lundi 20 juin 2011

La academia de bellas artes de St. Josse-ten-Noode



Me hubiera despepitado, descoyuntado, vuelto del revés, renunciado a mis "cheques-repas" y a mi croissant matutino por ir a ver la exposición de Anish Kapoor que cuenta Madame Delikat en su blog "Delikat Essences", pero no ha podido ser, mis compromisos con la Academia de Bellas Artes de St. Josse-ten-Noode me lo han impedido. Ya sé que querréis saber que es eso de St. Josse-ten-Noode. Os diré: Bruselas no existe. Vamos, existe, pero poco. Lo que todos conocemos como "Bruselas" es un conjunto de barrios ("comunas", se llaman así, nada que ver con la de 1871 en Paris), cada uno con su alcalde (burgomaestre) y sus concejales, sus concejalas, su presupuesto comunal, etc. St. Josse-ten-Noode es una de ellas (son diecinueve). Está cerca del centro y, tiene un alcalde que es un jazzman consumado aparte de un tío fetén. Y ahí, en St. Josse está la Academia de bellas artes (l'ACA, para los amiguetes)




L'ACA, de la cual tengo el inmerecido honor de ser alumno, celebra todos los años una exposición con trabajos de los curritos. Bueno, pues era este fin de semana. Así es que, no Anish Kapoor. Más cornás da el hambre.

El público, feliz, encantado, extasiado, rebosaba por todas las esquinas, pasillos, escaleras, confundiéndose en amable coyunda con los artistas, sus hijos, sus mamás, sus abuelitas... todo muy eneternecedor.





Público de todas las edades y condiciones:




Aunque algunas se llevaran las manos a la cabeza:





O que algunos se aburrieran tanto que se dormían por las salas:





en masa:





O individualmente (bella y sorokinesca acuarela, venga decidlo, "es bella"):




Cierto que a algunas personas no les pareció muy bien que un paparazzo amateur se dedicara a sacar fotos por aquí y por allá.




En cambio, otras, como Agnès, sonríen a la indiscreta cámara con unos cheetos en la mano. Justo es decir que el vino y las pataaaatas se acabaron muy pronto y hubo que ir rebañando por todos los pisos de la Academia para encontrar algo que llevarse a la boca.



En resumen, que lo pasamos muy bien. Que un poco más de comida y bebida no hubiera venido mal, pero que la calidad humana de los artistas y sus obras, y -por supuesto- el amable público (tomen nota, por favor, que no lo voy a repetir) compensó el hambre que pasamos.

Y ya lo dejo. Os dejo con el alcalde, que como digo es un gran jazzman. Aparte de tocar la trompeta, ha abierto un club de Jazz en St. Josse (the Jazz Station, muy recomendable). Le he quitado la voz, porque como la mayoría no íbais a entender lo que cuenta, pues oye, mas vale un poco de música.



mardi 7 juin 2011

Crónica de Yakarta. Dos restaurantes y una fruta



Estaba yo considerando al pie de un árbol sin frutos la posibilidad de devolver a la señora Merkel mi Volkswagen, mi lavavajillas, mi lavadora y secadora Bosch, mi cocina Bauknecht, e incluso mis dos latas de Erbsensuppe. Se estaba haciendo un lío mi mollera sobre si la nota de acompañamiento debía rezar: "Liebe Angela" o mas bien "Sehr geheerte Frau Merkel", etc... cuando... ¡por Tutatis!, me doy cuenta que tengo abandonados a mis queridos lectores (yo os quiero, lectores, aunque vosotros me aborrezcáis) desde hace varias semanas, años, meses, qué sé yo. Así es que, deditos a la obra, mientras se cuece un hervidito de judías verdes con patatas, cebolla y un chorrito de aceite de trufa (fundamental) en la cocina (claro, si se cociera en el dormitorio habría claramente un problema), me voy a poner al tajo.

Os diré para empezar que en Yakarta, apenas estuve tres días saltando de salas de reunión a restaurantes. No he visto Yakarta más que desde el coche, joroba. Pero en fin, os voy a contar cómo eran los dos restaurantes en los que calmamos nuestros apetitos. Los dos, para qué os lo voy a decir, estaban al lado del hotel, pero en fin, qué le vamos a hacer.

