, ¡Oh queridos amigos! si caéis en época monzónica en el sudeste asiático, usad paraguas, amiguitos, usad paraguas. A 35ºC y 100% de humedad, el impermeable, es cierto, te proteje de la lluvia exterior, pero ¡ay!, empiezas a sudar como en una sauna y te calas igual, aunque sea por dentro y por tu propio sudor. Además, la lluvia cae vertical. Por algo llevarán paraguas las buenas gentes del lugar, como se ve levemente en el vídeo.

Pero, no os precupéis, no llovió a jarros durante los cinco días que duró el viaje. No. Lucía esplendoroso sol surante las horas en las que estuvimos metidos en salas de reunión; la lluvia sólo caía después de las seis de la tarde, cuando salíamos a la calle. Otro consejo, amiguetes: llevad en una mochila, bolso, sobre los hombros, en el bolsillo, en cualquier sitio, algo de abrigo, porque el aire acondicionado convierte los locales cerrados, taxis, tren elevado, etc.. en sucursales de Groenlandia. 

El primer día, en un momento que se calmó el aguacero, me di de manos a boca con un curioso puente en el cruce de dos avenidas. Como podéis ver en la foto, lleva el sonoro título de "puente Tailandia-Bélgica". Naturalmente, el tema me intrigó. He estado curioseando por Internet para ver con qué fausto motivo lleva ese nombre. Y parece que es un puente que se desmontó en Bruselas hace unos cuantos años (cuarenta o cincuenta) y que el gobierno belga regaló generosamente a Tailandia, enviándolo por piezas. Parece que cuando en Bélgica se dieron cuenta de que transportar las piezas hasta Bangkok les había costado varios miles de huevos (y varios miles de las yemas correspondientes), hubo hasta crisis ministerial. Pero ahí sigue. Con sus banderitas y todo.



 En Bangkok hay unos embotellamientos monstruos, o sea que si queréis ir a algún sitio (cosa razonable, no vais a estar todo el día en el hotel), lo mejor es coger el tren elevado, pero Bangkok es muy grande y el tren no llega a todas partes. Como alternativa, podéis coger un taxi (no son caros), pero lo típico es subirse a un Tuk-Tuk. No llevan taxímetro, por supuesto, así es que conviene ajustar el precio antes de subir. Y desde luego, es mejor que no llueva. La ventaja es que no llevan aire acondicionado. La brisa tropical te acaricia la cara (a veces te la azota, porque a ratos van bien deprisa, o eso te parece) mientras te agarras como lapa a todo lo que puedes para no salir despedido:



Otro día os contaré más cosas, que hay muchas que contar. Hoy me limitaré a plantearos un problema que todavía no he resuelto. Ni yo, ni mis colegas que me acompañaban. La primera noche fuimos a un restaurante que estaba cerca del hotel, que eso del jet-lag cansa mucho. Pedí un pescado con salsa de Tamarindo y ensalada. El pescado y la salsa de Tamarindo se ven muy bien en la foto. El pescado son esos trozos fritos (buenísimos, oiga) y la salsa, lo que está en el cuenco... pero ¿dónde está la ensalada? ¿son esas hojillas verdes que están debajo del pez y del cuenco?



Para más datos, os diré, que al servir, retiraron un florerito con vistosas flores color malva:



Y trajeron otro ¿florerito? con hojas verdes:



La duda cundió por la mesa... ¿eso se come, o es otro adorno?. Servidor, arriesgado y valeroso, se percató que las hojas de la derecha eran eneldo o algo parecido y se comió un par de ellas, amén que una de las otras, irreconocibles, hojas verdes. No me gustó y ahí se quedaron sus restos sobre mi plato. Imagino a los tailandeses del restaurante muertos de risa:   "el guiri se está comiendo el florero, el guiri se está comiendo el florero".

