dimanche 30 septembre 2012

Las Islas Jónicas: Zakynthos


Heme aquí de nuevo en Bruselas, mis amigos, tras pasar unos días en las Islas Jónicas. Ya sé que todos vosotros conocéis de memoria cuántas son y que nombre tienen, no pongo en duda vuestros conocimientos geográficos, faltaría más. Pero, en fin, para recordármelo a mí mismo, que soy un olvidadizo, diré que son siete, como los siete días de la semana, los siete sabios de Grecia y los siete pecados capitales. Bueno, y algunos islotes menores, de esos que los empingorotados hombres de negro de Berlín y Frankfurt sugieren que Grecia venda para pagar su deuda. Deuda cuyos intereses crecen día a día gracias a esos mismos hombres de negro, que se las apañan para que suba la prima de riesgo y así chuparles más la sangre a los "periféricos", como nos llaman a los del sur. Pero, en fin, este no es un blog político, líbreme San Tadeo, no, por Dios.

Bueno, pues decía que son siete islas. Aquí las veis:


Zakynthos es la que está más al sur y es en la que vuestro bloguero se fue a alojar gracias a una oferta de esas que hacen los "tour operators" que, con vuelo y todo, te sale casi más barato que quedarte en Bruselas:


La isla sufrió en 1953 un terremoto de grado siete y pico en la escala de Richter, o sea, casi como el de Japón de 2011. Aunque el 95% de los edificios ha sido reconstruido desde entonces, todavía quedan huellas del temblor:


Para más información sobre el sismo podéis pinchar aquí. Pero en fin, la isla tuvo la delicadeza de no moverse ni un palmo arriba o abajo durante mi estancia. Todo un detallazo.

La capital, que tambien se llama Zakynthos (poco originales que son) es una agradable ciudad que va a lo suyo sin procuparse demasiado de los turistas:



Los sitios turísticos están concentrados en la costa Este y están llenos de pubs irlandeses, restaurantes chinos e hindúes, alquiler de motos de cuatro ruedas y otras típicas cositas de este tipo de sitios. No hay edificios tipo Benidorm, supongo que gracias a las normas de diseño sísmico. Por suerte, el hotel en el que el Tour Operator decidió encerrar a vuestro amado bloguero estaba alejado de todo, al lado del mar y con fantásticas vistas a la isla de Cefalonia:



Las costas de la isla están casi todas cortadas a pico, salvo los alrededores de la capital, que es donde están las playas. Bueno, vaya, hay preciosas calitas con mini-playas, en sitios que sólo son accesibles por mar...




 ...así es que si queréis visitarlas, amiguetes, lo más sabio es que os cojáis uno de los barcos que da la vuelta a la isla. El problema es que en esos barcos siempre hay algún turista despistado que se te mete en medio de la foto y te roba el plano, ¡sapristi!



Para vuestra tranquilidad, en los barcos no te dejan llevar más de 90 átomos, como reza el letrero, así que no puede haber ninguna catástroma:


Venga, Sorokin, ahora déle su merced algunos sabios consejos a sus lectores y deje de enrollarse con soplagaiteces. Pues ahí voy, amigotes. Para empezar, supongo que os convencerán para ir a visitar la playa del naufragio. Dicen que es la playa más fotografiada de Grecia. En ella se perdió un barco de contrabandistas en 1980. Parece que abandonaron el barco cuando los perseguían los guardacostas y éste, solito, fue a dar con sus cuadernas en esta playa. Más detalles pinchando aquí. La playa sólo es accesible por mar. Un escenario muy de fotos de revista de modas, con elegantes modelos fotografiándose con el barco al fondo y tal. No está mal. Pero, ojito, ojito, id antes de las once de la mañana o fuera de temporada turística:



Porque, he aquí como se pone la playa a eso de mediodía:



Otras visitas interesantes, son las montañas del interior. Alquilar un coche no es caro (unos 30 euros al día) lo que sí es caro es la gasolina, que está a casi dos euracos el litro (se supone que para sacar pasta para pagar a los banqueros de Frankfort). Ojo con las carreteras. No son malas (de hecho todas llevan el letrerito de que han sido pagadas por los fondos de cohesión de la UE), pero te puedes encontrar con un árbol caído sin avisar, como le pasó a un servidor:


