dimanche 10 juin 2012

"Juego de tronos", el idioma dothraki y un recuerdo de Malta




"Anha etzok dothraki
-->athnithme-nar" (aprendo dothraki sin dificultad), queridos amigos que me leeis aunque estéis todos muy ocupados, que ya sé que lo estáis, no se me enfaden. ¡Qué haría yo sin mis adorados lectores!. Bueno, pues sigo: no creo que tengais ninguna duda de mi adicción a las series.  Después de haberme visto las cuatro últimas temporadas de "Mad Men". andaba yo un poco desangelado, sin nada interesante que llevarme a los ojuelos hasta que el otro día me regalaron la temporada uno de "Game of Thrones", serie que me he chapado casi sin respirar, sobre todo ahora que ando encerrado en casa víctima de fuerte trancazo. En español, como Dios manda, ha sido traducida por "Juego de tronos", pero los franceses, con esa manía de cambiarle el nombre a todo lo que venga de fuente anglosajona la han llamado "El trono de hierro" (claro que la más gorda que he visto es cuando en Francia le cambiaron el título a "The Sheltering Sky" -el cielo protector- de Bertolucci, por "un té en el Sahara").Bueno, pues lo que iba diciendo, que me ha fascinado la serie y entre tos y tos ando pegando mandobles por la casa, vigilando mis ventanas a ver si llega algún cuervo de tres ojos con un mensaje, o (lo más importante), aprendiendo el idioma dothraki. Manda narices, que se han inventado un idioma nuevo para dar credibilidad a las aventuras de los nómadas que están al sur de los siete reinos, separados por el mar: los dothraki. La serie está basada en toda una saga de tropecientos libros de George R.R. Martin, cuyo primer libro me he comprado:





 Para empezar me he quedado un poco frío al ver que son ochocientas páginas, ni una más ni una menos. Además, como le dije en un comentario en su blog a Dorothy con tacones, hablando de "la pesca de salmón en el Yemen", a mí me repatea bastante tener que hacer la comparación entre versiones fílmicas y originales literarios. Sobre todo si me he visto primero el film (nunca pude leerme "las minas del rey Salomón" de Rider Haggard tras haber visto mil veces la película de los años cincuenta con Stewart Granger y Deborah Kerr). Pero en fin, ya me he gastado 15 euros en el libraco, así que tendrá que caer tarde o temprano.

La serie es fascinante, bien filmada y plagada de aventuras, traiciones, mezcla de hechos que recuerdan la historia medieval y la magia,  así es que, queridos amigotes, si os gustan esas cosas no debéis perdérosla. La dirección y la ambientación de la primera temporada es francamente muy buena. Todo sucede en un continente que recuerda de lejos a Gran Bretaña y que está limitado al norte por "el muro", un gran muro de hielo que separa los reinos de unas tierras salvajes y frías, llenas de misterios, y por el sur con un mar que lo separa de la tierra de los nómadas dothraki.
Las aventuras en el norte están filmadas en el Ulster. No tengo nada que decir. He estado en la república de Irlanda, pero no en Irlanda del Norte. Las  aventuras en el sur están filmadas en Malta, según dicen en la guía de la serie, pero ahí sí tengo algo que decir. No es Malta, es la isla de Gozo, que ciertamente está al lado:



Y lo digo porque lo sé. Pasé una vacaciones en Gozo (suena cachondo, ¿a que sí?). Podéis comparar la secuencia de la boda de la princesa Daenerys con el Khal Drogo, con la foto que hizo vuestro amado bloguero en Dwejra Bay:



Esta es la foto de un servidor, y esta la secuencia de la boda:








Esta maravilla natural está cerca de Xlendi. Hay una carretera para llegar hasta ella. Y así, pin pin, hemos llegado una vez más a que vuestro amado bloguero os cuente sus batallitas, pero no voy a insistrir demasiado, que lo bueno si breve, dos veces breve (¿o no era así?). Sólo decir que el archipiélago maltés merece la pena una visita y, aunque la isla mayor, Malta, está casi toda ella convertida en una ciudad, Gozo tiene todavía muchas zonas casi desiertas. Si vais y os alquiláis un coche, que sepáis, ¡Oh amigos!, que se conduce por la izquierda... pero... a la italiana. Vosotros veréis. 
El maltés es un idioma bastante oscuro y misterioso (como el dothraki, diría yo):




 Pero tranquilos, todo el mundo habla inglés e italiano.