En fin, en peores nos hemos visto. Bueno, seguiré con más cositas otro día. Besazos

dimanche 10 juin 2012

"Juego de tronos", el idioma dothraki y un recuerdo de Malta




"Anha etzok dothraki
-->athnithme-nar" (aprendo dothraki sin dificultad), queridos amigos que me leeis aunque estéis todos muy ocupados, que ya sé que lo estáis, no se me enfaden. ¡Qué haría yo sin mis adorados lectores!. Bueno, pues sigo: no creo que tengais ninguna duda de mi adicción a las series.  Después de haberme visto las cuatro últimas temporadas de "Mad Men". andaba yo un poco desangelado, sin nada interesante que llevarme a los ojuelos hasta que el otro día me regalaron la temporada uno de "Game of Thrones", serie que me he chapado casi sin respirar, sobre todo ahora que ando encerrado en casa víctima de fuerte trancazo. En español, como Dios manda, ha sido traducida por "Juego de tronos", pero los franceses, con esa manía de cambiarle el nombre a todo lo que venga de fuente anglosajona la han llamado "El trono de hierro" (claro que la más gorda que he visto es cuando en Francia le cambiaron el título a "The Sheltering Sky" -el cielo protector- de Bertolucci, por "un té en el Sahara").Bueno, pues lo que iba diciendo, que me ha fascinado la serie y entre tos y tos ando pegando mandobles por la casa, vigilando mis ventanas a ver si llega algún cuervo de tres ojos con un mensaje, o (lo más importante), aprendiendo el idioma dothraki. Manda narices, que se han inventado un idioma nuevo para dar credibilidad a las aventuras de los nómadas que están al sur de los siete reinos, separados por el mar: los dothraki. La serie está basada en toda una saga de tropecientos libros de George R.R. Martin, cuyo primer libro me he comprado:





 Para empezar me he quedado un poco frío al ver que son ochocientas páginas, ni una más ni una menos. Además, como le dije en un comentario en su blog a Dorothy con tacones, hablando de "la pesca de salmón en el Yemen", a mí me repatea bastante tener que hacer la comparación entre versiones fílmicas y originales literarios. Sobre todo si me he visto primero el film (nunca pude leerme "las minas del rey Salomón" de Rider Haggard tras haber visto mil veces la película de los años cincuenta con Stewart Granger y Deborah Kerr). Pero en fin, ya me he gastado 15 euros en el libraco, así que tendrá que caer tarde o temprano.

La serie es fascinante, bien filmada y plagada de aventuras, traiciones, mezcla de hechos que recuerdan la historia medieval y la magia,  así es que, queridos amigotes, si os gustan esas cosas no debéis perdérosla. La dirección y la ambientación de la primera temporada es francamente muy buena. Todo sucede en un continente que recuerda de lejos a Gran Bretaña y que está limitado al norte por "el muro", un gran muro de hielo que separa los reinos de unas tierras salvajes y frías, llenas de misterios, y por el sur con un mar que lo separa de la tierra de los nómadas dothraki.
Las aventuras en el norte están filmadas en el Ulster. No tengo nada que decir. He estado en la república de Irlanda, pero no en Irlanda del Norte. Las  aventuras en el sur están filmadas en Malta, según dicen en la guía de la serie, pero ahí sí tengo algo que decir. No es Malta, es la isla de Gozo, que ciertamente está al lado:



Y lo digo porque lo sé. Pasé una vacaciones en Gozo (suena cachondo, ¿a que sí?). Podéis comparar la secuencia de la boda de la princesa Daenerys con el Khal Drogo, con la foto que hizo vuestro amado bloguero en Dwejra Bay:



Esta es la foto de un servidor, y esta la secuencia de la boda:








Esta maravilla natural está cerca de Xlendi. Hay una carretera para llegar hasta ella. Y así, pin pin, hemos llegado una vez más a que vuestro amado bloguero os cuente sus batallitas, pero no voy a insistrir demasiado, que lo bueno si breve, dos veces breve (¿o no era así?). Sólo decir que el archipiélago maltés merece la pena una visita y, aunque la isla mayor, Malta, está casi toda ella convertida en una ciudad, Gozo tiene todavía muchas zonas casi desiertas. Si vais y os alquiláis un coche, que sepáis, ¡Oh amigos!, que se conduce por la izquierda... pero... a la italiana. Vosotros veréis. 
El maltés es un idioma bastante oscuro y misterioso (como el dothraki, diría yo):




 Pero tranquilos, todo el mundo habla inglés e italiano.