Y, venga, hablemos de comer, que es un tema muy importante, faltaría más. Si estáis por el interior, tenéis hambre, es la hora de la pitanza, llegáis a un pueblo y de todos los rincones salen señores con bigote llamándoos para que comáis en sus restaurantes, os aconsejo que sigáis hasta Anafonitria (ver mapa) y vayáis, despreciando todos los cantos de sireno bigotudo, a la taberna "Anastasia". Una delicia, con un emparrado acogedor y una dueña, Anastasia, que es una auténtica "crack". Sus "souvlaki" son buenísimos, la cerveza te la da en una copa helada, su café es el mejor de la isla y ella habla un italiano perfecto.


Para acabar, después de pagar, se subió a una escalera y cortó un enorme racimo de uvas que nos regaló, todo ello en medio de encantadoras sonrisas:


Si lo que queréis es pescadito fresco, os recomiendo "Vardiola" en Kipsely, con vistas a Cefalonia, en un sitio privilegiado:



 Las sardinas asadas estaban de chuparse los dátiles, asadas, tomen nota mis amigos, que yo ya la he tomado, con unas ramitas de tomillo. Puede parecer que el mar y el monte no casan bien... ¡pues sí! el resultado es muy bueno.


 Desde su terraza, además, pudimos contemplar como se celebraba una boda:


Con vistosos coches y unas damas con vaporosas clámides al viento y unos peinados que podríamos llamar "de concejala de Los Yébenes":



Nos sorprendió, pero luego me he enterado por Internet que hay compañías que te organizan la boda en la isla, al borde del mar. Ver aquí.

Un último consejo antes de irme a cenar. He comprendido la utilidad de esos bañadores que llaman "fardarrabos" o algo así, que tanto les gustan a la gente del norte de Europa. Vuestro amado bloguero, según su costumbre, se baña con "shorts" de baño, de mucho más tronío y elegancia que los farda..eso. Pues bien, cometí el error de meter mi billetero en el bolsillo de atrás del short y no me acordé de sacarlo antes de ir al agua. Total, he aquí como quedaron mis dos billetes de veite euracos, de un color rosa inquietante. No os creáis, que me costó bastante pasarlos después. (Por cierto, en casi ningún sitio aceptan tarjetas de crédito)



Venga, ya vale por hoy, que me extiendo, me extiendo y no veo la hora de terminar. Os dejo con uno de esos videos cochambrosos con los que os castigo regularmente, oh amado pueblo. Si no quereéis verlo, por lo menos escuchad la canción de Elefteria Arvanitaki que le he puesto como música, Cerráis los ojuelos y ya está:

video



Un besote.

dimanche 9 septembre 2012

La Rochelle (2). Las islas del Pertuis d'Antioche


EL PERTUIS D'ANTIOCHE - LA BATALLA DE 1372 - LA ISLA DE OLÉRON- LA CERVEZA DE LOS RAQUEROS- LA ISLA DE RÉ - EL SEMÁFORO DE SAN MARTIN- LA LECHE DE BURRA

Queridos amigotes, como decíamos ayer en mi anterior entrada (hablo en plural mayestático, por supuesto, que aquí el único que la pía es vuestro seguro servidor Sorokin), La Rochelle está protegida por un estrecho paso entre las islas de Ré y de Oléron. El nombre francés, "le Pertuis d'Antioche" (la compuerta de Antioquía) es bastante cabalístico, queridos lectores, porque ni hay compuerta ni esto es Antioquía. Lo de compuerta, vale, porque es un paso estrecho y lleno de bajíos que representa un freno para cualquier barco que quiera aventurarse por aquí, sobre todo en marea baja, pero lo de Antioquía, se me escapa. He leído dos versiones diferentes: una dice que esta entrada se parece a la del puerto de Antioquía (en Siria, amiguetes colombianos, en Siria, no en Colombia) y la otra,  que de La Rochelle salieron muchos cruzados hacia Oriente, y con la cosa de la nostalgia, al volver lo llamaron así. Bueno, cualquiera de las dos está un poco traída por los pelos, pero el hecho es que se llama así.