¿Un restaurante? ¿me preguntáis por un restaurante? Bueno, pues para no faltar a la costumbre os diré que el Seaview, en Mgarr, que es la terminal de los ferries entre Malta y Gozo no está mal. Pero como buenos conocedores que sois, oh amigos, que no os la den con queso y elegid el pez que queréis que os cocinen:



Porque puede haber algún venerable pescado escondido entre los frescos y rozagantes de la parte superior del montón

Venga, pues un besote, que me voy a tomar tooodas las medicinas que me corresponden, porque este trancazo tiene que desparecer en cuatro días.

samedi 2 juin 2012

La Zinneke Parade






 
Siguiendo en mi linea de contaros todo lo que sé de Bruselas, ¡Oh dilectos y desocupados lectores!, voy a dedicar un par de entradas a contaros el movidón que se organiza en Mayo en Bruselas. Tanto, que no sabes a que divertido, jocoso o culteranísimo evento dirigirte con el sanísimo fin de solazarte, entretenerte, holgar o añadir conocimientos a tu caletre, que bueno es ello. Todo eso para desmentir un diálogo teléfonico que mantenía Imanol Arias desde Bruselas en "La flor de mi secreto" de Almodóvar, diciendo que "era una ciudad muy aburrida". Mentira, y gorda. Bruselas es una ciudad viva, multiétnica y multicultural donde pasan muchas cosas

Para empezar, os hablaré de la Zinneke Parade. Un desfile que se celebra cada dos años en el mes de Mayo. Un "Zinneke", en el dialecto de los bruselenses de toda la vida, en principio es un perrillo sin raza, una mezcla y, por extensión, se denomina así a todos los mestizos de bruselas, mezcla de flamencos y valones en su origen -sin olvidar a los españoles que también pasaron por la historia de esta ciudad- y, hoy en día, una ciudad donde conviven belgas, magrebíes, turcos, italianos, españoles, montones de polacos y toda la chusma del funcionariado internacional. 

El desfile de este año tenía por tema "el desorden" y, desde luego, lo cumplieron bien a gusto, con la participación de gente de todas edades, colores y estado físico, formando un "collage" de una riqueza espectacular, con un maravilloso y ruidoso ambiente de fiesta generalizada. Para muestra, ahí van estas dos fotos:




En silla de ruedas o con síndrome de Down, ¡todos a la fiesta! Leñe, se le expande a uno el espíritu viendo cosas así, en unos tiempos que no se distinguen por lo bien que va el mundo en general y Europa en particular, donde parece que los intereses de unos pocos están a punto de cargarse el trabajo y el bienestar de la mayoría. Pero venga, menos lágrimas, que al blog hay que venir llorado. ¡Anímense, mis amigos! contemplen estas sonrisas, una beatífica, la otra, diabólica:




Y aunque tengan cara triste, esta gente que sigue, en realidad se lo está pasando muy bien, os lo digo de verdad:


Es obvio viendo algunos disfraces que no había en los alrededores ningún miembro de alguna conocida familia de alta alcurnia (y no digo cual, que luego todo se sabe):



Yo, aparte de no saber para donde mirar de tantas cosas que estaban pasando, tenía otro problema:  con la Canon Reflex al cuello y con la Canon pequeña -para filmar malamente lo que se terciara- en el bolsillo, me hice unos líos de mucho cuidado. Luego os pongo lo que filmé, no os inquietéis, que ya os conozco. Bueno, me voy a parar aquí. En una futura entrada os hablaré de la fiesta del puerto y del Jazz Marathon de Bruselas. A ver si me sacudo mi tradicional pereza y vagancia y os la pongo antes del día 16, porque me voy (a currar, eh gentes, a currar) a Bangkok y, ya se sabe que a la vuelta os daré la brasa con mis aventuras tailandesas, que soy incorregible.