¿Un restaurante? ¿me preguntáis por un restaurante? Bueno, pues para no faltar a la costumbre os diré que el Seaview, en Mgarr, que es la terminal de los ferries entre Malta y Gozo no está mal. Pero como buenos conocedores que sois, oh amigos, que no os la den con queso y elegid el pez que queréis que os cocinen:



Porque puede haber algún venerable pescado escondido entre los frescos y rozagantes de la parte superior del montón

Venga, pues un besote, que me voy a tomar tooodas las medicinas que me corresponden, porque este trancazo tiene que desparecer en cuatro días.

samedi 2 juin 2012

La Zinneke Parade






 
Siguiendo en mi linea de contaros todo lo que sé de Bruselas, ¡Oh dilectos y desocupados lectores!, voy a dedicar un par de entradas a contaros el movidón que se organiza en Mayo en Bruselas. Tanto, que no sabes a que divertido, jocoso o culteranísimo evento dirigirte con el sanísimo fin de solazarte, entretenerte, holgar o añadir conocimientos a tu caletre, que bueno es ello. Todo eso para desmentir un diálogo teléfonico que mantenía Imanol Arias desde Bruselas en "La flor de mi secreto" de Almodóvar, diciendo que "era una ciudad muy aburrida". Mentira, y gorda. Bruselas es una ciudad viva, multiétnica y multicultural donde pasan muchas cosas

Para empezar, os hablaré de la Zinneke Parade. Un desfile que se celebra cada dos años en el mes de Mayo. Un "Zinneke", en el dialecto de los bruselenses de toda la vida, en principio es un perrillo sin raza, una mezcla y, por extensión, se denomina así a todos los mestizos de bruselas, mezcla de flamencos y valones en su origen -sin olvidar a los españoles que también pasaron por la historia de esta ciudad- y, hoy en día, una ciudad donde conviven belgas, magrebíes, turcos, italianos, españoles, montones de polacos y toda la chusma del funcionariado internacional. 

El desfile de este año tenía por tema "el desorden" y, desde luego, lo cumplieron bien a gusto, con la participación de gente de todas edades, colores y estado físico, formando un "collage" de una riqueza espectacular, con un maravilloso y ruidoso ambiente de fiesta generalizada. Para muestra, ahí van estas dos fotos:




En silla de ruedas o con síndrome de Down, ¡todos a la fiesta! Leñe, se le expande a uno el espíritu viendo cosas así, en unos tiempos que no se distinguen por lo bien que va el mundo en general y Europa en particular, donde parece que los intereses de unos pocos están a punto de cargarse el trabajo y el bienestar de la mayoría. Pero venga, menos lágrimas, que al blog hay que venir llorado. ¡Anímense, mis amigos! contemplen estas sonrisas, una beatífica, la otra, diabólica:




Y aunque tengan cara triste, esta gente que sigue, en realidad se lo está pasando muy bien, os lo digo de verdad:


Es obvio viendo algunos disfraces que no había en los alrededores ningún miembro de alguna conocida familia de alta alcurnia (y no digo cual, que luego todo se sabe):



Yo, aparte de no saber para donde mirar de tantas cosas que estaban pasando, tenía otro problema:  con la Canon Reflex al cuello y con la Canon pequeña -para filmar malamente lo que se terciara- en el bolsillo, me hice unos líos de mucho cuidado. Luego os pongo lo que filmé, no os inquietéis, que ya os conozco. Bueno, me voy a parar aquí. En una futura entrada os hablaré de la fiesta del puerto y del Jazz Marathon de Bruselas. A ver si me sacudo mi tradicional pereza y vagancia y os la pongo antes del día 16, porque me voy (a currar, eh gentes, a currar) a Bangkok y, ya se sabe que a la vuelta os daré la brasa con mis aventuras tailandesas, que soy incorregible.

En fin, para que no falte la gastronota, os contaré que muy cerquita de donde se celebraba el desfile, ha abierto -totalmente reformada- la Brasserie "Le Greenwich", en la rue des Chartreux, una zona de intensa movida. El Greenwich da, sobre todo platillos tradicionales belgas, como el "Stoemp" (puré de legumbres con salchichas), al "cabillaud" (abadejo), el "americain frites" (filete tértaro picado en la misma sala con sus patatas fritas), etc. Como muestra ahí  va la foto de unos riñones con salsa dillonesa (yo no fuí el que se los comió, ustedes perdonen, pero tenían buena pinta y buen olor)



 