En la entrada anterior os hablé del sitio de La Rochelle en 1628. Sitio que se ha hecho famoso, pero se habla menos de la batalla naval de 1372 que tambien tuvo lugar aquí, en La Rochelle. Por entonces, la ciudad pertenecía a Inglaterra. Los franceses intentaron tomarla, y para eso pidieron ayuda a Castilla, aliada de Francia. Las naves castellanas, eso sí, al mando de un genovés, un tal Boccanegra -y se supone que todas llenas de vascos y cántabros, que eran los que sabían navegar-, derrotaron a la flota inglesa y para más jolgorio llegaron hasta Londres y la liaron parda. Podéis pinchar aquí si quereis mas detalles.

Pero bien, eso fue todavía hace muchos más tiempo que el sitio de Richelieu. A lo que voy es a hablaros de las islas que cierran el Pertuis. La que está más al sur, como podéis ver en el mapa. es la isla de Oléron. Está a unos setenta kilómetros por carretera. Hay un puente para llegar a la isla, no os pogáis nerviosos, que no tenéis que echaros a nadar, aunque en marea baja, casi se podría ir a pié si no te quedaras pegado en los espectaculares lodazales de la zona. El día que fuimos había marea baja, por supuesto, con lo que las barquitas estaban en seco.



Las casitas de la zona son muy molonas, de madera y pintadas de colores diversos. A mí me hicieron pensar en Suecia o en Noruega. Las ostras que se producen en la isla y en la zona del continente que está al lado (Marennes) son las más famosas de Francia y, a fe mía, pardiez, que son magníficas. A destacar las ultrasuperfamosas "Gillardeau". Ya sé que alguno de vosotros me va a sacar a colación las ostras de Arcade y tal, pero la verdad es que son bichos diferentes: las de Arcade son ostras planas, como las de Zelanda y las de Oléron son huecas. A mí me gustan más las huecas, pero allá cada uno con su conciencia. ¡Faltaría más!

Otra producción de la isla es la cerveza de los "naufrageurs". Se supone que eran gente que se dedicaba a atraer a los barcos con problemas en los días de tempestad, encendiendo luces para confundirlos y hacerles naufragar para así llevarse todo lo que llevaba el buque. En inglés, se los conocía como "wreckers", que quiere decir lo mismo, y es esta palabra la que pasó al castellano como "raqueros". En Santander se llamaba "raqueros" a los chavalillos de la calle, pero el origen de la palabra es ese.

Bueno, pues vuestro amado bloguero se fue a visitar la factoría de cerveza de los raqueros, encontrándose con que la fábrica no se visita, tal vez para que los belgas no les copien, así que tuve que fotografiar la furgoneta:


Lo que sí se visita es la tienda, donde tienen cerveza al cardamomo, al jengibre, a la mora, y otras extrañas variedades.


El buen hombre que estaba a cargo se enfadó bastante porque le saqué una foto. Mi venganza es, claramente, ponerla en el blog:


 La cerveza es buena (compré dos cajas a pesar del gruñón). En especial la de jengibre es algo muy agradable y diferente como gusto, y para que un medio-belga como servidor diga eso, es que es buena. En fin, si no queréis afrontar al barbudo gruñón, podéis ir hasta el faro de Chassiron, que está en la punta de la isla. En la tienda tienen cerveza de los raqueros.



La otra isla, la que cierra el Pertuis por el norte, es la isla de Ré. Es una isla más llana que la isla de Oléron y también hay un puente para pasar, aunque este puente es de peaje. Está más cerca de La Rochelle, así que aunque haya que pagar, hay mucha gente. La capital es San Martín de Ré, donde tambien ha habido unas buenas zurras entre ingleses y franceses en el siglo XVII.