En fin, para que no falte la gastronota, os contaré que muy cerquita de donde se celebraba el desfile, ha abierto -totalmente reformada- la Brasserie "Le Greenwich", en la rue des Chartreux, una zona de intensa movida. El Greenwich da, sobre todo platillos tradicionales belgas, como el "Stoemp" (puré de legumbres con salchichas), al "cabillaud" (abadejo), el "americain frites" (filete tértaro picado en la misma sala con sus patatas fritas), etc. Como muestra ahí  va la foto de unos riñones con salsa dillonesa (yo no fuí el que se los comió, ustedes perdonen, pero tenían buena pinta y buen olor)



 


 Venga, pues a ver si consigo colocar el video a continuación. Un besote a todos, amiguetes. Tomen nota mis amigos valencianos que al final hay una traca y todo. Si es que todo se pega...



vendredi 18 mai 2012

El violinista armenio/ Le violoniste arménien


(version française à la fin)

No toca el violín en La Monnaie, ni en Beaux Arts ni en ningún sitio de postín en Bruselas. Toca en la estación de Metro de Roodebeek. Se sienta en el pasillo que comunica la estación de Metro con el Centro Comercial de Woluwé. Yo ese pasillo lo uso mucho, queridos amigotes. En primer lugar, porque la estación de Roodebeek tiene el enooorme privilegio de estar al lado de mi casa, con lo que es mi puerta de comunicación con el mundo. En segundo lugar, porque aunque no vaya a usar el Metro, con la que cae en Bruselas con frecuencia -parece que las nubes nos tienen manía- uso el pasillo en cuestión para ir al centro comercial y así evitarme tremenda mojadura que ocasione cadenas de estornudos y toses, cosa que no me gusta, porque luego la gente te mira mal. Sobre todo si se producen en un teatro, por ejemplo.







Como digo, que se me va el santo al cielo, recorro ese pasillo con frecuencia y, a veces, sobre todo en fines de semana o vísperas de festivos, me había llamado la atención el protagonista de esta historia, sentado, con su violín, tocando piezas clásicas con una perfección y un oficio impecable. No suelo darle dinero a los acordeonistas ambulantes que son capaces de aguarte una mañana en el Metro al ejecutar (nunca mejor dicho) alguna variación enloquecida de "Hava Naguila" o la marcha turca de Mozart (si Mozart levantara la cabeza... ¡Ay!), pero a nuestro amigo le dejé en un par de ocasiones unos euros, a lo que correspondía dándome un puñado de caramelos. Como veis, era evidente que se trataba de alguien especial.

Por fin, el otro día, cuando me daba los caramelos, lo interpelé, preguntando por qué un artista como él, un músico de ese nivel estaba ahí, sentado en el Metro tocando para gente que, en general, no le prestaba la más mínima atención. Me contó que era armenio, que cuando llegó a Bruselas tenía ya 62 años y en ninguna orquesta daban a trabajo a gente mayor. Me quedé impresionado. No me imaginaba que el mundo de la música sinfónica fuera tan cutre como para desperdiciar un auténtico profesional simplemente por la edad. Se ve que la crisis le toca a todo el mundo.

Hablamos de Armenia. Le dije que Yerevan era una ciudad preciosa (exageré, que todo hay que decirlo) y se le iluminaron los ojos. Si bien es cierto que a mí me gusta mucho Armenia, Yerevan en sí misma es una ciudad que están demoliendo para hacer edificios muy nuevos. Ya os conté mis andanzas por Armenia en otra entrada de este blog de hace unos años. Si tenéis ganas, podéis rememorarlas pinchando aquí. Le dije que conocía la ópera de Yerevan donde había visto una obra de Khatchaturian (no sé cual, sólo sé que era muy ruidosa. La verdad es que nos colamos en el entreacto mi colega Michel y un servidor). Me dijo que había tocado con Khatchaturian. ¡Vaya nivelazo!

Para que os pongáis en situación, ahí van unas fotos que hice en Yerevan en 2008:


Teatro de la Opera de Yerevan. Se supone que, aunque no se entiende lo que dice la peana, la estatua representa a Aram Khatchaturian.


Plaza de la República por la noche. Corría el mes de Septiembre, hacía calor y todo el mundo estaba en la plaza viendo un espectáculo de luz y sonido con las fuentes.

Bueno, amiguetes, os voy a dejar con el artista. Se ofreció a tocar algo para que lo filmara. Sólo tenía a mano el iPhone, así es que por eso está un poco chunga la filmación, pero estaréis de acuerdo conmigo que vale la pena escucharlo. Si no lo habéis reconocido, es la Gavota de la suite nº3 BWV 1068 de Bach. Que lo disfrutéis. Es cortito, no os asustéis. Luego le dí cinco euros y me regaló una tableta de chocolate. Genial.