El primero, que os recomiendo encarecidamente, es el Harum Manis Es un restaurante indonesio lleno de gentes del lugar. Según cuentan, uno de lo mejores de Yakarta. Su especialidad son unos pinchitos variados de todo tipo de animalillo. Me refiero de animalillo aceptable para nuestros criterios: cordero, pollo, vaca, etc. La verdura que te ponen como acompañamiento es una mezcla de cosas cocidas, cosas crudas y minúsculos pececillos (deliciosos)




Los pinchitos vienen en una especie de tablero como para jugar al Mah-jong, pero más largo:




Perto lo más sorprendente son los cacahuetes que te ponen de aperitivo. Cacahuetes crudos, como salen de la mata. La cáscara está blandorra, se te escurre entre los dedos, pero luego, lo que hay dentro no es desagradable, es diferente:



Hay que darles, con todo eso, un homenaje por su aguante a los cocineros que están ahí, dale que te pego, en la cocina, abanicándose como pueden y haciendo pinchito tras pinchito para que los comensales disfruten:




En resumen, buena nota y precio aceptable. No lo digo en Rupias, porque eran varios millones, pero en euros salía como a unos 15 por persona.

La segunda noche (todavía nos quedan 999 para llegar al récord de Sherezade), acabamos en un restaurante "español". Sí, amigotes, un restaurante llamado "Tapas Bar Moya". No voy a entrar en muchos detalles, pero mis colegas, dos ingleses y José, que es portugués, consideraron que estaba bien. Algo caro, pero bien. Yo no opino. Os pongo las fotos:




La entrada, un tanto siniestra. Mas parece el desierto de Gobi que un restaurante.




La carta. Ella sí, fascinante.




La gente del restaurante. Encantadores, como todos los indonesios que he encontrado.



Bien. Y ahora, voy con la fruta: ¡El durian! Sí señores y señoras... ¡el durian! La reina de las frutas como la llaman las gentes del lugar. Pero, ¿es una fruta? ¿es una verdura? ¿es un queso?. Quien la prueba la aborrece para siempre o cae prisionero de sus tramposas redes. Sabe a ... ¿puerro? ¿queso camembert maduro?. Las opiniones entre los participantes de la expedición difirieron notablemente. En total, nos decantamos 50% a favor (un inglés y servidor) y 50% en contra (un portugués y el otro inglés). No he conseguido ver una entera. Nos pusieron un tarrito con pedacitos de durian en un restaurante de Kuala Lumpur. Por eso, la foto que pongo está sacada de la red:





Aunque desde el coche, en Malasia conseguí hacer una foto de un puesto donde la vendían:




Hiede. Sabe a queso, pero hiede. De hecho, en ningún sitio te dejan entrar con una durian, como en nuestro hotel de Kuala Lumpur:





No sé si os gustaría. Tal vez a los amantes de lo exótico y de las cosas nuevas. Por eso me gusta a mí. Si os atrevéis, abrid una buena botella de vino tinto, aunque sea australiano. Pegadle un buen trago, agarrad un cuchara (es blandorra), llenadla de durian, cerrad las narices y... ¡adentro, leñe!

Se ha debido pasar mi hervido. Voy a ver.

Nada, todo bien. Por cierto, que he pensado que no le voy a devolver mis cosas a Frau Merkel. Bastante tiene con lo que tiene y con esa banda de incompetentes que no tienen ni idea de lo que se traen entre manos, pero le echan la culpa a todo el mundo.

Os dejo con los motoristas de Yakarta. Un besote.

dimanche 22 mai 2011

Kuala Lumpur y el movidón malayo



Acabo de volver de Kuala Lumpur. Ya sé lo que me vais a decir, queridos amigos: que soy un tipo sacrificado, que me explotan, que ¡cómo es posible que recién llegado de China tengan el valor de mandarme otra vez al lejano Oriente, casi sin descansar! Y tenéis razón, mis queridos amiguetes, contertulios y otros blogueros que andáis por aquí en estos momentos. Pero es que soy así, mi carácter es dulce y acomodaticio y no me gusta discutir: mis jefes me dicen "¡te vas la semana que viene a Yakarta y Kuala Lumpur!" y yo no me atrevo a decir que no. Pillo y me voy.