 Venga, pues a ver si consigo colocar el video a continuación. Un besote a todos, amiguetes. Tomen nota mis amigos valencianos que al final hay una traca y todo. Si es que todo se pega...



vendredi 18 mai 2012

El violinista armenio/ Le violoniste arménien


(version française à la fin)

No toca el violín en La Monnaie, ni en Beaux Arts ni en ningún sitio de postín en Bruselas. Toca en la estación de Metro de Roodebeek. Se sienta en el pasillo que comunica la estación de Metro con el Centro Comercial de Woluwé. Yo ese pasillo lo uso mucho, queridos amigotes. En primer lugar, porque la estación de Roodebeek tiene el enooorme privilegio de estar al lado de mi casa, con lo que es mi puerta de comunicación con el mundo. En segundo lugar, porque aunque no vaya a usar el Metro, con la que cae en Bruselas con frecuencia -parece que las nubes nos tienen manía- uso el pasillo en cuestión para ir al centro comercial y así evitarme tremenda mojadura que ocasione cadenas de estornudos y toses, cosa que no me gusta, porque luego la gente te mira mal. Sobre todo si se producen en un teatro, por ejemplo.







Como digo, que se me va el santo al cielo, recorro ese pasillo con frecuencia y, a veces, sobre todo en fines de semana o vísperas de festivos, me había llamado la atención el protagonista de esta historia, sentado, con su violín, tocando piezas clásicas con una perfección y un oficio impecable. No suelo darle dinero a los acordeonistas ambulantes que son capaces de aguarte una mañana en el Metro al ejecutar (nunca mejor dicho) alguna variación enloquecida de "Hava Naguila" o la marcha turca de Mozart (si Mozart levantara la cabeza... ¡Ay!), pero a nuestro amigo le dejé en un par de ocasiones unos euros, a lo que correspondía dándome un puñado de caramelos. Como veis, era evidente que se trataba de alguien especial.

Por fin, el otro día, cuando me daba los caramelos, lo interpelé, preguntando por qué un artista como él, un músico de ese nivel estaba ahí, sentado en el Metro tocando para gente que, en general, no le prestaba la más mínima atención. Me contó que era armenio, que cuando llegó a Bruselas tenía ya 62 años y en ninguna orquesta daban a trabajo a gente mayor. Me quedé impresionado. No me imaginaba que el mundo de la música sinfónica fuera tan cutre como para desperdiciar un auténtico profesional simplemente por la edad. Se ve que la crisis le toca a todo el mundo.

Hablamos de Armenia. Le dije que Yerevan era una ciudad preciosa (exageré, que todo hay que decirlo) y se le iluminaron los ojos. Si bien es cierto que a mí me gusta mucho Armenia, Yerevan en sí misma es una ciudad que están demoliendo para hacer edificios muy nuevos. Ya os conté mis andanzas por Armenia en otra entrada de este blog de hace unos años. Si tenéis ganas, podéis rememorarlas pinchando aquí. Le dije que conocía la ópera de Yerevan donde había visto una obra de Khatchaturian (no sé cual, sólo sé que era muy ruidosa. La verdad es que nos colamos en el entreacto mi colega Michel y un servidor). Me dijo que había tocado con Khatchaturian. ¡Vaya nivelazo!

Para que os pongáis en situación, ahí van unas fotos que hice en Yerevan en 2008:


Teatro de la Opera de Yerevan. Se supone que, aunque no se entiende lo que dice la peana, la estatua representa a Aram Khatchaturian.


Plaza de la República por la noche. Corría el mes de Septiembre, hacía calor y todo el mundo estaba en la plaza viendo un espectáculo de luz y sonido con las fuentes.

Bueno, amiguetes, os voy a dejar con el artista. Se ofreció a tocar algo para que lo filmara. Sólo tenía a mano el iPhone, así es que por eso está un poco chunga la filmación, pero estaréis de acuerdo conmigo que vale la pena escucharlo. Si no lo habéis reconocido, es la Gavota de la suite nº3 BWV 1068 de Bach. Que lo disfrutéis. Es cortito, no os asustéis. Luego le dí cinco euros y me regaló una tableta de chocolate. Genial.