Le violoniste arménien
. Version française

Il ne joue pas au théâtre de la Monnaie, ni aux Beaux-Arts ni à n'importe quel endroit chic à Bruxelles. Il joue à la station de métro Roodebeek. Il s’assoit dans le couloir reliant la station de métro au Woluwe Shopping Center. J’utilise beaucoup ce couloir. Tout d'abord, parce que la station a le privilège d'être à côté de ma maison, étant donc ma porte de communication avec le monde. Deuxièmement, parce que même si je n'utilise pas le métro, avec la pluie qui tombe souvent à Bruxelles, j’emprunte le corridor en question pour aller au centre commercial et ainsi ne pas devenir mouillé comme une grenouille, ce qui peut avoir comme effet des chaînes d’éternuements et de toux, chose que je déteste.




Comme je dis -parfois je perds le fil de la conversation- je me promène souvent dans ce couloir, et parfois, surtout le week-end ou avant les jours fériés, j'ai été frappé par le protagoniste de cette histoire, assis avec son violon, en jouant des morceaux classiques avec une perfection et un professionnalisme impeccables. Je ne donne généralement pas d'argent pour les accordéonistes de la rue, qui sont en mesure de te foutre dans l’air un voyage dans le métro en exécutant une variation débile du "Hava Naguila" ou de la marche turque de Mozart (Oh ! si Mozart levait la tête), mais j’ai laissé á notre ami une couple de fois quelques euros, et il correspondait en me donnant une poignée de bonbons. Vous voyez, il était clair que c'était quelqu'un de spécial.

Enfin, l'autre jour quand il me donnait les bonbons, je lui ai demandé pourquoi un artiste comme lui, un musicien de ce niveau, était là, assis dans le métro en jouant pour des personnes qui ne lui prêtent généralement pas la moindre attention. Il m'a dit qu'il était arménien, que quand il est arrivé à Bruxelles il avait 62 ans et aucune orchestre ne donne du travail aux personnes âgées. J'ai été impressionné. Je n’imaginais pas que le monde de la musique symphonique était si minable comme pour perdre un pro à cause de son âge. On voit que la crise touche tout le monde.

Nous avons parlé de l'Arménie. J'ai dit que Erevan était une belle ville (j’ai exagéré, il faut bien le dire) et ses yeux se sont allumés. S'il est vrai que j'aime vraiment l'Arménie, Erevan est une ville en train d'être démoli pour faire des nouveaux bâtiments. Je vous ai raconté mes aventures en Arménie dans un autre post sur ce blog il y a quelques années. Si vous avez envie, vous pouvez les revivre en cliquant ici. Je lui ai dit que je connaissais l'Opéra d'Erevan où j’avais vu une œuvre de Khatchatourian (dont je ne sais pas le nom, il suffit de savoir que c'était très bruyant. La vérité est que nous nous sommes glissés dans l'entracte mon collègue Michel et moi même). Il m'a dit qu'il avait joué avec Khatchatourian. Quel niveau!

Pour que vous mettre en ambiance, voici quelques photos que j'ai faites à Erevan en 2005/2008:




l'Avenue Abovian. L'artère principale d'Erevan. Photo de 2005





Place de la République. Photo de 2008

Eh bien, copains, je vais arrêter ici. L’artiste m’a proposé de jouer quelque chose pour le filmer. Je n’avais à la main que l'iPhone, et c’est pour ceci que la vidéo est un peu louche, mais ça vaut la peine. Si vous n'avez pas reconnu la pièce, c'est la Gavotte de la Suite n ° 3 BWV 1068 de Bach. Profitez-en. Elle est très courte, ne paniquez pas. Puis je lui ai donné cinq euros et il m'a donné une tablette de chocolat. Génial.





lundi 7 mai 2012

Chagall, otro judío errante


Hace un par de semanas ¡Oh queridos lectores! las circunstancias me obligaron a pasar unos cortos días en la Villa y Corte de Madrid. Obligación, que -para qué voy a negarlo- es para mí como suave bálsamo primaveral que acaricia mi cansado esqueleto. Aparte de que en "los madriles" siempre me sienta a gusto pase lo que pase, por encima de malos rollos, alcaldesas embotelladas y otras zarandajas, esta vez aproveché para ir a ver la exposición de Marc Chagall, exposición que os recomiendo con vehemencia si tenéis la oportunidad de ir a verla, amigotes. Se acaba el 20 de Mayo, así es que ya podéis poneros el turbo si queréis ir.