Bueno, el hecho es que me he quedado bastante impresionado por lo que hay por allá. En Indonesia no estuve mas que tres días, así que no he visto mucho. Como teníamos un fin de semana por medio, el jefe del grupo expedicionario decidió que íbamos a pasarlo en Kuala Lumpur. Y como a mí, como digo, no me gusta discutir, pues hala, a Malasia. Y vaya movidón, mis queridos cuates. La "Lonely Planet" dice que a Kuala Lumpur hay que ir a comprar y a comer. Yo añado que además, hay una movida por las calles de mucho cuidado: gente comprando, gente comiendo, gente tomando cervezotas o cafés en las terrazas. Centros comerciales enormes, rascacielos, coches, motos...






El sábado (tanto da, porque los centros comerciales abren siete días a la semana), uno del grupo se empeñó en ir a ver tiendas de informática, así es que -como yo no sé decir que no- ahí estuvimos casi doce horas escaleras arriba escaleras abajo del centro comercial que aparece en la foto siguiente, especializado en el tema informático. Total, que sin querer, sin querer, acabé comprándome un iPad. Es que la voluntad es frágil, qué queréis que os diga.




Malasia tiene a mucha honra ser un estado multiétnico y multicultural, aunque la religión oficial sea el Islam. Bien es cierto que en las calles se ve de todo. De hecho, el martes 17 era el Wesak y, por lo tanto, día festivo. (Venga, ánimo, preguntad, que lo estáis deseando: ¿Qué es el "Wesak" Sorokin?. Pues según creí comprender, es el aniversario del nacimiento de Buda). Se celebró con toda pompa y alegría una vistosa procesión por el centro de Kuala Lumpur, donde uno de los monjes que iba en una carroza nos regó a todos con unos hisopazos que no veas. Casi me escaralla la cámara. Pero estuvo muy animado y no me resfrié a pesar del riego (tu verás, a 35ºC)



Hay una gran variedad de tipos humanos zascandileando por las calles. A notar en especial dos tipos muy marcados de ejemplares femeninos:

El ejemplar tipo 1, deja ver una gran parte de su aparato locomotor, constituido por dos piernas muy bien hechitas. Generalmente exhiben rasgos más bien chinos en sus caras:




Ejemplar femenino tipo1.

Ya sé lo que me vais a decir, que por qué la foto está tomada de espaldas: pues está claro, por un lado, para mostrar lo bien torneadas que están las piernas, y en segundo lugar, para evitar que el morrosko que la acompaña me suelte un guantazo.

El ejemplar tipo 2, no deja ver absolutamente nada. Ni siquiera hay modo de saber cuales son sus rasgos:




Ejemplar femenino tipo2

De todos modos hay bastantes combinaciones posibles entre los dos extremos que os acabo de describir, como puede verse en esta foto del mercado central:





Como ya sé que algunas de mis apreciadas lectoras van a reprocharme que sólo hable de tipos femeninos :("¿por qué no decribes tipos masculinos, pinche machista?") Ja ja, pues tengo preparada la respuesta: "Porque los tipos masculinos se parecen mucho entre sí" Bueno, vale, es cierto que algunos llevan casco y otros no, como puede verse aquí, pero aparte de eso, todos llevan pantalones y camisa.






Para no cansaros más con mis matracas malayas, os dejo simplemente en compañía de este video, totalmente sorokinesco y filmado en "dogma", como Woody Allen (no puedo mencionar a Lars von Trier, porque parece que ha metido el cuezo el otro dia). Un abrazote a todos, amigotes:

vendredi 29 avril 2011

El estuario del Escalda


Voy a hacer una breve pausa, queridos amigos, contertulios, blogueros del alma y otros elementos que sufrís impávidamente todas las tontunas que se me ocurren -casi siempre a altas horas de la noche- en mis historietas chinas para contaros donde ha ido vuestro bloguero predilecto a pasar las fiestas de Pascua (aquí, lo de la Semana Santa, ni cuenta. Lo suyo es la Pascua). Sobre todo, os lo cuento para que no incurráis en las mismas patochadas que un servidor si vais por ahí, pero tambien para contaros sus encantos, que los hay.

Mis cansados, aburridos y amarillentos huesos fueron a parar a Vlissingen, en la desembocadura del Escalda, en Holanda. El Escalda nace en Francia, atraviesa Bélgica y pasa por el puerto de Amberes antes de desembocar en Holanda. Chocante, ¿eh?, el segundo puerto de Europa, Amberes, no podría funcionar sin el permiso de los holandeses que controlan las dos orillas del estuario. Hombre, ahora no es problema, que todos somos amiguetes (de hecho, la frontera no existe, te enteras que pasas de país porque los letreros de la carretera son diferentes), pero en 1830, tras la guerra entre Holanda y Bélgica, la cosa tenía su importancia.