                        

Si vais a San Martin debéis armaros de valor y subir al campanario de la iglesia. Son doscientos estrechos escalones  que, en primer lugar os llevan al campanario:


Parece una escena de "Vértigo" de Hitchcok, pero es real y de madera. Menos mal que cuando subimos no se les ocurrió tañer las campanas. A continuación un segundo tramo de escaleras, todavía más estrecho, os sube hasta la torre, con una impresionante vista de la isla:


Como hay mucha gente que sube y que baja, el cura (digo yo que será el cura, que para eso es una iglesia) ha puesto un semáforo: cuando está rojo no puedes pasar, porque es imposible cruzarse entre la gente que sube y la que baja:



 A partir del campanario hacia abajo no hay semáforo, pero los escalones son muy estrechos, así que amigos, tenéis que desarrollar vuestras habilidades de pegaros a la pared cuando os crucéis con alguien. Y si está gordo, ya no te digo.

Aparte de las ostras, que también hay, otro interesante producto de la isla es la leche de burra. No se bebe -o por lo menos, yo no pregunté si lo que me pusieron en el café crême era leche de burra-, no. Hacen jabón:


 Desconozco las virtudes estéticas y curativas de la leche de jumento. Si no recuerdo mal, Cleopatra se bañaba en leche de burra (¿o era de serpiente?).

 La isla es muy agradable, pero las playas no son nada del otro mundo, como ésta, llena de algas:



En fin, mas vale un alga que el barrizal que hay en marea baja. Pero, no os asustéis, mis amigos, la excursión vale la pena.

Y bueno, lo dejo aquí. Me voy a completar mis vacaciones a la isla de Zakynthos. Ya os contaré a la vuelta. Besotes

dimanche 2 septembre 2012

La Rochelle, ciudad rebelde


Un servidor de ustedes vosotros, queridos amigos, tenía desde hace unos cuantos años un agujero negro en su amplio mapa de Francia. Vuestro bloguero predilecto (se supone que soy un servidor, y si no lo soy, déjenme por favor que me haga esa ilusión) se ha recorrido casi toda Francia de punta a rabo. Me he paseado por las soledades mágicas del Cantal, he estado cien veces en Normandía y casi otras tantas en Bretaña, me aburre París de tantas veces como he ido, el festival de teatro de Aviñón no tiene secretos para mí, he tarareado "súplica para ser enterrado en la playa de Sète" en la tumba de Brassens; conozco los Vosgos, Alsacia, el Jura, los viñedos de Borgoña...todo. Todo... salvo La Rochelle. Nunca estuve en la ciudad más rebelde de Francia. La ciudad que se las tuvo tiesas al estado francés durante cuatro siglos, hasta que el Cardenal Richelieu la arrasó en 1628.

Leí "El diccionario de Lemprière" hace unos años. No sé si lo habéis leído ¡Oh amigotes!, pero aparte de una confusa serie de aventuras espeluznantes, el tema principal es, justamente, el sitio de La Rochelle de 1627-28 y el exterminio de los protestantes franceses que le siguió. Bueno es decir ahora que ella fue la capital de los hugonotes durante todos los siglos XVI y XVII y que nuestro cardenal, decidió poner fin a tal osadía. Vaya, que no sobrevivió más que un quinto de los habitantes de la ciudad. Para más información, podéis pinchar aquí.

La ventaja estratégica de La Rochelle, es que está en el fondo de un estrecho pasaje (le Pertuis d'Antioche) entre las islas de Oléron y de Re, pero el astuto cardenal consiguió cercar la entrada con un dique e impedir que la ayuda inglesa llegara a los sitiados.


Pero bueno, eso son cosas de los años de Maricastaña. Hoy en día. es una de las ciudades más turísticas de Francia, donde ¡por fin! vuestro seguro servidor ha ido a pasar unos días de vacaciones. Ciudad romántica:

Pero llena de movidilla y animación:



Donde, sorprendentemente para las costumbres francesas, se puede cenar hasta medianoche en sus calles animadas, pasear, admirar la bocana del puerto iluminada,


sobre todo, si tenéis la suerte que he tenido yo, que me ha hecho un tiempo fabuloso. Pero bueno, ya estuvo suave, como dicen mis amigos mexicanos. Sorokin os va a dar unos utilísimos consejotes para cuando os lieis la manta a la cabeza y vayáis a solazaros en tan magnífica ciudad. Supongamos ¡Oh queridos lectores! que llegáis por la tarde. El sol está cayendo tras el horizonte y ya la luna muestra su silueta sobre la playa. La playa, tranquila, serena, acogedora, apetecible. Se oye el rumor de las olas:   ¡¡vrasssss, ...vrassss!! Y os decís ¡mañana vengo a disfrutar a este rincón de ensueño!. Bueno, pues ojito, colegas. Porque la playa tiene ese magnífico aspecto cuando está la marea alta, pero ¡ay!, en marea baja, que es lo más probable que os toque a la mañana siguiente....