La exposición está dividida en dos partes. La primera, en el Museo Thyssen-Bornemisza, cubre las primeras etapas de Chagall, en su Rusia natal -Vitebsk y San Petersburgo-, su primera estancia en París, su vuelta a Vitebsk tras la revolución de 1917, y de nuevo París  hasta que tuvo que salir corriendo a América para escapar a los pogroms que les tenían preparados a los judíos en la Francia de Vichy. La segunda parte está en la sede de Caja Madrid, al lado de la Puerta del Sol y cubre el resto de su obra, tras la guerra.

Las pinturas que os pongo a continuación, son el producto de la actividad ilegal y secreta de vuestro amado bloguero Sorokin, que tuvo que desafiar a unas marujonas de uniforme que se lanzaban sobre los inocentes fotógrafos -como un servidor- al grito de ¡NO SE PUEDEN HACER FOTOS! Qué susto, pardiez. Para conseguir, pues, las imágenes que siguen, recurrí a la táctica Anacleto agente secreto: la Canon en el bolsillo, con el interruptor en "On", sin flash y sacada subrepticiamente cuando las brujas no miraban. Y el gusto que da delinquir... inefable. Sorprendentemente, en la sede de Caja Madrid, en vez de señoritas Rotenmeyer había guardas de seguridad y resultaron más fáciles de burlar. Cosas de la vida.

La exposición es muy completa. Se puede seguir perfectamente la evolución de Chagall, desde sus primeras obras,  realistas, pero donde el color adquiere carácter de protagonista total, como en estos tonos rojos fuertemente agresivos que usa en la pintura de su hija y su mujer comiendo frutos del bosque:



O el desnudo en rojo enmarcado por tonos verdes, pintura de su primera época. He leído que la modelo era su hermana. Será, si ellos lo dicen.



En muchas pinturas de esta época, aparecen temas judíos y paisajes de su Vitebsk natal, así como gallos, vacas, cabras, todavía como tales, sin mezclas humano-animal que aparecieron después. Lamentablemente, las más conocidas eran las que más vigiladas estaban por las marujonas, así que me quedé a dos velas y sin poder fotografiarlas, salvo ésta: "Soledad"


O esta, "la casa azul":



Tampoco pude fotografiar las incursiones de Chagall en el cubismo (en realidad, sólo eran un par de pinturas). Nunca se autoincluyó en ninguna corriente pictórica de las que arrasaban en el París de entreguerras. Por su uso del color y su trazo deliberadamente grosero fue asociado a los "fauves". Como digo, tuvo veleidades cubistas y luego los surrealistas lo consideraron como suyo, aunque él seguía a su aire.

No parece que los críticos se pongan muy de acuerdo sobre qué sentido tienen esos animales que aparecen en las pinturas de su primera época, aunque cuando se convierten en bestias antropomorfas, como aquí, en "la danza", se percibe un simbolismo más claramente sexual. Hombre, caramba, viendo una señora desnuda y un toro con un violín al lado, uno va comprendiendo por donde van los tiros.



O como aquí, otro toro violinista y otra señora desnuda:


En resumen, la exposición vale la pena. Yo disfruté como un tonto con un pincel y he tomado la decisión de mandar los colores pastel al guano e intentar usar también tonos salvajes en mis próximos gurrapatos pictóricos. Pero no debe ser nada fácil, pese a lo que pueda parecer.

Para terminar este post, no puede faltar una nota alimenticia, que además, viene al caso. Me llevaron a un restaurante ruso en Collado Villalba. Probablemente, el más ruso de todos los resturantes rusos de la provincia. Se llama "Strogonov" y, como podéis ver por la foto, uno se siente como si estuviera en algún lugar de la madre Rusia. Otra cosa es encontrarlo, porque está bien escondido en un rincón inverosímil. En fin pinchando aquí, viene un mapa de la zona.