En cualquier caso, el Escalda es como una "barcopista". El tráfico de barcos es constante:


Y Vlissingen es un sitio privilegiado para ver barcos de todos tipos y modelos mientras desayunas o te tomas una cervezota en la terraza de tu apartamento. A mí, me mola mazo, debo ser un marino frustrado, un manchego que se crió en Santander viendo con envidia los barcos en la bahía. En fin, que me gusta Vlissingen. Despertarme a una hora razonable (o sea como las diez de la mañana) y desayunar en la terraza mientras pasan los barquichuelos:




En caso de que la cosa os interese, el nombre de los apartamentos es "De Gulden Stroom" y están en el Bulevar Bankert, al laíto mesmo de la playa. Lo reservé por Internet y -pásmense, mis amigotes- lo hice en holandés, una lengua que no conozco pero naaaada, naaada bien. Total, que me encontré con un montón de trapos de cocina, pero sin toallas para el baño. Gajes del oficio.

En estos dias de fiesta, nos hizo un tiempo absolutamente "glorious", cosa nada natural por estas latitudes (Y ya sé que en España os habéis pelado de frío, ji ji).




El bulevar está lleno de chiringuitos típicamente holandeses, como este:





La costa está llena de dunas, batidas por el viento, pero en estos días, ni viento nos hizo:




En el interior, umbríos bosquecillos, donde tienes que ir saltando para esquivar las bicicletas que se meten por todas partes. Los bosques guardan alguna sorpresa, como este búnker, residuo de tiempos más agitados. Hoy en día sólo parece servir como aliviadero de urgentes necesidades orgánicas, como indica el olorcillo que emana de él:



Pero en fin, amiguetes, vamos a lo que vamos, a los importantes consejos que os tengo que dar caso de que os animéis a ir por Vlissingen. En primer lugar, fijáos bien en el sexo de los aparcamientos donde dejéis el coche. Yes. Me explico. Hay aparcamientos Mo-Za y hay aparcamientos Mo-Zo. Sorokin, que es capaz de todo, menos de admitir que no sabe algo, interpretó -correctamente- que Mo-Za quiere decir "Montag-Zaterdag" en la bárbara lengua de los frisios, o sea Lunes-Sábado (de pago) y que Mo-Zo, "Montag-Zontag" es que se paga de Lunes a Domingo, o sea toda la pinche semana. Pues bien, rayos y centellas, me equivoqué en el sexo del aparcamiento. Dejé el coche en un Mo-Zo, creyendo que era un Mo-Za. Resultado:





Como veis, me podría costar 54 € si tuviera intención de pagarlo. No digo más, que luego tó se sabe.

Otro asunto importante para la vida del ciudadano normal: las horas de cierre de los restaurantes. Durante dos días, cocinamos en el apartamento, incluídos unos jugosos salmonetes que atestiguan que el pobre animal, digase lo que se diga, no es exclusivo de las costas mediterráneas:





Pero, en fin, el último día, limpiando el apartamento y tal, dijimos: tate, ¿por qué no vamos a cenar al restaurante?. Eran las 20h30. Pues vale. Nos acicalamos y nos echamos a la calle. Hago un relato temporal escueto:

21h02. Restaurante Solskin, incluído en la Guía Michelin 2011:




Oh, lo sentimos, la cocina está cerrada (Rayos, piensa uno)

21h04. Restaurante Waterfront, del hotel Truida. Incluido en la guía Michelin 2010:




No, no, sorry, la cocina está cerrada. Un amable camarero con pinta indonesia nos dice: pero podemos servirles un pastel con un café (no digo por pudor lo que pensé sobre donde podía meterse el pastel)

21h10. Restaurante Visserhaven, con fama de ser de los que cierran tarde, en pleno centro:



Uhhhh, noooo. No nos queda nada, lo hemos vendido todo. Casi le muerdo la mano al elemento en cuestión.

Bien, queridos amiguetes, no sufráis: a las 21h20, nos acogieron con un montón de sonrisas en el restaurante chino de la plaza y nos dieron de cenar. Y todavía hay gente que se pregunta por qué los chinos van a ser los próximos amos del mundo.

