mardi 31 mars 2009

¿Comer en Tirana? ¡Fácil!





Supongamos, queridos amiguetes, colegas, parientes y otros elementos, que estáis en Tirana (por si algunos no lo saben, Tirana es la capital de Albania. Oye, que no he querido faltar a nadie, lo digo por si acaso). Supongamos que habéis llegado a media tarde de un día de fiesta. Os habéis dado una vuelta por la ciudad, e incluso habéis conseguido sobrevivir en los pasos de peatones a la divertida manera de conducir de los tiranillos (¿tiranillos? ¿tiraneses? ¿tiranuelos?, la verdad, tendré que consultar la Wikipedia a ver cómo se llaman), que se dedican a emular a Fernando Alonso por las calles de Tirana.

Habéis visto la estatua del héroe nacional y tal (un tal Skanderbeg), la mezquita que hay detrás y el par de edificios del mas puro estilo estalinista que bordean la plaza. Y, de repente, el estómago empieza a proferir gritos, ruidos incontrolables, aullidos que os hacen recordar que tenéis un hambre voraz... pero ¡ay!, no tenéis ni repajolera idea ni de dónde comer, ni qué comer. Pues ya está, la solución os la da Sorokin:

Buscad algún tenderete que venda "Byrek" (pronúnciese bÚrek, please). Cerca de la plaza hay varios. Los byrek son parecidos a la "Tyropita" de los griegos: un hojaldre con queso dentro. Pero, un hojaldre finísimo, delicioso, inolvidable.




Cuanto más delgado sea el byrek, mejor. Los gruesos pueden ser algo mazacotes, por eso es mejor comerse dos finitos que uno grueso. Y todo por 30 lek la pieza (40 céntimos de euro).

Hale, ya lo sabéis. No paséis hambre en Tirana.

dimanche 15 mars 2009

Viena



Voy a darme un pequeño descanso en el relato de los extraordinarios sucesos que me acontecieron en el sudeste asiático el mes pasado, queridos amiguetes y colegas. Ya, ya sé, tengo que contaros aún un par de cosas. He prometido hablar de langostas y lo haré, que yo no os he mentido nunca (bueno, casi nunca), pero el caso es que tras una larga pelea interior, una agonía anímica, una lucha titánica, me he decidido a daros una información que vale su peso en oro: os voy a decir cuál es el mejor hotel de Viena. Así, como suena. Me ha costado decíroslo, porque ahora os vais a apelotonar todos a mogollón para ir ahí, y puede ponerse difícil encontrar habitación a partir de vuestra invasión.

En fin, generoso que es uno. El hotel se llama "Embassy" y está en Landstrasse. Tiene una excelente relación calidad-precio y puedes hablar castellano sin problemas porque es de una cadena española. El cocinero es de Cádiz y te puede preparar unas tapas como Dios manda. Está cerca del centro: sólo tres estaciones de metro hasta Stephanplatz en la línea U3.

Por otro lado, en el bar, Noelia os puede poner una copas de Protos tinto que no se las salta un recaudador de impuestos. Noelia, además es pintora: la pintura del hotel que he puesto en el encabezamiento es suya. Mas en: http://quierovercuadrosnogoca.blogspot.com/2008/06/fotografias.html

En fin, que no me hagáis caso, no sea que suban los precios. De verdad, no me hagáis caso.

vendredi 6 mars 2009

OVNIs sobre Tailandia

video

Ya, ya lo sé, ilustres lectores, el plural de OVNI en español, no es OVNIs. Una estricta aplicación de las normas de nuestra venerable Academia de la Lengua, nos obligaría a escribir O.O.V.V.N.N.I.I., que es como se ecribe el plural de las siglas. Por eso, se escribe E.E.U.U. ó C.C.O.O. (de hecho, Ramón Urdaci hasta lo decía hablando). Pero, ¿alguien ha visto O.O.N.N.G.G., por ejemplo, como plural de ONG?, pues eso, que la correcta aplicación de la norma ha caído en desuso. Además, yo soy de pueblo, así que tengo ciertos privilegios. Pero bueno, cortemos la pera en dos (como se dice en francés), ni para ustedes ni para mí. Escribiré OVNI (sin "s") tanto en plural como en singular y, ustedes que sois más listos que el perro de un tullido, colegiréis por el contexto si es una cosa u otra.

Pero basta de insulsa cháchara y, al grano, Sorokin. La historia sucede en Tailandia en una noche tropical y en un restaurante de Patong, mientras deglutíamos unas sabrosas langostas (pero eso es otra historia que prometo contar otro día, no conviene mezclar temas). Miré al cielo, y ví un racimo de luces que se movían parsimoniosamente a ratos, más rápidas otros. Cruzándose, serenas, sin ruido. No pude menos que dar la voz de alarma: ¡"OVNI, OVNI"! ante el general despotorro de los camareros tailandeses que nos tranquilizaron diciendo algo como "Pam feng, no UFO, pam feng".

Y eso es, no son OVNI, son las linternas voladoras que lanzan los tai en algunas fiestas. Como veis en el vídeo, llevan un bloque de cera en el fondo del globo. Se prende fuego a la cera, se espera que el aire se caliente... y se van, se van, parece que llevándose nuestros malos rollos, nuestras cuitas y elevando nuestros pinches deseos hasta el cielo.

Y nostros, pobres miserables, nos quedamos en tierra con una piña colada o un planter's punch por todo consuelo.

mercredi 4 mars 2009

Los improbables vikingos del mar de Andamán


Heme aquí de nuevo, mis queridos amiguetes, lectores, coleguitas y demás peña. Los vientos que me llevaron hasta las costas del mar de Andamán me han devuelto "au plat pays" (el cual para mi pasmo y sorpresa, me ha obsequiado con un solecito bastante aceptable). Y, en fin, tras una durísima pelea con Belgacom que me había deconectado de Internet por motivos cabalísticos que no voy a detallar aquí, vuelvo a daros la brasa.

Para meteros en harina, os diré que esta foto está tomada en la isla que se da en llamar "phi phi" y que las gentes del lugar pronuncian (sin coña) "pí-pí". La isla es una maravilla tropical y todo eso y, en una de sus costas escarpadas está esta cueva, conocida como "the Viking cave" sin ninguna razón aparente, porque aunque los vikingos se pasearon bastante por el mundo mundial, es poco probable que asomaran sus cuernos por aquí.

Lo interesante es que, aparte de que la cueva ha sido históricamente refugio de piratas malayos y habitación ocasional para la gente del mar, son esos andamiajes de consistencia dudosa que se ven, y que se usan para coger nidos de golondrinas. Pues sí, las golondrinas hacen sus nidos en esas paredes. Nidos que alcanzan precios de fábula en los mercados gastronómicos de la zona y que parece que tienen importantes virtudes afrodisiacas. Yo, ¿qué queréis que os diga? no he tenido ni la mas leve tentación de probarlos. Me he limitado a los pececillos del lugar, gambones y alguna langosta a precios irrisorios. Ya os contaré.