Aparte los platos típicos como bitochki, blinis, caviar (de arenque, vaya, aunque también hay del de verdad, pero se paga), me encantó el borsch. No sólo por que era bastante verdadero, sino porque tiene un color totalmente chagalesco. ¿O no?:


Bueno, ya estuvo bien por hoy. No os perdáis Chagall si podéis. Un besote

samedi 21 avril 2012

Zelanda. La Pascua en la tierra del mar


Zelanda, como todos ustedes sabéis, mis queridos amigotes, es una provincia holandesa. No tiene nada que ver con la Nueva Zelanda, que pilla un poco lejos. "Zeeland" como también sabéis, quiere decir "tierra del mar" en la lengua que hablan todas estas gentes de por aquí. Como podéis ver en el mapa que he tenido el gusto de poner a continuación (de nada, colegas), la penetran varios brazos de mar, con lo que el nombre está bastante justificado. El más importante de todos ellos es el estuario del Escalda, del que ya os hablé el año pasado. Si estáis ociosos -o ansiosos por ampliar vuestros conocimientos sobre el asunto-, podéis pinchar aquí y disfrutaréis de las sorokinescas hazañas de la Pascua de 2011.




Como el criminal siempre vuelve al lugar del crimen, este año he vuelto a cometer la felonía de ir a pasar la Pascua a estas tierras marinas. Y no sólo eso, he ido a los mismos apartamentos del año pasado, "de Gulden Strom", en Vlissingen,  desde los cuales se ven desfilar barcos y barcos por el Escalda mientras uno se toma su café con leche o su cervezota. Muy ameno.



En la foto podéis ver un barco pasando y un ramito de tulipanes. El barco es esa cosa oscura en la parte alta de la foto. Los tulipanes, las flores amarillas que hay sobre la mesa. Que no se diga que vuestro bloguero viene a Holanda y no compra un ramito de la flor nacional de los holandeses. 

En general, al norte de los Pirineos se da más importancia a la Pascua que a la Semana Santa. De hecho, las vacaciones coinciden con la semana de Pascua, mientras que en Viernes Santo, etc, todo el mundo curra. ¿Será porque celebran más la vida que la muerte? En fin, no me meto en berenjenales teológicos, que bastante tengo con meterme en relatos sosainas, como éste. Dejémoslo aquí. Bien, sigo. Es típico pintar los huevos de gallina de brillantes colores y comérselos en el desayuno  del lunes de Pascua (aparte de otras viandas, claro)



Hay diversos estilos de pintar los huevos como podéis ver a continuación. En fin, viva la libertad artística. Cada uno se pinta su huevo como le da la gana (iba a decir la "real" gana, pero me abstengo, no vaya a ser que aparezca un elefante por aquí y se disguste conmigo)


Vuestro bloguero predilecto, aparte de dedicarse a no hacer nada en la terraza y comer huevos pintados, se fue a dar una vuelta por el mercado de Vlissingen, constatando algunas cosas interesantes, como lo que se ve en esta foto que dedico a mi amigo bloguero el Oteador de los Mercados, que sabe un montón sobre mercados y sobre naranjas. Pues sí, las naranjas no se venden por kilos, sino por piezas. 20 naranjas, 3,95 euros dice el letrero. Y si quieres una caja, te la puedes llevar por 8,95 euros. Me pareció extremadamente barato: a ojo de buen cubero, el kilo debe salir a 90 céntimos de euro.


Pero en fin, os voy a  hablar del pescado holandés por excelencia: los "maatjes". Los maatjes son arenques del mar del norte, pescados en temporada, cuando aún no son fértiles y marinados en una salmuera suave, sin vinagre. A no confundir con los "rollmops" que son arenques marinados en vinagre, más típicos de Alemania y de los países nórdicos. En principio, la temporada empieza en Mayo y dura hasta el fin de Junio; lo que pasa es que gracias a los famosos y perversos anisakis, la ley obliga a congelar a los bichos antes de ponerlos en la salmuera. Gracias a eso hay "maatjes" todo el año.


A mí me encantan los pescaditos estos. Se comen así, como vienen, con un poco de cebolla picada. Están gloriosamente suaves y pegajosos. Ya sé que a mucha gente no le gustan, e incluso me atrevería a decir que le repatean, pero, si venís por aquí, no lo dudéis: probad. Es una experiencia diferente... se te deshacen en la boca. Un día los hice en una especie de ensalada, medio ensalada, medio guacamole (oiga, que se vea la fusión de culturas gastronómicas de Sorokin). En primer lugar, troceamos los arenques y los mezclamos con la cebolla en cuadraditos:


Acto seguido, cortamos en trozos groseros un aguacate, un par de tomates, sal, pimienta, eneldo. Mezclamos todo y, a comer:


Si pasáis por la zona, aparte de pasear por las dunas o por la orilla del agua, ir al mercado o comer arenques, os puedo proponer un par de sitios interesantes: El St Jakob's Café es la mar de acogedor y tiene una buena selección de cafés, tés, sandwiches y otras amenidades. Tambén tienen una buena carta de vinos y cerveza, claro.