 ... he aquí en qué se convierte:


Eso es lo primero que hay que aprender: los horarios de las mareas, que son  muy fuertes. Un servidor se dijo que sí, que ¡a uno de Albacete lo iban a achantar con un poquito de barruzo hasta llegar al agua!. Bueno, pues casi me traga el barro. Espeso, pegajoso... los pies se te quedan pegados y se te van hundiendo, hundiendo. My God, os lo juro, me asusté. Con dificultad conseguí volver a la tierra firme y ahí me quedé. Afortunadamente, mi hotel tenía una buena piscina.

En fin, otra solución es esperar a que la marea suba por la tarde y mientras tanto, ir a conocer la ciudad. No os debéis perder el Café de la Paix. Un café a la antigua, como debe ser. Ya sé que mis amigos argentinos van a montar en cólera cuando lean lo que voy a escribir ahora, así que, por favor, tápense los ojos: A mí me recordó al Café Tortoni de Buenos Aires. Vale, ya pueden abrir los ojos.




 Como los asuntos gastronómicos son extremadamente importantes para pasar una vaciones felices, os recomendaré un restaurante: Chez André. Me lo recomendó la recepcionista del hotel (una chica bien maja, por cierto) y me dijo que funciona desde hace cincuenta años. Naturalmente, Sorokin no pudo evitar hacerse el gracioso diciendo que esperaba que desde entonces hubieran renovado las existencias. La sonrisa de conejo de la chica fue la respuesta.


Pero sí, sí las habían renovado. Os recomiendo los  plateaux de mariscos, con unas fabulosas ostras, cigalas, almejas y medio buey de mar. Ya sé que si en La Rochelle el marisco no es fresco, apaga y vámonos, pero la calidad tambien cuenta. No todas las ostras son iguales.



Y llegados a este punto, os recomiendo que visitéis el mercado de La Rochelle:



Nosotros compramos ostras. No en vano las ostras de la zona, las de la isla de Oléron, son las más famosas de Francia (Ya os lo contaré en otra entrada). Id hasta el fondo del pasillo de la derecha (ese que se ve en la foto de arriba). Allí hay un tipo muy simpático que, si quieres te las abre y te las pone en una cajita de plástico. Luego, te compras un limón (casi más caro que la docena de ostras) y te vas al parque.



El resultado es el que podéis ver.  Una delicia, un nirvana ostril. Slurp, slurp



Bueno, vale,  que no he cenado y me estoy poniendo de lo más excitado estomacalmente hablando.

Ya os he contado otras veces que a mí me fascinan las librerías de viejo. Entré en una en el centro antiguo y me compré el libro este, de un tal Paul Carton. Todavía no lo he leído, pero promete. Para empezar, en la introducción ya avisa que comer animales es malo, comer leguminosas es malo, comer queso es fatal, la leche es horrible, el pescado... terrible, terrible, muy malo. Creo que solo se puede comer fruta y beber agua. Seguiremos informando




Y, si el doctor Carton hubiera visto las tiendas que hay de conservas en La Rochelle, seguro que le hubiera dado un infarto. En fin... ¿quién querría comprar conservas de pescado  habiendo pececillos fresquísimos? Pues la tienda estaba a rebosar de gente.




Bien, amigos. Me detengo aquí, que luego hay gente que me acusa de que meto mucha información en un post... pero es que no puedo parar. Bueno, el próximo día os hablaré de las islas ostreras del Pertuis d'Antioche.
Os dejo con los breakdancers de La Rochelle. Un besazo