Le violoniste arménien
. Version française

Il ne joue pas au théâtre de la Monnaie, ni aux Beaux-Arts ni à n'importe quel endroit chic à Bruxelles. Il joue à la station de métro Roodebeek. Il s’assoit dans le couloir reliant la station de métro au Woluwe Shopping Center. J’utilise beaucoup ce couloir. Tout d'abord, parce que la station a le privilège d'être à côté de ma maison, étant donc ma porte de communication avec le monde. Deuxièmement, parce que même si je n'utilise pas le métro, avec la pluie qui tombe souvent à Bruxelles, j’emprunte le corridor en question pour aller au centre commercial et ainsi ne pas devenir mouillé comme une grenouille, ce qui peut avoir comme effet des chaînes d’éternuements et de toux, chose que je déteste.




Comme je dis -parfois je perds le fil de la conversation- je me promène souvent dans ce couloir, et parfois, surtout le week-end ou avant les jours fériés, j'ai été frappé par le protagoniste de cette histoire, assis avec son violon, en jouant des morceaux classiques avec une perfection et un professionnalisme impeccables. Je ne donne généralement pas d'argent pour les accordéonistes de la rue, qui sont en mesure de te foutre dans l’air un voyage dans le métro en exécutant une variation débile du "Hava Naguila" ou de la marche turque de Mozart (Oh ! si Mozart levait la tête), mais j’ai laissé á notre ami une couple de fois quelques euros, et il correspondait en me donnant une poignée de bonbons. Vous voyez, il était clair que c'était quelqu'un de spécial.

Enfin, l'autre jour quand il me donnait les bonbons, je lui ai demandé pourquoi un artiste comme lui, un musicien de ce niveau, était là, assis dans le métro en jouant pour des personnes qui ne lui prêtent généralement pas la moindre attention. Il m'a dit qu'il était arménien, que quand il est arrivé à Bruxelles il avait 62 ans et aucune orchestre ne donne du travail aux personnes âgées. J'ai été impressionné. Je n’imaginais pas que le monde de la musique symphonique était si minable comme pour perdre un pro à cause de son âge. On voit que la crise touche tout le monde.

Nous avons parlé de l'Arménie. J'ai dit que Erevan était une belle ville (j’ai exagéré, il faut bien le dire) et ses yeux se sont allumés. S'il est vrai que j'aime vraiment l'Arménie, Erevan est une ville en train d'être démoli pour faire des nouveaux bâtiments. Je vous ai raconté mes aventures en Arménie dans un autre post sur ce blog il y a quelques années. Si vous avez envie, vous pouvez les revivre en cliquant ici. Je lui ai dit que je connaissais l'Opéra d'Erevan où j’avais vu une œuvre de Khatchatourian (dont je ne sais pas le nom, il suffit de savoir que c'était très bruyant. La vérité est que nous nous sommes glissés dans l'entracte mon collègue Michel et moi même). Il m'a dit qu'il avait joué avec Khatchatourian. Quel niveau!

Pour que vous mettre en ambiance, voici quelques photos que j'ai faites à Erevan en 2005/2008:




l'Avenue Abovian. L'artère principale d'Erevan. Photo de 2005





Place de la République. Photo de 2008

Eh bien, copains, je vais arrêter ici. L’artiste m’a proposé de jouer quelque chose pour le filmer. Je n’avais à la main que l'iPhone, et c’est pour ceci que la vidéo est un peu louche, mais ça vaut la peine. Si vous n'avez pas reconnu la pièce, c'est la Gavotte de la Suite n ° 3 BWV 1068 de Bach. Profitez-en. Elle est très courte, ne paniquez pas. Puis je lui ai donné cinq euros et il m'a donné une tablette de chocolat. Génial.





lundi 7 mai 2012

Chagall, otro judío errante


Hace un par de semanas ¡Oh queridos lectores! las circunstancias me obligaron a pasar unos cortos días en la Villa y Corte de Madrid. Obligación, que -para qué voy a negarlo- es para mí como suave bálsamo primaveral que acaricia mi cansado esqueleto. Aparte de que en "los madriles" siempre me sienta a gusto pase lo que pase, por encima de malos rollos, alcaldesas embotelladas y otras zarandajas, esta vez aproveché para ir a ver la exposición de Marc Chagall, exposición que os recomiendo con vehemencia si tenéis la oportunidad de ir a verla, amigotes. Se acaba el 20 de Mayo, así es que ya podéis poneros el turbo si queréis ir.