Como ya sé que a algunos de mis maravillosos lectores imaginarios les gustan las pócimas bio, los tés raros y otras cosas del estilo, os recomiendo la tienda "Rode Pilaren" que está en la calle principal. Es una cadena, pero eso no quita para que el local de Vlissingen esté de lo más cuqui:



Pues, mis amigos, lo voy a dejar aquí, con un consejo final si vais a Vlissingen. No os confieis demasiado en los verdes céspedes que adornan toda la zona, porque... mira tú lo que puede pasar..


Un besote

lundi 2 avril 2012

Dónde -y cómo- comer mejillones en Bruselas


 Pues bien, queridos amigos y demás gente que me escucháis, siguiendo con mis consejos, reseñas, trucos, lugares, enseñanzas y otras zarandajas sobre la vida en Bruselas, hoy he tenido una iluminación repentina y me he dicho... pero, Sorokin, cachondete, como es que tras casi cuatro años escribiendo esta tontuna de blog todavía no has contado nada a tus lectores reales o imaginarios (me encantan los lectores imaginarios) sobre el plato nacional belga. Yessir, los mejillones. Eso es así: los "moules frites" son considerados por todos los habitantes de este país como la representación más genuina de la cocina belga, pero ¡ah, queridos y respetados lectores! todo tiene su rito, su conocimiento y su liturgia que os desvelaré algunas líneas más abajo (si tenéis paciencia de leer, caray, y no os limitáis a ver las fotos y pasar a otra cosa).

Cierto que hay mejillones en España y muy buenos -de hecho, los mejores, más gordos y más coloradotes-, y que hay mil maneras de hacerlos. Y si no, podéis leer el blog del gran Apicius que tiene toda una serie de recetas dedicadas a los mejillones, pero aquí, son otra cosa. son algo así como la tortilla de patatas en España o la choucrout en Alsacia. No son platos muy sofisticados, pero todo el mundo los sabe hacer y siempre se discute sobre quien los hace mejor en el entorno familiar o en qué bareto te los dan mejor etc.

Si caéis por Bruselas por cualesquiera razón que sea, o si ya arrastráis vuestros sufridos cuerpos por la capital de Europa, seguro que alguien os dirá que los mejillones hay que ir a comerlos a Chez Léon, al ladito de la Grand Place:





Bueno, pues no. Vale que está muy bien situado, está lleno de turistas -sobre todo españoles y japoneses- tiene ambientillo, manteles a cuadros en las mesas y todo eso, pero si queréis comer mejillones de verdad, abstenéos, ¡Oh pecadores!. En fin si es por conocerlo podéis ir, pero sólo una vez (no os quedarán ganas de volver) Es caro, y la calidad lleva en sistemática caida bastantes años. Pero en fin, oye, allá vosotros que, como se dice en francés, sois adultos y estáis vacunados. Además, como decía no sé quién, si no conocemos lo mediocre, ¿cómo vamos a valorar lo bueno?

 Si no queréis alejaros mucho del centro, de la Grand Place y de la Bolsa, podéis ir al Pré-Salé, que está en la rue de Flandres, cerca de la Place St. Catherine. Los precios tampoco son una bicoca (estoy hablando de 21 euros por el kilo de bivalvos mejillonáceos), pero la atención es buena y los mejillones tambien. Por cierto, que no os la den con queso en ningún sitio, la ración estándar es un kilo de mejillones, porque hay sitios donde el precio es sorprendentemente bajo y luego te dan medio kilo, así que ojo. Leeros la letra pequeña.



Ya empezamos a habler de cosas serias si nos vamos alejando del centro y nos metemos en la Chaussée de Louvain. En un barrio más bien deprimido y bastante descascarillado está "La bonne humeur". A pesar de ese aspecto que veis en la foto, os puedo asegurar que dan unos mejillones de campeonato. Las patatas fritas también son excelentes.