Bueno, pues ya lo sabéis casi todo. Un abrazote

vendredi 15 avril 2011

La gran muralla china y el restaurante del lago



Aprovechando, queridos amigos, que hoy no hay partido de fútbol y que el último libro que estaba leyendo me ha resultado de un soporífero indescriptible, he decidido daros unos interesantes y útiles consejos sobre cómo proceder para ir a visitar la gran muralla de China. En primer lugar, hay que ir a China (bueno, eso ya lo suponíais). Una vez en China, hay que tener un día libre, como nos sucedió a nosotros. Afortunadamente, nuestros interlocutores chinos no cumplieron su amenaza de trabajar en sábado y domingo, así es que, pies para que os quiero, decidimos ir a visitar la muralla. Fue el sábado. Había muchas excursiones organizadas desde el hotel, pero nosotros, un grupo (siete) poco dado a ir detrás de una señora o señor con una banderola gritando "¡a mí mis borregos!", decidimos obrar por nuestra cuenta y contratar los servicios de un minibús y de un guía que hablaba nuestra lengua (inglés, carallo, que todo hay que decirlo).

Tras analizar todas las opciones posibles, decidimos ir a la sección "Mutianju", mucho menos visitada que la de Badaling (a no confundir con Bada Bing, que es el cabaret de Tony Soprano). Mutianju está más lejos que Badaling, pero vale la pena. Por lo menos, las multitudes son menos gruesas que en el otro sitio. Como podéis ver en el mapa, la ciudad que está mas cerca es Huairou (por cierto, en el mapa llaman a Mutianju "Wutian'gu", pero con el lío que se traen los chinos con los nombres, que si Pekin, que si Bei Jing, etc, no me extraña). Está a unos 70 Km de Pekín.









Como podéis ver en la foto que sigue, el aparcamiento de autobuses está muy bien cuidado y muy limpito. De eso se encarga el menda de la limpieza:



Es una parte de la muralla que tiene zonas con fuertes pendientes. Si no queréis machacaros antes de llegar a la zona donde empieza la movida, podéis coger un funicular. Para subir no hay mucha cola. Para bajar, como todo el mundo está hambriento, la gente se atropella para pillar el vagón del funicular. De hecho, a nuestro colega Neal, una china le sacudió un buen soplamocos cuando él quiso impedir que se colara... estos British, siempre tan ordenacistas (el British es Neal, la china es china).



Una vez que estás arriba, lo suyo es seguir andando, dale que te pego, hasta varias torres más allá. Por lo menos, hasta que llegas a este punto, donde la pendiente ya se pone muy chunga:



La mitad del grupo, declaramos que ya estuvo suave y que nos quedábamos ahí, pero tres y el guía siguieron para arriba. Gran mérito el del guía, porque era la cuarta vez en la semana, según nos dijo, que se metía todos esos escalones en las piernas.

Naturalmente, al bajar, estábamos hambrientos como hienas. Nos subimos al minibús, y el guía nos dijo que había quedado con el "restaurante del lago" para ir a comer. Fantástico, se alegraron nuestros rugientes estómagos. El lago, es ese embalse que se ve en el mapa al lado de Huairou, así que atravesamos la ciudad, enfilamos hacia el lago, y... el chófer se para, se baja y empieza a preguntar. Se sube, sigue, llega a otro sitio, se vuelve a bajar, etc... así hasta tres veces. Bueno, luego nos explicó el guía que los restaurantes de la zona no tienen nombres concretos, o sea, que todos los que están al lado del lago, son "el restaurante del lago".

Pero, en fin, aparte del folclore este de los nombres, el restaurante estaba especializado en peces del lago. Aquí podéis ver al guía enseñándonos la víctima que nos íbamos a engullir. Justo es decir que para siete y el guía, no era muy grande, pero aparte estaban las ensaladas, el tofu, las cervezotas, etc.





El pez lo cocinan simplemente a la brasa, como se ve:




Y una vez cocinado queda así:



Acto seguido, agarras tus palillos y empiezas a arrancarle pedazos al pobre bicho que estaba delicioso. Bueno, insisto, no es que nos quedáramos con hambre, pero nos hubiéramos comido una docena. Lo bueno es que así nos quedó un hueco grande para la cena.

Pero de la cena, ya de vuelta en Pekín, os hablaré otro día.

Besotes