La exposición está dividida en dos partes. La primera, en el Museo Thyssen-Bornemisza, cubre las primeras etapas de Chagall, en su Rusia natal -Vitebsk y San Petersburgo-, su primera estancia en París, su vuelta a Vitebsk tras la revolución de 1917, y de nuevo París  hasta que tuvo que salir corriendo a América para escapar a los pogroms que les tenían preparados a los judíos en la Francia de Vichy. La segunda parte está en la sede de Caja Madrid, al lado de la Puerta del Sol y cubre el resto de su obra, tras la guerra.

Las pinturas que os pongo a continuación, son el producto de la actividad ilegal y secreta de vuestro amado bloguero Sorokin, que tuvo que desafiar a unas marujonas de uniforme que se lanzaban sobre los inocentes fotógrafos -como un servidor- al grito de ¡NO SE PUEDEN HACER FOTOS! Qué susto, pardiez. Para conseguir, pues, las imágenes que siguen, recurrí a la táctica Anacleto agente secreto: la Canon en el bolsillo, con el interruptor en "On", sin flash y sacada subrepticiamente cuando las brujas no miraban. Y el gusto que da delinquir... inefable. Sorprendentemente, en la sede de Caja Madrid, en vez de señoritas Rotenmeyer había guardas de seguridad y resultaron más fáciles de burlar. Cosas de la vida.

La exposición es muy completa. Se puede seguir perfectamente la evolución de Chagall, desde sus primeras obras,  realistas, pero donde el color adquiere carácter de protagonista total, como en estos tonos rojos fuertemente agresivos que usa en la pintura de su hija y su mujer comiendo frutos del bosque:



O el desnudo en rojo enmarcado por tonos verdes, pintura de su primera época. He leído que la modelo era su hermana. Será, si ellos lo dicen.



En muchas pinturas de esta época, aparecen temas judíos y paisajes de su Vitebsk natal, así como gallos, vacas, cabras, todavía como tales, sin mezclas humano-animal que aparecieron después. Lamentablemente, las más conocidas eran las que más vigiladas estaban por las marujonas, así que me quedé a dos velas y sin poder fotografiarlas, salvo ésta: "Soledad"


O esta, "la casa azul":



Tampoco pude fotografiar las incursiones de Chagall en el cubismo (en realidad, sólo eran un par de pinturas). Nunca se autoincluyó en ninguna corriente pictórica de las que arrasaban en el París de entreguerras. Por su uso del color y su trazo deliberadamente grosero fue asociado a los "fauves". Como digo, tuvo veleidades cubistas y luego los surrealistas lo consideraron como suyo, aunque él seguía a su aire.

No parece que los críticos se pongan muy de acuerdo sobre qué sentido tienen esos animales que aparecen en las pinturas de su primera época, aunque cuando se convierten en bestias antropomorfas, como aquí, en "la danza", se percibe un simbolismo más claramente sexual. Hombre, caramba, viendo una señora desnuda y un toro con un violín al lado, uno va comprendiendo por donde van los tiros.



O como aquí, otro toro violinista y otra señora desnuda:


En resumen, la exposición vale la pena. Yo disfruté como un tonto con un pincel y he tomado la decisión de mandar los colores pastel al guano e intentar usar también tonos salvajes en mis próximos gurrapatos pictóricos. Pero no debe ser nada fácil, pese a lo que pueda parecer.

Para terminar este post, no puede faltar una nota alimenticia, que además, viene al caso. Me llevaron a un restaurante ruso en Collado Villalba. Probablemente, el más ruso de todos los resturantes rusos de la provincia. Se llama "Strogonov" y, como podéis ver por la foto, uno se siente como si estuviera en algún lugar de la madre Rusia. Otra cosa es encontrarlo, porque está bien escondido en un rincón inverosímil. En fin pinchando aquí, viene un mapa de la zona.



Aparte los platos típicos como bitochki, blinis, caviar (de arenque, vaya, aunque también hay del de verdad, pero se paga), me encantó el borsch. No sólo por que era bastante verdadero, sino porque tiene un color totalmente chagalesco. ¿O no?:


Bueno, ya estuvo bien por hoy. No os perdáis Chagall si podéis. Un besote