Pero, en fin, os voy a contar el secreto mejor guardado de Bruselas. Los mejores mejillones los he comido en "la Terrasse", en el barrio (la Comuna, vaya) de Schaerbeek . Sorprendente, porque el patrón es turco y el cocinero es francés, pero son los más belgas de todos los mejillones belgas. Con su caldito con apio, sus inmejorables patatas fritas (los mejillones de la foto de cabecera son los de "la Terrasse"). Por cierto, el truco consiste en que, a medida que vas vaciando la cacerola, vas echando las patatas en el caldo. Delicioso (hay amigos que me dicen que es que me estoy volviendo belga). ¡Y sólo a 17 euros la cacerola de un kilo! Pero ¡ay!, la felicidad no puede ser eterna: sólo hacen mejillones el primer viernes y sábado de cada mes.

(Nota de Abril 2016:

La última información es que el patrón de "la Terrasse" ha decidido echar el cierre)



Ya os he contado un par de cosas importantes para comer mejillones como un belga: que te los sirven en una cacerola de un kilo, que llevan un caldo de  apio y vino blanco y que las patatas fritas hay que mojarlas en ese caldo. Ahora, os contaré otra cosa para que no quedéis como paletorros cuando vayáis a comer los moules en Bruselas. ¿Os habéis preguntado por qué aquí se sirven con sus dos valvas, mientras que, en general, en España se sirven solo con la valva inferior? Ahhhh, pues os lo explico. En primer lugar, debéis vaciar un mejillón o pescar uno que ya esté en la cazuela sin bicho (cosas que pasan). Acto seguido, con la mano izquierda (oye, si sois zurdos, pues al revés), cogéis una concha llena. Bueno, amigos argentinos NNNOOO, no es lo que estáis pensando, que os oigo telepáticamente echando risitas malévolas. Ustedes "agarran" la cáscara del bicho. Y todos, americanos y europeos, lo hacéis así:
 Con la otra mano, cogéis la concha vacía (¿otra vez las risitas?) y la utilizáis como una pinza, abriendo y cerrando las dos valvas con el índice y el pulgar:
Con esa improvisada pinza, sacáis al bicho de la otra concha y os lo lleváis a la boquita. Y así hasta acabar la cacerola. Fácil ¿eh? pues venga, ya podéis ir ensayando la próxima vez que comáis mejillones.

Y con esto y un bizcocho, hasta mañana a las ocho. Os voy a dejar que no he cenado. No tengo mejillones, pero me voy a empujar unas lentejas gloriosas. Ya os contaré.

Besotes

Actualización de Septiembre 2013

Pues bien, mis queridos amigotes, el tiempo pasa, y aparte de rellenar nuestras pieles de surcos como decía Shakespeare en un famoso soneto -que no os voy a copiar aquí, que bastante tenéis ya con el rollo que os estoy metiendo- nos enseña, nos educa y nos descubre cosas nuevas y más vale así, que si no es que nos hemos quedado hechos un pingajo. Total que, vale ya de rollo Sorokin, he descubierto un sitio nuevo para comer mejillones. Tan popular se ha hecho, que no quiero dejar a mis amigotes en la inopia. Ello no quiere decir que reniegue de los restaurantes de los que os he hablado antes, simplemente lo añado.

Se trata de "le Zinneke", tambien situado fuera del centro de Bruselas, en Schaerbeek, pero vamos hay un tranvía que pasa justamente delante.



Se presenta como "el templo del mejillón". Y verdaderamente, tiene un montón de formas de cocinarlos. 69, sin ir más lejos. Y como veis en la carta, la 69 lleva el significativo nombre de "mejillones eróticos"



La verdad es que a mí, lo que me picó la curiosidad fue el número 44 que se supone que son mejillones "a la vasca". Yo soñaba con los tigres de la calle Iturribide, pero no. Como aquí veis, la base es una preparación a la belga a la que le han añadido tomate y pimiento picante. No estaba malo, no. Y los mejillones son de categoría, bien gordotes:




En fin, bien, para los que les gusta arriesgarse, bien está, pero como decían mis acompañantes, un mejillón en Bélgica, hay que comérselo a la belga.

Como postre, os podéis pedir unos "cuberdons" (es el único sitio que he visto que los tengan). Es un bombón típico de la región de Tournai, relleno de frambuesa. En el Zinneke lo ponen con helado de frambuesa hasta formar una especie de ¿de qué? admito propuestas



Y venga, dejo de daros la brasa. Un nuevo besote un año después.